jueves, 23 de abril de 2026

MODA Y ESTILO

En tiempos recientes los intereses del público y de los habitantes de los proyectos arquitectónicos han planteado algunos dilemas respecto a la relación entre los profesionales y sus clientes. Algunos arquitectos consideran que las personas deben participar en las decisiones de sus proyectos y otros los rechazan tajantemente.

Los objetos que nos rodean, los espacios en los que habitamos y la ropa que usamos, reciben influencias inevitables de las tendencias de la moda en el momento en el que se producen. La teoría de la arquitectura considera a la moda como algo banal y critica a quienes la siguen considerando su trabajo como superficial y pasajero. También se censura a quienes diseñan casas y edificios con el objetivo principal de complacer a sus clientes o a los designios del mercado inmobiliario, llamando a sus proyectos despectivamente como “comerciales”.
La moda es una forma de expresión cultural que se relaciona estrechamente con el medio social y que responde a los estímulos visuales que nos llegan mediante la prensa, las revistas y las redes sociales. Un profesional de la arquitectura debe desarrollar la capacidad de juicio ante estos estímulos, para poder tomar las mejores decisiones para sus proyectos, pero esto no excluye que reciba la influencia del lugar y el momento en el que se desarrollan sus actividades profesionales. De las modas fugaces surgen en ocasiones los estilos a largo plazo, aunque el modernismo ha relegado a ambos a un plano marginal dentro de la cultura arquitectónica, ello no implica que hayan dejado de jugar un papel importante dentro de los diseños de cualquier época.
Los arquitectos deben combinar múltiples factores en sus diseños, como aquellos de índole social, tecnológica, económica, estética y otros muchos más entre los que se encuentran también los deseos y aspiraciones del público al que sirve. Es evidente que no conviene solo seguir los deseos de las personas para configurar las casas y edificios, pero tampoco es correcto ignorarlos y considerarlos irrelevantes dentro de los procesos de diseño y construcción.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 16 de abril de 2026

MOMENTO CRUCIAL

Lo crucial es aquello que es decisivo, crítico, determinante o vital, marcando un punto de inflexión en una situación o proceso. La palabra deriva de la cruz, o del punto donde se cruzan dos devenires históricos determinados.

Vivimos un momento histórico en el que se han cruzado de manera violenta y conflictiva los intereses de Oriente y Occidente, es una encrucijada esencial y lamentablemente irreversible. La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán es el resultado de este cruce conflictivo de cosmovisiones, parece ser que solo una de ellas habrá de prevalecer, no parece posible encontrar una tercera via que armonice ambas culturas. Las posturas de unos y otros son incompatibles, en este momento un “nosotros” es inconcebible. El conflicto polariza al mundo solo permite la existencia de aliados y enemigos, su permeabilidad va desde la política internacional hasta las esferas sociales más íntimas. Quien no se alinea con unos debe hacerlo con otros.
Dentro de ello, hay otros conflictos y situaciones críticas, como la desarticulación de las nociones estables de Estado-nación, la infiltración del crimen organizado en los gobiernos de gran cantidad de países y la desatada cultura del consumo.
La vida contemporánea ha sido estandarizada, estereotipada y dirigida por la acelerada producción de objetos de consumo. Cuando este estado alcanza un límite crítico por la escasez de materia prima, como en el caso de los hidrocarburos, sirve como justificación para actos de guerra y destrucción. Pero los procesos del capitalismo tardío se superponen a las distopias ya existentes y dejan muy pocos espacios para los diálogos y la conciliación.
Lo que acontece ahora es resultado de las tensiones que han ido aumentando en tiempos recientes, de discursos de odio que han marcado el ejercicio político desde hace décadas, de la explotación de las diferencias entre los pueblos, sus religiones, valores a favor de los tiranos que gobiernan gran parte de los territorios en conflicto.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 9 de abril de 2026

MODERNISMO

Walter Benjamin afirmaba en su célebre ensayo sobre la obra de arte en la época de su reproducibilidad mecánica: “La consecuencia lógica del fascismo es la estilización de la vida política, a lo que el comunismo responde con la politización de obra de arte”.


El modernismo no es una época histórica precisa, la cual se pueda localizar en fechas específicas, para algunos pensadores coincide con el presente y según algunos otros aun no hemos alcanzado dicha época o condición. Sin embargo, si se le toma como una actitud crítica frente a los fenómenos socio-políticos y culturales, podemos observar comportamientos similares desde la época del Renacimiento.

La actitud moderna se caracteriza por la adopción de una perspectiva crítica frente a los fenómenos observados, partiendo de la razón como fundamento para su análisis. En ese sentido, comparte su genealogía con la Ilustración, con una liberación de la consciencia humana y con la emancipación frente al saber tutelado. La alta empresa kantiana y su llamado a “atreverse a conocer” (supere aude) implica necesariamente una actitud crítica que se considera parte fundamental del ethos moderno.

Para ello, conviene buscar el conocimiento que se adquiere mediante la experiencia sensible, recurriendo a la fenomenología, de manera que seamos capaces de descubrir la organización de la vida dentro de una experiencia estética compartida. Con el crecimiento desmedido de los mensajes e imágenes que nos rodean, es necesario ser cada vez más escépticos sobre su veracidad y apegarnos dentro de lo posible a las experiencias corporales por encima de la información visual y escrita. La información nos aleja de los fenómenos, mientras que el contacto directo con las personas nos permite adquirir una perspectiva personal y propia, frente a las opiniones de las masas que son fácilmente manipuladas por el odio y el miedo. Ser modernos hoy significa paradójicamente, adoptar una actitud contraria al desarrollo tecnológico informático.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 2 de abril de 2026

INTUICIÓN

El artista alemán Joseph Beuys decía que la intuición es “una forma superior de la razón”. Es un concepto muy complejo e interesante para reflexionar en torno a lo que entendemos como “creencias”, frente a las que consideramos verdades científicas.

La antropología y la etnografía del siglo XX y de lo que ha transcurrido del siglo XXI han estudiado a las culturas autóctonas de todo el mundo, indagando sobre sus costumbres, creencias, conocimientos y en los aspectos generales de su cosmovisión. En las décadas más recientes estos estudios también han incursionado en los ámbitos urbanos. El tratamiento que dichos científicos han dado al saber intuitivo de los pueblos originarios ha sido orientado hacia su intuición y no necesariamente hacia la razón. Para las culturas animistas, que subsisten aun en innumerables regiones del mundo, el conocimiento sigue estando ordenado geográficamente. Para muchos pueblos indígenas como los huicholes del norte de México, el paisaje es la fuente primordial de la sabiduria y ahi radican sus ancestros y deidades, que al dejar este mundo se han transformado en plantas, rocas y animales.
No considero necesario comparar a las creencias con el conocimiento y determinar cual de los dos conceptos es superior al otro. La fuerza espiritual de la fe es tal, que aun sabiendo que no es racionalmente posible comunicarse con quienes han muerto, o con los objetos inanimados, los creyentes son capaces de extraer mensajes de ellos intuitivamente. Por lo tanto, gran cantidad de los mitos fundadores que han guiado el poblamiento de territorios enteros no cuentan con una base racional. Conviene considerar que muchos factores para la fundación de una ciudad, como su cercanía con las fuentes de abastecimiento hídrico, la fertilidad de la tierra y su posición estratégica para facilitar su acceso y su defensa contra invasiones, todos ellos elementos comprobables científicamente, pertenecen también a algunos de los sistemas de creencias de sus pobladores, representados por sus deidades y por su seguridad en la posibilidad de comunicación con lo sobrenatural.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 26 de marzo de 2026

MODOS DE VIDA

En el momento presente considero importante que la historiografía alcance una dimensión crítica. Esto solo puede ser posible si se proyecta hacia el futuro, lo que sucede hoy debe ser observado como el inicio de los procesos que marcarán el rumbo del devenir histórico.

Los recientes y continuos hechos violentos a nivel nacional y mundial están provocando gran ansiedad e incertidumbre respecto al futuro inmediato de nuestros modos de vida. Las guerras entre países, los genocidios, los desplazamientos, el hambre y el crimen organizado están afectando a prácticamente todos los continentes. Aunque los medios de información constantemente transmitan reportajes sobre la guerra en medio oriente, no significa que otros conflictos como el que acontece en Sudán y en otros países africanos no se encuentran en estado crítico, hay una indudable inestabilidad política presente en casi todas las regiones del planeta.
En México se cumple apenas un mes del enfrentamiento entre el ejército y la dirigencia de una organización criminal de grandes dimensiones, pero a pesar de que afortunadamente de momento la situación parece estar bajo control, el origen del problema está muy lejos de desaparecer.
Las personas en general valoran sobre todo la estabilidad, seguridad y orden de su entorno inmediato, un modo de vida que les permita desarrollarse profesionalmente y en el plano personal y familiar. De ahi deriva la preocupación de que cualquier conflicto armado pueda afectar irreversiblemente dicha estabilidad. Si observamos los acontecimientos históricos del pasado reciente a mediano plazo, quizá podamos comprender mejor la situación actual. Pero parece más urgente proyectar los hechos hacia el futuro para que como sociedad y gobierno no sigamos cometiendo los mismos errores que han resultado en la situación presente. Es una tarea muy complicada pero al menos habría que hacer el intento y de ser posible actuar cada uno en su esfera para contribuir a que el futuro sea mejor.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 19 de marzo de 2026

ESPACIOS COMUNES

¿Cómo se concibe el espacio público? ¿Qué criterios lo organizan? ¿Cómo se normalizan las interacciones sociales en los espacios comunes? Estas tres preguntas son indudablemente interesantes, sin embargo, no tienen respuestas únícas.

La noción de espacio público en las culturas de origen anglosajón se ajusta más a los espacios comunes que en la nuestra. En algunos países europeos, en Australia, en Estados Unidos y en el Reino Unido, los espacios urbanos abiertos se administran, regulan y protegen como bienes de la comunidad. Por estos motivos, toda actividad que requiera de cierta permanencia en dichos espacios, como el comercio ambulante, los eventos festivos y la publicidad exterior requieren de aprobación de los ayuntamientos y es vigilada estrechamente por las autoridades. En México existe un doble orden, por una parte está la gestión gubernamental de las ciudades, que exige requisitos y permisos estrictos para la ocupación de los espacios comunes urbanos y por el otro este orden convive con mecanismos informales mediante los cuales se regula su uso respondiendo a dinámicas contingentes y tácitas. Muchos académicos y funcionarios públicos mexicanos han estudiado posgrados en los países extranjeros antes mencionados, por ello el punto de vista oficial frente a los espacios comunes tiende a coincidir más con la definición anglosajona que con la nuestra.
De cualquier modo, ya sea de manera legal o ilegal el espacio urbano en nuestras metrópolis se mantiene como el territorio de lucha de las fuerzas sociales que buscan todas ellas maximizar sus agendas y que mediante los acuerdos que establecen entre sí y con las autoridades, consiguen utilizar lo mejor posible lo que es de la comunidad. La planificación y el orden legal son fundamentales para un uso justo y equilibrado de la ciudad, pero son inseparables de los acuerdos interpersonales. Si observamos de ese modo el fenómeno urbano, veremos que son las contingencias las que dan más vida a lo público, aunque aparentemente sean caóticas.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 12 de marzo de 2026

NEGOCIACIONES

Las dinámicas contingentes en el espacio público son materia de investigaciones antropológicas profundas, de las cuales los urbanistas y arquitectos carecen de metodologías y conocimientos suficientes para ser capaces de definirlas con precisión.

Cuando observamos una calle o plaza muy transitada, veremos casi siempre personas que ofrecen productos en venta, ya sea en puestos fijos o en movimiento, como carritos o llevando los productos en sus manos. A simple vista puede parecernos un fenómeno habitual que responde a la libertad de tránsito de las personas por espacios públicos. En México se encuentra todo tipo de ofertas en las calles, desde puntos de comida hasta ropa, zapatos, utensilios y una infinita variedad. Es obvio que los vendedores que utilizan las vías públicas deben tener permiso de las autoridades para vender sus productos, sin embargo en nuestras ciudades hay un doble orden. Es muy habitual que los vendedores tengan un representante que sea quien negocie con las autoridades su derecho a ocupar el espacio público. Las negociaciones se hacen en grupo y de este modo los miembros de dichas organizaciones adquieren certeza para poder ejercer sus actividades, en algunas ocasiones de manera explícita y en otras de modo tácito. Por su parte, las autoridades suelen aprovechar a estos gremios para fortalecer su poder político de manera corporativa, es decir, espacios a cambio de votos garantizados para su partido político.
Estos mecanismos son de una gran complejidad y existen muchas variantes que es posible analizar para poder comprenderlos, además están sostenidos por acuerdos contingentes que cambian constantemente y que también pueden involucrar cierta violencia y corrupción, por lo cual están en la linea divisoria entre lo legal, formal o lo contrario.
Con un trabajo de campo correcto y ordenado los expertos pueden llegar a comprender estos fenómenos casi en su totalidad.
Lorenzo Rocha 

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