jueves, 2 de abril de 2026

INTUICIÓN

El artista alemán Joseph Beuys decía que la intuición es “una forma superior de la razón”. Es un concepto muy complejo e interesante para reflexionar en torno a lo que entendemos como “creencias”, frente a las que consideramos verdades científicas.

La antropología y la etnografía del siglo XX y de lo que ha transcurrido del siglo XXI han estudiado a las culturas autóctonas de todo el mundo, indagando sobre sus costumbres, creencias, conocimientos y en los aspectos generales de su cosmovisión. En las décadas más recientes estos estudios también han incursionado en los ámbitos urbanos. El tratamiento que dichos científicos han dado al saber intuitivo de los pueblos originarios ha sido orientado hacia su intuición y no necesariamente hacia la razón. Para las culturas animistas, que subsisten aun en innumerables regiones del mundo, el conocimiento sigue estando ordenado geográficamente. Para muchos pueblos indígenas como los huicholes del norte de México, el paisaje es la fuente primordial de la sabiduria y ahi radican sus ancestros y deidades, que al dejar este mundo se han transformado en plantas, rocas y animales.
No considero necesario comparar a las creencias con el conocimiento y determinar cual de los dos conceptos es superior al otro. La fuerza espiritual de la fe es tal, que aun sabiendo que no es racionalmente posible comunicarse con quienes han muerto, o con los objetos inanimados, los creyentes son capaces de extraer mensajes de ellos intuitivamente. Por lo tanto, gran cantidad de los mitos fundadores que han guiado el poblamiento de territorios enteros no cuentan con una base racional. Conviene considerar que muchos factores para la fundación de una ciudad, como su cercanía con las fuentes de abastecimiento hídrico, la fertilidad de la tierra y su posición estratégica para facilitar su acceso y su defensa contra invasiones, todos ellos elementos comprobables científicamente, pertenecen también a algunos de los sistemas de creencias de sus pobladores, representados por sus deidades y por su seguridad en la posibilidad de comunicación con lo sobrenatural.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 26 de marzo de 2026

MODOS DE VIDA

En el momento presente considero importante que la historiografía alcance una dimensión crítica. Esto solo puede ser posible si se proyecta hacia el futuro, lo que sucede hoy debe ser observado como el inicio de los procesos que marcarán el rumbo del devenir histórico.

Los recientes y continuos hechos violentos a nivel nacional y mundial están provocando gran ansiedad e incertidumbre respecto al futuro inmediato de nuestros modos de vida. Las guerras entre países, los genocidios, los desplazamientos, el hambre y el crimen organizado están afectando a prácticamente todos los continentes. Aunque los medios de información constantemente transmitan reportajes sobre la guerra en medio oriente, no significa que otros conflictos como el que acontece en Sudán y en otros países africanos no se encuentran en estado crítico, hay una indudable inestabilidad política presente en casi todas las regiones del planeta.
En México se cumple apenas un mes del enfrentamiento entre el ejército y la dirigencia de una organización criminal de grandes dimensiones, pero a pesar de que afortunadamente de momento la situación parece estar bajo control, el origen del problema está muy lejos de desaparecer.
Las personas en general valoran sobre todo la estabilidad, seguridad y orden de su entorno inmediato, un modo de vida que les permita desarrollarse profesionalmente y en el plano personal y familiar. De ahi deriva la preocupación de que cualquier conflicto armado pueda afectar irreversiblemente dicha estabilidad. Si observamos los acontecimientos históricos del pasado reciente a mediano plazo, quizá podamos comprender mejor la situación actual. Pero parece más urgente proyectar los hechos hacia el futuro para que como sociedad y gobierno no sigamos cometiendo los mismos errores que han resultado en la situación presente. Es una tarea muy complicada pero al menos habría que hacer el intento y de ser posible actuar cada uno en su esfera para contribuir a que el futuro sea mejor.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 19 de marzo de 2026

ESPACIOS COMUNES

¿Cómo se concibe el espacio público? ¿Qué criterios lo organizan? ¿Cómo se normalizan las interacciones sociales en los espacios comunes? Estas tres preguntas son indudablemente interesantes, sin embargo, no tienen respuestas únícas.

La noción de espacio público en las culturas de origen anglosajón se ajusta más a los espacios comunes que en la nuestra. En algunos países europeos, en Australia, en Estados Unidos y en el Reino Unido, los espacios urbanos abiertos se administran, regulan y protegen como bienes de la comunidad. Por estos motivos, toda actividad que requiera de cierta permanencia en dichos espacios, como el comercio ambulante, los eventos festivos y la publicidad exterior requieren de aprobación de los ayuntamientos y es vigilada estrechamente por las autoridades. En México existe un doble orden, por una parte está la gestión gubernamental de las ciudades, que exige requisitos y permisos estrictos para la ocupación de los espacios comunes urbanos y por el otro este orden convive con mecanismos informales mediante los cuales se regula su uso respondiendo a dinámicas contingentes y tácitas. Muchos académicos y funcionarios públicos mexicanos han estudiado posgrados en los países extranjeros antes mencionados, por ello el punto de vista oficial frente a los espacios comunes tiende a coincidir más con la definición anglosajona que con la nuestra.
De cualquier modo, ya sea de manera legal o ilegal el espacio urbano en nuestras metrópolis se mantiene como el territorio de lucha de las fuerzas sociales que buscan todas ellas maximizar sus agendas y que mediante los acuerdos que establecen entre sí y con las autoridades, consiguen utilizar lo mejor posible lo que es de la comunidad. La planificación y el orden legal son fundamentales para un uso justo y equilibrado de la ciudad, pero son inseparables de los acuerdos interpersonales. Si observamos de ese modo el fenómeno urbano, veremos que son las contingencias las que dan más vida a lo público, aunque aparentemente sean caóticas.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 12 de marzo de 2026

NEGOCIACIONES

Las dinámicas contingentes en el espacio público son materia de investigaciones antropológicas profundas, de las cuales los urbanistas y arquitectos carecen de metodologías y conocimientos suficientes para ser capaces de definirlas con precisión.

Cuando observamos una calle o plaza muy transitada, veremos casi siempre personas que ofrecen productos en venta, ya sea en puestos fijos o en movimiento, como carritos o llevando los productos en sus manos. A simple vista puede parecernos un fenómeno habitual que responde a la libertad de tránsito de las personas por espacios públicos. En México se encuentra todo tipo de ofertas en las calles, desde puntos de comida hasta ropa, zapatos, utensilios y una infinita variedad. Es obvio que los vendedores que utilizan las vías públicas deben tener permiso de las autoridades para vender sus productos, sin embargo en nuestras ciudades hay un doble orden. Es muy habitual que los vendedores tengan un representante que sea quien negocie con las autoridades su derecho a ocupar el espacio público. Las negociaciones se hacen en grupo y de este modo los miembros de dichas organizaciones adquieren certeza para poder ejercer sus actividades, en algunas ocasiones de manera explícita y en otras de modo tácito. Por su parte, las autoridades suelen aprovechar a estos gremios para fortalecer su poder político de manera corporativa, es decir, espacios a cambio de votos garantizados para su partido político.
Estos mecanismos son de una gran complejidad y existen muchas variantes que es posible analizar para poder comprenderlos, además están sostenidos por acuerdos contingentes que cambian constantemente y que también pueden involucrar cierta violencia y corrupción, por lo cual están en la linea divisoria entre lo legal, formal o lo contrario.
Con un trabajo de campo correcto y ordenado los expertos pueden llegar a comprender estos fenómenos casi en su totalidad.
Lorenzo Rocha 

jueves, 5 de marzo de 2026

COSMOGONÍA

Los lugares antropológicos son aquellos que nos aportan significado, identidad e historia, atributos que dependen directamente de nuestra percepción subjetiva. La racionalidad que ha prevalecido durante los últimos tres siglos ha disminuido las posibilidades de una ocupación territorial relacionada con el cosmos.

Los pueblos ancestrales tuvieron todos, casi sin excepción, mitos sobre el nacimiento o la creación del mundo, estas creencias religiosas influyeron en su relación con los territorios y espacios que habitaron y con la fundación de sus ciudades. Esto es lo que se ha definido como Cosmogonía y a su vez ha sido sustituido por la confianza absoluta en la ciencia a partir de la ilustración. En el siglo XVIII comenzó en Europa, un movimiento de emancipación generalizada de los ciudadanos, como reacción en contra de los poderes absolutos de las monarquías y las organizaciones religiosas. En esta época surgieron las primeras repúblicas democráticas y estados laicos, que se extendieron por todo el mundo a partir de la independencia de las colonias europeas en América, Asia y África. Sin duda, todo ello ha sido muy benéfico para las distintas sociedades en términos de su calidad de vida, pero en el proceso se han extinguido algunos factores que no son racionales, como la relación entre el mundo concreto y la espiritualidad, que aporta mayor armonía de los seres humanos con la naturaleza.

Muchas de las ciudades fundadas en la antigüedad como la nuestra, no solo encontraron sus motivaciones en las características geográficas de los lugares que ocupan, como el acceso al agua y la fertilidad de la tierra, sino también responden a mitos fundadores que establecen una continuidad entre los seres mortales y sus deidades. Por su parte, las ciudades de reciente fundación, aunque poseen características que las hacen mucho más eficientes que las antiguas, frecuentemente carecen de elementos que les den identidad y sentido de pertenencia y por lo tanto, tienen menos profundidad cultural.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 26 de febrero de 2026

DOBLE SISTEMA

 

El politólogo Thomas Hobbes, definió en “El Leviatán”, que una de la características esenciales del Estado es su uso legítimo y monopólico de la violencia, solo el Estado está autorizado para dirigir fuerzas armadas como el ejército y la policía.


La violencia extrema que hemos testificado hace unos pocos días en distintas regiones de nuestro país pone en evidencia que el Estado mexicano convive con un sistema político paralelo conformado por el crimen organizado. Hemos visto como una organización criminal cuenta con fuerzas paramilitares y controla territorios enteros, además de contar con el apoyo de numerosos ciudadanos que muestran su fuerza tomando carreteras, quemando vehículos y aterrorizando a la población.

De estos hechos se desprende una realidad inquietante para quienes no pertenecemos al crimen organizado. Se trata de la evidencia de que en nuestro territorio existe un duopolio en el uso de la violencia y las armas. Aunque no sea legítima ni democrática, la estructura del crimen organizado cuenta con fuerzas armadas que tienen la capacidad y el material necesarios para enfrentar al ejército y la policía. Si bien en el caso reciente no consiguieron proteger a su lider y a unas decenas de personas ligadas a él, han mostrado que tienen la capacidad para desestabilizar el orden y la paz regional.

Nada de lo que sucedió el domingo pasado es nuevo para nosotros, ya hemos visto en el pasado territorios controlados por el crimen y enfrentamientos de muchos tipos entre los sicarios y la población civil, sin embargo, parece haberse abierto un nuevo capítulo violento y lamentable en la historia reciente de nuestro país. Ha habido también mucha desinformación que rodea a los hechos. Se trata sin duda de un fenómeno transnacional que debe ser estudiado a fondo para poderlo comprender lo suficiente para tomar las debidas precauciones, tanto a nivel gubernamental, como dentro de los ambientes académicos e incluso entre la población civil.

Lorenzo Rocha

lunes, 23 de febrero de 2026

LATITUDES

En la geografía las coordenadas se determinan mediante la latitud y la longitud, que se miden en grados, pero también la altitud sobre el nivel del mar, medida en metros, tiene un efecto sobre la temperatura y el clima.


Desde el ecuador las temperaturas hacia el norte y hacia el sur disminuyen según se alejan, hasta llegar a los polos que son los lugares más fríos del planeta. Además de ello, la altitud también se combina con las coordenadas geográficas, provocando una disminución de un grado centígrado por cada 154 metros y por cada 180 metros en las zonas intertropicales. A esto en general se le conoce como clima de montaña. Por esa razón, las cimas de las montañas en latitudes como la nuestra están cubiertas de nieve, mientras que en la misma latitud a menor altitud esto es imposible, como en las costas de nuestro país.

Una montaña tan alta como el Pico de Orizaba (Citlaltépetl), cuya cima está a 5636 metros sobre el nivel del mar, tiene una temperatura media anual entre 12°C y 18°C, su temperatura mínima en invierno puede llegar a -3°C, estos datos son comparables a lugares situados mucho más al norte, como la ciudad de Nueva York que tiene una temperatura similar pero se encuentra al nivel del mar.

La meteorología es una ciencia exacta, sin embargo, el clima influye en factores de identidad e idiosincracia y suele estar ligado a la cultura de cualquier lugar antropológico. Casi todos los países del sur global tiene climas tropicales, pero muchos de ellos también tienen cadenas montañosas importantes en las que hace frío y esto influye en la identidad de sus pobladores. En las montañas altas, por ejemplo en Bolivia, podemos observar que el comportamiento de los habitantes es diferente al de las personas que viven las partes bajas, esto se puede notar en el vestido, la alimentación y en manifestaciones artísticas como la música. Por ello, dentro de un mismo país hay una diversidad cultural a veces más marcada que entre diferentes países en latitudes distintas, un habitante de las sierras a veces pude sentirse casi como un extranjero en su propia tierra.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 12 de febrero de 2026

PROTAGONISTAS

Con demasiada frecuencia se le atribuye la autoría absoluta de un edificio o conjunto urbano a una sola persona, cuando en realidad se trata de una actividad que se realiza en grupos compuestos por varios profesionales, tanto del diseño, como de la ingeniería y otros procesos complementarios.

El movimiento moderno en arquitectura es un período en el que se consolidó la figura dominante del arquitecto: hombre, blanco y heroico. Así es como se creó una cultura arquitectónica apoyada en los “Grandes maestros”, autoridades incuestionables que obtenían todo el crédito y prestigio a su favor, protagonistas que dejaban fuera de vista a sus colaboradores y a los equipos de trabajo involucrados en las obras, en especial a las mujeres.
El concepto de “Arquitecto heroico” ha sido también adoptado por las arquitectas en tiempos recientes, las cuales si bien han contribuido al equilibrio de género dentro de la profesión, especialmente en México, han repetido el esquema de protagonismo de sus predecesores. Me parece que la actividad del proyecto y la construcción es por definición un fenómeno colectivo, que si bien por razones prácticas su autoría se le atribuye a una sola persona, debería poderse identificar con grupos de profesionistas más amplios. Si observamos la cantidad de estudiantes de arquitectura que ejercen como proyectistas, veremos que es extremadamente baja. La carrera de arquitectura enseña muchas cosas más que solamente a hacer proyectos, las áreas tecnológicas, teóricas, históricas, ambientales, financieras y otras más, capacitan a los estudiantes para ofrecer una gama muy amplia de servicios a la sociedad, en los que no es indispensable centrarse en el diseño y ejecución de proyectos.
Comenzando por la enseñanza, es posible modificar la percepción de los arquitectos y arquitectas como protagonistas heróicos de la conformación de los espacios sociales, públicos y privados, dando mayores posibilidades laborales a toda la comunidad profesional dedicada a la arquitectura.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 5 de febrero de 2026

LUCHA URBANA

Las grandes ciudades por todo el mundo atraviesan momentos muy tensos y dramáticos. Son escenarios de luchas populares y represión estatal desmedida debido a la enorme marginación que nuestro sistema económico ha propiciado, Las metrópolis del futuro deberán encontrar otros modos de organización social y económica para ser capaces de sobrevivir. 

La privatización extrema del desarrollo de la infraestructura urbana, es un fenómeno que ha ocupado un papel central en los debates entre expertos en urbanismo y territorio durante las últimas tres décadas. Durante este período, el Estado se ha apartado de la producción de vivienda popular y de los equipamientos para la salud, la educación, el deporte y otras actividades en las que antes intervenía directamente.
El control del consumo colectivo ejercido por corporaciones privadas lucrativas, provocó que lo urbano se desligara de la reproducción de los medios de producción y del trabajo manual asalariado. Este fenómeno comenzó en el Reino Unido y en los Estados Unidos y se extendió rápidamente a casi todos los demás países a nivel global, con resultados muy benéficos para las clases dominantes minoritarias y a la vez muy perjudiciales para el resto de la población.
El único modo actual de concebir el bienestar urbano está condicionado al mercado y esto solo se puede detener mediante la revuelta popular. Esto ha convertido al espacio urbano en un campo de lucha social, en el que las personas que carecen de los recursos económicos suficientes para integrarse a la cadena del consumo, se ven forzadas a disputar espacios para satisfacer sus necesidades básicas, en la mayoría de los casos mediante el uso de la violencia.
El Estado debe recuperar protagonismo en la búsqueda del bien común de los todos los ciudadanos, administrando la ocupación, seguridad y el acceso más amplio de su población desfavorecida a los elementos necesarios para su bienestar integral, sin que estos sean solamente accesibles mediante el aumento de su poder adquisitivo.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 29 de enero de 2026

CATEGORÍAS DE ESTUDIO

Con mucha frecuencia recurro al texto “Las palabras y las cosas” escrito en 1966 por el filósofo francés Michel Foucault, por su amplia exploración de la “arqueología de las ciencias humanas”.

Para estudiar cualquier fenómeno, ya sea natural, social o cultural, es necesario establecer categorías taxonómicas que permitan ordenar los conocimientos para su referencia eficiente y precisa. No existen reglas universales para clasificar a las cosas, pero en todo estudio científico debe haber un criterio claro para establecer clases, categorías y grupos. Con ello, es posible identificar sus similitudes y hacer observaciones con ayuda de la estadística, para alcanzar conclusiones útiles.
Cuando observamos los comportamientos sociales y sus espacialidades en las culturas prehistóricas, no contamos con elemento alguno que nos guíe para su clasificación, más que los hallazgos arqueológicos disponibles. Son las piedras, los huesos y algunos utensilios los que nos relatan la vida de nuestros ancestros más remotos. En algunos casos, también hay figuras pintadas, esculpidas e incluso escritas en los sitios arquelógicos, desde luego son estos los elementos que pueden acercarnos más a entender a las civilizaciones estudiadas.
Foucault ha hecho una enumeración de las Heterotopías, de los “lugares otros”, que nos son sino aquellos sitios extraños, no habituales, pero presentes y yuxtapuestos a nuestras viviendas, comercios y lugares de trabajo. Estas también son categorías válidas para pensar las posibilidades de lo ajeno a nuestra vida cotidiana. La arquitectura de la antigüedad no pude clasificarse con criterios actuales, ya que las culturas ancestrales estaban organizadas de maneras distintas a la nuestra. En muchas culturas mesoamericanas no existía una distinción clara ni tajante entre la religión, la ciencia y la política, como existe ahora. Asi que clasificar sus edificios como “palacios”, “templos” u “observatorios astronómicos”, no sería realmente útil para comprenderlos.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de enero de 2026

ECOLOGÍA ÚNICA

El ser humano forma parte de su medio ambiente, las formas en que los demás organismos vivos se adaptan a las condiciones ambientales podría ser la clave para pensar el futuro de nuestra espacie, ahora que es tan urgente.

Mientras continuemos observando al medio ambiente como una entidad externa a nosotros y cuyos recursos se encuentran a nuestra entera disposición, no seremos capaces de aprender sobre las formas de pensamiento y acción que podrían ser indispensables para nuestra supervivencia como especie. El antropólogo británico Tim Ingold escribió: "No existe un proceso que se aplica a los humanos y otro distinto que se aplica a su medio ambiente, se trata de un solo proceso que se desenvuelve en tiempo real y gobierna en conjunto todo su desarrollo y crecimiento. No existe una ecología humana por una parte y el medio ambiente por la otra, sino una sola ecología que abarca a toda la realidad indivisible de los procesos vitales.”
Por ejemplo las plantas se asocian y compiten para sobrevivir. De hecho la simbiosis, el proceso mediante el cual dos o más especies de plantas cooperan para mejorar su situación para la exposición al sol, el acceso al agua y la protección frente a las inclemencias del clima, no es exactamente colaboración ni competencia, en el sentido como nosotros entendemos estos dos conceptos.
El análisis que los humanos hacemos sobre las formas de organización de los demás seres vivos han ayudado enormemente al desarrollo de la medicina. Pero es muy importante que consideremos que los comportamientos animales y vegetales no solamente son útiles desde el punto de vista del desarrollo de la ciencia y la tecnología. A veces el lenguaje tan sofisticado que poseemos nos impide apreciar con claridad la esencia de los fenómenos de los que somos parte y por lo tanto encontramos justificación para acciones que son dañinas para nuestra vida y la de muchas otras especies. Al ser humano le falta aún aceptar su verdadera dimensión e importancia, debemos trabajar para ser más humildes.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 15 de enero de 2026

TÉCNICA Y FUNCIÓN

Durante el siglo XX, el pensamiento teórico de la arquitectura se concentró en los aspectos científicos de la construcción, en la eficiencia de los edificios basada en cuestiones tecnológicas, lo cual marginó a otros aspectos como el significado y la identidad de los proyectos.

Los criterios de valoración de las obras arquitectónicas, basados en su eficiencia funcional y en su nivel técnico, al parecer reducen a la actividad proyectual a una serie de reglas prácticas que deben aplicarse racionalmente. En este modo de concebir la arquitectura las características culturales de la disciplina aparentemente quedan relegadas a un segundo plano. Pero en sus fundamentos también las cuestiones de la práctica y de la técnica se pueden considerar como factores culturales. 
Pensando en el trinomio de origen griego: poesía-práctica-técnica, que se aplica en general al estudio de las bellas artes, podemos observar que ninguno de los tres aspectos es independiente de los demás. Quizá el problema de lo contemporáneo radica en que se haya establecido una jerarquía entre estos tres valores. En ese caso, se estaría estableciendo una separación inexistente entre ellos, lo cual puede revertirse con un estudio cabal de las repercusiones y consecuencias de los espacios habitables en la vida de las personas.
Todo ello apunta hacia las consideraciones sociológicas de los sistemas arquitectónicos y urbanos y la habilidad con la que los estudiosos los interpreten, de tal manera que se puedan difundir reflexiones que sean útiles para que las personas que ejercen la profesión puedan conseguir un mayor equilibrio entre las tres partes que componen su trabajo. Los proyectos más significativos alcanzan la excelencia simultáneamente en su concepción poética, en sus aspectos prácticos y en las técnicas constructivas que utilizan y los tres aspectos se refuerzan mutuamente, sin prevalecer ninguno por encima de otro.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de enero de 2026

PERTENENCIA

El geógrafo francés Jean-Marc Besse escribió en su excelente libro “Habitar”: “Hay un sentido humano en la arquitectura que la precede. Es en una reflexión sobre el habitar, sobre sus formas y contenidos, que este sentido humano aparece.”

Las personas necesitamos sentir que pertenecemos a una comunidad, que puede ser familiar, social, profesional o de cualquier otro tipo. Está claro de que se trata de una sensación subjetiva, pero es vital para el ser humano, pues solo nos reconocemos en los otros y nos validamos por sus opiniones y estímulos positivos.
Los lugares antropológicos son aquellos que nos aportan la posibilidad de habitarlos con sentido de pertenencia. Son lugares con significado, identidad e historia, atributos que dependen directamente de nuestra percepción subjetiva. ¿Es posible proyectar y construir con el objetivo de satisfacer la necesidad humana de pertenencia? Sin duda esta debería ser una aspiración de los arquitectos, pero más allá de la calidad de los espacios y su profundidad fenomenológica, los arquitectos no podemos hacer más para que los habitantes consideren suyos a los espacios diseñados.
Podríamos decir que la creación de lugares con sentido humano puede coincidir con la distribución y la forma de las casas y los edificios (privados y públicos) que diseñan los arquitectos, pero este sentido es mucho más amplio que el campo que abarca la profesión. Me parece que cuando una obra arquitectónica provoca el sentido de pertenencia en sus habitantes, lo hace hasta cierto punto por casualidad, ya que la organización de la vida de las personas a veces es conflictiva y desordenada, lo cual es imposible de prever en un proceso de diseño. Por estas razones probablemente son los edificios vernáculos y antiguos los que mayor sentido de pertenencia tienen para nosotros y por consecuencia, quedan excluidos gran parte de los proyectos contemporáneos e incluso los modernos.
Lorenzo Rocha 

jueves, 1 de enero de 2026

OBJETOS

Habitar es un verbo, pero el espacio es un sustantivo, vivir dentro de un espacio diseñado como un objeto acabado no corresponde con la realidad siempre cambiante de la vida humana.

Para habitar un espacio se requiere de una serie de objetos. Estos son los que establecen las diferencias entre los inmuebles, que tienden a permanecer fijos y los muebles, que pueden acomodarse de distintas maneras y sustituirse periódicamente por otros. Dentro de esta amplia gama de objetos se incluyen aquellos que son destinados al uso, como las mesas, sillas, camas, sofás, lámparas, etcétera y otros que forman parte de la decoración del interior de la casa, como adornos, obras de arte, fotografías familiares y todo aquello que carece de utilidad práctica, pero es necesario para la vida cotidiana.
Una casa o apartamento habitado por una persona o familia específica adquiere ciertos elementos que expresan la personalidad de sus habitantes. Incluso si estas mismas personas se mudan a otra casa o edificio, esos rasgos particulares suelen repetirse en su nueva vivienda. Si hiciéramos el ejercicio de fotografiar nuestros espacio personales a lo largo del tiempo, podríamos descubrir sin duda muchos aspectos de nuestras preferencias relacionadas con nuestra forma personal de habitar, las cuales se traducen en nuestros propios objetos.
Desde la perspectiva de los profesionales en arquitectura es un placer, al menos para mí, observar como las personas se “apropian” de sus espacios de vivienda y trabajo, cómo los transforman. Un mismo tipo de apartamento o estudio puede ser radicalmente diferente según quien lo habite. Debemos ser conscientes de que nuestra labor como arquitectos no consiste en intentar controlar la vida de las personas, sino producir espacios flexibles que contribuyan a la libre expresión de los gustos y rasgos personales de sus habitantes, sin crear ningún tipo de obstáculo para su pleno desarrollo.
Lorenzo Rocha 

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