Emilio García Riera dijo: “El cine es mejor que la vida” y así tituló su libro, un clásico de la crítica cinematográfica publicado en 1990. Quien esté de acuerdo con esta declaración, también debe aceptar que la arquitectura creada en la cinematografía es mejor que la que se construye en la realidad, ya que en el cine se pueden utilizar los mejores elementos de muchos estilos, tiempos y ciudades y mezclarlos sin la necesidad de que tengan coherencia. También hay que considerar que las películas son fuente de inspiración inagotable para los arquitectos. ¿Quién se hubiera podido imaginar un loft neoyorquino lujoso antes de ver “9 semanas y media”? Con el afán de equilibrar las influencias, también hay que destacar que quien hizo el diseño de producción de Bladerunner seguramente había visitado las pirámides de Teotihuacán.
Uno de los ejemplos más notables de integración de la arquitectura moderna al cine es sin duda la producción de Gattaca, película magistral dirigida por Andrew Niccol en 1997, con las excelentes actuaciones de Uma Thurman, Ethan Hawke y Jude Law. En esta producción crea un balance de futurismo con la integración anacrónica de la arquitectura moderna americana de los años cincuenta. La mayoría de las escenas fueron filmadas en edificios de Frank Lloyd Wright, como el célebre Marine County Civic Center en California, construido en 1957. Sin embargo, alguna otra podría haber sido filamada en el interior del Arco de San Luis Missouri, obra del arquitecto finlandés Eero Saarinen (quizá se trate de una escenografía, pero el espacio es prácticamente igual al interior del arco). Gattaca además tiene una trama muy interesante, trata de dos hermanos que aspiran a viajar al espacio, pero uno de ellos es genéticamente inferior al otro y se ve forzado a crearse una falsa identidad para conseguir su objetivo. Su estética se parece en ciertos elementos a la serie inglesa de ciencia ficción realizada durante los años sesenta, que se titulaba Thunderbirds, que mezcla elementos de un futurismo exacerbado, sin perder el humor y elegancia ingleses donde sus personajes, que son marionetas animadas, viajan al espacio de traje y corbata, por supuesto, al igual que en el filme. También aparecen ambientes de diseño futurista como el apartamento donde habitan los hermanos (uno de ellos queda paralítico en un accidente y cede su identidad al otro), su vivienda es muy similar a muchos de los salones de la antigua terminal de TWA, en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, también diseñada por Saarinen en los años cincuenta.
Lorenzo Rocha
jueves, 2 de agosto de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
DESPAVIMENTAR
Durante la intensa urbanización que caracterizó a la segunda mitad del siglo XIX, las grandes ciudades invirtieron todos sus recursos y esfuerzos para desarrollar un sistema de pavimentación asfáltica que eliminara el polvo proveniente de las calles empedradas o caminos de tierra. El asfalto se utiliza para estabilizar la grava suelta desde la época de Babilonia, en infinidad de lugares en todos los continentes existían yacimientos a cielo abierto de petróleo crudo, el cual se utilizó para impermeabilización y aglomerados, la brea (el material que en México conocemos como Chapopote desde tiempos de los aztecas) es utilizada en la construcción de barcos desde hace más de 2500 años.
En la época moderna John Mac Adam, el célebre ingeniero escocés, perfeccionó en 1820, un sistema para fabricar conglomerados bitumonosos, técnica que fue adoptada por la mayoría de las empresas constructroas de caminos alrededor del mundo, su sisitema fue patentado bajo el nombre de Macadam. Lo que hoy conocemos como asfalto, cubre una parte importante de la superficie terrestre incluso anteriormente a la invención del automóvil.
En los Estados Unidos se ha iniciado un movimiento, que desde los años ochenta promueve la despavimentación de la áreas urbanas. Uno de los principales activistas de la despavimentación es el filósofo americano Richard Register, quien aboga por la arquitectura ambientalista desde hace casi 40 años, su máxima “piensa en grande, actúa en pequeño”, se ha vuelto uno de los lemas más usados a favor de la ecología a nivel mundial. Register ha coordinado la despavimentación de terrenos de la pequeña a mediana escala en la ciudad de Berkeley, California desde los años ochenta. El concepto destrás de sus acciones es la liberación de la tierra de esta corteza nociva que impide a las plantas crecer sobre la superficie de las ciudades. Sus proyectos han transformado antiguos estacionamientos abandonados y calles por las que no transitaban vehículos, en areas verdes y pequeños parques urbanos comunitarios. En la actualidad existen numerosos grupos activistas que argumentan a favor de la necesidad de reconsiderar el uso del bitúmen y el alquitrán como los únicos materiales viables para la pavimentación de calles y carreteras, ya que su impacto es altamente nocivo al medio ambiente. Durante todo el siglo XX se utilizó concreto hidráulico para los mismos fines y si bien no es tan eficiente cmo el asfalto, su impacto negativo en los suelos y el aire es más reducido que el de cualquier conglomerado bituminoso de origen fósil.
Lorenzo Rocha
En la época moderna John Mac Adam, el célebre ingeniero escocés, perfeccionó en 1820, un sistema para fabricar conglomerados bitumonosos, técnica que fue adoptada por la mayoría de las empresas constructroas de caminos alrededor del mundo, su sisitema fue patentado bajo el nombre de Macadam. Lo que hoy conocemos como asfalto, cubre una parte importante de la superficie terrestre incluso anteriormente a la invención del automóvil.
En los Estados Unidos se ha iniciado un movimiento, que desde los años ochenta promueve la despavimentación de la áreas urbanas. Uno de los principales activistas de la despavimentación es el filósofo americano Richard Register, quien aboga por la arquitectura ambientalista desde hace casi 40 años, su máxima “piensa en grande, actúa en pequeño”, se ha vuelto uno de los lemas más usados a favor de la ecología a nivel mundial. Register ha coordinado la despavimentación de terrenos de la pequeña a mediana escala en la ciudad de Berkeley, California desde los años ochenta. El concepto destrás de sus acciones es la liberación de la tierra de esta corteza nociva que impide a las plantas crecer sobre la superficie de las ciudades. Sus proyectos han transformado antiguos estacionamientos abandonados y calles por las que no transitaban vehículos, en areas verdes y pequeños parques urbanos comunitarios. En la actualidad existen numerosos grupos activistas que argumentan a favor de la necesidad de reconsiderar el uso del bitúmen y el alquitrán como los únicos materiales viables para la pavimentación de calles y carreteras, ya que su impacto es altamente nocivo al medio ambiente. Durante todo el siglo XX se utilizó concreto hidráulico para los mismos fines y si bien no es tan eficiente cmo el asfalto, su impacto negativo en los suelos y el aire es más reducido que el de cualquier conglomerado bituminoso de origen fósil.
Lorenzo Rocha
jueves, 19 de julio de 2012
ESCULTURA AUTOMOVILÍSTICA
El arte de la segunda mitad del Siglo XX es una disciplina repleta de casos experimentales que se dirigían a la incorporación de las nuevas tecnologías dentro de la exploración estética. La época de la posguerra en America del norte —territorio al que inequívocamente pertenece México— fue un tiempo donde el arte confió plenamente en el futuro, en una sociedad tecnificada y en un progreso tecnológico lineal ascendente. El uso del automóvil, la ciudad-dormitorio, las telecomunicaciones, no fueron en absoluto rechazados por los artistas de la época, sino al contrario, éstos las incorporaron automáticamente a la temática de sus obras.
Las vías rápidas dentro de las ciudades, por ejemplo el Anillo periférico en la ciudad de México, al igual que las autopistas como la de Cuernavaca, fueron motivo de orgullo para los habitantes de la metroplolis de los años cincuenta, a tal grado que aparecen fotografiadas en películas y postales de entonces como si se tratase de meras atracciones turísticas.
El escultor Mathias Goeritz comienza a experimentar en 1953 con prismas triangulares en perspectiva, varias de sus colaboraciones con el arquitecto Luis Barragán lo llevan a plantear junto con éste, el primer ejemplo significativo de escultura cinética realizada para ser apreciada en movimiento desde el automóvil, me refiero a las torres que edificó a la entrada de la ciudad Satélite en 1957.
Las olimpiadas de 1968, reflejaron la energía revolucionaria de la década, y por primera vez ampliaron sus objetivos más alla de lo deportivo, para penetrar en casi todos los ámbitos de la cultura universal. Además de producir una imagen gráfica sin precedentes, es la primera ocasión en la que se organizó una Olimpiada cultural. Goeritz fue invitado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, para coordinar la comisión y construcción de la Ruta de la amistad, que contó con 19 estaciones y 3 invitados especiales, con un total de 22 esculturas a escala urbana de artistas de distintas nacionalidades, entre las cuales hay una del propio Goeritz, la “Osa mayor”, que se construyó en la explanada del Palacio de los deportes.
Para entonces, The View from the Road, ya era una lectura obligada en las escuelas de arquitectura. Este breve libro, escrito en 1963 por Donald Appleyard, Kevin Lynch y John Myer, estudia las repercusiones del transporte privado sobre la percepción visual de la ciudad contemporánea, un tema que seguramente fue tomado en cuenta por Goeritz y todos los demás escultores de la ruta.
Lorenzo Rocha
Las vías rápidas dentro de las ciudades, por ejemplo el Anillo periférico en la ciudad de México, al igual que las autopistas como la de Cuernavaca, fueron motivo de orgullo para los habitantes de la metroplolis de los años cincuenta, a tal grado que aparecen fotografiadas en películas y postales de entonces como si se tratase de meras atracciones turísticas.
El escultor Mathias Goeritz comienza a experimentar en 1953 con prismas triangulares en perspectiva, varias de sus colaboraciones con el arquitecto Luis Barragán lo llevan a plantear junto con éste, el primer ejemplo significativo de escultura cinética realizada para ser apreciada en movimiento desde el automóvil, me refiero a las torres que edificó a la entrada de la ciudad Satélite en 1957.
Las olimpiadas de 1968, reflejaron la energía revolucionaria de la década, y por primera vez ampliaron sus objetivos más alla de lo deportivo, para penetrar en casi todos los ámbitos de la cultura universal. Además de producir una imagen gráfica sin precedentes, es la primera ocasión en la que se organizó una Olimpiada cultural. Goeritz fue invitado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, para coordinar la comisión y construcción de la Ruta de la amistad, que contó con 19 estaciones y 3 invitados especiales, con un total de 22 esculturas a escala urbana de artistas de distintas nacionalidades, entre las cuales hay una del propio Goeritz, la “Osa mayor”, que se construyó en la explanada del Palacio de los deportes.
Para entonces, The View from the Road, ya era una lectura obligada en las escuelas de arquitectura. Este breve libro, escrito en 1963 por Donald Appleyard, Kevin Lynch y John Myer, estudia las repercusiones del transporte privado sobre la percepción visual de la ciudad contemporánea, un tema que seguramente fue tomado en cuenta por Goeritz y todos los demás escultores de la ruta.
Lorenzo Rocha
jueves, 12 de julio de 2012
LATIFUNDIOS Y HACENDADOS segunda parte
La paradoja revolucionaria radica en el fenómeno de todos conocido, que consiste en la transformación de los ideales zapatistas de la lucha: “Tierra y libertad”, en mecanismos de enriquecimiento personal a favor de los líderes del movimiento. En resumen, muchos de los generales de la revolución mexicana pasaron a ocupar el lugar de los antiguos hacendados, desplazando los intereses públicos y sustituyendo sus causas por negocios personales y quedando finalmente como los únicos a quienes “les hizo justicia” la revolución. Además de este consabido refrán, el período obregonista y en general toda la reforma agraria, atrajo la inversión estadunidense, a la vez que involucró a personajes norteamericanos en los procesos económicos e inmobiliarios en todo nuestro país, como en el caso del señor Mc Quatters.
Un caso emblemático es el del millonario y diplomático estadunidense William Jenkins (1878-1963), a quien algunos rumores dignos del género novelesco, acusan de haberse autosecuestrado para generar un conflicto entre México y los Estados Unidos para su beneficio personal. Jenkins llegó a acumular a principios del siglo XX, el latifundio más extenso del Estado de Puebla y uno de los más grandes en la historia moderna de México. La propiedad de Jenkins, conocida como Atencingo, se componía de varias haciendas y extensiones territoriales que en su conjunto llegaron a tener un área cercana a las 125,000 hectáreas, casi la misma superficie que ocupa el Distrito Federal. La mayor parte de estas tierras, estaba dedicada a la siembra de la caña de azúcar, y en ella se encontraban algunos de los ingenios azucareros más importantes de la región. Ahora Atencingo se encuentra en el municipio de Chietla, al sur de Puebla y es una población que se sigue dedicando a la producción del azúcar y sus derivados.
En nuestros días, los multimillonarios no se interesan en acumular tierras, más bien se centran en amasar fortunas mediante la expansión de sus empresas que suelen ser transnacionales. Los territorios del millonario actual, se miden por la cantidad de empleados que dependen de ellos y por la extensión de los mercados que controlan. Se trata de latifundios y hacendados virtuales, que no son propietarios de la tierra, pero que de un modo similar al de sus predecesores, dirigen los destinos de miles y hasta millones de personas, sin haber sido elegidos por éstas y sin ningun tipo de arraigo territorial ni fronteras definidas por las geografías nacionales.
Lorenzo Rocha
Un caso emblemático es el del millonario y diplomático estadunidense William Jenkins (1878-1963), a quien algunos rumores dignos del género novelesco, acusan de haberse autosecuestrado para generar un conflicto entre México y los Estados Unidos para su beneficio personal. Jenkins llegó a acumular a principios del siglo XX, el latifundio más extenso del Estado de Puebla y uno de los más grandes en la historia moderna de México. La propiedad de Jenkins, conocida como Atencingo, se componía de varias haciendas y extensiones territoriales que en su conjunto llegaron a tener un área cercana a las 125,000 hectáreas, casi la misma superficie que ocupa el Distrito Federal. La mayor parte de estas tierras, estaba dedicada a la siembra de la caña de azúcar, y en ella se encontraban algunos de los ingenios azucareros más importantes de la región. Ahora Atencingo se encuentra en el municipio de Chietla, al sur de Puebla y es una población que se sigue dedicando a la producción del azúcar y sus derivados.
En nuestros días, los multimillonarios no se interesan en acumular tierras, más bien se centran en amasar fortunas mediante la expansión de sus empresas que suelen ser transnacionales. Los territorios del millonario actual, se miden por la cantidad de empleados que dependen de ellos y por la extensión de los mercados que controlan. Se trata de latifundios y hacendados virtuales, que no son propietarios de la tierra, pero que de un modo similar al de sus predecesores, dirigen los destinos de miles y hasta millones de personas, sin haber sido elegidos por éstas y sin ningun tipo de arraigo territorial ni fronteras definidas por las geografías nacionales.
Lorenzo Rocha
jueves, 5 de julio de 2012
LATIFUNDIOS Y HACENDADOS primera parte
Se considera latifundio a aquella porción de tierra sin cultivos importantes y con una superficie superior a 5000 hectáreas, que pertenece a un solo dueño o algún grupo de propietarios consolidado en una sola entidad legal. En México el fenómeno del latifundismo, derivado principalmente de la mercedes y encomiendas virreinales, los dos principales sistemas de repartición de tierras originados en la época colonial, es lo que dió lugar a nuestra revolución, más adelante a la reforma agraria y recientemente a la “contrarreforma”, que consistió en la privatización gradual de los terrenos ejidales.
Pero afortunadamente nuestro país no cuenta entre sus dudosos honores, con el primer lugar histórico en la acumulación de la propiedad de la tierra, esta marca la posée un enigmático personaje: el inglés Cecil Rhodes (1853-1902), magnate de la explotación de las minas de diamantes, quien era el colonizador y dueño del territorio que se convirtió en Rodesia, país que se independizó del imperio británico y desde 1980 es la República de Zimbabwe, localizada al sur del continente africano. En nuestros días es casi impensable este tipo de propiedades de dimensión territorial, mucho más extensas que los paisajes que nuestros ojos son capaces de percibir. El latifundio sólo se puede concebir en un mapa, en la representación abstracta de la geografía y para éste no alcanza la definición coloquial de una propiedad que se extienda “hasta donde alcanza la vista”.
El latifundio más grande en la historia de México y de toda Latinoamérica fue el conjunto de propiedades de la familia Sánchez Navarro, que correspondían a prácticamente la mitad del estado de Coahuila y partes de los estados de Nuevo León, Durango y Zacatecas. Esta familia adquirió sus tierras en la decadencia de la Nueva España y los primeros cincuenta años del México independiente. Su extensión aproximada era de 67,000 kilómetros cuadrados, casi un cuatro por ciento del territorio nacional actual, un área casi tan grande como Irlanda.
En el estado de Chihuahua se dió otro caso paradójico, que nos explica la mecánica compleja del período posrevolucionario. El general Luis Terrazas, seguidor de la causa revolucionaria bajo el mando del general Álvaro Obregón, se apropió con ayuda del entonces gobernador de Chihuahua, otro general revolucionario, Ignacio Enríquez, de las haciendas del Cármen, Encinillas, San Lorenzo y otras más que fusionadas reunieron una extensión de 2,600,000 hectáreas, las cuales fueron paulatinamente vendidas a Arthur Mc Quatters, empresario estadunidense quien se encargó de fraccionarlas y venderlas.
Lorenzo Rocha
Pero afortunadamente nuestro país no cuenta entre sus dudosos honores, con el primer lugar histórico en la acumulación de la propiedad de la tierra, esta marca la posée un enigmático personaje: el inglés Cecil Rhodes (1853-1902), magnate de la explotación de las minas de diamantes, quien era el colonizador y dueño del territorio que se convirtió en Rodesia, país que se independizó del imperio británico y desde 1980 es la República de Zimbabwe, localizada al sur del continente africano. En nuestros días es casi impensable este tipo de propiedades de dimensión territorial, mucho más extensas que los paisajes que nuestros ojos son capaces de percibir. El latifundio sólo se puede concebir en un mapa, en la representación abstracta de la geografía y para éste no alcanza la definición coloquial de una propiedad que se extienda “hasta donde alcanza la vista”.
El latifundio más grande en la historia de México y de toda Latinoamérica fue el conjunto de propiedades de la familia Sánchez Navarro, que correspondían a prácticamente la mitad del estado de Coahuila y partes de los estados de Nuevo León, Durango y Zacatecas. Esta familia adquirió sus tierras en la decadencia de la Nueva España y los primeros cincuenta años del México independiente. Su extensión aproximada era de 67,000 kilómetros cuadrados, casi un cuatro por ciento del territorio nacional actual, un área casi tan grande como Irlanda.
En el estado de Chihuahua se dió otro caso paradójico, que nos explica la mecánica compleja del período posrevolucionario. El general Luis Terrazas, seguidor de la causa revolucionaria bajo el mando del general Álvaro Obregón, se apropió con ayuda del entonces gobernador de Chihuahua, otro general revolucionario, Ignacio Enríquez, de las haciendas del Cármen, Encinillas, San Lorenzo y otras más que fusionadas reunieron una extensión de 2,600,000 hectáreas, las cuales fueron paulatinamente vendidas a Arthur Mc Quatters, empresario estadunidense quien se encargó de fraccionarlas y venderlas.
Lorenzo Rocha
viernes, 29 de junio de 2012
CONOCIMIENTO GEOGRÁFICO
La ruta ceremonial que cada año recorren los huicholes, habitantes la Sierra Madre Occidental en el norte de México, va desde San Blas en la costa del Océano Pacífico, hasta Real de Catorce en las montañas de San Luis Potosí. Los peregrinos recorren una distancia de aproximadamente 550 kilómetros, durante la cual realizan distintos tipo de rituales, muchos de ellos a modo de danzas, pero todos en espacios abiertos. Es indudable que se trata de una manifestación religiosa, cultural y artística, que a pesar de ser muy antígua, se ha debido actualizar como cualquier otra. La característica principal de la costumbre ancestral de los huicholes es su relación con la naturaleza y la celebración de la tierra. Ninguna otra intervención humana en el paisaje mantiene hoy en día la actitud de integración del ser humano con el resto de los seres vivos e inertes como la que se lleva acabo dentro de la población de origen Huichol. Desde los animales, hasta las rocas tienen un significado animista específico en sus cantos y danzas. Toda la naturaleza es celebrada y tiene un valor simbólico durante este largo camino. Para nosotros, los habitantes de la capital del país, es una experiencia necesaria y casi una obligación conocerla. Contribuir a preservarla, es un esfuerzo realmente urgente, dada la reciente amenaza al entorno, que deriva de las nuevas concesiónes para la explotación minera de la región.
Desde el siglo XIX, numerosos investigadores han estudiado tanto su sistema de creencias como la naturaleza de sus peregrinaciones, mitos y danzas, la antropologa Regina Lira, opina que su territorio es un “espacio habitado por centenares de antepasados deificados que durante las hazañas que dieron origen al cosmos en el caos primordial quedaron esparcidos en el camino en forma de manantiales, lagunas, montañas, cactáceas, cuevas, rocas o peñascos. La rememoración de los ancestros y de sus moradas mediante los cantos y los mitos, nos hacen constatar que el conocimiento de los huicholes está ordenado geográficamente”.
En la sociedad urbana contemporánea los valores del medio ambiente están subordinados al materialismo. Por esta razón, la sobrevivencia de grupos humanos como éste, se encuentra en un estado de extrema fragilidad. Sin embargo, los huicholes han sido capaces de integrar sus tradiciones ancestrales con las influencias de la sociedad actual. Desde esta óptica, nos encontramos frente a la manifestación artística y paisajística más monumental de nuestro tiempo.
Lorenzo Rocha
Desde el siglo XIX, numerosos investigadores han estudiado tanto su sistema de creencias como la naturaleza de sus peregrinaciones, mitos y danzas, la antropologa Regina Lira, opina que su territorio es un “espacio habitado por centenares de antepasados deificados que durante las hazañas que dieron origen al cosmos en el caos primordial quedaron esparcidos en el camino en forma de manantiales, lagunas, montañas, cactáceas, cuevas, rocas o peñascos. La rememoración de los ancestros y de sus moradas mediante los cantos y los mitos, nos hacen constatar que el conocimiento de los huicholes está ordenado geográficamente”.
En la sociedad urbana contemporánea los valores del medio ambiente están subordinados al materialismo. Por esta razón, la sobrevivencia de grupos humanos como éste, se encuentra en un estado de extrema fragilidad. Sin embargo, los huicholes han sido capaces de integrar sus tradiciones ancestrales con las influencias de la sociedad actual. Desde esta óptica, nos encontramos frente a la manifestación artística y paisajística más monumental de nuestro tiempo.
Lorenzo Rocha
jueves, 21 de junio de 2012
BIBLIOTECA DE BIBLIOTECAS
Hace algunos años, cuando el Consejo nacional para la cultura y las artes anunció la construcción de la Biblioteca José Vasconcelos en Buenavista, se abrió un debate sobre la pertinencia de la construcción de nuevos recintos bibliotecarios. El argumento de aquellos que se manifestaron en contra de la construcción de la mega-biblioteca, se fundaba en el creciente fenómeno de la digitalización del libro y el correspondiente acceso universal a la lectura mediante Internet. Dicho fenómeno habría hecho obsoleta la construcción de edificios que alberguen más libros impresos, cuando la tendencia dominante apuntara hacia la digitalización de la lectura.
Lo que probablemente no tomaron en cuenta los detractores de las bibliotecas y los libros de papel, es que el acceso a Internet en la población de nuestro país es relativamente bajo y no muestra un crecimiento sostenido. Pero lo más importante es el hecho de que las bibliotecas son piezas de equipamiento urbano que cumplen múltiples funciones sociales. Son espacios públicos donde la gente se reune, estudia, consulta la prensa e incluso, consulta páginas de Internet. Las bibliotecas son espacios urbanos necesarios para quienes no cuentan con áreas suficientes en sus viviendas que les permitan leer y estudiar cómodamente.
Hace aproximadamente un año, supimos de la iniciativa de Conaculta de remodelar la Biblioteca de México, que se ubica en la Ciudadela desde 1946. Además de su acervo básico, la nueva biblioteca albergará las colecciones de personajes importantes de la vida cultural de nuestro país. Entre éstas se cuenta con las bibliotecas personales de José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis.
Estas bibliotecas personales quedaron ordenadas en las crujías interiores del edificio, con la intención de volver a reunir algunas colecciones que se habían dispersado y disponerlas en el mismo modo en que cada autor las conservaba en su hogar. El arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, coordiandor del proyecto, se encargará de diseñar la crujía que alberga la biblioteca del licenciado Castro Leal, quien fue rector de la UNAM. Su intención es incluir objetos personales como sus condecoraciones y libros antiguos, usando la misma madera que tenía la biblioteca cuando se ubicaba en la casa del ex-rector en Coyacán. Gomez Pimienta ha convocado a renombrados arquitectos para colaborar en el proyecto, así como a destacados artistas, como Francisco Toledo, quienes instalarán sus obras en un diálogo con los libros que cubrirán las paredes.
Lorenzo Rocha
Lo que probablemente no tomaron en cuenta los detractores de las bibliotecas y los libros de papel, es que el acceso a Internet en la población de nuestro país es relativamente bajo y no muestra un crecimiento sostenido. Pero lo más importante es el hecho de que las bibliotecas son piezas de equipamiento urbano que cumplen múltiples funciones sociales. Son espacios públicos donde la gente se reune, estudia, consulta la prensa e incluso, consulta páginas de Internet. Las bibliotecas son espacios urbanos necesarios para quienes no cuentan con áreas suficientes en sus viviendas que les permitan leer y estudiar cómodamente.
Hace aproximadamente un año, supimos de la iniciativa de Conaculta de remodelar la Biblioteca de México, que se ubica en la Ciudadela desde 1946. Además de su acervo básico, la nueva biblioteca albergará las colecciones de personajes importantes de la vida cultural de nuestro país. Entre éstas se cuenta con las bibliotecas personales de José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis.
Estas bibliotecas personales quedaron ordenadas en las crujías interiores del edificio, con la intención de volver a reunir algunas colecciones que se habían dispersado y disponerlas en el mismo modo en que cada autor las conservaba en su hogar. El arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, coordiandor del proyecto, se encargará de diseñar la crujía que alberga la biblioteca del licenciado Castro Leal, quien fue rector de la UNAM. Su intención es incluir objetos personales como sus condecoraciones y libros antiguos, usando la misma madera que tenía la biblioteca cuando se ubicaba en la casa del ex-rector en Coyacán. Gomez Pimienta ha convocado a renombrados arquitectos para colaborar en el proyecto, así como a destacados artistas, como Francisco Toledo, quienes instalarán sus obras en un diálogo con los libros que cubrirán las paredes.
Lorenzo Rocha
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