jueves, 19 de abril de 2018

VIOLENCIA Y CIUDAD

El alto índice de criminalidad en las ciudades latinoamericanas está indudablemente ligado a la marginación. A su vez la marginación se debe al crecimiento veloz y desordenado, ocurrido durante la segunda mitad del siglo XX en ciudades como Caracas, Brasilia, Bogotá, Sao Paulo, Medellín, Rio de Janeiro y México. 
La urbanista estadunidense Diane Davis, autora del libro “El Leviatán urbano: la ciudad de México en el siglo XX¨, atribuye parte del problema a la realización parcial de los programas urbanísticos modernos durante dicho período. Según Davis, quien estudió sociología antes de especializarse en urbanismo, la modernización de las metrópolis latinoamericanas se realizó en forma de retazos y no totalmente. Durante los años cincuenta se edificaron obras ejemplares como conjuntos habitacionales, hospitales, universidades y edificios de gobierno, además de infraestructuras importantes en todas las ciudades de la región, pero en casi todos los casos, se optó por desplazar a la población de bajos recursos hacia las periferias de las ciudades, marginándolos del progreso centralizado en los nuevos conjuntos.
Dicha marginalización dio origen a un crecimiento informal desmedido que escapó al control del estado y su población quedo excluida de los beneficios sociales implicados en el desarrollo urbano. 
Con el modernismo surgieron imágenes pulcras y ordenadas de las ciudades latinoamericanas, pero simultáneamente se crearon escenas de extrema pobreza y desorden en los márgenes del progreso. Actualmente los asentamientos urbanos irregulares que rodean a las metrópolis son zonas que viven situaciones de violencia parecidas a las de países en estado de guerra. En muchas zonas marginales no penetra la policía y ocasionalmente se llevan a cabo redadas para combatir al narcotráfico y al crimen organizado, en las que la autoridad se ve forzada a utilizar tácticas militares. En México, dichas operaciones las realiza la Marina, que es el único cuerpo militar de seguridad nacional  que es capaz de afrontar tareas tan complejas.

A pesar del triste panorama que se nos presenta, existen acciones precisas que los urbanistas y arquitectos podemos emprender para mejorar la situación. Fundamentalmente se trata de comenzar a borrar los límites entre la construcción formal e informal y así revertir los efectos de la desigualdad a nivel urbano. El primer elemento que contribuye a la integración es el transporte, la conexión entre centro y periferia ha conseguido mejorar las condiciones sociales. Por ejemplo desde que existen los funiculares en algunas ciudades, se acortaron el tiempo de transporte hacia las colinas a una décima parte. La segunda acción que se ha emprendido en algunas zonas marginales es la construcción de equipamientos educativos, culturales y recreativos en zonas de crecimiento informal. La tercera acción es el crecimiento urbano en altura para evitar la extensión desmedida del espacio urbano en sentido horizontal, la densificación vertical de algunas zonas urbanas ha permitido el mejor aprovechamiento de las redes de servicios urbanos y la creación de nuevos espacios verdes dentro de la trama urbana. Está claro que las aspiraciones del  modernismo aún no han sido cumplidas y tampoco superadas, en este caso es útil revisar los planes del pasado y reinterpretarlos para beneficio de la población actualmente marginada.
Lorenzo Rocha

jueves, 12 de abril de 2018

REVOLUCIÓN CULTURAL

Durante los diez años que duró la “Gran revolución cultural proletaria” en China, de 1966 a 1976, se llevó un proceso muy violento de reeducación del pueblo mediante el adoctrinamiento comunista promulgado mediante el “Libro rojo” de Mao Zedong. El objetivo del programa fue eliminar todo rastro del pensamiento capitalista y occidental en la cultura china, purgando toda traza de burguesía. Muchos intelectuales y artistas fueron perseguidos, exiliados y asesinados, sobre todo aquellos que se manifestaban en contra del régimen maoísta, a los cuales se les acusó de ser enemigos del Estado. Durante dicho período se cerraron las escuelas de arte y arquitectura, para ser sustituidos por la visión oficial de la estética cuyo objetivo era el enaltecimiento del líder absoluto y del régimen que encabezaba. 
El ejemplo más importante de la arquitectura china de este periodo es el Palacio del pueblo, la sede del congreso y del gobierno fue edificado en 1959 anteriormente al mandato de Mao, sin embargo expresa la voluntad monumental e imponente de un gobierno totalitario. El edificio se encuentra en el costado oeste de la célebre plaza Tiananmen, donde se vivió una sangrienta represión durante las protestas en contra del gobierno en 1989.
En otro costado de la plaza se encuentra el mausoleo a Mao, un edificio simbólico por obvias razones. En el mismo espacio conviven edificios contemporáneos con la presencia en el costado norte de la entrada sur del complejo conocido como la “Ciudad prohibida”, el palacio, residencia y jardines habitados por los emperadores desde la dinastía Ming en el siglo XV hasta la caída de la dinastía Qing en 1912.
La carga histórica y simbólica del espacio público en Pekín es enorme, los artistas y arquitectos actuales en China se ven forzados a lidiar con las consecuencias de la Revolución cultural, la cual a pesar de haber comenzado hace más de 50 años, aun se ve reflejada en los mecanismos de control social que ejerce el Estado.

El arquitecto Wang Shu, ganador del premio Pritzker en 2012, obtuvo su título por parte del Instituto Tecnológico de Nanjing a los 32 años, ya que antes de 1985 en China solamente se podía estudiar ingeniería civil. Acerca de su postura frente a la arquitectura, Wang opina: “Cuando me refiero a mi actividad como constructor de casas y no de edificios, aludo a una dimensión doméstica cercana a la vida cotidiana, Nombré mi estudio como “Arquitectura amateur” para poner énfasis en los aspectos espontáneos y experimentales de mi trabajo, opuestos al carácter monumental y oficial de la construcción”. En su postura se nota la necesidad de resistencia ante la visión dominante de su cultura ancestral.
Lorenzo Rocha

jueves, 5 de abril de 2018

CIUDAD INVISIBLE

Desde que los habitantes de las metrópolis tenemos acceso ilimitado a las imágenes aéreas de las ciudades gracias al internet, estas fotografías han penetrado profundamente en nuestra conciencia. La realidad de la ciudad no se comprende totalmente desde un plano, solo se vive al nivel de la calle. En un mapa podemos ver las avenidas largas y rectas con sus remates, tal como los diseñadores urbanos las concibieron. Del mismo modo podemos ver los esquemas antiguos que más se parecen a un plato roto que a la regularidad cartesiana de las ciudades modernas.
Pero ningún plano o fotografía puede reproducir nuestra experiencia física de la ciudad y nuestras vivencias como pobladores. En un mapa no se siente la temperatura, ni se perciben los olores de la ciudad. Tampoco es posible percibir en el mapa la sensación de recorrer una calle en bicicleta y ver a los vecinos paseando o hablando entre ellos, del mismo modo tampoco la imagen aérea muestra el ruido del tránsito vehicular ni las sombras y colores de los árboles y mucho menos su floración primaveral.
La información a nuestra disposición debe ser clasificada y seleccionada cada vez más por nosotros mismos. Es fantástico que tengamos acceso a tantos datos y materiales para evaluar y aproximarnos a la realidad, pero nunca debemos olvidar que la información no puede sustituir a la experiencia.
Si bien el uso responsable de la información es algo recomendable para cualquier ciudadano, en el caso de los arquitectos y urbanistas debe ser obligatorio. Hay demasiados arquitectos que trabajan desde lugares remotos y que no han visitado los sitios donde serán construidos sus proyectos. Seguramente sus colaboradores cuentan con la información suficiente para generar las soluciones adecuadas a los problemas que se les plantean y en la mayoría de los casos, cuentan con oficinas en el sitio donde se llevan a cabo los proyectos. Pero, existe un nivel de implicación que requiere de ser mucho más profundo que lo que muestran los estudios y los datos disponibles. El arquitecto y urbanista debe sensibilizarse ante la naturaleza del lugar donde trabaja y entender los mecanismos derivados del emplazamiento fijo donde realizará su obra, su topografía, su clima, su relación con el ecosistema donde se localiza.

De otro modo es casi imposible que los proyectos arquitectónicos y urbanos tengan éxito y penetren en la identidad de la ciudad. Es lógico que se pida la colaboración de expertos de todo el mundo para proyectos en las grandes ciudades. Sin embargo, los profesionales involucrados en dichos proyectos deben adquirir los conocimientos necesarios para que sus obras se integren al tejido urbano y a la historia del lugar del mismo modo como lo hacen quienes habitan la ciudad. Durante los últimos 50 años hemos visto un auge inédito de las grandes firmas internacionales de arquitectos que construyen en casi todos los países del mundo, esto sin duda enriquece el intercambio de ideas y soluciones entre expertos de distintos países, pero también tiene una cara amarga, el hecho de que muchos proyectos que se hacen por ejemplo en México son casi iguales a los que se llevan a cabo en Hong Kong, Dubai o Buenos Aires. Se requiere una actitud crítica frente a todo nuevo proyecto, sin importar el origen y la fama de su autor, de otro modo nos arriesgamos a disminuir significativamente el valor de nuestro patrimonio artístico inmueble.
Lorenzo Rocha

jueves, 29 de marzo de 2018

SUBDESARROLLO

Desde hace una semana está abierta al público la exposición organizada en el Museo Jumex con el título: “Memorias de subdesarrollo”, una visión artística de Latinoamérica y su proceso de descolonización cultural durante el siglo XX. Sorprende que la arquitectura juega un papel preponderante en dicho proceso, a la vez que muestra los vicios más agudos del crecimiento desigual y los contrastes que se han dado entre la modernidad de los edificios y la pobreza e ignorancia de muchos de sus pobladores.
De este modo observamos como se desarrollaron proyectos notables en varios países de la región a partir de los años cincuenta, como el conjunto multifamiliar de Tlatelolco y la Ciudad Universitaria en México, los edificios y la planificación de la nueva capital de Brasil y otros como la Universidad Central de Venezuela, en Caracas.
El cineasta brasileño Glauber Rocha, explica parte del fenómeno al referirse al movimiento Novo Cinema, en los siguientes términos: “Innegablemente América Latina sigue siendo una colonia, lo que diferencia al colonialismo de ayer del actual es solamente la forma más perfecta del colonizador contemporáneo. A nivel internacional, América Latina es todavía ejemplo de un cambio de colonizadores, donde cualquier posible liberación estaría en función de una nueva dependencia”. El texto fue escrito hace mas de 50 años, pero sigue existiendo una dependencia similar entre los países subdesarrollados y el primer mundo, probablemente ya no en sentido colonial, pero si en cuanto al orden económico mundial.
En México seguimos viendo como la riqueza depende directamente del comercio internacional y del tipo de cambio monetario. Por ello, cuando las condiciones son favorables, el crecimiento se nota más claramente en el sector de la infraestructura y de la construcción al más alto nivel. Los períodos de bonanza económica son muy breves, por ello la riqueza casi nunca llega a reflejarse en proyectos sociales que solucionen las múltiples carencias de las personas que se encuentran en la pobreza. Todos los días se construyen lujosos edificios y centros comerciales, al lado de las colinas repletas de casas construidas informalmente, esto lo vemos con claridad en el poniente de la ciudad de México.
El subdesarrollo a nivel urbanístico es un círculo vicioso en el que una sociedad hace grandes esfuerzos por alcanzar los modelos de éxito que se perciben en los países desarrollados y cuando al fin los alcanza, es demasiado tarde ya que dichos modelos ya han sido superados. Para salir de esta situación cada nación debe buscar su propio paradigma, que tome lo mejor de las corrientes de pensamiento extranjeras, pero las aplique tomando en cuenta las posibilidades del lugar y la idiosincracia local.

De otro modo, el crecimiento urbano de ciudades como la nuestra seguirá siendo desigual, ya que sin un modelo propio de desarrollo, las nuevas construcciones e infraestructuras de transporte se realizarán para beneficio de la minoría de los habitantes. Los aeropuertos, las autopistas de cuota, los trenes de alta velocidad, no pueden ser la única prioridad de los gobiernos que están por iniciar, el Estado debe tomar el desarrollo de la vivienda social y del transporte público como temas centrales de sus acciones, para comenzar a equilibrar las circunstancias que por años han estado inclinadas hacia el lado de quienes poseen y controlan los beneficios económicos en el sector de la construcción a nivel nacional y también regional. Latinoamérica debe unirse y despertar del sueño modernista.
Lorenzo Rocha

jueves, 22 de marzo de 2018

ASPIRACIONES

En 1933, al terminar el IV Congreso de arquitectura moderna, los arquitectos José Luis Sert y Charles-Edouard Jeanneret (Le Corbusier), redactaron un documento que se conoce como la Carta de Atenas, lo hicieron a bordo del barco Patris II, durante el trayecto de Atenas a Marsella. En dicho manifiesto, los arquitectos sentaron las bases para la planificación urbana contemporánea, estableciendo la necesidad de anchas avenidas y viviendas en altura rodeadas por grandes áreas verdes en las nuevas ciudades. También argumentaron las ventajas de separar las funciones de los edificios por zonas, destinando los mejores terrenos a la vivienda y al mismo tiempo creando áreas específicas para los equipamientos urbanos, el comercio y las fuentes de trabajo. La idea de movilidad en este esquema favorece principalmente al tráfico privado, se trata de la ciudad a escala del automóvil.
Tal parece que no existen en nuestro tiempo aspiraciones tan claras para pensar el futuro de las ciudades, el urbanismo actual, que deriva de las corrientes de pensamiento posteriores al modernismo, intenta revertir en lo posible los efectos de la zonificación, apoyando los usos mixtos, la peatonalización de las zonas históricas y el uso exclusivo del transporte público y la bicicleta. El problema con el nuevo urbanismo, es que no es aplicable a escala metropolitana y no existe una clara definición de su pertinencia más allá de los barrios tradicionales, los expertos actuales no se ocupan de responder al cuestionamiento sobre los efectos que causaría la desaparición total del trafico vehicular.
Los urbanistas modernos consiguieron materializar sus aspiraciones en casi todo el mundo a partir de los años cincuenta, algunos interpretaron mejor que otros los fundamentos de la idea de ciudad contemporánea, pero todos hicieron su mejor esfuerzo, ya que las metas eran muy claras, el mejor ejemplo de ello fue Brasilia.
Hasta que no definamos un nuevo paradigma de ciudad, los nuevos barrios y asentamientos urbanos seguirán apegados a los fundamentos del urbanismo moderno, esto no significa que las acciones emprendidas recientemente por los alcaldes de muchas ciudades no hayan mejorado la calidad de vida de los habitantes. Hoy en día muchas personas de distintas disciplinas se reúnen y discuten maneras de hacer más habitables a las grandes ciudades.
Sin embargo, las aspiraciones fundamentales de los urbanistas no se han modificado radicalmente desde su origen.
En la ciudad de México tenemos un ejemplo muy claro de la apuesta del gobierno por favorecer el uso del automóvil, se trata por supuesto de las autopistas urbanas o el conocido segundo piso del anillo periférico, iniciado hace más de 15 años. Hasta el dia de hoy, estas vías rápidas privadas se siguen expandiendo e invaden el espacio público para beneficio solamente de quienes poseen un automóvil y son capaces de pagar las cuotas para utilizarlos. Al mismo tiempo, la expansión del transporte público crece a un ritmo mucho menor, aunque las redes de metro y metrobús han aumentado durante los últimos años, sin duda se han rezagado frente a la velocidad de la expansión del tráfico privado.

Es probable que en el fondo las aspiraciones de nuestros gobernantes y de la mayoría de los ciudadanos sigan siendo las mismas que rigieron al urbanismo del siglo XX: la separación entre las funciones de los barrios y la ciudad creada para el automóvil.
Lorenzo Rocha

jueves, 15 de marzo de 2018

DEBILIDAD INSTITUCIONAL

Es sorprendente ver que a pesar de la debilidad de las instituciones estatales que operan en nuestro país, muchos arquitectos y urbanistas mexicanos siguen realizando proyectos y obras notables. El panorama de la arquitectura nacional sería mucho más alentador si los funcionarios encargados de gestionar los programas de planificación urbana, políticas de vivienda, construcción de infraestructura vial y muchos otros rubros torales para el desarrollo urbano, hicieran bien su trabajo.
Es evidente que toda la responsabilidad institucional no recae solamente sobre los servidores públicos, también los ciudadanos sufrimos un rezago importante en lo que se refiere a nuestra responsabilidad social. El individualismo característico de nuestra idiosincracia, aunado a la aguda visión a corto plazo que nos inunda, otorga pocas probabilidades a un crecimiento sostenido del bienestar en nuestros entornos urbanos.
La mayoría de las personas, indistintamente de que trabajen en el sector público o privado, buscan el beneficio inmediato y personal por encima de las mejoras permanentes o futuras a nivel comunitario.
Es probable que el éxito de algunos compatriotas se deba precisamente a su capacidad de aprovechar las condiciones del lugar y tiempo en el que vivimos. Por ejemplo, el arquitecto Alberto Kalach ha mantenido una visión sólida y contundente respecto a una arquitectura que responde al entorno urbano de la ciudad de México, desde hace 20 años cuando comenzó su proyecto de ciudad lacustre, con otros colaboradores como Teodoro González de León y Gustavo Lipkau.
También es una buena noticia que la Serpentine Gallery en los jardines londinenses de Kensington, hayan encargado a la arquitecta mexicana Frida Escobedo el diseño y construcción de un pabellón que estará en pie durante el verano, es la primera vez que dicho encargo ha recaído en una persona tan joven.
Por último también es alentador que la revista española El Croquis ha dedicado su edición más reciente a la obra del arquitecto Manuel Cervantes Céspedes. Se trata de proyectos en su mayoría para uso privado, algunas notables residencias y una cuadra ecuestre, pero también se han publicado proyectos para los centros de transferencia modal para transportes urbanos, diseñados recientemente por el despacho del arquitecto. 
El arquitecto finlandés Juhani Pallasmaa contribuyó en la publicación con un texto que hace un recorrido por su experiencia de más de 50 años en los que se ha sentido atraído por la arquitectura mexicana. El crítico describe con elocuencia la materialidad y la condición onírica y en ciertas ocasiones surrealista que él encuentra en la arquitectura mexicana.

Sin duda se trata de una apreciación acertada, ya que en un país con centros urbanos tan densamente poblados como el nuestro, la fragilidad del marco institucional es quizá el terreno más fértil para las fantasías y las contradicciones de una arquitectura que camina sobre el abismo de la realidad y que responde a sus situaciones absurdas con especulaciones profundas y poéticas como lo hizo en su tiempo Luis Barragán, a quien Pallasmaa llama el Gran Alquimista de la arquitectura: “capaz de convertir el silencio en luz, la iluminación en sonido y el color en fragancia y sabor”.
Lorenzo Rocha

jueves, 8 de marzo de 2018

ARQUITECTURA DE OFICIO

La mayoría de las personas que se dedican al urbanismo, la arquitectura y la construcción, saben que el sector informal de la construcción de vivienda abarca al menos el 65 por ciento del total delas casas que se construyen anualmente en nuestro país.
La autoconstrucción ha sido la única solución que los ciudadanos de bajos recursos han encontrado ante la escasez y el alto costo de la vivienda formal. Desgraciadamente, dicho tipo de construcción carece de la eficiencia y seguridad que los expertos son capaces de proveer.
Algunas organizaciones civiles no lucrativas como Hábitat para la humanidad, prestan su valiosa ayuda a las comunidades pobres, con asesoría y materiales de calidad que les permiten mejorar sus condiciones de habitación, pero cubren una parte muy pequeña de las unidades habitacionales autoconstruidas.
Corresponde al gobierno de la ciudad de México regular el fenómeno de la vivienda informal, para que las personas que recurren a dicha práctica tengan seguridad y certeza jurídica. El estado cuenta con seguridad social y atención médica gratuita para la mayoría de la población. Del mismo modo, el sistema judicial provee a quien no cuenta con los recursos para pagar a un abogado, un defensor de oficio para los casos penales y familiares.
¿Porqué no existe en las leyes mexicanas el concepto de “Arquitecto de oficio”? Mientras que el reglamento de construcciones es muy minucioso y estricto con numerosas normas técnicas, su cumplimiento se reserva solamente para las obras que se localizan dentro de la traza urbana oficial y no cubre ninguna situación ajena a ésta. Es lógico que las personas que construyen su propia casa también carezcan de los conocimientos y recursos para tramitar los permisos correspondientes. El Estado no debe iniciar una persecución en su contra, pero sí que podría contemplar la regularización de la construcción como un beneficio social importante para la población. Existen fondos para la vivienda popular ligados a los dos grandes proveedores de servicios sociales del país, pero solamente se ocupan de asignar las casas que ellos mismos construyen o de dar créditos para adquirir viviendas realizadas por compañias privadas.
Hasta ahora no ha habido en nuestro país un programa de gobierno que atienda el fenómeno de la urbanización informal. Hace poco el gobierno de la ciudad de México dió a conocer su plan para la reconstrucción tras los sismos recientes, en él tampoco figura la necesidad de regularizar las prácticas deficientes en la construcción, aunque dedica un largo apartado a la urgente y necesaria seguridad estructural de las casas y edificios.
Lorenzo Rocha

Buscar este blog

Seguidores

Archivo del blog

Contribuyentes