jueves, 5 de diciembre de 2013

COMUNIDAD

La ciudad contemporánea es sin duda la conirmación de la existencia del lugar para la heterotopía. Según Michel Foucault, "Estamos en la época de lo simultáneo, estamos en la época de la yuxtaposición, en la época de lo próximo y lo lejano, de lo uno al lado de lo otro, de lo disperso". El filósofo francés afrima en su texto "De los espacios otros" escrito en 1967, que si bien la obsesión del Siglo XIX había sido la historia, la nuestra sería sin duda una época donde el espacio se convertiría en el elemento físico más importante, el espacio y su inevitable entrecruzamiento con el tiempo.
Quizá Foucault anticipó algunas de las consecuencias de que el mundo actual vive en la era urbana. A partir de la primera década del siglo XXI, más gente vive en ciudades que en medios rurales. También Henri Lefebvre escribió en los años sesenta sobre la transformación del espacio urbano comunitario en un bien de consumo y la consecuente especulación inmobiliaria.
¿Puede la arquitectura contribuir a la creación de las condiciones para el adecuado desarrollo de la comunidad? ¿Cómo reconocemos los arquitectos el derecho del otro y su compatibilidad con nuestras propias expectativas y necesidades? Vivir en comunidad implica inevitablemente el reconocimiento de los otros, por ello la sociedad está en constante evolución, creando contratos, leyes y reglamentos que establezcan acuerdos para llevar civilizadamente la convivencia humana. También se realizan acuerdos tácitos contingentes que están en constante mutación para hacer compatibles los intereses aparentemente opuestos.
Pero cuando el espacio urbano se sujeta solamente a su valor de cambio, como un bien de consumo o un instrumento financiero, parecido a los bonos bursátiles, el espíritu de la comunidad se transforma en un simple medio para el lucro económico y se anula la posibilidad de la convivencia sana, dejando a la comunidad solamente en situación de cohabitación estéril.
No sabemos si la arquitectura es capaz de resolver el problema de la ausencia del espíritu comunitario, pero indudablemente, se trata de un conflicto que debe ser planteado en la solución de todo proyecto particular y más aún en los planteamientos de diseño urbano. El espacio arquitectónico debe recuperar su valor de uso y sentido de la identidad, no debe continuar contemplándose como un satisfactor transitorio, que solo sirve para obtener el máximo beneficio económico en el menor tiempo posible. A veces parece que el desarrollo inmobiliario tiene la tendencia ideal a reducir la inversión a cero, para obtener ganancias que tiendan a ser infinitas.
Lorenzo Rocha

jueves, 28 de noviembre de 2013

TURISMO ARQUITECTÓNICO

Los viajes culturales o de placer no son algo reciente, pero se llaman turismo desde hace apenas 200 años. La palabra deriva del "Grand tour", la costumbre iniciada en el Siglo XVIII por la clase aristocrática europea, que consistía en enviar a los jóvenes varones a recorrer en tren las principales capitales europeas: París, Londres, Bruselas, Roma, etcétera. En la actualidad el turismo ya no está restringido a la gente rica, pero se requiere de cierta solvencia económica para emprender cualquier viaje. Por ello, existen muchas opciones para los distintos intereses y posibilidades, el turismo se ha convertido en el sustituto de la peregrinación.

Aproximadamente desde la década de los ochenta del siglo pasado, se puede identificar cierto tipo de arquitectura, edificios emblemáticos firmados por los arquitectos famosos, como el reclamo turístico de muchas ciudades. Esta tendencia fue claramente iniciada por Pascual Maragall, el alcalde de Barcelona durante los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. El visionario edil vió la posibilidad de ligar a la arquitectura de autor con la promoción turística y la renovación urbana. Esta fórmula ha funcionado de maravilla para otras ciudades españolas y ha sido imitada prácticamente en todo el mundo.

Las atracciones turístico-arquitectónicas se materializan principalmente en museos o salas para conciertos, pero curiosamente son atractivas al visitante en mayor medida por el edificio en su escala urbana, que por el programa cultural que alberga. Mucha gente visita el Museo Guggenheim (en Bilbao o Nueva York), pero no entra en las salas de exposición, se conforma con ver el edificio desde fuera, entrar al vestíbulo, a la tienda y a la cafetería. Existen agencias de viajes que se especializan en la organización de recorridos por países como Estados Unidos, Japón y diversas capitales europeas, haciendo paradas en los edificios emblemáticos de la arquitectura contemporánea. Grupos de estudiantes, arquitectos, diseñadores e ingenieros, contratan a dichas agencias para visitar la obra de Le Corbusier, Mies van der Rohe o Frank Lloyd Wright por ejemplo, y les encargan el transporte, alojamiento y permisos para visitar residencias privadas o instalaciones científicas. Pero no sólo se interesan en ello los expertos en la materia, existe un público bastante amplio que solicita este servicio, a veces combinado con charlas sobre los edificios.

Es frecuente ver largas filas de gente esperando su turno para entrar a la casa de Luis Barragán en Tacubaya, a la casa Steiner de Adolf Loos en Viena, o a la Villa Savoye de Le Corbusier a las afueras de París, estos sitios se han convertido en auténticos santuarios para los seguidores de los arquitectos famosos.

Lorenzo Rocha

jueves, 21 de noviembre de 2013

NUEVO MUSEO

El recién inuagurado Museo Jumex es un edificio que causa un impacto sensorial desde el primer momento. Se llega a él cruzando una sencilla plaza de mármol travertino, que lleva a la luminosa entrada. No es coincidencia que el diseño volumétrico exterior, obra del arquitecto inglés David Chipperfield, se asemeje a una fábrica por su cubierta en forma de "dientes de sierra". De hecho parece un ícono o la abstracción de la forma fabril, como una fábica en miniatura o de juguete.

¿Qué se producirá en esta nueva fábrica? Por el momento su principal producto es la expectación. No creo ser el único espectador que ve con esperanza positiva la inuaguración de una institución cultural. Todo parece indicar que este nuevo museo se plantea acercar al público a la apreciación del arte contemporáneo. Si este es su objetivo, no será nada fácil conseguirlo, ya que el arte actual tiene mucha relación con la literatura especializada en la materia y todos sabemos que en nuestro país la tasa de lectores es muy baja y va siempre en decrecimiento.

Sin embargo, desde su primera exposición, el Museo Jumex muestra una encomiable intención didáctica. Las exposiciones presentadas el primer día contenían explicaciones detalladas sobre los artistas y algunos datos biográficos e históricos que acompañan a las fichas curatoriales de algunas obras. Además durante el día de la inauguración hubo charlas con artistas, críticos especializados e incluso con el arquitecto del edificio.

La arquitectura de Chipperfield ha sido una excelente elección para dotar del espacio adecuado a la colección y fundación Jumex. Sus salas son muy flexibles para distintos montajes museográficos. Cuenta con espacios exteriores para las artes performáticas y su planta superior tiene una iluminación constante que casi no cambia entre el día y la noche. Incluso se ha utilizado una de las plantas subterráneas de estacionamiento para exponer obras de arte.

Desde el punto de vista urbanístico, no hay la misma coherencia, ya que los edificios aledaños no armonizan en absoluto con el nuevo museo. Siguen el planteamiento contemporáneo de colocar objetos a la vera de una calle, como se colocan las tazas y jarras sobre una estantería. Tampoco la zona de Polanco tiene las características idóneas para una estructura peatonal y de transporte público que fomente el acceso a sus museos y teatros, quizá la decisión responda a un criterio que privilegia el uso del automóvil sobre los demás medios de locomoción. Ojalá que este nuevo recinto no reste importancia a la galería Jumex, situada desde hace más de diez años en la fábrica de Ecatepec.

Lorenzo Rocha

jueves, 14 de noviembre de 2013

CONCRETO

En España lo llaman hormigón y en otros países de habla hispana, cemento armado. En México adoptamos el anglicismo, ya que mucho del vocabulario técnico de la construcción nos ha llegado de Estados Unidos. Aunque pensamos que es un material moderno, el concreto era utilizado por los romanos hace 2500 años, de ahí deriva la raíz latina de la palabra, que significa compacto, sólido. Después de la caída del imperio, se dejó de desarrollar esta tecnología constructiva. Algunos arquitectos lo llaman "la piedra del Siglo XX" ya que se comenzó a utilizar nuevamente a finales del Siglo XIX y fue durante el Modernismo que su uso se extendió por todo el mundo.

El color natural del concreto es el gris, pero en algunos casos se utiliza el cemento blanco y algunos colorantes o agregados pétreos que le aportan color y textura. Para su producción se utilizan moldes de madera o acero, las cimbras o encofrados que dejan su huella en el acabado final. El distinto uso del concreto coincide con los rasgos culturales de los arquitectos y a veces con sus propias biografías. Tal es el caso del arquitecto estadunidense Louis Kahn, quien no buscaba la perfección a ultranza. Kahn buscaba en el concreto la "tersura de las alas de una mariposa", pero no evitaba las imperfecciones y huellas del proceso. El arquitecto no pensaba que fuera necesario luchar contra las marcas que deja la cimbra sobre la superficie terminada, según él "había que trabajar con las imperfecciones hasta poseerlas y convertirlas en virtudes", quizá esta opnión se relacione con el hecho de que Kahn sufrió un accidente de niño que dejó cicatrices imborrables en su rostro.

Le Corbusier, uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna, inventó el "Béton brut", técnica que resaltaba las marcas del proceso de construcción sobre las superficies de los inmensos muros colados en concreto. De ahí derivó el término de "Arquitectura brutalista", acuñado por los Smithson, quenes también lo utilizaron. En México Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky fueron de los más asiduos seguidores del maestro suizo.

Mirando hacia oriente nos encontramos con el preciosismo del japonés Tadao Ando, quien ha hecho todo lo posible para que las superficies de sus muros de concreto sean lisas y suaves al tacto. Los muros de Ando solamente muestran las divisiones propias de los paneles con los que realiza sus moldes, divisibles en unidades de medida que se llaman "Tatami". En los espacios de Ando, sólo se ven las marcas de los atiesadores de la cimbra, unos pequeños orificios redondos que marcan un ritmo constante en las proporciones de sus muros.

Lorenzo Rocha

jueves, 7 de noviembre de 2013

ARQUITECTURA CAPITALISTA

Según el economista Mark Fisher: "Es más fácil imaginar el fin del mundo, que el fin del capitalismo". También Slavoj Zizek ha tocado el tema, en tono humorístico, aludiendo a la falsa libertad que vivimos dentro del sistema capitalista, el cual se fundamenta en la democracia para argumentar una supuesta libertad universal, cuando en realidad nuestras decisiones están acotadas por la economía.

En la arquitectura sucede un fenómeno similar, parecería que actualmente es posible cosntruir casi cualquier proyecto que podamos imaginar, sin embargo, la gran mayoría de la población mundial sigue sin tener acceso a la alta tecnología constructiva y los espacios donde se desarrolla su vida, han evolucionado poco o nada en los últimos dosmil años.

Las reglas del mercado  —que hoy en día son, sin duda, más importantes que las constituciones políticas de los estados nacionales— han convertido a la arquitectura en un bien de consumo. Por lo tanto, el desarrollo conceptual de la arquitectura se ha vuelto marginal, solamente accesible para proyectos emblemáticos y únicamente comprensible para los expertos en la materia, quienes no son casi nunca sus destinatarios finales. Hablamos de la obra de moda, tal o cual museo o aeropuerto, pero nuestros discursos académicos no son escuchados, ni son del interés del visitante, transeunte, o del viajero, que experimenta sus resultados inmediatos. Los arquitectos sufrimos de un sesgo cognitivo que nos ancla a nuestras convicciones preconcebidas y nubla nuestra visión del mundo externo y sus innegables elementos. Basta ver las infografías colocadas sobre las vallas de un proyecto en construcción, el dibujante ha omitido cables, escombros, basura y ha pintado de azul el cielo que casi siempre es gris. Si quisiéramos acercarnos más a la realidad social, los arquitectos deberíamos pensar en los medios más adecuados para construir mecanismos efectivos de movilización social, que tengan impacto real en el paisaje urbano. La transformación urbana, no va a llegar a nuestras mesas de dibujo, hay que conseguirla en la calle.

La auto-orgnización ciudadana tiene mejores resultados en el campo de acción, que los programas gubernamentales asistidos por arqutiectos, urbanistas, economistas y sociólogos. ¿Llevará esto a la desaparición de la arquitectura como la conocemos? En realidad la mayoría de los arquitectos actuales trabajan de modo muy diferente al tradicional, su función es cada vez más dispensable, si ello conlleva un mejor aprovechamiento del espacio para el bien del público, que así sea.

Lorenzo Rocha

jueves, 31 de octubre de 2013

ARQUETIPOS IMAGINARIOS

Hace una semana asistí a una peculiar exposición cuyo lema era: "El arte no es diseño". La muestra colectiva titulada "Arquetipos imaginarios", se llevó a cabo en un edificio muy cercano al Teatro Fru-Fru, que anteriormente estaba ocupado por una escuela de danza. Parece que ahora es un espacio en transición y entre sus usos se encuentra esta exposición, que fue coordinada por Martina Santillán y Luis Carrera-Maul.

Como en toda exposición grupal, las obras parecen transmitir un mensaje en conjunto, pero a la vez entran en conflicto y plantean al espectador una variedad de aproximaciones a un tema, de las cuales casi siempre derivan preferencias, según los intereses y afectos de cada visitante. Esta muestra cuenta con notables piezas de 14 artistas: Iván Buenader, Emi Winter, Víctor Guadalajara, Arián Dylan, Máximo González, Jesús Cruz Caba, Carlos Ranc, Aníbal Catalán, Edgar Orlaineta, Mariana Gullco, Emilio Chapela, Javier Hinojosa, Santiago Borja y Luis Carrera-Maul. Es precisamente la pieza de éste último, la que más me provocó reflexiones en torno al espacio y la arquitectura. Se trata de "H77 (nivel, calza y plomada)" una escultura para la cual, Carrera-Maul acumuló materiales resultantes de la demolición de una casa en la calle de Havre, colonia Juárez, apiladas de tal modo que forman un paralelipípedo rectángulo de 3.1 por 1.88 metros de base y 1.55 metros de altura. Diría yo que como escultura minimalista, cumple con los preceptos de piezas como  "Die" (Tony Smith, 1962): es muy alta para ser un objeto y muy pequeña para ser un monumento, lo cual la pone en tensión con el espacio donde se encuentra y con el cuerpo del espectador. Esto sin atender a su contenido simbólico, ya que el prisma se compone de elementos que antes fueron las puertas, marcos y ventanas de la casa, además de pertenencias de sus habitantes, como libros, papeles y cuadros.

Además de su carga emocional, la pieza me sirve como recordatorio y materialización de una reflexión derivada de "La cosa", el ensayo escrito por Martin Heidegger en 1949. El filósofo expone una paradoja en torno a una jarra, argumenta que la naturaleza de un recipiente no descansa en modo alguno en la materia de la que está hecho, sino en el vacío que acoge. En un orden similar de ideas, podríamos decir que una habitación no se forma solamente de los materiales con los que está construida, una pila de ladrillos y cemento son ciertamente diferentes de lo que comprendemos como habitación. Es necesario considerar el espacio invisible, vacío y silencioso rodeado de toda esa forma para tener una habitación, sin la nada no hay habitación.

Lorenzo Rocha

jueves, 24 de octubre de 2013

GUÍAS DE ARQUITECTURA

Casi todas las grandes ciudades en todo el mundo, cuentan con una o varias guías de arquitectura contemporánea. A veces se especializan en zonas o barrios de la ciudad y hay incluso aquellas que se dedican a la obra de un solo arquitecto en particular. La ciudad de México cuenta con varias de estas ediciones entre las que se encuentran la "Guía de recorridos urbanos por la colonia Hipódromo", "Citámbulos: Guía de asombros de la ciudad de México", la "Guía Barragán" o la "Guía de arquitectura contemporánea de la ciudad de México". Esta última, editada por el Instituto Nacional de Bellas Artes con el soporte de Fomento Cultural Banamex, fue realizada en 1993 por los académicos Louise Noelle y Carlos Tejeda. A pesar de haber sido reeditada y actualizada, primero en 1999 y más tarde en 2002, muchos de los edificios que aparecen en ella han cambiado radicalmente y algunos incluso han desaparecido. La guía cubre un espectro representativo de la arquitectura que sus autores consderan como la más relevante desde el año 1923 hasta 2002.

El libro es especialmente interesante por el rigor científico con el que fue realizado, pero a la vez contiene imprecisiones que plantean algunas interrogantes. ¿Porqué sus autores decideron publicar fotografías antiguas de muchas de las obras, en lugar de imágenes actuales? ¿Acaso la guía tiene la intención de persuadir al visitante de que los edificos permanecen intactos? ¿Hay en la edición alguna carga de romanticismo o apego a la imagen original de las obras?

Los ejemplos más importantes de dichas imprecisiones son varios: en primer lugar, el Conjunto Habitacional Nonoalco-Tlatelolco, construido en 1962 por el arquitecto Mario Pani, que aparece en la guía en fotografías anteriores al sismo que lo dañó en 1985. Situaciones parecidas se pueden apreciar en otras dos obras del mismo arquitecto: la Escuela Nacional de Maestros y el Hotel Plaza, ambos de 1945, los cuales sufrieron daños irreversibles durante el mismo terremoto y sin embargo, las fotografías publicadas muestran su aspecto original. Otras obras han pasado por etapas de remodelación posterior a su construcción que prácticamente las han dejado irreconocibles, como el caso del Hospital de Tuberculosis, diseñado por José Villagrán en 1929 y ampliado por el mismo arquitecto en 1941. Al igual que la Torre de Seguros Anáhuac de Juan Sordo Madaleno (1958), la cual sufrió una remodelación total de su fachada. También es importante mencionar el caso de la antigua sede de la Universidad Iberoamericana en Churubusco, construida en 1962 por Augusto H. Álvarez, la cual colapsó casi totalmente en el sismo de 1979.

Lorenzo Rocha

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