jueves, 27 de agosto de 2020

MÍMESIS

Mímesis, Poiesis y Catarsis, son tres conceptos estéticos presentes en toda discusión teórica sobre el arte, desde Platón y Aristóteles hasta Auerbach y Girard. Aunque estos últimos centran sus ideas en la literatura, también es posible extrapolar algunas de sus discusiones al lenguaje arquitectónico. 

La mímesis en la estética clásica, es la imitación de la naturaleza que tiene el arte como finalidad esencial. Pero no se trata de una imitación únicamente formal de las plantas, minerales y animales, sino de su valor simbólico y de su relevancia para los seres humanos. En resumen: de la humanización de lo natural, que no necesariamente resulta en hacerlo artificial. El hombre es parte de la naturaleza, pero se distingue de ella por su racionalidad. Por lo tanto, humaniza todo lo que le es ajeno, crea lenguajes y formas concretas que representan elementos naturales, para interpretar o completar en su atmósfera humana, todo aquello que le resulta incomprensible de su medio ambiente.
En una reciente conversación con el escultor Jorge Yázpik, comentamos el parecido de formaciones rocosas volcánicas naturales con algunas de sus piezas de gran formato. Él opinaba que no era en absoluto casual dicho parecido, ya que la observación de dichas formaciones es una fuente de inspiración para su trabajo. Por ello, aunque sus piezas parezcan en extremo abstractas, son hasta cierto punto miméticas respecto a la naturaleza. 
¿Cuál sería entonces la diferencia esencial entre una escultura y una formación pétrea natural? Formalmente podría no existir ninguna diferencia, el material y su disposición podrían ser exactamente iguales. La diferencia entonces estribaría en nuestra capacidad para admirar la belleza de lo natural e intentar imitarla para crear objetos que nos acerquen a ella.
El lenguaje de la arquitectura es mimético, pero no tanto en su aspecto formal. Es muy poco frecuente encontrar elementos arquitectónicos que imiten a la naturaleza, pero sí lo es desde el punto de vista psicológico, por ser el refugio para las actividades humanas.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 20 de agosto de 2020

CASAS DE MADERA

La firma H Arquitectos de Barcelona construyó una pequeña casa a las afueras de la ciudad en 2008, en la cual utilizó paneles CLT para toda su estructura y particiones. Se trata de un buen ejemplo de las posibilidades del material, ya que la casa fue edificada sobre una roca con gran pendiente y solamente requirió de dos vigas de apoyo para su cimentación.

La construcción en madera es el sistema tradicional más utilizado en países como Japón, Alemania, Estados Unidos, Suecia, Noruega y Dinamarca, desde hace cientos de años. La arquitectura latina, de tradición romana, es mucho más proclive a construir con piedra o ladrillo y por ello, incorporó al concreto armado con más facilidad a su tradición constructiva.
Pero ahora los tiempos exigen una reacción enérgica ante el cambio climático, ya que la construcción es una de las actividades con mayor impacto sobre el medio ambiente. La forma habitual para construir casas de madera consiste en verter sobre el suelo una losa de cimentación de concreto y levantar una estructura de vigas de madera, que posteriormente se recubren con paneles de madera contrachapada, que a su vez se recubren con tablaroca por el interior y con tabletas en persiana por el exterior.
Desde hace aproximadamente 15 años a esta tecnología se ha ido paulatinamente integrando una forma nueva y más sencilla de construcción en madera que es una evolución del contrachapado, se le llama madera laminada cruzada (en inglés: cross laminated timber o CLT), la cual consiste en listones de madera maciza, pegados entre sí para formar capas resistentes en ambos sentidos, lo cual le otorga una rigidez total. Se trata de un sistema constructivo que podría revolucionar a la construcción masiva de vivienda, del mismo modo que lo hizo el concreto armado a principios del Siglo XX. Este material es autoportante, lo cual implica que no es necesario construir una estructura para sostenerlo. Si la madera se extrae de modo sostenible como se hace en Escandinavia, el sistema se convierte en una forma de construir totalmente renovable, además los elementos constructivos son reciclables una vez que han sido desmontados. 
El aspecto de la cara interior de los paneles de CLT es muy agradable y se puede utilizar sin recubrimientos para muros, suelos y techos, mientras que la cara exterior y la techumbre debe tener una capa aislante de cualquier material transpirable o ventilado.
Lorenzo Rocha

jueves, 13 de agosto de 2020

SUELO LIBRE

Elevar las casas sobre pilares es uno de los cinco puntos para una nueva arquitectura, elaborados por el gran maestro modernista Le Corbusier en 1923, actualmente algunos arquitectos han retomado esta práctica, pero de manera crítica, en beneficio del medio ambiente.
En la construcción hay una costumbre muy arraigada culturalmente que consiste en comenzar toda obra nueva “limpiando” el terreno. Esto significa que comenzamos arrasando con todo aquel material, vegetal y mineral, que está depositado sobre el suelo, si tomamos en cuenta que cada capa de diez centímetros de tierra tarda aproximadamente 40 años en depositarse, estamos literalmente borrando la historia del terreno. Algo similar sucede con los edificios o ruinas existentes en el sitio, cuando se les aplica una simple capa de pintura, desaparece la pátina que tardo quizás 10 años en formarse.
Cuidando de no exagerar, es importante evaluar el patrimonio que tiene todo terreno o ruina con la que trabajamos, antes de eliminarla. La corriente contextual en la arquitectura, toma en cuenta las prexistencias desde hace al menos 50 años, por esta razón vemos cada vez más frecuentemente, elementos reciclados en los proyectos nuevos. 
Aunque con menor intensidad, también comienza a notarse una actitud respetuosa del suelo. Un ejemplo muy claro de ello es el hotel y vinícola Encuentro, en Baja California, proyecto del arquitecto Carlos Gracia. El terreno en el que se construyó, ha permanecido casi intacto, con su riqueza paisajística conformada por rocas y cactáceas. Las habitaciones del hotel se construyeron ligeramente elevadas del suelo para que se adaptaran mejor a su escarpada topografía.
En Francia, cerca de la ciudad de Bayona, también podemos encontrar un proyecto de 50 viviendas llamado La Canopée, que ha utilizado pilares para elevar los apartamentos por encima del suelo, estos se comunican entre sí mediante pasarelas aéreas, el proyecto del arquitecto Patrick Arotcharen es al mismo tiempo innovador y respetuoso del entorno natural.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de agosto de 2020

REGLAMENTACIÓN


Todo espacio debería considerarse habitable, así como es posible trabajar en casa. Las personas que necesitan una vivienda digna, cuya única opcion es habitar la lejana periferia urbana, deberían mudarse a los enormes espacios de oficinas y comercios obsoletos, que se encuentran localizados en las mejores zonas urbanas y permanecen vacíos por las noches.

La normatividad excesiva que regula a la construcción y el uso del suelo urbano, son obstáculos para la desprogramación del espacio habitable, que podría revolucionar a la práctica de la arquitectura. No cabe duda que la construcción debe regularse, sobre todo en sus aspectos técnicos, ya que los aspectos de la seguridad estructural, la salubridad y la protección civil no pueden dejarse a juicio de los constructores y usuarios. Sin embargo, los reglamentos de construcción en México, asi como en casi todos los demás países, han regulado hasta el mínimo detalle los proyectos habitacionales, dejando fuera los usos mixtos y las soluciones alternativas a la técnicas de construcción tradicionales.
Por ejemplo, hace 20 años los arquitectos franceses del estudio Lacaton y Vassal, construyeron una vivienda en el campo, cerca del poblado de Coutras, que en realidad es un invernadero prefabricado, como los que se usan frecuentemente en la agricultura. Los arquitectos tuvieron que hacer la casa de manera clandestina, al respecto comentaron a la revista española 2G: “El invernadero es el dispositivo mínimo más elegante que conocemos para utilizar y transformar el clima exterior con objeto de hacerlo habitable, aunque no es sencillo encajarlo en una normativa de edificación demasiado modelizada”. 
Durante los años sesenta, durante una crisis de escasez de vivienda, el gobierno de Nueva York dejó libre la habitabilidad por un período de tiempo, de ahí surgieron los talleres y fábricas convertidos en viviendas que se denominan “lofts”. En contraste, en la ciudad de México existe Atlampa, una zona central de antiguas fábricas, que no ha podido renovarse dado que está restringida exclusivamente a usos comerciales e industriales.
Lorenzo Rocha

jueves, 30 de julio de 2020

ESPACIO MÁXIMO

Buena parte del esfuerzo y trabajo de los arquitectos modernistas fue minimizar el espacio habitable, tarea prioritaria en su época debido a los escasos recursos económicos y reducido suelo urbano disponible, tras la destrucción causada por las dos guerras mundiales.

Los espacios dedicados al arte, las galerías y museos públicos y privados, han planteado el problema arquitectónico orientado a conseguir los espacios más luminosos, neutros y amplios posibles para la exposición de las obras. Los mejores arquitectos han experimentado durante décadas hasta el cansancio (el suyo y del público) para conseguir grandes salones de exposición sin pilares, ni muros divisorios, donde predomine el blanco y la luz natural. Renzo Piano, David Chipperfield, Frank Gehry, Richard Meier, Tadao Ando y muchos más, han ensayado sistemas estructurales y cubiertas translúcidas de todas las formas posibles, para conseguir sus objetivos. Tanto han construido alrededor del mundo que contrariamente al planteamiento modernista del “Cubo blanco”, los arquitectos han convertido a estos edificios en piezas icónicas, que han sublimado la labor del Estado y de las fundaciones privadas, en lugar de plantear espacios críticos que cuestionen el papel de las instituciones culturales frente a la sociedad.
Las ideas de los arquitectos estelares han permeado desde lo más alto hasta la base de la arquitectura que se ha hecho recientemente, la vivienda sigue siendo concebida como un bien de consumo con espíritu comercial, donde los mayores beneficios los obtienen los promotores antes que los usuarios: el máximo de ganancia con el mínimo de espacio habitable.
La arquitectura futura debería hacerse de tal manera que el ego del autor y el poder del promotor pasen a segundo plano, para que los habitantes se conviertan en los protagonistas de los proyectos. Espero que las crisis actuales nos ayuden a percatarnos de que la tecnología nos permite tener espacios más generosos con menores recursos. Sería deseable comenzar la búsqueda de la vivienda máxima y dejar el minimalismo como una idea del pasado.
Lorenzo Rocha

jueves, 23 de julio de 2020

CONSULTORIO ARQUITECTÓNICO

Hace tiempo que no conocía un proyecto participativo tan interesante como el Cavi (Consultorio Arquitectónico para la Vivienda), dirigido por el doctor en arquitectura David Mora Torres, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Se trata de una estrategia para brindar asesoría y servicios profesionales asequibles a personas de bajos ingresos que desean ampliar o construir su casa. El doctor Mora ofrece dichas asesorías en ocasiones en los mercados ambulantes, colocando una mesa para consultas y expidiendo recetas escritas como si se tratara de un médico. Acercándose con sus potenciales clientes hasta los tianguis, el arquitecto establece una proximidad que transforma la imagen del arquitecto como un profesionista solamente asequible para las clases media y alta. 
La principal actividad desarrollada por el consultorio se orienta hacia la asesoría técnica en construcción, por ejemplo, la cantidad de material necesaria para realizar algún elemento como un muro, cuestiones relacionadas con instalaciones eléctricas, hidráulicas y sanitarias, etcétera.
La labor del grupo ha tenido excelentes resultados hasta ahora, ha asistido a miles de personas para brindarles asesoría profesional que de otro modo no habrían tenido, ya que sus recursos y la ayuda estatal no son suficientes para atender todas sus necesidades, aunque hay otras organizaciones no gubernamentales que realizan trabajos similares como Techo, Hábitat, Cesder y Selavip. Es muy claro que el enfoque de todos estos grupos es la solución a las condiciones de precariedad en las que se encuentra la vivienda en comunidades periféricas o apartadas de las ciudades. Desde luego los arquitectos involucrados no se ocupan mucho de la parte formal de los proyectos, ni de los problemas urbanísticos de sus emplazamientos, sino de soluciones técnicas más bien relacionadas con la autoconstrucción.
En una reciente reunión virtual el arquitecto David Mora respondió de manera elocuente ante los cuestionamientos respecto a la importancia del diseño dentro de los proyectos en los que participa, en los cuales la prioridad es el aprovechamiento de todo lo prexistente y la orientación de lo nuevo exclusivamente a la mejora de las condiciones de habitabilidad de la vivienda.
Lorenzo Rocha

jueves, 16 de julio de 2020

IMPORTANCIA DEL DISEÑO

Algunas experiencias proyectuales latinoamericanas como el Previ-Lima, las casas incrementales de Elemental y más recientemente, el Consultorio arquitectónico para vivienda, nos muestran como el concepto de diseño participativo ha penetrado profundamente en la práctica de la arquitectura.
 
Hoy en día los arquitectos nos enfrentamos a un gran dilema respecto a la producción de vivienda, estamos en una encrucijada que nos obliga a elegir entre dos caminos: continuar diseñando proyectos eficientes y mínimos, o bien optar por la desprogramación de los espacios y dejar casi todas las decisiones en manos de los usuarios.
La experiencia de los últimos 50 años, nos muestra que el excesivo determinismo de la razón aplicada al diseño, ha llevado al fracaso del modelo funcionalista. Muchos conjuntos habitacionales modernos han debido demolerse, transformarse, o bien  permanecen abandonados. Simultáneamente hemos observado el enorme crecimiento de los asentamientos irregulares y las casas autoconstruidas por sus habitantes, aunque algunos arquitectos han aprovechado dichos fenómenos y los han integrado a su práctica.
Es indudable que el diseño arquitectónico sigue teniendo el mismo valor que siempre ha tenido, contribuye decisivamente a edificar viviendas sólidas, eficientes e integradas a sus contextos. Quizá lo que más ha cambiado es la necesidad de los arquitectos de que sus diseños permanezcan impolutos a lo largo de los años y aceptar cada vez más como profesionales, la expresión propia de los habitantes de sus proyectos. En las casas y apartamentos contemporáneos, hay cada vez mayores posibilidades para la expresión de la individualidad de las personas que los habitan. Por otra parte, aunque en menor grado, también la autoconstrucción se ha reconocido como práctica legítima y existen muchas asociaciones y arquitectos que asesoran a las personas que deciden hacerse ellas mismas sus casas. A fin de cuentas, lo que es más importante del diseño es la comodidad y felicidad de los usuarios, más que el ego del arquitecto.
Lorenzo Rocha

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