jueves, 14 de diciembre de 2017

DILEMAS DEL DESARROLLO

No cabe duda que existen areas cercanas al centro de la ciudad de México que tienen que ser desarrolladas, que no pueden seguir permaneciendo subutilizadas. Por ejemplo la zona industrial de Atlampa que se encuentra a escasos 5 kilómetros al noroeste del Zócalo capitalino, la cual cuenta con 80 hectáreas de terrenos que mayormente se utilizan como almacenes, aunque existen algunas fábricas que operan en la zona con serios problemas logísticos y unos cuantos edificios de vivienda que se encuentran aislados del tejido urbano. Si se cambiara el uso del suelo de dicha zona de industrial a mixto, se podría convertir en un foco de desarrollo importante para la ciudad, siempre y cuando se aprovecharan las estructuras de las fábricas que son parte del patrimonio construido de la ciudad. En Atlampa podría existir una sana combinación entre actividades productivas, innovación y buena calidad de vida, si se hiciera un plan adecuado para la colonia.
El primer obstáculo para el desarrollo inmobiliario en la zona es la irregularidad en la tenencia de la tierra, ya que grandes partes del suelo se encuentran en situaciones indefinidas. El otro gran problema ha sido la planificación deficiente y la excesiva zonificación, ya que casi todo el territorio de la colonia está reservado para usos industriales y no se permite la construcción de vivienda.
Sin embargo, la densificación de una zona como esta acarrea algunos dilemas. El más importante es: ¿cómo desarrollar el area sin expulsar a sus actuales pobladores? ¿Como transferir el potencial de desarrollo de otras areas de la ciudad sin propiciar su aburguesamiento? Está claro que emprender una estrategia de desarrollo inmobiliario en zonas como esta puede atraer inversiones en infraestructura sostenible de movilidad y en el mejoramiento del espacio público. En Atlampa existen vías de ferrocarril que dejaron de ser utilizadas hace décadas, las cuales podrían convertirse fácilmente en parques lineales y ciclopistas.
Si observamos a esta area y a la ciudad entera como un campo de fuerzas, habría que contemplar el desarrollo inmobiliario como una nueva fuerza que actúa sobre el campo e intentar evaluar a priori los efectos sociales de dicho esfuerzo. Con el mismo espíritu, habría que reflexionar qué otras fuerzas podrían resultar benéficas para la comunidad, como la instalación de colegios, universidades, instalaciones deportivas y centros para la innovación. Quizá con la búsqueda de un equilibrio entre las fuerzas, Atlampa podría resultar un ejemplo de éxito, en el cual no predomine el paradigma inmobiliario de la máxima ganancia económica con el mínimo de inversión, sino un lugar donde el objetivo primordial fuera el bienestar de los habitantes, por encima del lucro de los inversionistas. Es cierto que para hacer viable el desarrollo de una porción de ciudad es necesario que los proyectos generen ganancias para sus promotores, pero esto no se debe hacer a costa de la evolución sana del tejido urbano y social.

La ciudad de México está en un momento histórico que los arquitectos y urbanistas deben aprovechar para superar el dilema entre densificación y aburguesamiento, quizá pensar en un cambio de paradigma de un urbano clasista como el que existe ahora, hacia una práctica orientada a los beneficios sociales y a la búsqueda del equilibrio entre las fuerzas que actúan sobre la ciudad.
Lorenzo Rocha

jueves, 7 de diciembre de 2017

UTOPIA URBANA

Los tiempos que corren son poco propicios para la experimentación y la innovación dentro de las ciudades. La resiliencia, la palabra de moda habla de la capacidad de recuperación y sanación de un tejido social, pero apunta hacia la restauración de las condiciones prevalecientes, lo cual implica un casi inevitable retorno a las condiciones anteriores al colapso. El propio concepto de reconstrucción, tan discutido hoy en día en la ciudad de México, por obvios y comprensibles motivos, implica un regreso al status quo.
El continente americano fue el campo de experimentación idóneo para las ideas escritas por Tomás Moro en 1516, en su célebre texto, es literalmente la Isla de Utopía. Los colonizadores europeos encontraron en nuestras tierras la oportunidad que buscaban de librarse de las ataduras de la vieja Europa para fundar sociedades  racionales, igualitarias y libres. El resultado de nuestra ciudad, no guarda similitud con los deseos de nuestros ancestros a nivel urbano, pero si continúa entre nosotros la creencia de que siempre se puede comenzar de cero.
El momento en el que vivimos nos brinda la oportunidad de pensar en construir una mejor ciudad, no necesariamente mediante mejores o más audaces diseños, sino mejorando el contenido de la arquitectura. ¿Aprovecharemos el tiempo presente para acabar de una vez por todas con a corrupción urbanística? ¿Será el momento de cambiar los paradigmas del desarrollo urbano hacia beneficios no exclusivamente económicos?
Existen valores intangibles que se derivan de la experiencia de vivir en la metrópolis, valores que se verifican cotidianamente en el espacio público, el sentido de la solidaridad, de la comunidad y la bondad de tantas personas que habitan la ciudad y transitan por nuestras calles.
Cualquier grupo de edificios o casas por si mismo no basta para ser considerado como una ciudad, la condición monocultural de los barrios de oficinas corporativas o de los conjuntos habitacionales populares anula la posibilidad de la construcción de relaciones sanas y productivas para sus habitantes. En nuestra ciudad se siguen expandiendo constantemente  las fronteras del area metropolitana y al mismo tiempo tenemos grandes areas cercanas al centro que permanecen subutilizadas, vacías o abandonadas. La construcción de nuevas oficinas y de conjuntos de casas populares no equivale a la construcción de ciudad, se trata solamente de operaciones financieras de índole hipotecario. 

Los centros comerciales con accesos controlados y miles de metros cuadrados para estacionamientos, constituyen burbujas sociales que aíslan a sus usuarios de la experiencia directa del espacio público. El diseño de estos complejos responde a motivaciones pragmáticas como la plusvalía comercial y la búsqueda de la seguridad, factores legítimos en sí mismos pero inoperantes para el mejoramiento de los tejidos urbanos donde se insertan. En los próximos años veremos si el continuo crecimiento del desarrollo inmobiliario en la ciudad de México persiste en la aplicación de las formulas que hasta ahora le ha proporcionado el éxito que tiene, o bien habrá un replanteamiento de la actividad constructiva que no desperdicie la oportunidad que la actual situación le plantea. Nuestra ciudad necesita la introducción de una nueva corriente de pensamiento que no persiga el beneficio a corto plazo, todos sus pobladores y gobernantes debemos intentar visualizar un entorno más sano y tranquilo para la generación que nos sucederá.
Lorenzo Rocha

jueves, 30 de noviembre de 2017

ESPACIO SUBLIME



Escuchar un concierto, visitar una exposición o ver una obra de teatro son experiencias sublimes que causan profundo impacto a nivel espiritual en las personas amantes del arte. ¿Es posible experimentar una sensación similar con la arquitectura? No cabe duda que es así ya que el equilibrio, serenidad y proporciones de las obras clásicas de la arquitectura nos transmiten sensaciones sublimes. Cualquier persona que viste las pirámides mayas, los templos budistas en Japón, los palacios renacentistas en Italia o las catedrales góticas en Alemania, estará de acuerdo en la posibilidad que tiene la arquitectura de elevar el espíritu humano.
Quizá menos gente aprecia tanto a la arquitectura contemporánea como a los edificios de la antigüedad. Seguramente se debe a que la perspectiva histórica ayuda a valorar las obras de arte, lo mismo sucede con otras manifestaciones artísticas como la pintura, la música y el teatro, el público en general recibe mejor las obras clásicas que las contemporáneas. La arquitectura moderna es atractiva especialmente para los expertos en ella, pero algunas obras recientes han tenido la fortuna de ser apreciadas por todas las personas que las conocen. Tal es el caso sin duda de las obras de Luis Barragán, como la Cuadra San Cristobal, la Capilla de las Capuchinas, la Casa Gilardi y su propia casa y estudio en Tacubaya. También las obras del arquitecto japonés Tadao Ando se han convertido en “clásicos contemporáneos”, basta mencionar la Capilla de la luz, construida por él en Ibaraki, un barrio cercano a Osaka en 1989.
¿A qué se debe que exista una aparente desconexión del público con la arquitectura contemporánea? Es frecuente escuchar opiniones acerca de edificios nuevos criticándolos por ser demasiado fríos e inexpresivos, esto se debe seguramente a que la arquitectura moderna tuvo entre sus objetivos la abolición de la decoración aplicada. El público necesita de símbolos para ser capaz de leer la arquitectura y apreciarla mejor. Quizá por ello las capillas que contienen cruces como las anteriormente mencionadas, son más comprensibles y se comunican mejor con las personas que las visitan, sin necesidad de que sean expertos en la materia.
Por otra parte, el arte contemporáneo, no solamente la arquitectura, se caracteriza por su voluntad de experimentación. El contenido de la obra, no solo es relevante desde el punto de vista de la experiencia física, también tiene importancia por sus intenciones y enunciados que no se manifiestan directamente en la obra, sino a nivel conceptual. La obra arquitectónica adquiere mayor importancia cuando su autor transmite conceptos que van más allá de su expresión material en el edificio. Esto se debe a que la arquitectura responde a valores sociales que exceden a los parámetros de la belleza y la emoción. Una obra de arquitectura es importante por su forma y por su contenido, el cual en ocasiones no es visible directamente en la obra. Las personas que aprecian la arquitectura contemporánea lo hacen en primer lugar por su calidad espacial y en segundo lugar por su profundidad conceptual. Los amantes de la arquitectura valoran tanto la belleza de las obras como su misión social, la cual pone de relieve que la función de la arquitectura es la emoción y al mismo tiempo la creación de espacios para el desarrollo de las actividades humanas. 

Lorenzo Rocha

jueves, 23 de noviembre de 2017

PROYECTOS FUTUROS


La arquitectura es un proceso lento en el que se requiere de mucha paciencia, la construcción de un nuevo edificio es relativamente veloz, cuando se compara con los años que los arquitectos en ocasiones emplean en elaborar un proyecto. El proceso de materialización de la arquitectura es especialmente largo cuando se trata de edificios públicos, ya que éstos están sujetos a interminables consideraciones urbanísticas, políticas y económicas. Cuando finalmente se han concluido todas las deliberciones correspondientes a la planificación y financiamiento de un espacio público, vemos al fin realizadas las ideas que nacieron en la mente de arquitectos quizá diez o veinte años atrás. Cuando los espacios han sido concluidos llegan numerosas críticas, cuestionamientos y a veces elogios y premios al edificio en cuestión.
Los arquitectos que han conseguido completar y contemplar con éxito sus diseños, son dignos de admiración por la perseverancia y capacidad de gestión de sus proyectos. El diseño asistido por computadoras ha sido una herramienta muy útil para la promoción de las ideas arquitectónicas en los años que han pasado desde el inicio del Siglo XXI. Las infografías nos ayudan a transmitir ideas al público y a las demás personas involucradas en el proceso arquitectónico, también las maquetas a escala son de gran utilidad para comunicar los proyectos futuros, pero a veces no bastan y es necesario recurrir a métodos informáticos para mostrar los proyectos.
Gran cantidad de proyectos que hemos visto en dibujos, nunca han llegado a realizarse, pero también sus representaciones gráficas han ejercido influencia en la imaginación de los arquitectos. Casi todos los estudiantes de arquitectura han visto los dibujos de los proyectos utópicos del Siglo XIX, principalmente los de Piranesi, Boullée y Ledoux. También durante los años noventa del Siglo XX las imágenes creadas por Lebbeus Woods, sorprendieron a la comunidad internacional de arquitectos.
Pero más recientemente han surgido magníficas versiones informáticas de proyectos no realizados, como la sinagoga Hurva en Jerusalén, diseñada por Louis Kahn entre 1967 y 1974, que nunca fue construida. Las imágenes producidas por el arquitecto Kent Larsen son sorprendentes y nos muestran un proyecto que pudo bien haber sido la obra maestra del arquitecto Kahn, si hubiera sido construido. Mediante sus representaciones gráficas la arquitectura del pasado y del futuro, se encuentra accesible y es posible estudiarla, aunque sea solamente mediante las imágenes.

Lorenzo Rocha

jueves, 16 de noviembre de 2017

ARQUITECTURA MEXICANA

¿Qué noticias interesantes nos han dado últimamente los arquitectos mexicanos? ¿Cuáles son las ideas que rigen el trabajo de los arquitectos destacados recientemente en México? Desde 2011, año en el que falleció el arquitecto Ricardo Legorreta las noticias más importantes sobre la arquitectura mexicana por desgracia no han sido buenas. La arquitectura de nuestro país perdió en 2013 a Pedro Ramírez Vázquez y en 2016 a Teodoro González de León, dos de sus pilares más importantes. Podemos decir que la arquitectura mexicana se encuentra en transición, en medio de un cambio generacional. Aunque siguen con nosotros otros arquitectos importantes como Agustín Hernández y Francisco Serrano, los arquitectos que trabajamos en México, desde los recién graduados hasta aquellos próximos al retiro, estamos en distintos grados bajo la sombra de alguno de los tres maestros, o quizá de los tres simultáneamente.  Ramírez Vázquez fue pionero del estilo internacional en México y su trabajo estuvo muy estrechamente ligado a la política, González de León se dedicó a la construcción de una arquitectura monumental vanguardista representativa del entorno empresarial y del Estado mexicano y Legorreta fue un arquitecto que se aproximó al arte visual y buscó la expresión popular mexicana desde una perspectiva elitista.
Los arquitectos actuales conocen bien a sus predecesores incluso a los más remotos en el tiempo como Luis Barragán, cada uno ha decidido su aproximación a la profesión y ha intentado imprimir su visión personal en los proyectos, más allá de las referencias históricas. Un factor que ha marcado el trabajo de los arquitectos actuales en nuestro país es sin duda el contexto social, político y económico. Las condiciones que han predominado en el país durante los últimos 30 años, han obligado a los arquitectos a asumir una actitud flexible y pragmática, ya que el ejercicio de la profesión se ha tornado cada vez más difícil. Frente a la inseguridad que priva en el país, han proliferado las comunidades aisladas del contexto urbano con altas bardas y vigilancia constante, los arquitectos han tenido que adaptar sus diseños a ello. En cuanto a la proliferación de conjuntos de vivienda popular en las periferias remotas de las ciudades, los profesionistas de la arquitectura que han participado en ellos han debido buscar los mejores modos posibles para resolver las viviendas y servicios que corresponden a los nuevos asentamientos. Por otra parte, cierta estabilidad y crecimiento económico han propiciado la construcción de edificios corporativos de gran altura en las grandes ciudades del país y a la par de esto los arquitectos mexicanos han participado activamente en los múltiples proyectos de desarrollo inmobiliario que se han realizado durante los últimos años.

Hemos visto el crecimiento de un buen número de profesionistas de buena calidad dentro del gremio arquitectónico y algunos proyectos han alcanzado un nivel aceptable comparados con sus similares en otros países del mundo. Por desgracia no hemos visto desde hace tiempo un espíritu de experimentación ni de innovación destacable en los arquitectos mexicanos, quizá es un momento inadecuado para asumir los riesgos que conllevan los cuestionamientos al statu quo, necesario para la expresión de posturas inconformistas. Los arquitectos de la vanguardia mexicana han intentado cierto grado de especulación formal, con diseños audaces e incluso espectaculares en algunos casos, sin embargo dichos esfuerzos no han sido suficientes para ser considerados protagonistas de la vanguardia arquitectónica a nivel mundial.
Lorenzo Rocha

jueves, 9 de noviembre de 2017

ARQUITECTURA POSCRÍTICA

Durante las dos primeras décadas del siglo XXI, hemos visto como la
arquitectura se ha ido acercando cada vez más a las técnicas y estrategias propias de los negocios inmobiliarios. La lógica financiera ha sido siempre uno de los parámetros más importates que los arquitectos deben tomar en cuenta para sus proyectos, pero ahora ambos campos se han ido entremezclando gradualmente hasta el punto en el que los arquitectos se han visto forzados a adquirir conocimientos básicos de administración y algunos de ellos incluso se han convertido en especialistas dentro del ámbito de los bienes raíces.
El proceso de acercamiento entre arquitectura y finanzas tiene poco impacto real sobre el aspecto estético de la arquitectura, ya que la viabilidad económica es una condición ineludible para toda obra. Quizá una consecuencia negativa del acercamiento entre ambas disciplinas, ha sido el creciente pragmatismo que han adoptado los arquitectos, quienes buscan el éxito económico, abandonado a veces su intención crítica. Es bastante claro que la arquitectura concebida como negocio, difcilmente puede expresar conceptos críticos. El arquitecto holandés Rem Koolhaas, ha sido un personaje central en la discusión sobre el pragmatismo en la arquitectura. Desde 1978, cuando publicó su célebre libro “Delirio de Nueva York”, habló del hecho de que en las motivaciones profundas de los arquitectos existe una parte que definitivamente no puede ser crítica. Por ello es que Koolhaas ha sido considerado por los teóricos más relevantes en la actualidad como el principal abanderado de la arquitectura poscrítica.
La arquitectura de Koolhaas no parece resistirse al statu quo como lo plantearon los arquitectos y teóricos críticos, más se presenta como un producto de éste.
Quizá el agotamiento de la discusión crítica se haya debido a que quienes la iniciaron, la abordaron desde puntos de vista estéticos e históricos. Más recientemente el trabajo de arquitectos relativamente jóvenes como Anne Lacaton, Jean Phillipe Vassal y Alejandro Aravena, han realizado obras con un alto contenido social, que no desdeñan al entorno financiero y político de sus contextos, pero intentan mejorar las condiciones de vida de los habitantes de sus edificios y casas, sin que el bienestar sea solamente accesible a las personas con alta capacidad adquisitiva. Coincide esta búsqueda de proyectos igualitarios con la adopción de métodos participativos de diseño y con una implicación más intensa de los arquitectos en el activismo vecinal, ambas prácticas democráticas pueden ser consideradas también como posturas críticas frente a la cultura dominante.
Lorenzo Rocha

jueves, 2 de noviembre de 2017

LENGUAJE SECRETO

En su intento de ruptura con el pasado, los arquitectos modernistas crearon un lenguaje arquitectónico autoreferencial. Dicho lenguaje se fundamenta en la ausencia de la ornamentación. Me refiero principalmente a Adolf Loos, Le Corbusier y sus contemporáneos, quienes consideraron a la arquitectura del siglo XIX como decadente y comenzaron a diseñar sus proyectos usando exclusivamente elementos constructivos funcionales desde la primera década del siglo XX. En su texto publicado en 1908 con el título “Ornamento y delito”, Loos sienta las bases de la desaparición sucesiva de los adornos aplicados a la arquitectura, dándoles el carácter de ‘“arte degenerado” y declarando que “La evolución cultural equivale a eliminar el ornamento del objeto de uso cotidiano”.
Cuando observamos obras de arquitectos anteriores a ellos también considerados modernos, como Frank Lloyd Wright y Otto Wagner, nos damos cuenta que aún no habían abolido completamente la decoración aplicada a sus proyectos, sin que ello demeritara en absoluto su calidad espacial y su solidez conceptual. Sin embargo, el uso de técnicas decorativas como los vitrales y los azulejos, no afectó la pureza ni la capacidad expresiva de sus obras, al contrario, contribuyó a aumentarlas.
El dogma  de la estética purista en arquitectura, comenzó con las analogías de la arquitectura con las máquinas, paralelismos promulgados por Le Cobursier en su revista “L’esprit Nouveau” (“El nuevo espíritu”). la cual apareció mensualmente de 1920 a 1925. La abolición del ornamento es parte primordial del espíritu modernista hasta la fecha, ya que el academicismo en la arquitectura sigue apegado a sus reglas originales. En 1914, Le Corbusier diseño un prototipo para vivienda industrializada la cual llamó “Maison Dom-ino” (“Casa Dominó”), la cual consistía en un modelo simplificado de losas y columnas de concreto armado, como respuesta a la escasez de vivienda en el norte de Francia, derivada de la destrucción de numerosas poblaciones en la región, debida a la Primera Guerra Mundial. El proyecto se componía de pequeñas unidades para habitación, las cuales podían se colocadas como fichas de dominó para dar origen a conjuntos habitacionales. Es interesante retomar la visión del arquitecto estadounidense Peter Eisenman, quien en un texto publicado en 1979, declara que en su opinión “lo que hace que el trabajo de Le Corbusier sea auténticamente modernista es su aspecto autoreferencial, lo cual lo convierte en un signo autónomo como una arquitectura acerca de la arquitectura”, refiriéndose a la Casa Dominó
El lenguaje autoreferencial de la arquitectura moderna es en parte la característica que ha alejado a la gente común de la discusión arquitectónica académica, llevamos décadas haciendo arquitectura para arquitectos y dejando de lado los deseos y aspiraciones de las personas que habitan nuestros espacios.

Es momento de repensar si la labor del arquitecto cumple con su función social cuando su principal meta es complacer a los críticos y a quienes juzgan la calidad artística de las obras y no a sus destinatarios finales. Una arquitectura que no toma en cuenta al usuario o habitante no solamente resulta alienante, esa todas luces una manifestación de falta de ética profesional por parte de quien la realiza. 
Lorenzo Rocha

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