jueves, 15 de febrero de 2018

INTEGRACIÓN


La semana pasada se llevo a cabo la feria de arte Zona Maco por decimoquinta ocasión consecutiva desde su primera edición en 2003. Los eventos relacionados con la feria nos recuerdan el valor intrínseco de la cultura a nivel urbano, algo que desde mi punto de vista aun los habitantes de la ciudad de México no hemos sabido explotar de manera suficiente.
Es ya una costumbre que durante los seis días que dura el evento, se lleven a cabo inauguraciones en casi todas las galerías y museos de la ciudad, lo cual atrae a una multitud de visitantes nacionales y extranjeros.
Desde hace algunas ediciones, también se ha notado un interés por parte de algunos galeristas y artistas por la instalación de obras de arte relacionadas con la arquitectura. Desde luego los espacios preferidos de los curadores han sido las obras de Luis Barragán, como la casa Gilardi, aunque se han instalado también esculturas en otros sitios emblemáticos como el Museo Anahuacalli, construido en 1963 por Juan O’Gorman bajo la dirección de Diego Rivera. 
Entre dichas instalaciones sin duda destacó la muestra de Sean Scully en la Cuadra San Cristobal en las Arboledas, construida en 1966 al norte de la ciudad. La exposición del artista irlandés fue organizada por el curador Oscar Humphries, bajo el auspicio de la galería londinense Blain-Southern. Las obras de pintura y escultura colocadas en los patios y en los establos de la finca, establecieron un diálogo intenso entre los materiales usados por Scully, como la piedra, el acero y el aluminio y los muros de color rosa construidos por Barragán. Hasta cierto punto, el lenguaje minimalista de Scully, resalta dentro del espacio de Barragán de modo similar a las esculturas que el propio arquitecto solía colocar en sus espacios, como en la Fuente de los amantes, que se encuentra en el mismo conjunto. En particular la obra de Scully titulada “Wall of Light Cubed” (2018), creada específicamente para esta muestra, expresa el interés del artista por establecer una conversación con la arquitectura y con los valores locales, ya que los distintos tipos de piedra de los que está compuesta la obra de escultura, fueron obtenidos en canteras cercanas a la ciudad. Del mismo modo, el título de la pieza, que puede traducirse como “Muro cúbico de luz”, alude a la relación de la arquitectura con la luz, una preocupación manifestada constantemente por el arquitecto Barragán al referirse a su propia obra. El arquitecto utilizó diversas técnicas para manipular la presencia de la luz en sus obras, creando reflejos y efectos cromáticos para dotar a la luz de una materialidad específica, lo cual dio a su obra una cualidad incomparable a la de sus contemporáneos. La pieza de Scully es probable que haya sido creada por el artista con una intención similar a la del arquitecto y seguramente constituye un homenaje al espacio arquitectónico donde fue instalada y a su creador. Mediante esta manifestación cultural hemos visto un modo eficiente de preservar obras modernas de arquitectura que han trascendido el tiempo en que fueron creadas.
También es importante destacar otro evento que ha ido tomando fuerza recientemente, la Feria de arte material. En su quinta edición, la feria de arte independiente utilizó de manera notable el espacio del Frontón México, un edificio de 1929 renovado recientemente. Los organizadores de la feria instalaron andamios en toda la altura del frontón siguiendo el diseño de la firma de arquitectos Arpedelesp.
Lorenzo Rocha

jueves, 8 de febrero de 2018

PRIORIDADES


¿En que deberíamos estar más interesados los arquitectos? ¿Será momento de replantear nuestras prioridades?
Durante los últimos años se ha manifestado en la arquitectura a nivel mundial, un inusitado interés por la gente que habita la arquitectura. Dicho interés se ha visto en la proliferación de proyectos arquitectónicos con alto contenido social y la valoración de temas ignorados por el modernismo, como los valores locales, el reciclaje urbano, los usos temporales y la preservación de la arquitectura histórica. Parece que el interés social es la nueva moda y como toda tendencia, es posible que sea pasajera.
Los arquitectos, al menos los de mi generación, no fuimos entrenados para pensar de manera crítica. La formación universitaria se centraba en los aspectos técnicos de la construcción y en el diseño de los edificios desde el punto de vista compositivo. No existía prácticamente un entrenamiento teórico suficiente para que los estudiantes nos cuestionaramos nuestro papel en la sociedad y el impacto social de los proyectos. Esto ha cambiado muy poco, las escuelas de arquitectura en general, continúan más centradas en la tecnología que en el humanismo. Si que existen algunas universidades que han evolucionado en los ultimos 20 años, pero constituyen una triste minoría.
Quizá por la falta de capacidad crítica de la mayoría de los arquitectos, nuestro gremio sigue manteniendose ajeno a los problemas principales de nuestras ciudades, como el crecimiento informal y la planificación deficiente de las obras de infraestructura. La valoración de un buen proyecto arquitectónico se sigue haciendo principalmente desde el punto de vista estético, dejando su contenido humanístico como un factor secundario.
Uno de los pocos ejemplos de arquitectura crítica que se pueden contar hoy en día es el trabajo del estudio francés compuesto por Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, la dupla fundamenta su trabajo en la libertad estructural y en la economía de la construcción, dos elementos que aprovechan para proveer a las personas de la generosidad de espacios que requieren para el mejor desarrollo de sus actividades. La pareja siempre ha cuestionado las situaciones y los encargos que se les han presentado, teniendo en mente el mayor bienestar posible para los usuarios, siempre anteponen su sentido crítico para obtener la mejor solución, sin preocuparse demasiado por la imagen de sus obras. Los arquitectos intentan partir desde cero en cada nuevo proyecto que desarrollan y poner en duda sus ideas anteriores, incluso cuestionando el propio encargo, como fue el caso de la plaza Leon Aucoc en Burdeos, la cual respondieron que no era posible mejorarla, solo sugirieron al ayuntamiento mantenerla más limpia.

Lorenzo Rocha

jueves, 1 de febrero de 2018

SUBPRODUCTOS


En diversas actividades profesionales como la arquitectura, la escritura y en general durante el proceso de todas las formas del arte, se generan bocetos, esquemas, borradores y demás subproductos que pueden confundirse y a veces distraer al público de los objetivos finales de la obra. Por ejemplo los planos, que no son más que las representaciones gráficas del espacio arquitectónico, adquieren a veces un valor igual o mayor al de la obra construida. En ciertos casos efectivamente tienen un alto valor si el edificio ha desaparecido y lo único que ha sobrevivido son los dibujos. Pero en los casos en que subsiste la construcción, los bocetos, dibujos e incluso las fotografías son simples objetos anecdóticos y si se quiere realmente conocer la obra, hace falta visitarla personalmente.
Algunos libros se componen de textos recopilados de las revistas y periódicos donde fueron publicados originalmente, estas compilaciones, muy comunes hoy en día, han convertido a las colaboraciones ocasionales de un autor en una obra que en ocasiones carece de la cohesión que tienen los textos elaborados con ideas desarrolladas de principio a fin. La rapidez e inmediatez de la información, una característica que define nuestro momento histórico, confiere mayor validez a las expresiones breves que a los discursos elaborados.
Pero hay muchas personas que gozan de hurgar entre los archivos y que disfrutan mirando y leyendo los bocetos, notas y reflexiones que los artistas producen durante sus procesos.
Si se ven con detenimiento, en algunas ocasiones los subproductos son capaces de sustituir a las obras, más aun si estas permanecen en el mundo de las ideas, ya que nunca llegaron a realizarse. Tal es el caso de la Casa Dominó, un proyecto de Le Corbusier, comenzado en 1919. El celebre arquitecto creo un prototipo compuesto por seis pilares y tres losas de concreto armado, unidas por dos tramos de escaleras del mismo material que debían colarse en sitio utilizando el sistema Hennebique, una técnica constructiva experimental en aquella época.
Hoy en dia se conocen solamente los dibujos y la maqueta de dicho proyecto experimental, sin embargo sus repercusiones en la teoría y practica de la arquitectura moderna lo han convertido en un signo autorreferencial. Prácticamente no existe ningún arquitecto moderno posterior a 1920 que no haya tomado en cuenta de algún modo el prototipo de Le Corbusier durante la realización de sus proyectos. De hecho la mayoría de las obras en proceso de construcción que vemos diariamente en casi todas las ciudades del mundo, son idénticas al proyecto Dominó, sobre todo cuando se encuentran en fase estructural y aun no se les han colocado sus muros divisorios y sus fachadas exteriores.
El culto al documento se ha convertido en nuestro tiempo en una práctica extendida a todos los ámbitos, dado que mucha gente ha preferido sustituir las experiencias por la información. En el caso de la arquitectura, si uno tiene que elegir entre la experiencia física del espacio y los productos visuales derivados de la obra, jamás debe dudar en hacer el esfuerzo de desplazarse hasta el lugar donde se encuentra la obra y visitarla personalmente. Si esto no es posible por la lejanía o inaccesibilidad del lugar donde se encuentra, es comprensible conformarse con su representación gráfica y visual, pero procurando nunca olvidar que ver fotografías no equivale a conocer los espacios de primera mano.
Lorenzo Rocha

jueves, 25 de enero de 2018

PLAN DE RECONSTRUCCIÓN


Resulta muy interesante observar las acciones que ha tomado el gobierno de la ciudad de México a partir de los sismos ocurridos en el pasado mes de septiembre. El 26 de septiembre, a una semana del segundo sismo, el jefe del gobierno de la ciudad decretó la creación de una comisión para la reconstrucción, recuperación y transformación de la ciudad y envió un proyecto de ley con los mismos objetivos a la Asamblea de representantes. Las emergencias estaban siendo atendidas y de cualquier modo ya habían iniciado las labores de remoción de escombros y demolición de edificios colapsados además de la clasificación y dictaminación de edificios en riesgo. La ciudadanía también se movilizó por sus propios medios, pero todos los habitantes de la ciudad hemos estado pendientes de las acciones que decida tomar el gobierno para enfrentar los múltiples problemas de la ciudad, los cuales fueron puestos en evidencia por los desastres naturales.
Nueve semanas después, el 1 de diciembre se aprobó y publicó la Ley de reconstrucción y comenzó el proceso de elaboración de un plan de gobierno para cumplir con la tarea. Dicho plan fue publicado el pasado 12 de enero, en él se resumen las acciones emprendidas por el gobierno hasta ahora y las opiniones de los subcomisionados sobre las posibles vías de solución a los problemas más graves que aquejan a nuestra metrópolis. Todos conocemos dichos problemas, por lo cual el plan solamente nos ha recordado las grandes carencias que sufrimos a nivel del respeto a nuestros derechos como ciudadanos. El documento expone ideas para estar mejor preparados ante futuras emergencias, reforzar la seguridad de las construcciones, resolver el problema hidrológico, mejorar los servicios viales, evitar los desplazamientos para fomentar la vida de los barrios, buscar la igualdad en las condiciones sociales, económicas, de género y de los grupos más vulnerables, en resumen transformar positivamente la ciudad.
Es evidente que los objetivos del plan nos interesan a todos los ciudadanos, sin embargo quienes lo redactaron han soslayado que a nuestra ciudad no le hacen falta más leyes ni más planes, sino acciones. El documento omite mencionar y proponer solución a los altos niveles de corrupción urbanística que sufrimos en la ciudad, los cuales dejan prácticamente sin efecto las buenas intenciones de la comisión. El desvío de fondos y la exigencia de sobornos para los trámites administrativos, son problemas cuya solución es tan urgente para sanear a la ciudad como lo puede ser la reforma a los reglamentos. Nuestro gobierno parece olvidar que la crisis por la que atraviesa ciudad no es legislativa, sino administrativa, el combate a la corrupción y la gobernanza no se encuentran en el vocabulario de nuestros líderes.

Lorenzo Rocha

jueves, 18 de enero de 2018

HABITANTES


En casi todos los conjuntos habitacionales construidos por el Estado mexicano durante las décadas de 1950 y 1960 además de las viviendas, se incluyeron servicios para sus habitantes. Estos servicios abarcaron comercios, teatros, clínicas, instalaciones deportivas y centros sociales, la motivación principal para su construcción fue que las unidades habitacionales se encontraban a las afueras de la ciudad y lejanas a los centros urbanos que ya contaban con dichos servicios.
El Instituto Mexicano del Seguro Social, fue uno de los pioneros de la vivenda colectiva en México. El primer conjunto habitacional construido por el IMSS en 1957 fue en verdad afortunado, ya que para el proyecto fueron convocados dos grandes arquitectos: Mario Pani y Luis Ramos Cunningham. El proyecto, ubicado sobre el camino Real a Toluca, en la delegación Alvaro Obregón al sur de la ciudad de México, exploró una combinación muy elaborada entre casas bajas y bloques de apartamentos de diversas dimensiones que varían entre cuatro y seis niveles de altura, los cuales se localizan en los circuitos exteriores y centrales, sobre las vialidades vehiculares. El elemento distintivo del conjunto es su centro social, el cual contiene auditorio, gimnasio, escuela, guardería y algunos comercios como la panadería, dado que el conjunto no se encontraba ligado al tejido urbano. El proyecto también se distingue por su generosidad en cuanto a espacios exteriores exclusivamente peatonales, entre los que se encuentran sus jardines y corredores además de una gran plaza con un pabellón acústico para representaciones teatrales y musicales al aire libre, diseñado por el arquitecto Félix Candela. Sin duda los habitantes del conjunto se encontraron en las condiciones idóneas para el fortalecimiento de sus lazos sociales y su vida en comunidad.
Los primeros centros sociales del IMSS se llamaron “Casa de la asegurada”, ya que iban dirigidos a las madres de familia, quienes aprendían oficios y las utilizaban como complemento vespertino de la educación escolar de sus hijos. El antropólogo Pablo Landa ha realizado interesantes investigaciones de campo durante las cuales ha entrevistado a muchos de los habitantes actuales de la Unidad Santa Fe, que recuerdan la época en la que se mudaron a sus viviendas. Algunos de los habitantes entrevistados por él afirman que si bien sus experiencias en los nuevos conjuntos mejoraron notablemente sus calidad de vida, también enfrentaron problemas sociales y disputas por los espacios comunes. Sin embargo, para muchas personas mudarse a una unidad habitacional implicó dejar atrás la marginalidad y la pobreza.

Lorenzo Rocha

jueves, 11 de enero de 2018

VIVIENDA


Cuando discutimos sobre la vivienda, escuchamos hablar más frecuentemente de números que de personas. El problema de la falta de vivienda es un problema moderno, no porque antes no escasearan las casas, sino porque fue abordado científicamente por primera vez a principios del siglo XX. Particularmente fue el tema central del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna, realizado en Francfort en 1929. En aquellos años Europa se encontraba buscando desesperadamente su reconstrucción después de la Primera Guerra Mundial, la cual dejó sin hogar a cientos de miles de personas. Dicho congreso estuvo enfocado en la vivienda mínima, un concepto creado por el arquitecto expresionista alemán Ernst May, quien convocó a discutir y proponer modos de industrializar la construcción de viviendas. En busca de la eficiencia, se redujeron las áreas y volúmenes de las casas hasta su mínima expresión.
Ahora estamos en una época en la cual estos valores están siendo replanteados, por una parte, la falta de vivienda digna ha crecido notablemente y por consecuencia también los asentamientos irregulares en las periferias de las ciudades. Es sin duda un fenómeno inquietante, sin embargo la vivienda informal es vista por muchos autores como el arquitecto inglés John Turner, no como un problema, sino como la solución a la escasez de la vivienda oficial. Según el arquitecto, es mejor que los habitantes se ocupen de la construcción de sus propias casas, en lugar de que sea el Estado quien centralice los recursos y las soluciones para ellos. En su libro “Freedom to Build”, publicado en 1972, Turner expone los beneficios de la capacidad de organización de los propios pobladores para encontrar las mejores soluciones para sus viviendas y toma postura a favor de los profesionales como facilitadores quienes aportan sus conocimientos sobre arquitectura e ingeniería, no como tecnócratas que excluyen la participación de las familias en los procesos de construcción de sus casas.
En México, los distintos esquemas de constucción de viviendas populares, que han ido desde la tutela estatal hasta el libre mercado, se han mostrado igualmente ineficientes y no han llegado al nivel cualitativo mínimo para ser considerados como modelos plenamente exitosos. Los asentamientos irregulares y las casas autoconstruidas son los modos más comunes de acceso a la vivienda en nuestro país, desgraciadamente los arquitectos no se han interesado en ellos lo suficiente y por lo tanto siguen al margen del fenómeno. Las compañías promotoras inmobiliarias, que sí trabajan con arquitectos, tratan a la casa como bienes de consumo, lo cual tampoco los acerca a una solución de calado social suficiente. Si queremos tratar el tema de la vivienda desde una perpectiva humanista, debemos comenzar a hablar más de las personas y menos de las cifras.

Lorenzo Rocha

jueves, 4 de enero de 2018

PENSAMIENTO CRÍTICO

La revista Scientific American publicó el pasado mes de octubre un interesante artículo firmado por la psicóloga Heather Butler con el título: Why do smart people do foolish things? (¿Porqué la gente inteligente hace cosas tontas?). El argumento central del texto es que la inteligencia, a pesar de ser una cualidad muy útil para obtener éxito en los estudios y el trabajo, no garantiza necesariamente el bienestar de las personas. Mucha gente con alto coeficiente de inteligencia sufre grandes descalabros emocionales y toma malas decisiones en sus vidas. La autora toma una postura más favorable hacia el pensamiento crítico que hacia la inteligencia, ya que pensar críticamente es una capacidad que se puede aprender y desarrollar, mientras que la inteligencia es innata y son muy raros los casos en que las personas se puedan entrenar para mejorar su coeficiente intelectual. Según Butler los pensadores críticos son “escépticos amigables” que tienen ideas flexibles pero siempre se apegan a los hechos, reconocen las mentiras y rechazan las falacias.
Si observamos las nuevas tendencia en la educación básica, veremos que cada vez es menos importante saber nombres y datos de memoria, tampoco resulta indispensable la capacidad de abstracción  o las habilidades matemáticas dentro de los modelos educativos de vanguardia. Son otras habilidades como la capacidad de trabajo en equipo, la empatía y el liderazgo, las que buscan desarrollar los nuevos educadores en sus alumnos, estas son justamente habilidades críticas.
La formación tradicional a nivel universitario se centra en el entrenamiento técnico y metodológico de los estudiantes, de tal modo que aprendan a aplicar conocimientos específicos de sus areas de estudio. En la arquitectura existen aspectos técnicos fundamentales que no se pueden ignorar, pero resulta de gran utilidad contribuir a desarrollar el pensamientos crítico de los alumnos. Los profesores no pueden enseñar a los alumnos a diseñar, solamente les pueden plantear ejercicios que los acerquen a los problemas y sugerirles vías de acción para resolverlos.
Detrás de todos los grandes proyectos de arquitectura, al menos durante la época moderna, existe el pensamiento crítico. Es posible comprobarlo leyendo los escritos o las entrevistas a los arquitectos destacados, la mayoría de ellos ha sido capaz de expresar sus motivaciones de modo tan elocuente como para que nos percatemos de su estructura mental, la cual es invariablemente crítica. El talento artístico de los arquitectos es una cualidad sobrevalorada, aunque contribuye en cierta medida a la consolidación de una poética personal, no sería capaz de sustituir a la inteligencia del arquitecto y ni mucho menos a su capacidad crítica.
Las soluciones más impresionantes a proyectos de arquitectura han surgido necesariamente del análisis de todos los factores que repercuten en la percepción del espacio, factores que van desde la viabilidad económica, el contexto sociocultural y la naturaleza donde se inserta la obra, hasta la fenomenología de la percepción humana y sus valores fundamentales como la identidad.

Pueden existir proyectos arquitectónicos realizados con gran inteligencia, que resultarán sin duda correctos como soluciones adecuadas a las necesidades planteadas, pero para realizar obras de arquitectura de mayor importancia, los profesionales involucrados no pueden dejar de cuestionar los fundamentos de su actividad de manera profunda.
Lorenzo Rocha

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