jueves, 29 de diciembre de 2022

CONTRA-UTOPIA

Hoy en día quien desee hacer hablar a la arquitectura se verá forzado a recurrir a materiales que carezcan de todo significado. Será necesario reducir al grado cero toda ideología, todos los sueños de la función social y todo residuo de utopía. Manfredo Tafuri LʼArchitecture dans le boudoir
 
En las ciudades contemporáneas parece inevitable la llegada de una época contraria a la utopía, al idealismo urbano que comenzó en el siglo XVI y que llegó al máximo durante el modernismo.
En la ciudad de México, sin duda el punto más alto de la osadía por parte de los planificadores, los gobernantes. los urbanistas y los arquitectos sucedió durante las años sesenta del siglo XX. Quizá la unidad habitacional Nonoalco-Tlatelolco con sus 15,000 viviendas, inaugurada en 1964, represente ese punto máximo. 
Los acontecimientos subsecuentes, dañaron al proyecto tanto simbólicamente como en su propia materialidad. La brutal matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas el 12 de octubre de 1968 y el violento terremoto del 19 de septiembre de 1985, dieron al conjunto y a su imagen utópica un tinte macabro y traumático.
El crecimiento urbano desde entonces no ha cesado ni mucho menos disminuido, las ciudades se han expandido ilimitadamente y se han construido cientos de miles de nuevas casas, sin embargo, su papel representativo del progreso nacional ha cambiado radicalmente.
Hoy en día la ciudad se nos presenta como un producto con valor estrictamente económico, las opciones de vivienda y servicios se evalúan en relación a costos y beneficios. Las decisiones de mudanza de un barrio, de una ciudad e incluso de un país a otro, se sujetan a las ofertas que el mercado nos presenta y a las complejas clasificaciones mercadotécnicas que nos ubican en casillas muy precisas según nuestro poder adquisitivo, nuestro historial de crédito y en general nuestro perfil socioeconómico. ¿Son estos factores puramente ideológicos? ¿El mercado es la nueva teoría social? ¿Hay posibilidades de utopías futuras? En este momento todo ello parece imposible, o al menos altamente incierto.
Para los arquitectos es seguro que se ha terminado la cuestión del estilo, tan importante durante el modernismo. Aquellos que se preocupan por devolver, dentro de lo posible, el carácter social a la arquitectura, piensan mucho más en el uso y en el diálogo entre los espacios y las personas, que en la forma del edificio. De hecho, existen gran cantidad de operaciones arquitectónicas que no implican construcción, como el uso readaptativo de edificios obsoletos o los usos temporales de espacios público y privados, todos ellos mediante formas comunitarias de organización, un pragmatismo extremo, que ha abandonado toda esperanza de un futuro urbano fundamentado en el diseño y en las técnicas constructivas.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de diciembre de 2022

ESTÉTICA SOCIAL

“Por estética entiendo la articulación entre la organización social de la vida, la estructura de la percepción y la configuración de una experiencia sensible compartida”. Paul B. Preciado “Dysphoria mundi”

En su libro más reciente, Paul B. Preciado explica su idea de nuestro mundo actual, como un lugar en lo que todo lo personal también es político y afirma: “El tiempo se ha desordenado, se ha vuelto disfórico.” (inaguantable, insostenible).
Theodor W. Adorno declaró en su importante obra “Teoría estética”, en 1970, que la definición de estética simplemente como el estudio de la belleza, había sido superada por la realidad social de su época, al punto de considerarla obsoleta. “La definición de la estética como teoría de lo bello sirve de muy poco porque el carácter formal del concepto de belleza se desvía del contenido pleno de lo estético. Si la estética no fuera otra cosa que un catálogo sistemático de lo que alguna vez se consideró bello, no nos daría ninguna idea de la vida en el concepto de lo bello.”
Uno de los ejemplos que Adorno utiliza para ilustrar la relación entre lo bello y la utilidad o la función de la arquitectura es la Philharmonie Berlin, proyecto del arquitecto Hans Scharoun, realizado en 1960 e inaugurado en 1963. En un pasaje muy interesante de su teoría estética, el autor describe a la “Gran arquitectura”, como aquella  que integra de modo mimético la función con la forma, pero sin imitar el contenido mediante la forma. Para Adorno: La Philharmonie de Scharoun es bella porque, para crear condiciones espaciales para la música orquestal, se vuelve similar a ella, sin tomar nada prestado de ella.”
Es muy importante hoy en día que los arquitectos visualicemos con claridad la función social del diseño, ya que mediante nuestro trabajo, somos los transmisores de los mensajes que se originan desde el poder, aunque muchos de nosotros no seamos conscientes de ello. La arquitectura expresa inevitablemente mediante la forma construida, los valores de la sociedad en la que se origina.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 15 de diciembre de 2022

DECRECIMIENTO PLANIFICADO

En los años setenta del siglo pasado, los economistas partidarios de la “Teoría de la regulación”, argumentaron a favor de la “periodización” del capitalismo del siglo XX. Sostuvieron que debía llegar la “ruptura crítica” de un régimen de acumulación y la superposición de una nueva manera cíclica de distribución de la riqueza.

¿El crecimiento ilimitado de las ciudades sigue siendo una alternativa lógica para el desarrollo urbano contemporáneo? ¿Cómo enfrentaremos la finitud de los recursos naturales, sin combustibles fósiles y en un planeta cada vez más caliente en los próximas décadas? Los pensadores sobre el futuro de las ciudades, como Andy Merrifield, Neil Brenner, Roberto Espejo y otros más, se hacen preguntas similares. Enfrentamos procesos de urbanización planetaria que simplemente están fuera de toda lógica. A nosotros nos tocará planificar el inevitable decrecimiento urbano del futuro.
Los antecedentes de prácticas similares fueron calificados con toda razón durante los años sesenta del siglo pasado como “urbicidio”, por varios críticos de arquitectura como Ada Louise Huxtable y Marshall Berman. Los críticos se referían por ejemplo, a los eufemísticos nombres usados por los planificadores estadunidenses, como “Abandono benigno” (Benign neglect), término utilizado por Patrick Moynihan, el asesor urbano del presidente Nixon en 1969, para nombrar la destrucción intencionada de barrios deteriorados, considerados económicamente inviables, mediante la retirada de servicios e infraestructuras. En 1970, Roger Starr del Manhattan Institute, inventó el término “Disminución planificada” (Planned shrinkage), para designar la eliminación de barrios minoritarios pobres, en particular al sur del Bronx en Nueva York.
Desgraciadamente, los cambios radicales de los modelos económicos no suceden de manera suave, son rupturas necesarias que acarrean consecuencias graves y dolorosas para la sociedad. El decrecimiento urbano tendrá que llegar solo cuando se hayan agotado las alternativas para seguir creciendo.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de diciembre de 2022

HABITANTES Y CIUDADANOS

“La ciudadanía podría concebirse como algo urbano, como algo territorial, donde la territorialidad es a la vez más estrecha y más amplia que la ‘ciudad’ o la ‘nacionalidad’, un territorio y una ciudad sin fronteras.” 
Andy Merrifield.

En la teoría de los estudios urbanos a lo largo del tiempo, se han debido establecer diferencias entre algunos términos que el lenguaje común considera sinónimos. Por ejemplo, Rousseau, en su clásica obra “El contrato social” escribió: “Las casas forman la aldea, pero los ciudadanos constituyen la ciudad”. De hecho, por la dificultad que los traductores han encontrado para traducir los términos originales del texto, las ideas quedan hasta cierto punto desdibujadas. En la versión original del texto en esa misma la linea, Rousseau había usado las palabras ville, que fue traducida como “aldea” y cité, traducida como “ciudad”. La traducción no expresa el fondo de la idea, ya que esta trata sobre la diferencia entre un habitante (un bourgeois) y un ciudadano (un citoyen)lo cual también implica una dimensión política e ideológica de sus roles en el ámbito urbano.
En resumen, los habitantes tienen menor agencia política e ideológica que los ciudadanos, los cuales amplían el significado de su presencia en la ciudad, más allá de su localización específica y de su nacionalidad.
Lo urbano según Henri Lefebvre, es algo más alla de la arquitectura de la ciudad. La ciudad no es más que un sitio. Lo urbano es algo parecido a una ciudad efímera, es lo que la vida cotidiana de los habitantes y sus costumbres, modifican en la concepción de uso que el diseñador urbano designó para los espacios públicos. En su libro “El derecho a la ciudad” añade: “lo urbano es la ciudad menos su arquitectura”, Lefebvre escribe sobre su idea de ciudad futura, en el penúltimo capítulo de su fundamental estudio sobre lo urbano, sostiene que en la ciudad efímera, “obra perpetua de los habitantes, a su vez móviles y movilizados por y para esta obra”, habrá un predominio del tiempo sobre el espacio.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 1 de diciembre de 2022

OBJETO Y ACCIÓN

"La casa no es solo 'lo que es', como producto acabado, sino 'lo que hace', el papel que desempeña en un momento concreto de la vida del usuario”. José Luis Oyón

Afirmar que un objeto cualquiera “hace” algo o realiza una acción, no es del todo exacto. Quien realiza la acción es la persona y lo hace utilizando el objeto. Si hablamos de la arquitectura, la ciudad o el mobiliario, sería más adecuado decir que el objeto permite, facilita, propicia, o bien, dificulta, impide o evita la acción humana. Un espacio bien diseñado puede provocar o mejorar su uso y la correcta realización de las actividades que están programadas para desarrollarse en él.
Dentro de la Teoría del Actor-red se considera a los objetos no-humanos como “actantes” no intencionales como los actores, pero definitivamente con agencia en los procesos de la civilización. Un ejemplo muy importante es la utilización de los combustibles fósiles desde principios del siglo XIX y su impacto en el desarrollo urbano moderno.
Es importante considerar los procesos de diseño arquitectónico, urbano y paisajístico como acciones que, si bien se concretan en objetos construidos, constituyen dinámicas de uso y comportamiento humano. Los métodos habituales utilizados para realizar proyectos, se centran excesivamente en la producción de objetos estáticos e inalterables una vez construidos. El modernismo se especializó en la forma y dejó a la vida como un aspecto secundario. 
Habitar es un verbo, pero el espacio es un sustantivo, vivir dentro de un espacio diseñado como un objeto acabado no corresponde con la realidad siempre cambiante de la vida humana. Los arquitectos, urbanistas y paisajistas deben pensar más en lo que provocan sus diseños y menos en sus aspectos formales. Los planos, las maquetas y los dibujos son necesarios, pero un proyecto no está completo sin una reflexión sobre su impacto social . Las cartografías críticas son muy útiles para el análisis de los flujos de energía y de personas. Realizar una simulación del objeto puesto en sus contexto, debería ser una parte esencial de todo proceso de diseño contemporáneo.
Lorenzo Rocha

 

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