jueves, 29 de octubre de 2020

INTERIOR Y EXTERIOR

Se ha escrito mucho sobre el valor social del espacio público, pero dos libros son sin duda fundamentales para la discusión sobre las ciudades contemporáneas, El primero es “Streets for People” de Bernard Rudofsky (“Calles para la gente”, 1969) y el segundo “La humanización del espacio urbano”, escrito por Jan Gehl en 1971.
El límite entre el interior y el exterior en la arquitectura lo marcan las puertas de entrada a las casas. Pero habitamos más en las calles que dentro de nuestras viviendas. Mucha gente vive en casas muy pequeñas con apenas espacio para dormir, asearse y comer, todas las demás actividades las realizan en espacios públicos exteriores. En muchas ciudades la vida está en el espacio exterior más que dentro de la casa. Incluso hay quienes sacan sus muebles a la calle para estar más cómodos.
Las calles, plazas y parques públicos son complementos indispensables para una vida sana y comunitaria dentro de la ciudad. Los niños que viven en apartamentos, juegan en el parque, los adolescentes se reunen en las calles y plazas, los adultos socializan con sus vecinos y acuden a sitios públicos para divertirse y hacer deporte.
Durante la pandemia, por seguridad desgraciadamente hemos tenido que confinarnos dentro de nuestras casas y prescindir del uso del espacio público, lo cual ha dañando la estabilidad psicológica de gran cantidad de personas que han tenido que trabajar desde casa y ocuparse parcialmente de la educación de sus hijos. Los que han podido se han mudado al campo y otra minoría ha cambiado de casa a una más amplia que cuente con jardín, terraza o balcón. Pero la gran mayoría de la población ha debido adaptarse a la situación sin ayuda de nadie. Las consecuencias en el diseño urbano están aún por venir, pero seguramente el impacto de la situación actual será lento y marginal, aunque esperamos que sea para mejorar las condiciones de habitación y reforzar los lazos sociales. Quizá algunas de las ideas de Rudofsky y Gehl tengan más cabida al tenor de las circunstancias actuales.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de octubre de 2020

TEORÍA CRÍTICA

La Escuela de Francfort, en específico los filósofos Max Horkheimer, Theodor Adorno y Walter Benjamin, impulsaron a mediados del siglo pasado, una forma de pensamiento crítico que cuestionó y puso en duda los valores de su época. Sigfried Giedeon, teórico suizo, trasladó a la arquitectura las ideas de Benjamin sobre la reproducción mecánica de la obra de arte, en su clásica obra “Espacio, tiempo y arquitectura”, publicada en 1939.
Asumir una actitud crítica frente a nuestro entorno sociocultural, implica por desgracia la renuncia a acceder a ciertos entornos que se fundamentan en la actitud autoafirmativa y conciliatoria de la cultura dominante. Estos entornos son principalmente, los medios profesionales de las finanzas y los negocios, que requieren de la habilidad para evitar las confrontaciones, en pos de la maximización de las ganancias. No solamente dichos entornos se caracterizan por el pragmatismo y el consenso, podríamos decir que estas son características presentes en toda actividad que ocupe un lugar protagónico dentro de las corrientes principales de pensamiento y acción.
En contraste, la Teoría crítica, “un lazo social” según Ernesto Laclau, se ubica en la posición de “resistencia” frente a las corrientes dominantes. Los críticos problematizan la realidad, están siempre interesados más en la actualidad que en la historia y se interesan en todas las situaciones de crisis y catástrofe. Por estas razones, se les considera como pensadores pesimistas y se eluden sus opiniones cuando las acciones que están en discusión pueden entorpecer o cuestionar a los actores pragmáticos.
En la Arquitectura crítica, término acuñado por el teórico estadunidense Michael Hays en 1984, existe una clara posición de resistencia contra “las operaciones conciliatorias y autoafirmativas de la cultura dominante, mientras que permanece irreducible a una estructura puramente formal y dislocada de las contingencias del tiempo y lugar donde se localiza”, con ello Hays deja implícito que dicha arquitectura no es un estilo, sino constituye un modo crítico de diseñar y construir.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 15 de octubre de 2020

DESACRALIZAR

La ciudad de Bristol en Inglaterra, se distingue de otras por la creatividad con la que sus arquitectos y urbanistas han aprovechado sus espacios desacralizados. De este modo, existen en la ciudad más de una docena de antiguas iglesias que han sido transformadas en espacios artísticos, comunitarios y en viviendas. Entre ellas destaca sin duda, la antigua iglesia de St. Paul, la cual ha sido convertida en escuela circense.
En las ciudades los usos y las costumbres cambian constantemente. La transformación forma parte del espíritu urbano, la fuerza transformadora proviene del mismo lugar de donde se originan las ciudades.
En este contexto, es lógico que ciertos espacios religiosos terminen por cambiar de uso, en el caso de las iglesias y los cementerios, la carga simbólica difícilmente desaparece o se ve superada por el nuevo uso. Cuando por cualquier motivo la vigencia de un templo llega a su fin, crea invariablemente la necesidad de profunda reflexión urbanística, antes de proceder a su sustitución. Gran cantidad de ayuntamientos no han sabido cómo lidiar con el peso de dichos inmuebles y han optado por dejarlos cerrados y abandonados, la peor de las alternativas, ya que suelen estar localizados en las mejores zonas de las ciudades.
El impacto urbano de la desacralización de espacios religiosos es de dimensiones considerables, si se lleva a cabo con sensibilidad e inteligencia, puede desencadenar mecanismos muy positivos para el entorno. En la mayoría de los casos, debido a sus características morfológicas, las iglesias desconsagradas se destinan a espacios para espectáculos o para la instalación de piezas de arte. También algunos de ellos se han transformado en bibliotecas y escuelas, aunque pueden cumplir con cualquier función, incluso ser viviendas.
En el caso de los cementerios cuyas tumbas han sido trasladadas a otro lugar, normalmente se han transformado en parques públicos, o simplemente se han aprovechado sus terrenos para cualquier otro tipo de equipamiento urbano. No cabe duda que los arquitectos a quienes se les encarga su transformación deben tomar muy seriamente su carga simbólica.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de octubre de 2020

DISTANCIA SOCIAL

Edward T. Hall (1914-2009), inventó el neologismo Proxemia, en su clásico libro “La dimensión oculta” (1966). El célebre antropólogo estadunidense la definió como: “El conjunto de observaciones y teorías respecto al uso que el hombre hace del espacio en tanto producto cultural específico”. La crisis sanitaria actual seguramente nos obligará a replantear muchas cuestiones dentro de las relaciones interculturales.

Se le conoce con distintos nombres: sana distancia, distanciamiento social, distancia de seguridad, son todos sinónimos de un elemento que la pandemia ha dejado dentro de la “nueva anormalidad”. Sin duda es un tema difícil para arquitectos y urbanistas, por sus repercusiones sobre el diseño y uso del espacio público y del transporte. Si los sitios concurridos, como los teatros y estadios, tendrán que reducir permanentemente su aforo a la mitad o a la tercera parte, su esencia misma cambiará. Del mismo modo, las estaciones y trenes subterráneos, así como los autobuses urbanos se deberán adaptar a las nuevas reglas sanitarias, al grado que quizás algunos de ellos resultarán inviables.
Lo más inmediato de la sana distancia física se nota en las conductas sociales, que a largo plazo es muy probable que se conviertan en rasgos culturales fijos. Alrededor de nosotros existe un burbuja imaginaria de aproximadamente 60 centímetros que nos rodea, se le llama universo háptico, abarca todo aquello que está al alcance de nuestra mano, que podemos oler, escuchar y ver a detalle. Ahora que se recomienda no acercarse a menos de un metro y medio de las demás personas, este universo se ha anulado socialmente. Es casi imposible mantener una conversación a esa distancia y con la mascarilla puesta, que no nos permite ver las expresiones faciales ni escuchar bien las palabras de la gente con quien conversamos. Es muy probable que este distanciamiento tenga efectos negativos sobre el sentido de la comunidad y la cooperación entre vecinos. De hecho ya es visible que la mayoría de las personas no son capaces de seguir la recomendación de mantenerse alejadas unas de otras.
Lorenzo Rocha

jueves, 1 de octubre de 2020

MAPAS SUBJETIVOS

Desde la cartografía antigua hasta los actuales cartogramas informáticos, la producción de mapas ha mostrado ser un campo en el que se combina el arte con la ciencia. Pero los mapas más atractivos pueden contener informaciones falsas o puntos de vista sesgados respecto a la realidad de los fenómenos a los que representan.

En la era de la información solemos pensar que las fotografías y los mapas son representaciones objetivas de la realidad, aceptamos como verdadero todo lo que aparece en ellos. Rara vez cuestionamos lo que leemos en la prensa, vemos por televisión o en internet. Incluso se consideran como pruebas válidas e irrefutables de las características físicas de un lugar. Sin embargo, nunca hay que olvidar que se trata de medios de representación, conviene estar siempre atentos a no confundir la información con la experiencia y las imágenes con la realidad. 
Desde luego, una vez comprobada su autenticidad, nos podemos permitir creer en ellos, ya que las técnicas utilizadas para su producción permiten confiar en la información que contienen. Un mapa interactivo nos guía a nuestro destino, los otros nos muestran datos estadísticos, geográficos y económicos confiables.
La parte subjetiva del mapa no es exactamente lo que vemos en él, sino lo que su diseñador y dibujante ha decidido no mostrarnos. Los autores de los mapas que reflejan estudios estadísticos, eligen las métricas que mejor funcionan para comprobar o mostrar lo que se proponen con su investigación. Sabemos que la ciencia utiliza protocolos eficientes para llevar a cabo investigaciones, pero los sujetos que dirigen las pesquisas son personas que tienen sus propios valores y aspiraciones. Así es como algunos deciden medir lo que consideran más importante y descartar lo que juzgan irrelevante, mientras que quizá otro experto aplicaría su propio criterio y por lo tanto estaría en desacuerdo con las métricas utilizadas por el primero. En la relación entre los sujetos y sus objetos, está el cruce entre el arte y la ciencia.
Lorenzo Rocha

jueves, 24 de septiembre de 2020

CEMENTERIOS

Michel Foucault escribió en 1967 una ponencia llamada “De los espacios otros”, texto del que derivó el concepto de heterotopía, el cual está en discusión en círculos académicos desde los años ochenta. El filósofo francés trata en su ponencia sobre la yuxtaposición indistinta de los espacios públicos y privados, característica del urbanismo del Siglo XX.

Según Foucault, el tercer principio de la heterotopía está fundamentado en su “poder de yuxtaponer en un solo lugar real múltiples espacios, múltiples emplazamientos que son en sí mismos incompatibles”. Los jardines son sin duda ejemplos perfectos de ello. El cementerio también es una especie de jardín y está ligado a casi todos los habitantes de una ciudad, ya que casi todos sus habitantes tienen algún pariente o amigo sepultado allí. Sin embargo, la cultura arquitectónica ha ido desplazando paulatinamente a este lugar que antes ocupaba el centro del pueblo, a un lado de la iglesia. Desde que se asocia a la muerte con la enfermedad y con las infecciones, los cementerios fueron desplazados hacia las periferias urbanas. Pero no solamente se trata de razones sanitarias, sino también culturales, que se han acentuado desde que ha disminuido la cantidad de gente que tiene fe en la inmortalidad del alma.
En México, el culto a los muertos es una de las costumbres más arraigadas en la sociedad. Quizá por esta razón aún persisten los cementerios en las zonas centrales de las ciudades y sobre todo de los pueblos. En las ciudades, las visitas al camposanto son menos frecuentes y tampoco son tan coloridas las fiestas del día de los muertos. Pero en pueblos conurbados como el célebre San Andrés Mixquic, en Tláhuac, al oriente de la capital, los panteones han elevado su importancia al nivel de patrimonio cultural. 
El cementerio es una pequeña ciudad para los difuntos, con calles, parcelas y con domicilios particulares. Son sin duda heterotopías yuxtapuestas a los espacios vivos de la ciudad, pero también forman parte de esta y aunque sea doloroso recordar a nuestros parientes fallecidos, la memoria es lo único que los mantiene vivos en nosotros.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 17 de septiembre de 2020

ESPACIO VIRTUAL

La artista visual Julieta Gil, quien se formó como arquitecta, realizó en 2019 una pieza titulada “Nuestra victoria”, que consiste en una documentación fotogramétrica de la base de la columna del Ángel de la Independencia, tras la protesta feminista. El modelo tridimensional del monumento se ha conservado digitalmente y se puede consultar libremente en la página de la artista.
El espacio público se concibe desde tiempos recientes como el sitio físico dentro del entorno urbano y también las plataformas digitales presentes en la red. Ambos espacios son sin duda, medios para el intercambio de las ideas, para las protestas y las relaciones humanas, sin olvidar que en ambos se ejerce la manipulación y el control de las masas. Sin embargo, existe una característica fundamental que los distingue, en cuanto a la experiencia física de ambos.
El espacio físico de las calles y plazas se experimenta de manera corporal, se percibe mediante todos los sentidos que conforman nuestra experiencia háptica, primordialmente tocando lo que está al nuestro alcance, escuchando, oliendo y mirando nuestro entorno. En tiempos de pandemia, la distancia física necesaria para evitar contagios, nos coloca al doble de la distancia habitual, suficientemente lejanos para anular el contacto físico entre nosotros.
Por su parte, el espacio transmitido por medios audiovisuales, la fotografía, el audio y el video, nos permiten el intercambio discursivo y la distribución de imágenes fijas y en movimiento, pero ciertamente no nos dan la experiencia física del espacio público y se prestan más fácilmente a simulaciones que transmiten información falsa o sesgada. Es indudable que el internet ha jugado un papel crucial durante el confinamiento y sus herramientas han sido de gran utilidad para la sociedad. Pero no olvidemos que el espacio que aparece en nuestras pantallas no es real, se trata de representaciones gráficas del mundo exterior. Por estas razones, es muy importante estar atentos ahora más que nunca a no confundir la información con la experiencia y las imágenes con la realidad.
Lorenzo Rocha

 

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