jueves, 23 de octubre de 2025

SALUD MENTAL

¿En que pueden contribuir los espacios que habitamos en mejorar nuestra salud mental? ¿Es posible que también esos espacios puedan dañar nuestra estabilidad emocional? ¿Los espacios que habitamos quedan marcados por las experiencias negativas que acontecen en ellos?

En las últimas semanas ha habido un malestar generalizado en la Universidad Nacional Autónoma de México, debido a distintas situaciones de violencia y de miedo entre los miembros de las comunidades estudiantiles y docentes, derivados de enfermedades mentales y problemas emocionales.
El asunto está muy lejos de resolverse y de provocar la minima sensación de seguridad entre el alumnado. En estos momentos la salud mental y la estabilidad emocional son las discusiones más importantes entre los universitarios, superando por mucho a los temas específicos de los cursos. De hecho, considero que debe tomarse como una preocupación que atraviesa prácticamente a todo el conocimiento humano.
En la Facultad de Arquitectura en este momento no hay actividad académica, pero no es tiempo perdido por que la urgencia de la búsqueda de acciones que puedan mejorar la atención a los problemas de salud y seguridad de la comunidad es una prioridad que no puede ser postergada par más tiempo. Las soluciones definitivas seguramente llevarán tiempo en implementarse, pero esperemos que no tengan que morir más personas, ni tantas otras tengan que continuar en circunstancias adversas, para atender los fenómenos que provocan estos males. Desde cada uno de nosotros debe partir la consciencia de estas problemáticas y nuestra disposición a ayudar a quienes se encuentran en crisis mentales y emocionales. Aunque no todos tengamos conocimientos de psicología, si podemos ser empáticos y comprensivos con nuestros semejantes y no excluir a quien sufre de un problema de salud mental, del mismo modo como lo hacemos con los problemas que se presentan a nivel físico.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 16 de octubre de 2025

RESIDUOS UTÓPICOS

Manfredo Tafuri escribió en LʼArchitecture dans le boudoir: “Hoy en día quien desee hacer hablar a la arquitectura se verá forzado a recurrir a materiales que carezcan de todo significado. Será necesario reducir al grado cero toda ideología, todos los sueños de la función social y todo residuo de utopía”. 

William Morris (1834-1896) fue un arquitecto, artista y escritor inglés que reaccionó en contra de la industrialización. Es muy conocido por sus muebles, ediciones y decoraciones artesanales y por haber escrito en 1890 la novela de ciencia ficción “Noticias de ninguna parte”. En una relectura reciente del maravilloso libro de Morris he notado que los espacios y dinámicas sociales que describe como el futuro post-capitalista ideal, en el fondo son utopías marginales, basadas en el fracaso de la sociedad capitalista. Morris presenta una ciudad de Londres en el siglo XXII totalmente igualitaria, en la cual todos los habitantes gozan del máximo bienestar y protección social. Destaca el planteamiento de una sociedad en la que ya no es necesario educar a los niños en escuelas formales, en la que todos los ciudadanos son autodidactas. También presenta una realidad sin pobreza ni riqueza, sin diferencias económicas entre los campesinos, los obreros y los profesionistas, una comunidad donde todos conviven armónicamente sin necesidad de intercambios monetarios.
Entre los elementos de la sociedad futura descrita en “Noticias de ninguna parte”, es la caducidad de las instituciones religiosas, la desaparición de las iglesias y templos, pues la espiritualidad se ejerce individualmente. En el mundo planteado por el autor, ya no es necesario el Estado para regular el comportamiento y las relaciones entre las personas, el parlamento ha desaparecido para entonces y la democracia se lleva acabo directamente en asambleas populares en cada comunidad, sin necesidad de organismos electorales. Todo ello es imposible de imaginar para nosotros, ya que cada vez tenemos menos confianza en el futuro, pero no está mal pensar de vez en cuando que lo que conocemos seguramente cambiará e incluso no es imposible que algún día mejore.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 9 de octubre de 2025

ARTE URBANO

En su texto “El lugar no es una postal: el problema del contexto en la arquitectura contemporánea”, Alberto Pérez Gómez plantea la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden la arquitectura y la forma urbana reconocer de manera más auténtica las particularidades culturales específicas que asociamos con la identidad de un lugar?

La arquitectura privada y pública es la que conforma al espacio abierto urbano, pero cada vez es más difícil identificar y definir su relación con el arte y la cultura. Quizá esta dificultad proviene de la intención de considerar a ambos fenómenos como entidades diferentes. ¿Podríamos considerar a la propia arquitectura como una de las formas primordiales de manifestación cultural y artística en el espacio urbano? Si fuera asi, ¿en qué lugar quedarían otras formas artísticas como la escultura, la pintura mural, el cine y el graffiti, dentro de las ciudades? Queda claro que el problema no es el medio de expresión artística del que estemos discutiendo, sino de su contenido y de su relación y aportación a la identidad del lugar, es decir su contribución al contexto urbano.
Muy frecuentemente, los edificios y otros objetos en el espacio urbano aparecen ante nosotros como entes extraños, como elementos que se perciben como ajenos al lugar. La mayoría de nosotros no sabemos explicar porqué estos objetos nos molestan, pero nos queda muy clara la diferencia entre aquellos que sí pertenecen al contexto de los que consideramos que están “fuera de lugar”. Esto confirma que existe hasta cierto grado un buen gusto popular, que comparten la mayoría de las personas. Cuando las clases dominantes imponen sus caprichos estéticos con sus viviendas o cuando las autoridades erigen un monumento arbitrariamente, la mayor parte de las personas reacciona en contra de ellos. En la mayoría de los casos los ciudadanos comunes no podemos hacer nada frente a dichas imposiciones, pero con el tiempo se va conservando solo aquello que agrada a los habitantes de las ciudades, o aquello que consideran importante para su identidad y cultura.
Lorenzo Rocha 

jueves, 2 de octubre de 2025

CASA-CIUDAD

Gran cantidad de personas se han dedicado a analizar y discutir sobre las fuerzas que gravitan sobre lo urbano y sobre la producción del espacio social. En particular la geógrafa inglesa Doreen Massey opina que: “Lo social se produce espacialmente y lo espacial se produce socialmente”.

Existe una relación muy estrecha entre las viviendas, el espacio urbano abierto y la experiencia humana de habitar en una ciudad, o lo que en general conocemos como cultura urbana. Las casas o apartamentos forman un complejo inseparable con los barrios donde se localizan. En términos simples, medimos el área interior nuestras viviendas en metros cuadrados, pero estas áreas se complementan con las superficies abiertas que nos circundan, con las calles, los parques y las plazas que se encuentran en relativa proximidad a éstas.
De este modo, dos casas o apartamentos con los mismos metros cuadrados, se experimentan de maneras distintas dependiendo de la zona en la que se encuentran y por consecuencia su valor es distinto. Es indudable que una vivienda que se encuentre frente a un parque o plaza tendrá mayor valor que otra que esté en una calle estrecha. Un fenómeno similar acontece respecto a los equipamientos culturales y comerciales que se encuentran en proximidad a las viviendas. Ambos se encuentran en una relación de dependencia mutua, los museos, galerías, escuelas, cines, restaurantes y tiendas se ubican en proximidad de las áreas habitacionales, ya que su público primordial se compone de los habitantes del barrio donde se localizan y de aquellos otros que tienen un acceso fácil a ellos, ya sea peatonal o con algún medio de transporte público o privado eficiente. Del mismo modo, las viviendas se verán beneficiadas por los servicios que les aporten los equipamientos.
De este modo la ciudad se teje y de ahi deriva en parte su complejidad. A veces estas acciones se planifican o derivan de alguna política en particular, pero en la mayoría de los casos el tejido urbano está ligado a la iniciativa de los habitantes y a las dinámicas del mercado.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 25 de septiembre de 2025

JERICÓ

Durante la prehistoria, aun en la era geológica del Holoceno, los humanos tenían ya formas de organización social y espacial extremadamente avanzadas. Aunque se trataba de grupos no muy numerosos, los habitantes de las regiones del cercano oriente eran capaces de organizarse y edificar sus viviendas de modo similar al que utilizaron las primeras civilizaciones. 

El poblado más antiguo del mundo se encuentra en Cisjordania, al este de Jerusalén, en Palestina, muy cerca de donde se estan perpetrando los horrores de la guerra que tienen al mundo en vilo. 
Según los arqueólogos, Jericó data del neolítico y se comenzó a poblar alrededor del año 11000 antes de Cristo. Se trata de una aglomeración de construcciones agrupadas de manera compacta con la intención de proteger a sus habitantes de posibles invasiones. De este modo las pequeñas viviendas de un solo espacio cada una, fueron construidas con tierra compactada del sitio. A ellas se entra por los techos por una sola escotilla que también servía como chimenea, ya que en todas había una pequeña hoguera interior. Por este motivo, no contaban con ventanas ni puertas hacia el exterior, pero sí con algunas escaleras retráctiles que permitían subir a las cubiertas y transitar por ellas. De este modo, cuando se cerraban las escotillas y se retiraban las escaleras, no había manera de entrar ni salir del poblado. Las viviendas se alternaban con algunos espacios abiertos, patios interiores para actividades comunes que servían a los habitantes como sitios ventilados pero al mismo tiempo seguros.
Es sorprendente que en el mismo enclave geográfico se concentren partes tan importantes de la historia de la humanidad y simultáneamente se esté viviendo una situación tan desesperada. En el mundo siempre conviven inevitablemente la civilización y la barbarie, 
Lorenzo Rocha

jueves, 18 de septiembre de 2025

NATURALEZA Y CULTURA

Pensadores contemporáneos como Isabelle Stengers, Timothy Morton y Erik Swynedouw, han afirmado que la idea de la preservación de la naturaleza dentro de la ecología ha contribuido en gran medida a la confusión en la que nos encontramos.

Los humanos somos la única especie consciente de sí misma, esto es posible debido a nuestro lenguaje, el cual nos permite reflexionar y discutir sobre nuestra condición humana. No hay evidencia de que otros seres vivos inteligentes y sociales se planteen problemas similares a los nuestros.
La preocupación principal que nos ha perseguido las ultimas décadas es el cambio climático y la consecuente extinción de nuestra especie. A esto lo llamamos “fin del mundo”, cuando en realidad es el fin de la humanidad, no del planeta Tierra. También nos hemos vuelto conscientes de que la construcción y la urbanización son algunos de los factores principales del deterioro del medio ambiente.
Dentro de estas reflexiones está la relación entre naturaleza y cultura. Está muy claro que ambas nociones guardan una estrecha relación, pero es importante hacer notar que dicha relación no es causal. La cultura se nutre del medio físico y de su percepción mediante los sentidos y simultáneamente lo retroalimenta con los productos culturales humanos, entre ellos, las ciudades. Estas contribuciones humanas al medio ambiente inmediatamente vuelven a informar a sus fuentes y los siguientes objetos que se producen “aprenden” de los ya existentes. Para ponerlo en términos más sencillos naturaleza y cultura son nociones que se coproducen.
La capacidad de raciocinio humano no puede exceder los parámetros que impone el medio físico, incluso aquel espacio que está fuera del planeta. A pesar de que insistamos en que nuestras acciones destruirán a la naturaleza, debemos ser conscientes que solamente nos destruirán a nosotros mismos, el planeta seguirá su curso como lo hacía antes de la aparición de nuestra especie y de su extraordinaria evolución.
Lorenzo Rocha 

jueves, 11 de septiembre de 2025

CHOZA PRIMITIVA

El modelo conceptual de las chozas primitivas, sirvió como inspiración para dos teorías fundamentales sobre los orígenes de los ordenes y elementos de la práctica proyectual, escritas en los siglos XVIII y XIX.

Las chozas de los pueblos de la antigüedad prehistórica poseen dos características que las han convertido en paradigmas para el estudio y la teorización de la arquitectura. La primera de ellas es su atemporalidad. Aunque existen desde hace miles de años, su evolución ha sido extremadamente lenta, por lo cual las tribus y comunidades que aun las construyen, lo siguen haciendo como dictan sus tradiciones. La segunda característica es que han sido objeto para trabajos teóricos muy importantes desde hace al menos 250 años.
La primera de estas referencias aparece en 1753 en el libro “Ensayo sobre la arquitectura” de Marc-Antoine Laugier, su argumento se resume en la observación de la naturaleza como origen del acto humano de construir, lo cual eventualmente produce un sistema de proporciones y reglas abstractas que se convierten en una arquitectura clásica. El segundo caso es en el texto “Los cuatro elementos de la arquitectura” de Gottfried Semper, escrito en 1851, el cual abstrae de un ejemplo específico, la choza caribeña, los fundamentos de la tectónica, del acto poético de la construcción.
En la actualidad aun existen ejemplos vivos de comunidades que construyen y habitan en casas que mantienen sus tradiciones ancestrales. En México podemos observar como los pueblos mayas de Yucatán siguen construyendo pequeñas casas con techos de palma de un modo similar al que utilizaron sus ancestros desde hace 3000 años. También es notable como se han conservado los sistemas constructivos de las tribus Gogo en Tanzania a pesar del desarrollo de nuevas tecnologías. En estos dos ejemplos, vemos una manera textil de construir con materiales simples y accesibles, cuyos resultados son óptimos desde el punto de vista bioclimático, tomando en cuenta que las altas temperaturas de estas regiones exigen aislamientos muy efectivos para que las casas sean refugios efectivos contra las condiciones climáticas adversas.
Lorenzo Rocha

 

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