jueves, 19 de octubre de 2017

ACTITUD


Es notable el modo como expresan sus ideas los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, autores del proyecto para la remodelación del Palais de Tokio (2008-2010), el célebre museo y centro de arte parisino, proximo a los jardines de Trocadero. La lucidez de la pareja de arquitectos, junto con Frédéric Druot, ha dado origen a exitosos proyectos de vivienda, como la ampliación de la Torre de apartamentos en Bois-le-Prêtre, al norte de París, proyecto realizado con el espíritu de aprovechar la construcción existente y ampliar los apartamentos, para aumentar sus áreas y mejorar su calidad espacial sin que fuera necesario desocuparlos.
En un libro recientemente publicado con el titulo “Actitud” (Editorial GG, 2017) el público en general puede conocer muchas de las ideas que se encuentran detrás de los proyectos arquitectónicos de la dupla. La libertad estructural, la eficiencia económica y la generosidad espacial son tres de los conceptos que rigen el trabajo del estudio parisino, lo cual liga sus proyectos a una extrema racionalidad. Sin embargo, en algunas de sus respuestas en la entrevista que sostienen con Patrice Goulot, expresan ideas subjetivas, respecto a valores sociales como la percepción del lujo, el ahorro y los antecedentes históricos presentes en los sitios donde han realizado sus proyectos. A pesar de que han obtenido premios importantes como el Gran premio nacional de arquitectura en Francia en 2008, no han seguido las fórmulas alcanzadas en sus proyectos exitosos. Hablando sobre su proceso creativo, Jean-Philippe Vassal responde: “Cada proyecto parte desde cero, no partimos de ideas a priori. Es necesario trabajar, discutir, visitar el lugar, seguir lineas de trabajo que más tarde serán abandonadas (…) Gracias a que apenas dibujamos, no nos quedamos bloqueados en una imagen.”
La actitud crítica de la pareja de arquitectos ha sustituido a su estilo formal, las imágenes de sus proyectos han sido sobrepasadas por sus ideas, se trata de profesionales que no han buscado el protagonismo mediante las formas espectaculares de los edificios. La arquitectura de Lacaton y Vassal es una lección constante de humildad e inteligencia, su espíritu crítico y su inconformismo con el statu quo, se leen claramente en los resultados espaciales de sus proyectos. La trayectoria del estudio durante los últimos 25 años nos muestra una evolución permanente de sus conceptos que han dado resultados muy interesantes sin necesidad de las acrobacias formales que caracterizan a los proyectos de los llamados “arquitectos estrella”. Utilizando materiales y técnicas aparentemente ajenas a la arquitectura, como los invernaderos agrícolas, los arquitectos han conseguido ampliar significativamente los espacios útiles y habitables de sus proyectos habitacionales, regular mejor la temperatura de las casas y reducir el consumo energético. Como ejemplo de ello destaca la casa Latapie, construida con escasos recursos en los suburbios de la ciudad de Burdeos, en 1993.
Respecto al trabajo del estudio parisino, nos encontramos frente a una arquitectura que elude a la imagen, cuyo esencial contenido crítico se refleja en la postura filosófica de sus autores, la cual se traduce directamente a los espacios construidos y en el beneficio de los usuarios, quienes a su vez valoran mejor sus viviendas, lugares de trabajo, museos y escuelas, debido al conocimiento de que sus necesidades físicas y psicológicas fueron tomadas en cuenta constantemente por los creadores de los espacios que habitan.

Lorenzo Rocha

jueves, 12 de octubre de 2017

EDIFICIOS INVISIBLES


En estos días han circulado en medios impresos y electrónicos, múltiples reflexiones derivadas de la situación de las miles de personas que han perdido su hogar por causa del reciente terremoto que golpeó a la ciudad de México y a numerosas poblaciones en los estados de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas. Como hemos señalado, todas estas personas, sumadas a los millones de personas que viven en la informalidad, requerirán de una vivienda nueva. Es muy clara la movilización de los medios profesionales compuestos por arquitectos, ingenieros y urbanistas para proponer soluciones ante la situación de emergencia. Seguramente también las universidades donde se imparten estudios en dichas disciplinas, intentarán plantear ideas y proyectos con los mismos fines. Espero que la búsqueda de soluciones al problema de la vivienda no se pierda en consideraciones utópicas y sobre todo, no se norme por las leyes del mercado inmobiliario, sino por el interés en el bien común.
La fuerza de la costumbre genera la normalización de situaciones ilógicas e inadecuadas. Quienes transitamos por el centro histórico nos hemos acostumbrado a ver diairiamente el edificio inconcluso que se encuentra en la esquina del Eje central Lázaro Cárdenas y Arcos de Belén, a fuerza de verlo una y otra vez nos hemos visto en la necesidad de aceptar su terrible aspecto, a la vez que su anormal circunstancia. El edificio de 15 pisos se quedó inconcluso hace 32 años ya que su estructura falló durante los sismos de septiembre de 1985, desde entonces sus propietarios no han tomado ninguna acción, no lo han reestructurado, ni han intentado demolerlo, a pesar de que por ley deberían hacerlo ya que su mal estado pone en peligro a las construcciones aledañas y a los viandantes. Tampoco la administración pública ha cumplido con su deber de garantizar la seguridad de las personas que habitan en sus alrededores. En ese edificio, podrían vivir aproximadamente 900 personas, si se hicieran las adecuaciones necesarias a la estructura y a la distribución interior de los espacios, pero parece que de momento se mantendrá como está, ante la pasividad de sus propietarios y las autoridades.
Tristemente no es el único caso de espacios ociosos dentro de la ciudad, en cada colonia encontramos casas y edificios abandonados y terrenos baldíos donde antes hubo construcciones que colapsaron o fueron demolidas. Está claro que la situación de estancamiento de todas esas propiedades responde a la especulación inmobiliaria. La actitud del especulador es reprobable desde el punto de vista ético, ya que congela el potencial de su propiedad en espera de mayores ganacias, mientras el suelo se encarece y la población continúa sin acceso a vivienda digna. En tiempos como el presente, la sociedad debería exigir a las autioridades que impongan coutas especiales a quienes especulen con el suelo urbano, para desalentar este mecanismo pernicioso y contribuir a solucionar los problemas a los que nos enfrentamos.

Lorenzo Rocha

jueves, 5 de octubre de 2017

DAMNIFICADOS

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Durante la última semana hemos escuchado a mucha gente que ha expresado su intención de colaborar en la reconstrucción de las casas y edificios destruidos durante los terremotos del pasado mes de septiembre, tanto en la capital como en las demás poblaciones afectadas. Se trata sin duda de muestras de gran generosidad y de genuino interés por contribuir a mejorar el estado de las cosas después del desastre.
Antes de comenzar un esfuerzo serio y profesional de reconstrucción, sería de gran importancia definir sus parámetros. Los damnificados, las personas que sufrieron daños por el desastre, son sin duda millones, no solamente los directamente afectados. Sin duda se trata en primera instancia de quienes perdieron sus hogares, escuelas y lugares de trabajo, estas personas son las que requieren ayuda con mayor urgencia, pero también es necesario tomar en cuenta a quienes carecen de vivienda digna, no necesariamente por efectos de los desastres, sino por su nivel de pobreza.
Una experiencia que deriva del terremoto de 1985 es que la desigualdad y la pobreza se hicieron aún más evidentes durante la catástrofe, a los albergues construidos para atender a los daminificados, se presentaron numerosas personas que ya vivían en la miseria desde antes del desastre. Hasta hace algunos años aún vivían en la colonia Roma personas que construyeron casas de cartón en los terrenos donde se habían colapsado algunos edificios, dichos “albergues temporales”, permanecieron habitados por más de 20 años, otros aún existen en la periferia de la ciudad. Esperemos que esto no suceda de nuevo, que los refugios temporales no se conviertan en moradas definitivas. Los recientes sismos nos han recordado que al menos en la ciudad de México, existen decenas de edificios en peligro de colapsar y que una buena parte de la construcción dañada hace 32 años nunca se reparó y continúa abandonada, además de los numerosos terrenos baldíos que no han sido aún edificados.
Considero que un plan de reconstrucción debe intentar incluir también a la población que vive permanentemente en condiciones precarias. Parece injusto que se vayan a construir casas nuevas para quienes perdieron las suyas recientemente, excluyendo a quienes nunca han tenido una vivienda de buena calidad.
Es obvio que la reconstrucción no es una tarea exclusiva del estado, como tampoco lo es la construcción sólida de viviendas, asi como la actuación socialmente responsable de los empresarios del sector inmobiliario. Si abordamos el problema positivamente, el esfuerzo de reconstrucción que enfrentaremos durante los próximos meses y años resultará en la mejoría de las condiciones de vida de toda la población, para que en desastres futuros haya cada vez menos damnificados y también disminuya la cantidad de personas desposeídas, que es alarmante en nuestro país.

Lorenzo Rocha

jueves, 28 de septiembre de 2017

RECONSTRUCCIÓN

Nada de lo que hagamos en los próximos meses y años devolverá la vida a las 327 personas que murieron en los terremotos de la semana pasada, ni a las 98 personas fallecidas el 7 de septiembre en el sureste del país. Quienes quedamos con vida sí que debemos replantearnos muchas cosas que el desastre ha puesto en evidencia. La primera de ellas no tiene ninguna relación con la arquitectura ni el urbanismo, sino con la capacidad de auto organización. Si bien es notable la manera en que las emergencias disuelven todas las barreras del individualismo,¿Porqué los mexicanos no nos comportamos siempre con la misma solidaridad? ¿Porqué estamos regresando poco a poco a nuestra rutina cotidiana sin mirar hacia atrás y ver la dimensión del fenómeno social que estamos presenciando?
Por desgracia el comportamiento “normal” de nuestros conciudadanos es predominantemente mezquino y egoísta. Debemos afrontar que vivimos en una sociedad basada en los privilegios, apenas cualquiera de nosotros se ve en una circunstancia en la que tiene poder, ya sea político o económico, lo aprovecha para ampliar las desigualdades e injusticias que privan en el ámbito publico y privado a nivel nacional.
El terremoto del 19 de septiembre nos recuerda la tristeza de todo lo que no ha sido reparado y reconstruido en la capital del país desde la misma fecha hace 32 años, además el atraso que viven nuestros compatriotas en poblaciones como Juchitán y Jojutla y otras muchas en los estados de México, Puebla, Morelos, Chiapas y Oaxaca.
Es el momento de plantearnos la reconstrucción de las casas y edificios dañados, pero antes de dar el primer paso invito a los arquitectos y constructores a preguntarse cómo lo quieren hacer. ¿Conviene seguir con la visión a corto plazo del máximo beneficio con el mínimo esfuerzo? ¿Servirá esta experiencia para acabar definitivamente con la corrupción urbanística? ¿Es lógico demoler centenares de casas solamente porque son de adobe?
Aunque se trata de temas de los cuales conviene reflexionar a fondo, parece natural responder negativamente a las anteriores cuestiones.
Es inevitable que el dolor que sentimos ahora dificulte nuestra capacidad de autocrítica, pero al mismo tiempo, los tiempos desafortunados tienen un efecto positivo sobre las mentes lúcidas. Hemos sido testigos de una enorme sensatez generalizada en el pueblo de México, esperemos que no se agote en los próximos días y que sepamos aprovecharla para tomar las decisiones que más nos convienen a todos, no aquellas que nos benefician individualmente.

La gente ha hecho un gran sacrificio ayudando a los demás sin descanso, arriesgando sus vidas, donando víveres y medicinas, incluso dando dinero a las organizaciones civiles. Ahora necesitamos personas inteligentes, honestas y serenas para reorganizar a la sociedad, para reconstruir nuestros pueblos y ciudades. Espero que la tragedia que estamos viviendo no sea tierra fértil para el oportunismo, la manipulación de la conciencia, la especulación inmobiliaria. Espero que de esta triste época nazca un espíritu nuevo que termine con la idea de los “otros”, para que sea sustituida por un gran “nosotros”.
Lorenzo Rocha

jueves, 21 de septiembre de 2017

MALOS RECUERDOS

Este 19 de septiembre los capitalinos con más de tres décadas de vida, estábamos recordando la misma fecha pero del año 1985 por el trágico sismo ocurrido entonces, con un rutinario simulacro. Decía el gaucho Martín Fierro, el personaje de la epopeya escrita por José Hernández: “Olvidar las cosas malas también es tener buena memoria”. Quienes vivimos aquel desastre nunca lo olvidaremos, pero la mayoría ya habíamos sanado de las heridas provocadas por la tristeza de aquel día.
Por eso es tan triste enterarnos hoy de las decenas de personas fallecidas en el sismo del pasado martes en los más de cuarenta edificios colapsados en la ciudad de México y en los estados de Morelos y Puebla. La sensación de miedo y desesperación que vivimos en las calles nos recuerdan lo ocurrido hace 32 años, una ciudad que parecía encontrarse en medio de una guerra. Se vivió un estado de pánico en el centro histórico, por lo inquietante que resultaba caminar entre cristales rotos y trozos de ladrillos caídos desde las fachadas de los edificios. El paseo de la Reforma se vio inundado de miles de personas que fueron evacuadas de los edificios de oficinas, las cuales no encontraban medios de transporte para volver a sus casas y reunirse con sus familias.
Los terremotos son parte fundamental de la memoria urbana de nuestra ciudad, quizá sean sus peores recuerdos. Sin embargo, la solidaridad entre las personas, hasta cierto punto mitiga los efectos del desastre. Como sabemos, algunas cicatrices de sismos anteriores aun prevalecen, la ciudad se reconstruye de manera desigual y sería extraño pensar que esta será la excepción.
La vulnerabilidad ante los fenómenos naturales de tipo telúrico o bien hidrológico se notan especialmente en los ambientes urbanos, por desgracia forman parte inevitable de la vida en las grandes ciudades. Hasta cierto punto paralizan a una ciudad tan compleja como la nuestra, pero al mismo tiempo fortalecen su tejido social. Quizá el motivo del efecto positivo que tienen los desastres naturales sobre la sociedad deriva del hecho que son fenómenos “democráticos”, en el sentido de que afectan a toda la población por igual, sin importar las diferencias económicas, ideológicas o demográficas que existan entre los habitantes.
Los recientes fenómenos naturales como son los sismos, huracanes y tormentas se han atribuido parcialmente a explosiones solares inusitadas y también al calentamiento global. Podría ser simple coincidencia, pero estos últimos meses han estado marcados por la incidencia extraordinaria de dichos desastres en lugares densamente poblados. Esperemos que pronto pase esta mala época, ya que las consecuencias de dichas calamidades tardarán meses y quizá años en ser superadas, especialmente lo que se refiere a la pérdida de vidas humanas.
Lorenzo Rocha

martes, 19 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON PAUL ARDENNE

UN ARTE CONTEXTUAL EN MÉXICO

Paul Ardenne (Charente, Francia, 1956) escribió en 2002 el libro “Un arte contextual” (traducido al español en 2006 y publicado por el Cendeac en Murcia, España). El autor describe este tipo de arte como una forma característica de expresión de los artistas que desde el inicio del siglo XX, han optado por abandonar los espacios expositivos institucionales, galerías y museos, para trabajar en las calles, en las plazas públicas o en el campo abierto. Dichos artistas han decidido dejar su trabajo de taller para producir piezas ligadas a lo cotidiano, las cuales son casi siempre efímeras y se relacionan estrechamente con el contexto en el que se producen. Dentro de este tipo de obras de arte, se cuentan las intervenciones en el espacio público que van ligadas a la participación de las personas comunes, que se convierten en espectadores de las acciones u obras, a veces casualmente. 
Ardenne ha visitado la ciudad de México en varias ocasiones desde los años setenta, durante esta vista participará en la producción de un libro sobre el artista mexicano Rivelino y su trabajo en el espacio público. Su opinión sobre nuestra ciudad es interesante, ya que durante sus vistas ha observado la manera como la metropolis se ha ido expandiendo en los núcleos de riqueza siempre cercanos al centro de la ciudad y de este modo ha ido siempre desplazando a la pobreza gradualmente hacia la periferia, lo cual él llama “Urbanismo de clase”. 
El escritor y crítico francés considera que nuestra ciudad es un campo fértil para la producción de piezas artísticas contextuales, ya que las condiciones sociales, económicas y ambientales permiten la participación de los ciudadanos en proyectos artísticos.
¿Cuáles elementos de la obra de Rivelino le resultan más interesantes desde el punto de vista del arte contextual?
Antes de este viaje, solo había visto fotografías de tres obras de Rivelino que me habían interesado: “Nuestros silencios”, la serie de esculturas que el artista ha instalado en varias ciudades europeas, “Raíces”, una intervención escultórica que se realizó solamente en la ciudad de México y “You”, una escultura compuesta de dos grandes dedos con un espacio intermedio. En principio yo había catalogado la obra de Rivelino, como escultura de fácil lectura, accesible al público no especializado, cuyas formas se relacionan con el público de manera automática. Ahora que lo he conocido mejor, he visto que su trabajo tiene referencias más profundas en la “escultura social” propuesta por Joseph Beuys en los años sesenta, es decir, se trata de piezas de escultura que no están hechas solamente para ser contempladas, sino para ser “experimentadas” por el público. Por ejemplo, las piezas que componen la obra “Nuestros silencios” al ser colocadas en el espacio público, nos transmiten la idea del silencio social y político. Rivelino es un artista que comenzó produciendo en su taller y que ha buscado una mayor dimensión comunicativa para su trabajo, mediante sus instalaciones en el espacio público. Probablemente por esta razón, el artista utiliza formas reconocibles, que tienen un lenguaje simbólico universal y pueden ser entendidas fácilmente por el público. Sus obras son concebidas en el taller, para pasar a ocupar el espacio abierto, como una estrategia para conseguir la máxima dimensión comunicativa posible, al utilizar el espacio público para mostrar sus obras. La estrategia de los aristas en el espacio público es la puesta en tensión de sus obras con el espacio de la ciudad concebida como “un museo sin muros”.
¿Qué artistas mexicanos conoce, que le parezca que han desarrollado adecuadamente su obra en el contexto de la ciudad de México? 
Conozco el trabajo de Minerva Cuevas, quien exalta la conciencia colectiva dentro del trabajo de artistas latinoamericanos frente a las condiciones que les impone la cultura occidental. También me interesa especialmente el trabajo de Santiago Sierra, quien a pesar de ser español, ha desarrollado numerosas acciones en la ciudad de México. Recuerdo aquella ocasión en la que Sierra bloqueó por algunos minutos el Anillo periférico sur a la altura de la avenida Insurgentes, colocando un camión en sentido transversal al flujo vehicular, una acción en la que encuentro un gran contenido geométrico (“Obstrucción de una vía con un contenedor de carga”, 1998). Me interesa su idea de “Estética remunerada”, mediante la cual paga a las personas para participar en sus acciones. En 2004 visité una exposición de pintura en la cual Sierra presentaba cuadros negros pintados con fuego proveniente de la llamas expulsadas por un grupo de personas que trabajaban como “tragafuegos”, a los que contrató en las calles. Algunos otros trabajos de Sierra, también están informados por artistas estadunidenses como Robert Morris, quien en 1969 creó esculturas con humo, “la forma que escapa a la forma”.
¿Cual es el principal soporte material de las obras de arte contextual, el objeto, la acción o la documentación?
No existe ningún modelo único para las obras de arte contextual, su matriz principal es la ocasión y la oportunidad de que el arte entre en contacto con el contexto. Un artista contextual no puede programar ni controlar la reacción del público frente a su trabajo. Los artistas llevan sus intereses particulares al campo abierto de distintas maneras, sus intenciones no son las de decorar el espacio público, sino buscar oportunidades de interacción con otras personas. En muchas ciudades el arte público ha sido utilizado por los ayuntamientos con fines de manipulación y control político mediante el entretenimiento. En reacción a ello, últimamente los artistas contextuales han intentado hacerse invisibles, realizando acciones furtivas apartadas de la vista del público, en las cuales no crean objetos, ni documentación, solo se trata de acciones efímeras en el espacio público.
¿Dónde queda la noción de autor en dichas obras invisibles?
Muchos artistas contextuales han renunciado a la visibilidad propia de su actividad y han cedido su protagonismo en favor del público. Estos artistas renuncian a ser identificados y a firmar sus obras y por lo tanto no obtienen reconocimiento por ellas. Es un fenómeno interesante de “trans-narcisismo” entre el artista y su público, un intercambio de roles dentro de la ciudad. La satisfacción del artista se desplaza fuera de su necesidad de reconocimiento a un plano más complejo de investigación personal, no todo lo que hacemos está ligado a la obtención de reconocimiento o beneficios directos.
Dentro del presente contexto, ¿qué lugar ocupa ahora la escultura monumental en el espacio público?
La escultura urbana ha existido siempre por razones simbólicas, para representar y rendir homenaje público al poder religioso, político y económico. Lo que ha cambiado en nuestros días es que la población urbana reacciona de modo cada vez más negativo hacia los monumentos que le son impuestos por la gente en el poder. El público actual en general aprecia más las manifestaciones artísticas efímeras, que se instalan en la ciudad por poco tiempo. El arte actual responde a la concepción pasajera que tenemos del mundo, anteriormente las personas estaban obsesionadas por sus raíces, mientras que ahora la movilidad y la libertad es más atractiva que las estructuras rígidas y permanentes.
Lorenzo Rocha

jueves, 14 de septiembre de 2017

URBANISMO CLASISTA

La ciudad de México es una urbe policéntrica, desde luego el núcleo principal de la ciudad es el centro histórico, ya que hasta mediados del siglo XIX, lo que ahora es el centro solía ser la ciudad entera. A medida que la ciudad fue creciendo, las nuevas colonias requirieron de infraestructura y vialidades, esto se hizo lentamente al principio, dejando cierto lugar para la planificación. Pero a partir de los años cincuenta, debido a la explosión demográfica y la migración de personas del campo a la ciudad, el gobierno perdió el control del fenómeno de crecimiento urbano. Los pueblos aledaños a la ciudad fueron materialmente inundados por la mancha urbana y sus centros se convirtieron en los núcleos de los nuevos barrios. Esto sucedió primero en Tacubaya y Mixcoac, para extenderse más adelante hacia el sur a Coyoacán, Tlalpan y demás localidades conurbadas en todas las direcciones.
El modelo de desarrollo urbano de nuestra metrópolis genera niveles de desigualdad intolerables para la población. Las inversiones en infraestructura, vialidades y equipamiento urbano se hacen principalmente en los núcleos urbanos tradicionales o en nuevos centros de desarrollo, siguiendo siempre el criterio de fortalecer la economía local mediante la creación de polos de crecimiento, que favorecen a los negocios inmobiliarios y comerciales lucrativos, de los que se benefician principalmente las empresas privadas.
De este modo, vemos como el gobierno invierte en zonas históricas para fomentar el turismo, o bien las empresas promotoras crean nuevos conjuntos habitacionales, comerciales y para oficinas de gran lujo y con la mejor calidad en sus servicios, mientras que la vivienda popular afuera de los polos de desarrollo mantiene sus condiciones precarias.
Basta con observar los contrastes con los que nos encontramos si recorremos la ciudad desde el Zócalo hasta su límite oriente. Primero veremos los edificios históricos y las calles recien renovadas, después comenzaremos a ver barrios comerciales menos aseados y ordenados, al cruzar la avenida Circunvalación, el paisaje urbano cambia notablemente. Siguiendo hacia el este al pasar más allá del aeropuerto veremos que la degradación urbana irá en crecimiento hasta llegar al límite del Circuito exterior mexiquense, donde las construcciones son de calidad realmente muy baja.
La forma urbana de la capital del país y su modelo de desarrollo no es más que un reflejo de nuestra realidad nacional, la cual está determinada por la inequidad en la distribución de la riqueza y por lo tanto, la deficiente calidad de vida de la gran mayoría de sus habitantes.
Lorenzo Rocha

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