jueves, 9 de enero de 2025

ESPACIO ESCULTÓRICO

En 2024 el Espacio escultórico y el paisaje del Pedregal de San Ángel recibieron Premio Carlo Scarpa, que otorga la Fundación Benetton Studi Ricerche. Al premio le acompaña una exposición y un catálogo con fotografías, textos y análisis de muy alta calidad.


En 1979 un grupo de seis escultores compuesto por: Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathias Goeritz, Hersúa, Sebastián y Federico Silva, fueron comisionados por la UNAM, para instalar obras de arte en la reserva ecológica del Pedregal de San Ángel. Los artistas trabajaron de manera colectiva para diseñar un espacio circular de 120 metros de diámetro delimitado por 64 prismas triangulares realizados en concreto armado. El espacio circunscrito es simplemente el suelo original del lugar cubierto de lava volcánica y de múltiples especies endémicas de flora y fauna. El proyecto provoca reflexiones en multiples niveles, desde aquellos plásticos y estéticos, hasta los aspectos del paisaje en el contexto urbano. El Pedregal de San Ángel un area natural considerada por mucho tiempo como inútil para la agricultura e incluso para la urbanización, se transformó en la segunda mitad del siglo XX en suelo muy cotizado para las promociones inmobiliarias. Gracias a la UNAM, se ha podido conservar una parte de este paisaje como reserva ecológica, por este motivo el Espacio escultórico se ha convertido en un símbolo de dicha transformación.

Los artistas publicaron un manifiesto un año después de concluir la obra, en cual adoptaron una postura crítica contra el arte público y sus relaciones con los poderes políticos y económicos. En el texto reivindican el derecho de los habitantes a la belleza en la ciudad. Los seis artistas se declaran como individuos que “intentaron poner en práctica principios olvidados por cientos de años, buscar hacer del arte un gran acontecimiento para todos y para siempre, superando, al menos en esta experiencia, el voluntarismo individualista autosuficiente y caduco.”

La obra es sin duda un ejemplo muy interesante de un tipo de arte que invita al uso social del espacio, a las reflexiones ecológicas y al trabajo colectivo por encima de las consideraciones específicas de ninguno de sus creadores en particular, los cuales cedieron la autoría al grupo para permitir una obra de arte protagonizada por el lugar de su construcción.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 2 de enero de 2025

CIUDAD SIN FIN

En 1971, el grupo radical italiano Archizoom, publico su proyecto No-stop City, una estructura que cubriría grandes superficies y borraría las diferencias habituales entre el espacio interior y exterior.

Andrea Branzi (1938-2023) fue un arquitecto italiano que desde muy joven buscó aplicaciones radicales del diseño. En 1966 fundó Archizoom con Gilberto Corretti, Paolo Deganello, Massimo Morozzi, y la pareja de Dario y Lucia Bortolini, colegas suyos que estaban inconformes con las representaciones arquitectónicas de la época.

Sus ideas se relacionaban con la disolución de la ciudad y de los edificios como objetos aislados. Desde aquella época, la climatización artificial y la flexibilidad estructural permitían, como ahora, la construcción de grandes estructuras y superficies diáfanas que funcionan sin constituir formas singulares, ni ser innovadoras tecnológicamente, como es el caso de los supermercados, pabellones industriales y edificios para oficinas. Los miembros de Archizoom, visualizaron estructuras a nivel paisajista y territorial en cuyo interior los habitantes, una sociedad neo-primitiva, podía ocupar espacios libremente con instalaciones habitables efímeras y llevar una vida simple y natural, sin la necesidad de ropa ni mobiliario.

De ese modo, la ciudad se habría transformado en un gigantesco edificio sin principio ni fin, que en situación extrema daría la vuelta al planeta entero, borrando los límites entre ciudad y campo, vivienda y espacio público, en fin, un hábitat continuo y anónimo, en el que la población se dedicara a gozar la vida sin inhibiciones.

El fenómeno contra-cultural de esta época, en el que se identifican otros grupos como Superstudio y Archigram, se dedicó a cuestionar irónicamente al modernismo arquitectónico urbano. Sin pretender que sus diseños se llevaran a cabo, fueron proyectos concebidos como distintos modos de critica social. La paradoja que plantean, aunque debe tomarse con las reservas de su naturaleza radical, es la desaparición de los límites entre lo urbanizado y la naturaleza, el espacio público y privado. Ahora existen algunas megaestructuras o “Islas urbanas”, grandes complejos comerciales y habitacionales que parecen no terminar nunca, pero no llegan a parecerse en absoluto a estos proyectos utópicos.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 26 de diciembre de 2024

CAMPO TECNIFICADO

Recomiendo el libro recién publicado “Tecnopastorialismo. Ensayos y proyectos en torno a la Arcadia tecnificada”, editado por Fernando Quesada para Ediciones Asimétricas. El libro presenta cinco ensayos que muestran la desconfianza actual respecto de la utopía tecnológica.

Antes del siglo XIX, la vida en el campo era muy distinta de la vida en la ciudad y a su vez las concentraciones urbanas eran muy diferentes a las de ahora. Hace aproximadamente cien años, la explotación agrícola y ganadera comenzó a imitar las formas de asentamiento de las ciudades industriales, lo cual convirtió al campo en una versión menos densamente poblada de la ciudad. Desde los planes territoriales de Thomas Jefferson, las “Land Ordinances” de 1785, hasta la planificación territorial holandesa, las cuales crearon sistemas homogéneos de coordenadas y planes de uso del suelo para todo los estados y provincias, el ánimo científico moderno se orientó hacia una clara intención de urbanizar cada rincón de la tierra. En la década del 1900 Ebenezer Howard puso en práctica su idea de “Ciudad jardín”, en la que creó una forma de urbanización que fusiona el campo con la ciudad y es la que ha generado los suburbios que habitamos en el presente.

Hoy en día las comunicaciones, los transportes, la electricidad, el agua potable y casi todos los servicios característicos de lo urbano se encuentran disponibles tanto en la ciudad como en el campo. Junto con esta realidad, también ha existido una corriente opuesta, una contracultura que sostiene que el ser humano debe volver a su estado primitivo, a la contemplación de la naturaleza. Cada vez se observa como las personas intentan migrar fuera de la ciudades a localidades rurales idealizadas en las que sea posible subsistir cultivando hortalizas y criando ovejas, pero sin perder contacto con la cultura urbana, con los sistemas financieros y con la tecnología informática. Este movimiento rural-aristocrático es la versión actual del coloquial Walden de Henry David Thoreau (1854), una vida natural, aparentemente aislada de la civilización, la cual no podía haber sucedido sin que su creador tuviera acceso a los privilegios de la clase alta a la que pertenecía.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

COPRODUCCIÓN

En los estudios territoriales se debate constantemente sobre las causas y consecuencias de la producción social del espacio. Siempre partiendo de uno de los dos conceptos en juego: hay quienes sostienen que la forma urbana deriva directamente de las prácticas sociales, frente a otros que piensan que las prácticas sociales responden a las configuraciones urbanas. La premisa principal de la lógica social del espacio, se apoya en la idea de que ambos conceptos derivan uno de otro y se retroalimentan mutuamente. Las formas arquitectónico-urbanas y las dinámicas sociales se coproducen, unas son las causas y al mismo tiempo las consecuencias de las otras. Tal como lo afirma Doreen Massey: “Lo social se produce espacialmente y lo espacial se produce socialmente”.

Estos pensamientos son muy difíciles de explicar a las personas involucradas directamente en la producción arquitectónico-urbana, ya que en general les cuesta mucho trabajo visualizar sus diseños convertidos en realidades sociales. También dentro de la educación universitaria occidental, es muy difícil discutir conceptos que no sean opuestos y que existen en entornos en los que no se pueden distinguir las causas de los efectos.

Sabemos de sobre que la arquitectura es un fenómeno contingente, que depende de su entorno físico y social, por esto, la mayoría de los arquitectos dejamos hace tiempo de pensar que nuestro trabajo determina el comportamiento social de las personas. Sin embargo, como el diseño se materializa, si tiene la capacidad de prefigurar el modo como podrían ser las cosas si la realidad futura fuera distinta a la actual. En pequeñas dosis, lo que se construye ahora, deja entrever cómo serán los entornos construidos en el futuro. Todo ello recuerda el elocuente título de un libro de Reyner Banham, escrito en 1978: “Megaestructuras: futuros urbanos del pasado reciente”, que trata sobre la contracultura arquitectónica de aquellos años.

Lorenzo Rocha 

jueves, 12 de diciembre de 2024

FIGURACIÓN

El filósofo francés Paul Ricoeur realizó una labor de análisis hermenéutico muy profunda en su obra Architecture and Narrativity, publicado en 1997.

Aunque no se afirme explícitamente en textos críticos ni se refleje en la enseñanza universitaria, la arquitectura es un lenguaje de signos, como afirma el teórico Alberto Pérez Gómez: “El significado de la arquitectura —de un edificio, un jardín o cualquier artefacto efímero que sirva como encuadramiento para los actos humanos— se entiende del mejor modo como una forma gestual del lenguaje”. La arquitectura se comunica con nosotros, desde lo más básico como la indicación de el acceso a la casa o al edificio, hasta mensajes más profundos que se relacionan con los valores de la institución a la que representan quienes encargan las obras.
Las instituciones financieras necesitan proyectar solidez y permanencia en sus edificios, lo hacen mediante materiales pétreos y duraderos. Las dependencias gubernamentales también expresan los fundamentos y valores de Estado, recurriendo a modos de expresión arquitectónicos. Aunque parezca que solo estas entidades busquen propagar sus ideologías mediante la forma construida, podríamos afirmar que incluso en las viviendas, colectivas o particulares, expresan hacia su exterior los deseos de aparición pública de sus habitantes, quizá también por esa razón, Hegel calificó a la arquitectura como “El arte de la externalidad”.
Una parte importante de la hermenéutica de la figuras poéticas aplicadas a la arquitectura son la prefiguración, la configuración y la refiguración. En el caso de la arquitectura, asimilando su experiencia a la lectura de un texto, la prefiguración se encuentra en todas las condiciones contextuales que anteceden a la obra, como la naturaleza y la ciudad, la configuración se refiere al diseño del ambiente físico construido como resultado del proyecto y la refiguración en arquitectura sería la experiencia del espacio por parte de quien lo habita y recibe e interpreta el mensaje transmitido por el arquitecto mediante su obra.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 5 de diciembre de 2024

EQUIDAD

En inglés hay un término que se utiliza para designar a los espacios privados abiertos al público, los denominados POPS (Privately owned public spaces), son todos aquellos atrios, vestíbulos, pasillos y jardines, que siendo de propiedad privada, permiten el tránsito libre de las personas.

Desde hace años se ha discutido en distintos foros sobre la inequidad en cuanto al acceso libre al espacio público. En ocasiones cada vez más frecuentes, el gobierno de la ciudad de México cede temporalmente el uso de avenidas y parques para la instalación de ferias, mercados o la organización de eventos deportivos con fines comerciales. Estas concesiones son legales y en apariencia no causan daños al interés público, sin embargo, provocan situaciones que en ocasiones marginan incluso a las comunidades que habitan en las zonas donde se llevan a cabo los eventos.
En principio, quienes circulan en automóvil son obligados a desviar sus rutas y emplean mucho tiempo adicional en llegar a sus destinos. Además los vecinos de las zonas ocupadas por las organizaciones beneficiadas no son tomados en cuenta y se afecta la tranquilidad y libertad de movimiento a los que tienen derecho.
Las políticas estatales aparentan ser inclusivas por una parte, aludiendo a la libertad de expresión y al acceso de todos los habitantes al espacio público, pero por la otra parte, restringen las posibilidades de ocupación a dichos espacios a favor de quienes lucran con sus usos temporales. De hecho, la ocupación del mismo espacio para protestas y manifestaciones populares, responde también al control que el gobierno ejerce sobre los grupos que lo utilizan para fines sociales. No cualquier grupo puede protestar libremente, debe pedir permiso o alertar a las autoridades para no ser reprimido por la policía.
El modo capitalista contemporáneo de concebir la separación entre lo público y lo privado ha ido limitando los ámbitos de los ciudadanos, que han pasado a ser objeto exclusivo de las campañas políticas y comerciales.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 28 de noviembre de 2024

EL PAISAJE

El escritor estadunidense Edgar Allan Poe sostenía que la naturaleza era la fuente más rica de experiencias estéticas. En su libro The Elk, publicado en 1844, el autor describe la belleza de un paisaje en Pensilvania, como un goce de una belleza incomparable.

Durante los últimos años del siglo XIX, se acentúa una tendencia en Gran Bretaña y los Estados Unidos a la admiración del paisaje como la principal fuente de belleza. Se trata en parte de un movimiento de reacción ante la industrialización, la contaminación ambiental y la concentración excesiva de población en los centros urbanos, la cual vivía en condiciones precarias.
El crecimiento de las ciudades en estos dos países fue muy acelerado debido al desarrollo capitalista derivado de la revolución industrial. Algunos teóricos de la arquitectura como John Ruskin, revalorarizaron épocas anteriores al Renacimiento como aquellas en las que se alcanzó un esplendor que no volvió a repetirse, relacionado principalmente con las artesanías y los gremios de especialistas en los distintos oficios como la carpintería, la cantería, la orfebrería la herrería y demás trabajos, que fueron reduciéndose con la producción industrial. En su libro “Las siete lámparas de la arquitectura”, el teórico sienta las bases para el movimiento Arts and Crafts. 
En la actualidad, quizá por razones distintas, existen una fuerte atracción hacia la arquitectura que se relaciona con el paisaje, hasta el extremo de que muchos proyectos se plantean más como intervenciones a nivel paisajístico que como operaciones de diseño y construcción.
Un ejemplo muy importante es el campus de la Universidad de arquitectura en Shenyang, en el norte de China del arquitecto paisajista chino Kongjian Yu. Los terrenos utilizados para el campus eran arrozales y el arquitecto decidió que siguieran siéndolo, involucrando a los estudiantes en la cosecha de arroz y al mismo tiempo generando los espacios abiertos para sus actividades estudiantiles y recreativas.
Lorenzo Rocha

 

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