jueves, 20 de julio de 2017

ESCULTURA FIGURATIVA

Existe una corriente hasta cierto punto marginal  dentro de la escultura moderna que se ha dedicado a replicar objetos cotidianos de muy distintos tipos y formas, con muy poco o nulo grado de abstracción. Es así como escultores modernos y contemporáneos como el artista estadounidense de origen sueco Claes Oldenburg, quien junto con su mujer Coosje Van Bruggen, han orientado su labor desde los años sesenta a la reproducción a gran escala de objetos que van desde un lápiz, una herradura, una aguja e hilo, cucharas con cerezas, pistolas de rayos, binoculares y muchos otros más. Sus creaciones se han convertido en verdaderos iconos del Arte Pop y están presentes en infinidad de sitios públicos en Estados Unidos y Europa, forman parte del movimiento artístico que buscó el rescate de la cultura popular. 
Aunque a simple vista y por su buen sentido del humor estas piezas parezcan solo satíricas, también tienen alto contenido politico por los sitios donde fueron colocadas y los momentos históricos en los que se sitúan. Por ejemplo en 1969, Oldenburg instaló su obra Lipstick (Ascending) on Caterpillar Tracks (“Lápiz labial ascendiendo sobre vehículo oruga”), en New Haven, mientras se llevaban a cabo las protestas antibélicas, el mismo artista afirma que su obra: “Fue una protesta contra la guerra de Vietnam y una declaración a favor de la educación y la igualdad de género, ya que las mujeres no fueron admitidas en Yale sino hasta ese año”.
A diferencia de la escultura abstracta, la cual prevaleció durante el modernismo, que casi nunca lleva título y sus formas son geométricas, la escultura pública figurativa frecuentemente provoca reacciones de rechazo o afecto en los ciudadanos. Las personas buscan formas reconocibles en la escultura abstracta y tarde o temprano les asignan algún mote, como es el caso de la famosa pieza de escultura de Anish Kapoor titulada Cloud Gate (“Puerta de nubes”), a la cual la gente de Chicago conoce mejor como Space Bean (“Frijol Espacial”).
Los artistas modernistas abstractos sostienen que su lenguaje no requiere de replicar nada de la realidad, sino que buscan la expresión pura de sus conceptos directamente mediante la forma de sus piezas, sin necesidad de cualidades añadidas por la imitación de elementos literales, o por los títulos de las propias piezas. Fue sin duda muy positivo el debate que se suscitó especialmente en Nueva York en las años sesenta, como reacción al abstraccionismo que prevalecía en la  pintura y escultura, con el surgimiento de artistas Pop como puede ser Andy Warhol.
Algo similar sucedió a la arquitectura moderna, ya que en su búsqueda de la racionalidad y el rechazo a la ornamentación, los arquitectos se alejaron también de las posibilidades que habrían podido tener sus obras a nivel comunicativo. En los años ochenta, los arquitectos posmodernistas comenzaron a utilizar formas y ornamentaciones realistas, movimiento que duró relativamente poco tiempo, pero que dejó importantes obras como la sede de agencia de publicidad Chiat-Day en la avenida principal de Venice en Los Ángeles, una obra de 1991 diseñada por Frank Gehry, cuya entrada está enmarcada precisamente por la escultura en forma de binoculares, de Claes Oldenburg.
Lorenzo Rocha

jueves, 13 de julio de 2017

FABRICAR LA REALIDAD

El ser humano necesita desglosar los estímulos que percibe continuamente para ser capaz de digerir la enorme cantidad información que proviene constantemente de su medio ambiente. Si no aislaramos cada sensación que nos llega sería imposible distinguir entre  estar en el espacio, ver imágenes, escuchar sonidos, etcétera, sería una confusión insoportable que nos alejaría de la realidad. Lo real como sistema de aproximaciones, requiere de la clasificación y la diferenciación de cada elemento del mundo que habitamos. para ello también es util distinguir las diferencias entre las características de la escultura y la arquitectura y a su vez ambas respecto al urbanismo.
El crítico de arte Hal Foster cuenta una anécdota muy interesante en la introducción de su libro “El retorno de lo real”, escrito en 1995. Foster cuenta que una vez estaba hablando con un artista amigo suyo frente a una escultura de Robert Morris, la cual consistía de cuatro largas vigas de madera posadas sobre el suelo formando angulos rectos y otras cuatro empotradas en el muro de la galería frente a unos espejos. Ambos amigos discutían sobre aspectos teóricos y prácticos alrededor de la pieza sin percatarse que la hija del artista, una niña de seis años, se había puesto a dar saltos de una viga a otra hasta que completó el rectángulo que formaba la escultura. Cuando los mayores se dieron cuenta de ello, se quedaron sorprendidos por la forma en que la irreflexiva acción de la niña había sido mucho más elocuente frente a la percepción de la pieza que sus elaboradas elucubraciones.
En efecto, a veces la excesiva intelectualización respecto al mundo que nos rodea, nos desvía del camino hacia su comprensión. Ese laberinto es sin duda nuestro intento constante de verbalizar la realidad. Para ello, la separación de las partes que la componen, provoca la incapacidad de mirar el mundo con naturalidad.
El desarrollo de nuestra capacidad analítica es de igual importancia, que la habilidad que debemos tener para ser capaces de sintetizarla. A fin de cuentas, el mundo se presenta ante nosotros como una entidad indisociable y si bien es util concentrarse temporalmente en algún aspecto especifico más que en otro, después debemos intentar percibirlo como un todo.
Cuando se trata de la visualización del espacio, capacidad necesaria para ejercer artes como la arquitectura y la escultura, conviene reservar las disertaciones teóricas para nosotros mismos y compartirlas de preferencia con expertos calificados. Al público en general lo que le interesa es que el espacio sea habitable, si no lo es, de poco le valen las explicaciones teóricas. Mil palabras jamás salvarán un espacio mal resuelto, ningún tratado de teoría podría cambiar la opinión que nos provoca una escultura publica equivocada.
Aunque no todas las personas requieren tener conocimientos sofisticados para percibir el espacio arquitectónico, es cierto que muchos poseen una sensibilidad intuitiva para determinar si se sienten bien o mal dentro de las obras que visitan. Lo mismo sucede con muchas piezas de arte, si son acertadas, la gente las disfrutará a pesar de que no haya estudiado los textos y teorías artísticas que las sostienen. Esto no significa que esté de sobra el conocimiento sobre el arte y la arquitectura, pero indudablemente no se puede plantear como un requisito indispensable para disfrutar del espacio público y las obras de arte, al igual que los espacios privados, las casas y lugares de trabajo dentro de los que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de julio de 2017

INGENIO ABANDONADO

A un lado de la carretera que va de Cuautla a Oaxtepec en Morelos, se encuentra la ruina del antiguo Ingenio Oacalco, establecido en 1668 y que fue cerrado en 1989, tras una escandalosa quiebra financiera. Las construcciones de los siglos XVII y XVIII que componen el antiguo ingenio aparecen ante el visitante como un paisaje asombrosamente irreal. Al mismo tiempo, su estado avanzado de deterioro causa una profunda tristeza a quienes apreciamos el patrimonio histórico inmueble, que pertenece a la nación, no solamente a sus propietarios y poseedores. 
Tras el cierre de la empresa azucarera,  la propiedad estuvo custodiada por el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera durante casi siete años, ya que los trabajadores, seguramente con razón, consideraban que no habían sido indemnizados correctamente por la empresa que controlaba en ingenio. Durante dicho período los custodios no dieron acceso a ninguna persona ajena al sindicato, ni siquiera a historiadores, estudiosos y académicos que deseaban fotografiar el estado de conservación de los inmuebles para futuras restauraciones. Como era previsible, durante la ocupación del ingenio, la capilla y el casco de la hacienda fueron totalmente saqueados y les fue retirada toda la ornamentación que poseian.
Seguramente por su aspecto onírico, la propiedad fue vendida a unos estudios cinematográficos en 1996, quienes la han ocupado desde entonces para filmaciones de todo tipo, sin poner ningún cuidado en su mantenimiento y contribuyendo significativamente a su deterioro. Quizá la película más destacada que ha sido rodada en la hacienda Oacalco es “Pecado original”, dirigida en 1999 por Michael Cristofer, con las actuaciones de Angelina Jolie y Antonio Banderas, quienes caracterizan a una pareja de hacendados del siglo XIX.
Sin embargo, las 23 hectáreas de tierra fértil con las que cuenta la hacienda podrían haber sido dedicadas a fines con mayor contenido social que las filmaciones, tal como lo pedían los trabajadores cañeros desempleados tras el cierre del ingenio. Los obreros deseaban que la propiedad se transformara en una escuela de agricultura que habría formado parte del Instituto Politécnico Nacional, además de una planta envasadora de hortalizas, que les garantizara mejores empleos.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha intentado sin éxito en varias ocasiones, declarar la hacienda como patrimonio nacional, pero su deterioro va en aumento ya que ha sufrido algunos incendios y no ha sido mantenida ni preservada adecuadamente.
No es motivo de orgullo para nadie el hecho de que en nuestro país existan cientos, quizá miles de edificios históricos en estado de abandono, no muy lejos de ahi se encuentran las ruinas de la ex-hacienda de Coahuixtla, de la cual solamente sobreviven muros, arcos y chimeneas. 
Quizá el asunto no sea tan importante para la mayoría de las personas y sea solamente una cuestión del interés de los apasionados por las ruinas. Pero indudablemente despertará la preocupación general de la sociedad cuando estemos más cerca de perder nuestro patrimonio histórico construido, del cual todos podríamos beneficiarnos y que además está bajo nuestra responsabilidad como herederos del pasado indígena y colonial de México.
Lorenzo Rocha

jueves, 29 de junio de 2017

NUEVO POLANCO

La gente llama nuevo Polanco a la colonia Granada, quizá porque pretende que el desarrollo inmobiliario que se inició allí hace algunos años goce del prestigio que tiene la colonia contigua. El acelerado ritmo de la construcción en las manzanas que se localizan a lo largo del Boulevard Miguel Cervantes Saavedra se debe a la aprobación por parte de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del gobierno de la ciudad de México en 2014, del Sistema de Actuación por Cooperación. Se trata de un mecanismo mediante el cual los propietarios de los terrenos aportan recursos a un fideicomiso privado, el cual se compromete a aplicarlos al mejoramiento de la infraestructua vial y al equipamiento urbano. A cambio, el sistema contempla la transferencia del potencial de volumen de edificación, mediante mecanismos como los polígonos de actuación y la relocalización de usos de suelo, lo cual ha permitido la construcción de edificios altos de usos comerciales, habitacionales y culturales.
        Aún es pronto para llegar a una valoración conclusiva de las repercusiones que dichos mecanismos tendrán sobre la zona. Existen alrededor de sesenta proyectos concluidos, pero han sido aprobados desde 2015 cerca de ochenta proyectos más, que aun no se han iniciado o se encuentran en proceso de construcción. Las consecuencias económicas, sociales y urbanas del proyecto aun no se perciben en su totalidad y es imposible calcularlas, debido a que la delegación no ha dado a conocer los estudios que se encargaron para realizar un plan parcial de desarrollo.
            Las colonias incluidas en el plan no solo son la Granada y su ampliación, sino abarca también a las colonias Irrigación, Anáhuac, Pensil y Verónica Anzures. No cabe duda que la zona vive ya una explosión inmobiliaria, igual o superior a cualquier otra zona de la ciudad, incluido el Paseo de la Reforma o Santa Fe. En los pocos años que lleva su desarrollo, las areas comerciales han crecido inusitadamente, las torres de apartamentos han surgido una tras otra y también se han inaugurado dos museos, un teatro y el acuario. Las vialidades de acceso ya está saturadas y el transporte público es insuficiente, lo cual no augura un buen futuro para el plan. Veremos qué solución le dará la delegación Miguel Hidalgo al tráfico que generará esta zona en los proximos años. Tampoco hay claridad en cuanto a las areas verdes y espacios públicos que deberán existir en el proyecto y que son los beneficios más concretos que el sistema de actuación y su fideicomiso debe dar a la población. Sin ello, no existe justificación social de un proyecto privado de esta naturaleza, el cual se sirve del espacio público para alcanzar sus objetivos, sin aportar nada a cambio.
Lorenzo Rocha

jueves, 22 de junio de 2017

NEGOCIAR EL ESPACIO

Antes de siglo XIX el urbanismo se fundamentaba en la planificación. Las ciudades del siglo XVIII aun no se habían enfrentado a la sobrepoblación y su ritmo de crecimiento permitía a sus gobernantes planear sus ensanches y a los arquitectos trazar sus calles y plazas. Después, la llegada masiva de emigrantes del campo a la ciudad en busca de trabajo en la industria y los servicios, desbordó la capacidad de albergue a tantas personas que comenzaron a aparecer asentamientos irregulares en las periferias de todas las ciudades.
Pero en el siglo XX la explosión demográfica provocó cambios radicales en los modos de crecimiento urbano, el espacio dejó de planificarse y comenzaron procesos de negociación política mediante los cuales la forma urbana se fue pareciendo cada vez más aun campo de oposición de fuerzas. En la década de 1920 el urbanista escocés Patrick Geddes comenzó a describir su trabajo como “Cirugía urbana”, una serie de operaciones minúsculas que recomponían las zonas históricas degradadas en Edinburgo. El concepto de Geddes fue retomado 50 años más tarde por Jaime Lerner, alcalde de la ciudad brasileña de Curitiba, quien lo rebautizó con el nombre de “Acupuntura urbana”. Con ello Lerner se refiere a pequeñas intervenciones que funcionan como agujas colocadas en puntos estratégicos del tejido urbano. Dichas intervenciones tienen como objetivo detonar cambios sociales que puedan desencadenar mecanismos positivos para las ciudades. 
Las tácticas urbanas contemporáneas toman formas muy diversas, puede tratarse de la creación de espacios públicos, usos readaptativos de edificios antiguos, sistemas de transporte, recualificaciones, aumentos de la densidad de construcción, etcétera. Los proyectos urbanísticos actuales se realizan en entornos ya construidos, los arquitectos deben abandonar la idea de que los edificios son permanentes para ser capaces de adaptarlos a las nuevas realidades urbanas. La dinámica del espacio urbano contemporáneo está en evolución constante, se debe reutilizar lo construido y demoler lo obsoleto. La arquitectura de la ciudad depende más que nunca de la contingencia, de la comunicación entre todas las fuerzas que actúan sobre el campo urbano. Los proyectos urbanos actuales no están basados en el diseño, sino en las interacciones entre las personas.
El urbanismo contemporáneo es casi una rama de la antropología, dejó de ser labor exclusiva del arquitecto. El urbanista de la actualidad es un profesionista más parecido a un sociólogo que a un diseñador urbano.
Lorenzo Rocha

jueves, 15 de junio de 2017

SALUD INTEGRAL

Desde hace varias décadas hemos observado en nuestro país una de las consecuencias del neoliberalismo económico, la cesión de la tutela por parte del Estado sobre la planificación y construcción de infraestructura, hacia el sector privado. En tiempos en los que el Estado mexicano se hacía cargo de la totalidad de la obra pública, ésta no estaba sujeta a las leyes del mercado, ni se suponía que debía ser rentable. Se contemplaba en aquellas épocas la importancia tanto el beneficio tangible de las infraestructuras, como de los valores intangibles que aportarían a la sociedad.

Los tres grandes problemas que enfrentaba México a la mitad del Siglo XX eran la escasez de vivienda, instituciones educativas y equipamiento hospitalario. Los tres temas que enriquecieron a la arquitectura e ingeniería de aquel tiempo, ocuparon partes prioritarias de la agenda política mexicana entre 1940 y 1970. Aunque la construcción de infraestructura y equipamiento no ha disminuido desde entonces, sí ha sido notable un claro cambio de sus paradigmas.

Un ejemplo palpable de la respuesta óptima a las necesidades de infraestructura del Mexico moderno, es sin duda la arquitectura hospitalaria de los institutos de seguridad social surgidos en el siglo pasado. El IMSS, el ISSSTE y la SSA, encabezaron la política sanitaria oficial de nuestro país durante todo el tiempo que ha transcurrido desde sus inicios. El arquitecto Enrique Yáñez, uno de los principales especialistas en arquitectura hospitalaria que ha tenido nuestro país, escribió en su libro “Hospitales de seguridad social” en 1973: “Los hospitales son los edificios más característicos del género que se dedica a la atención médica de la colectividad, como parte del cuidado de la salud integral”. El mismo arquitecto nos recordaba en su texto que la salud integral no solamente es la ausencia de la enfermedad, sino el correcto y armonioso funcionamiento del cuerpo humano, que conlleva un estado de bienestar físico, moral y social.

Seguramente por estas razones, los centros médicos construidos en los años cincuenta no solo cuentan con las instalaciones y equipos más avanzados que estaban disponibles en la época, sino también se encontraban rodeados de plazas y jardines públicos y contaban con obras de arte permanentes en sus espacios interiores y fachadas exteriores. Los hospitales públicos y privados que se construyen ahora tienen el personal y el equipo adecuado para la atención médica, pero carecen de los elementos antes mencionados que contribuyen al bienestar de sus usuarios, más allá de la salud física.

Lorenzo Rocha

jueves, 8 de junio de 2017

ETHOS PATHOS LOGOS

Los tres componentes fundamentales de la retórica aristotélica, continúan siendo vigentes en la actualidad, a pesar de haber sido definidos hace mas de 2300 años. Se trata de tres conceptos lógicos que contribuyen a dotar de estructura sólida a cualquier discurso. En principio es posible describirlos en términos coloquiales como la credibilidad de quien articula el discurso (ethos), la carga emocional de sus ideas (pathos) y la racionalidad con la que se plantean (logos). Su estudio requiere de gran profundidad, sobre todo para ser capaces de aplicarlos a un trabajo discursivo escrito o hablado.
A partir del siglo XVIII los teóricos de las bellas artes como Hegel y Kant, comenzaron a articular las teorías estéticas que a partir de sus tratados y en gran parte gracias a éstos, han conformado casi todos los discursos artísticos posteriores. Dentro de un orden de ideas similar, algunos estudios culturales, recientemente admiten al arte y a la arquitectura como medios de expresión poética, que establecen canales de comunicación entre el artista y el espectador (o habitante) a distintos niveles perceptivos y cognitivos.
¿Será entonces concebible la aplicación de las figuras retóricas clásicas a los discursos arquitectónicos? ¿Qué utilidad tendría su aplicación durante los procesos de diseño?
Es evidente que la utilidad de los discursos estéticos de la arquitectura no es de naturaleza pública, se trata de recursos y herramientas que en primer lugar y en su mayor medida, benefician al propio artista o arquitecto. Un arquitecto incapaz de entender él mismo los fundamentos lógicos de su propio trabajo, se encontrará a la vez incapacitado para transmitirlos al público y al usuario de sus obras, es muy probable que su trabajo falle en cuanto a su claridad expresiva. En segundo lugar, el análisis lógico de la obra arquitectónico beneficiará a los críticos, teóricos y a todos aquellos que emprendan un trabajo de interpretación de la obra arquitectónica.
Pero a pesar de que los elementos discursivos benefician solamente a los autores y críticos de las obras, el público que entra en contacto con ellas también reacciona ante los mensajes que la arquitectura le transmite, sin necesidad de conocer ni estudiar los elementos que componen su lenguaje. Los habitantes de las ciudades entramos en contacto cotidiano con obras de arquitectura que nos resultan indiferentes, agradables o insoportables y esto es gracias a sus características expresivas. Cuando transitamos por las estaciones del metro, por las oficinas públicas, por las calles o las plazas, recibimos constantemente los mensajes y las ideas de quienes las construyeron. Por desgracia la mayoría de las ideas arquitectónicas y urbanas no están correctamente articuladas, y esto se debe probablemente al hecho de que nunca fueron siquiera concebidas de manera lógica.
Lorenzo Rocha

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