lunes, 23 de febrero de 2026

LATITUDES

En la geografía las coordenadas se determinan mediante la latitud y la longitud, que se miden en grados, pero también la altitud sobre el nivel del mar, medida en metros, tiene un efecto sobre la temperatura y el clima.


Desde el ecuador las temperaturas hacia el norte y hacia el sur disminuyen según se alejan, hasta llegar a los polos que son los lugares más fríos del planeta. Además de ello, la altitud también se combina con las coordenadas geográficas, provocando una disminución de un grado centígrado por cada 154 metros y por cada 180 metros en las zonas intertropicales. A esto en general se le conoce como clima de montaña. Por esa razón, las cimas de las montañas en latitudes como la nuestra están cubiertas de nieve, mientras que en la misma latitud a menor altitud esto es imposible, como en las costas de nuestro país.

Una montaña tan alta como el Pico de Orizaba (Citlaltépetl), cuya cima está a 5636 metros sobre el nivel del mar, tiene una temperatura media anual entre 12°C y 18°C, su temperatura mínima en invierno puede llegar a -3°C, estos datos son comparables a lugares situados mucho más al norte, como la ciudad de Nueva York que tiene una temperatura similar pero se encuentra al nivel del mar.

La meteorología es una ciencia exacta, sin embargo, el clima influye en factores de identidad e idiosincracia y suele estar ligado a la cultura de cualquier lugar antropológico. Casi todos los países del sur global tiene climas tropicales, pero muchos de ellos también tienen cadenas montañosas importantes en las que hace frío y esto influye en la identidad de sus pobladores. En las montañas altas, por ejemplo en Bolivia, podemos observar que el comportamiento de los habitantes es diferente al de las personas que viven las partes bajas, esto se puede notar en el vestido, la alimentación y en manifestaciones artísticas como la música. Por ello, dentro de un mismo país hay una diversidad cultural a veces más marcada que entre diferentes países en latitudes distintas, un habitante de las sierras a veces pude sentirse casi como un extranjero en su propia tierra.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 12 de febrero de 2026

PROTAGONISTAS

Con demasiada frecuencia se le atribuye la autoría absoluta de un edificio o conjunto urbano a una sola persona, cuando en realidad se trata de una actividad que se realiza en grupos compuestos por varios profesionales, tanto del diseño, como de la ingeniería y otros procesos complementarios.

El movimiento moderno en arquitectura es un período en el que se consolidó la figura dominante del arquitecto: hombre, blanco y heroico. Así es como se creó una cultura arquitectónica apoyada en los “Grandes maestros”, autoridades incuestionables que obtenían todo el crédito y prestigio a su favor, protagonistas que dejaban fuera de vista a sus colaboradores y a los equipos de trabajo involucrados en las obras, en especial a las mujeres.
El concepto de “Arquitecto heroico” ha sido también adoptado por las arquitectas en tiempos recientes, las cuales si bien han contribuido al equilibrio de género dentro de la profesión, especialmente en México, han repetido el esquema de protagonismo de sus predecesores. Me parece que la actividad del proyecto y la construcción es por definición un fenómeno colectivo, que si bien por razones prácticas su autoría se le atribuye a una sola persona, debería poderse identificar con grupos de profesionistas más amplios. Si observamos la cantidad de estudiantes de arquitectura que ejercen como proyectistas, veremos que es extremadamente baja. La carrera de arquitectura enseña muchas cosas más que solamente a hacer proyectos, las áreas tecnológicas, teóricas, históricas, ambientales, financieras y otras más, capacitan a los estudiantes para ofrecer una gama muy amplia de servicios a la sociedad, en los que no es indispensable centrarse en el diseño y ejecución de proyectos.
Comenzando por la enseñanza, es posible modificar la percepción de los arquitectos y arquitectas como protagonistas heróicos de la conformación de los espacios sociales, públicos y privados, dando mayores posibilidades laborales a toda la comunidad profesional dedicada a la arquitectura.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 5 de febrero de 2026

LUCHA URBANA

Las grandes ciudades por todo el mundo atraviesan momentos muy tensos y dramáticos. Son escenarios de luchas populares y represión estatal desmedida debido a la enorme marginación que nuestro sistema económico ha propiciado, Las metrópolis del futuro deberán encontrar otros modos de organización social y económica para ser capaces de sobrevivir. 

La privatización extrema del desarrollo de la infraestructura urbana, es un fenómeno que ha ocupado un papel central en los debates entre expertos en urbanismo y territorio durante las últimas tres décadas. Durante este período, el Estado se ha apartado de la producción de vivienda popular y de los equipamientos para la salud, la educación, el deporte y otras actividades en las que antes intervenía directamente.
El control del consumo colectivo ejercido por corporaciones privadas lucrativas, provocó que lo urbano se desligara de la reproducción de los medios de producción y del trabajo manual asalariado. Este fenómeno comenzó en el Reino Unido y en los Estados Unidos y se extendió rápidamente a casi todos los demás países a nivel global, con resultados muy benéficos para las clases dominantes minoritarias y a la vez muy perjudiciales para el resto de la población.
El único modo actual de concebir el bienestar urbano está condicionado al mercado y esto solo se puede detener mediante la revuelta popular. Esto ha convertido al espacio urbano en un campo de lucha social, en el que las personas que carecen de los recursos económicos suficientes para integrarse a la cadena del consumo, se ven forzadas a disputar espacios para satisfacer sus necesidades básicas, en la mayoría de los casos mediante el uso de la violencia.
El Estado debe recuperar protagonismo en la búsqueda del bien común de los todos los ciudadanos, administrando la ocupación, seguridad y el acceso más amplio de su población desfavorecida a los elementos necesarios para su bienestar integral, sin que estos sean solamente accesibles mediante el aumento de su poder adquisitivo.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 29 de enero de 2026

CATEGORÍAS DE ESTUDIO

Con mucha frecuencia recurro al texto “Las palabras y las cosas” escrito en 1966 por el filósofo francés Michel Foucault, por su amplia exploración de la “arqueología de las ciencias humanas”.

Para estudiar cualquier fenómeno, ya sea natural, social o cultural, es necesario establecer categorías taxonómicas que permitan ordenar los conocimientos para su referencia eficiente y precisa. No existen reglas universales para clasificar a las cosas, pero en todo estudio científico debe haber un criterio claro para establecer clases, categorías y grupos. Con ello, es posible identificar sus similitudes y hacer observaciones con ayuda de la estadística, para alcanzar conclusiones útiles.
Cuando observamos los comportamientos sociales y sus espacialidades en las culturas prehistóricas, no contamos con elemento alguno que nos guíe para su clasificación, más que los hallazgos arqueológicos disponibles. Son las piedras, los huesos y algunos utensilios los que nos relatan la vida de nuestros ancestros más remotos. En algunos casos, también hay figuras pintadas, esculpidas e incluso escritas en los sitios arquelógicos, desde luego son estos los elementos que pueden acercarnos más a entender a las civilizaciones estudiadas.
Foucault ha hecho una enumeración de las Heterotopías, de los “lugares otros”, que nos son sino aquellos sitios extraños, no habituales, pero presentes y yuxtapuestos a nuestras viviendas, comercios y lugares de trabajo. Estas también son categorías válidas para pensar las posibilidades de lo ajeno a nuestra vida cotidiana. La arquitectura de la antigüedad no pude clasificarse con criterios actuales, ya que las culturas ancestrales estaban organizadas de maneras distintas a la nuestra. En muchas culturas mesoamericanas no existía una distinción clara ni tajante entre la religión, la ciencia y la política, como existe ahora. Asi que clasificar sus edificios como “palacios”, “templos” u “observatorios astronómicos”, no sería realmente útil para comprenderlos.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de enero de 2026

ECOLOGÍA ÚNICA

El ser humano forma parte de su medio ambiente, las formas en que los demás organismos vivos se adaptan a las condiciones ambientales podría ser la clave para pensar el futuro de nuestra espacie, ahora que es tan urgente.

Mientras continuemos observando al medio ambiente como una entidad externa a nosotros y cuyos recursos se encuentran a nuestra entera disposición, no seremos capaces de aprender sobre las formas de pensamiento y acción que podrían ser indispensables para nuestra supervivencia como especie. El antropólogo británico Tim Ingold escribió: "No existe un proceso que se aplica a los humanos y otro distinto que se aplica a su medio ambiente, se trata de un solo proceso que se desenvuelve en tiempo real y gobierna en conjunto todo su desarrollo y crecimiento. No existe una ecología humana por una parte y el medio ambiente por la otra, sino una sola ecología que abarca a toda la realidad indivisible de los procesos vitales.”
Por ejemplo las plantas se asocian y compiten para sobrevivir. De hecho la simbiosis, el proceso mediante el cual dos o más especies de plantas cooperan para mejorar su situación para la exposición al sol, el acceso al agua y la protección frente a las inclemencias del clima, no es exactamente colaboración ni competencia, en el sentido como nosotros entendemos estos dos conceptos.
El análisis que los humanos hacemos sobre las formas de organización de los demás seres vivos han ayudado enormemente al desarrollo de la medicina. Pero es muy importante que consideremos que los comportamientos animales y vegetales no solamente son útiles desde el punto de vista del desarrollo de la ciencia y la tecnología. A veces el lenguaje tan sofisticado que poseemos nos impide apreciar con claridad la esencia de los fenómenos de los que somos parte y por lo tanto encontramos justificación para acciones que son dañinas para nuestra vida y la de muchas otras especies. Al ser humano le falta aún aceptar su verdadera dimensión e importancia, debemos trabajar para ser más humildes.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 15 de enero de 2026

TÉCNICA Y FUNCIÓN

Durante el siglo XX, el pensamiento teórico de la arquitectura se concentró en los aspectos científicos de la construcción, en la eficiencia de los edificios basada en cuestiones tecnológicas, lo cual marginó a otros aspectos como el significado y la identidad de los proyectos.

Los criterios de valoración de las obras arquitectónicas, basados en su eficiencia funcional y en su nivel técnico, al parecer reducen a la actividad proyectual a una serie de reglas prácticas que deben aplicarse racionalmente. En este modo de concebir la arquitectura las características culturales de la disciplina aparentemente quedan relegadas a un segundo plano. Pero en sus fundamentos también las cuestiones de la práctica y de la técnica se pueden considerar como factores culturales. 
Pensando en el trinomio de origen griego: poesía-práctica-técnica, que se aplica en general al estudio de las bellas artes, podemos observar que ninguno de los tres aspectos es independiente de los demás. Quizá el problema de lo contemporáneo radica en que se haya establecido una jerarquía entre estos tres valores. En ese caso, se estaría estableciendo una separación inexistente entre ellos, lo cual puede revertirse con un estudio cabal de las repercusiones y consecuencias de los espacios habitables en la vida de las personas.
Todo ello apunta hacia las consideraciones sociológicas de los sistemas arquitectónicos y urbanos y la habilidad con la que los estudiosos los interpreten, de tal manera que se puedan difundir reflexiones que sean útiles para que las personas que ejercen la profesión puedan conseguir un mayor equilibrio entre las tres partes que componen su trabajo. Los proyectos más significativos alcanzan la excelencia simultáneamente en su concepción poética, en sus aspectos prácticos y en las técnicas constructivas que utilizan y los tres aspectos se refuerzan mutuamente, sin prevalecer ninguno por encima de otro.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de enero de 2026

PERTENENCIA

El geógrafo francés Jean-Marc Besse escribió en su excelente libro “Habitar”: “Hay un sentido humano en la arquitectura que la precede. Es en una reflexión sobre el habitar, sobre sus formas y contenidos, que este sentido humano aparece.”

Las personas necesitamos sentir que pertenecemos a una comunidad, que puede ser familiar, social, profesional o de cualquier otro tipo. Está claro de que se trata de una sensación subjetiva, pero es vital para el ser humano, pues solo nos reconocemos en los otros y nos validamos por sus opiniones y estímulos positivos.
Los lugares antropológicos son aquellos que nos aportan la posibilidad de habitarlos con sentido de pertenencia. Son lugares con significado, identidad e historia, atributos que dependen directamente de nuestra percepción subjetiva. ¿Es posible proyectar y construir con el objetivo de satisfacer la necesidad humana de pertenencia? Sin duda esta debería ser una aspiración de los arquitectos, pero más allá de la calidad de los espacios y su profundidad fenomenológica, los arquitectos no podemos hacer más para que los habitantes consideren suyos a los espacios diseñados.
Podríamos decir que la creación de lugares con sentido humano puede coincidir con la distribución y la forma de las casas y los edificios (privados y públicos) que diseñan los arquitectos, pero este sentido es mucho más amplio que el campo que abarca la profesión. Me parece que cuando una obra arquitectónica provoca el sentido de pertenencia en sus habitantes, lo hace hasta cierto punto por casualidad, ya que la organización de la vida de las personas a veces es conflictiva y desordenada, lo cual es imposible de prever en un proceso de diseño. Por estas razones probablemente son los edificios vernáculos y antiguos los que mayor sentido de pertenencia tienen para nosotros y por consecuencia, quedan excluidos gran parte de los proyectos contemporáneos e incluso los modernos.
Lorenzo Rocha 

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