No existe una forma eficiente y directa de traducir o representar a la justicia social o urbana en la forma arquitectónica y en las imágenes derivadas de ésta.
Los medios de expresión arquitectónica han sido dominados por mucho tiempo por la cultura visual, los planos y dibujos realistas son las formas usuales de transmisión de las ideas contenidas en los proyectos y su difusión posterior se apoya principalmente en la fotografía. Pero hay elementos y situaciones que no aparecen en los dibujos y en las fotografías. Algunas de ellas tienen que ver con la percepción sensorial que no es visual. En las imágenes no se puede percibir la temperatura, el sonido, ni los aromas presentes en los espacios y que muchas veces los hacen inhabitables o lo contrario, les dotan de sus principales cualidades.
En los tiempos mas recientes también se ha valorado mucho la función social de la arquitectura, proyectos que mejoran la calidad de vida de personas con escasos recursos o que habitan zonas de difícil acceso. Sin embargo, también estos proyectos han sido dominados por las imágenes. Es difícil para muchas personas creer que un proyecto es socialmente exitoso sin que este tenga un aspecto humilde y que sus materiales no sean de origen local y hasta cierto punto precario. Por ello, también existe una “imagen social” de la arquitectura que no necesariamente corresponde con los resultados materiales de dichas construcciones. Las escuelas rurales construidas en África o las viviendas comunitarias de muchas regiones de nuestro país tienen medios expresivos locales muy fácilmente reconocibles. En las ciudades muy pobladas es más difícil reconocer si en las imágenes existe algún tipo de equilibrio social y económico, esto se debe en parte a que la arquitectura socialmente responsable también se ha convertido en una moda y muchos promotores han utilizado las imágenes de viviendas remodeladas o de conversión de espacios industriales como argumentos a favor del éxito económico de sus operaciones, las cuales están reservadas para personas con alto poder adquisitivo. En muchas ciudades los mercados al aire libre, el comercio informal y otras dinámicas urbanas han servido como elementos atractivos para una clase alta juvenil que opta por la supuesta diversidad socioeconómica de los barrios tradicionales en lugar de las urbanizaciones privadas y aisladas del tejido urbano circundante.
Lorenzo Rocha

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