domingo, 20 de mayo de 2018

POLÍTICA CULTURAL

El ejercicio de la política comprende una serie de valores y principios particulares para cada individuo, una vez que dichos fundamentos se aplican en el campo de acción, se ven afectados por la enorme complejidad que conlleva su implementación. Para evitar la confusión que acarrean las numerosas contingencias que envuelven a la política, resulta útil apegarse a un principio básico contenido en la definición artistotélica de la política como “la búsqueda del bien bien común, mediante el uso de la razón”.
La política aplicada a la cultura no está exenta de las contingencias externas, por lo cual muchas veces los programas específicos para el sector cultural se ven envueltos en laberintos burocráticos indescifrables. Quizá por esta razón, la cultura no figura como prioridad en el discurso central de los políticos, pero es probable que también sea por carencia de principios sólidos. Es incuestionable que la labor de los creadores y los gestores culturales es la principal generadora del pensamiento crítico. La filosofía, la literatura, la arquitectura y otras actividades fundamentales para el pleno desarrollo de la sociedad pertenecen al sector cultural y deberían responder a una política clara y prioritaria.
Parece ser que en nuestro país la cultura es comprendida como parte del entretenimiento y de la administración del tiempo libre, actividades por cierto no despreciables de ninguna manera, pero ciertamente no como una parte central del discurso político nacional.
En México contamos con una extensa red de equipamientos culturales, no faltan museos, teatros, foros, monumentos históricos, sitios arqueológicos, colecciones públicas y privadas, etcétera. En parte contamos con ello gracias a que en el pasado, la política cultural estaba más ligada al desarrollo humano y al tejido social de lo que está ahora. Pero no es momento de añoranza de tiempos pasados, sino de preguntarnos qué podemos hacer ahora para devolver ese bienestar que tradicionalmente tuvo la población urbana.

Sin duda una de las mayores carencias de los ciudadanos es la calidad del espacio público y el acceso al proyecto arquitectónico para la construcción de sus viviendas. Estas son dos cuestiones de diseño que el Estado considera como asuntos secundarios, pero no los son en absoluto. El correcto diseño arquitectónico del que adolecen dos terceras partes de las viviendas en México, no es un lujo, es una necesidad fundamental para garantizar la seguridad estructural y la eficiencia económica del bien más preciado para una familia: su propia casa. Del mismo modo, el espacio público, que comprende las calles, plazas y parques, es un tema cultural y se relaciona con las artes plásticas, el llamado “arte público”, que se encuentra en una condición de atraso lamentable en nuestras ciudades y pueblos. Hace 50 años México era uno de los países vanguardistas en cuanto a la escultura en el espacio público, recordemos la “Ruta de la amistad”, las “Torres de Satélite” o el “Faro del comercio” en Monterrey. Esta actividad cultural ha caído en el olvido, debemos intentar recuperarla cuanto antes.
Lorenzo Rocha

jueves, 10 de mayo de 2018

DESINFORMACIÓN

Los candidatos presidenciales que se encuentran ahora en plena campaña electoral, han conseguido polarizar las opiniones y llevar al campo político la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Lo han conseguido en parte por la escasa información que existe sobre el proyecto y también por algunas campañas de desinformación que emiten mensajes contradictorios.
Varias preguntas acerca de la obra siguen sin respuesta clara, por ejemplo: ¿Porqué se debe construir un aeropuerto nuevo y cerrar el anterior, en lugar de construir una nueva terminal en un sitio más lejano y conservar la actual? ¿Cómo se solucionará la transportación terrestre para llegar al nuevo aeropuerto cuando el flujo de pasajeros se triplique? ¿Cual es la solución específica para la cubierta acristalada del edificio terminal y cómo se controlará la temperatura y humedad en el interior? Nuestra responsabilidad ciudadana es buscar nosotros mismo las respuestas a nuestras dudas para no ser manipulados por las declaraciones y ocurrencias de los candidatos, dado que sus opiniones no se fundamentan en razones y datos comprobables. Recomiendo la lectura de las entrevistas y explicaciones otorgadas por el ingeniero Raúl González Apaolaza, director corporativo para la construcción proyecto.
En lo relativo al proyecto arquitectónico, la información disponible es notablemente escasa. En varios sitios de información oficial solo existen infografías y videos muy esquemáticos que no permiten ver el proyecto con profundidad, lo cual contribuiría a que los expertos pudiéramos tener una opinión mejor fundamentada sobre la solución constructiva del edificio. En algunos esquemas realizados por los arquitectos encargados del proyecto se indica que la ventilación se hará por convección y la iluminación será natural, mediante la cubierta transparente. También el equipo encargado de proyecto exalta la captación de aguas pluviales y otras técnicas ecológicas utilizadas. La solución propuesta para el edificio, que se resume en una estructura metálica tubular de perfiles cuadrados en forma de malla, la cual se cubrirá con cristales en su totalidad, es muy parecida al sistema que fue utilizado por el mismo arquitecto para cubrir el patio central del Museo Británico de Londres, proyecto realizado en el año 2000, que es el espacio público cubierto más grande de Europa, con aproximadamente 7000 metros cuadrados. Dicha elección despierta varias dudas cuando se propone como sistema constructivo para la cubierta del nuevo aeropuerto, ya que el área de la terminal es cien veces mayor, por lo que ha sido dividida en apoyos intermedios para poder fragmentar la estructura. Londres tiene un clima frío y extremoso, claramente distinto al de la ciudad de México, sería importante saber qué modificaciones se hicieron en este sistema para adaptarlo a nuestro clima. Otra duda importante es con qué mecanismo se pretende controlar la entrada de viento del exterior hacia el interior del nuevo edificio, ya que todos conocemos las frecuentes tolvaneras que suceden al oriente de la ciudad, debido al desecamiento del antiguo lago de Texcoco.

Lorenzo Rocha

jueves, 3 de mayo de 2018

ARQUITECTURA URBANA

Paulo Mendes da Rocha, el gran arquitecto brasileño solía decir: “Esencialmente no existe la arquitectura privada, solamente es cuestión de identificar los distintos grados que existen entre lo público y privado”. En 1988 construyó el Museo brasileño de escultura en Sao Paulo, más que un edificio singular, se trata de un  gran espacio urbano. El museo se sitúa en un área triangular que tiene una pendiente de cuatro metros entre sus extremos. El acceso principal se encuentra sobre la Avenida Europa que conecta el centro de la ciudad con el Rio Piñéiros, desde la avenida el conjunto se aprecia como un gran jardín. Por el otro costado se aprecia la parte masiva de concreto, una viga en voladizo de 60 metros de claro, que el arquitecto concibió como una gran escultura. El proyecto en general escapa a las descripciones convencionales, no se percibe como una caja cerrada, sus cubiertas protegen los espacios semi-subterráneos que albergan a las salas de exhibición, al mismo tiempo sus techumbres se utilizan como grades explanadas para la colocación de piezas escultóricas al aire libre. En el centro del proyecto se encuentra un jardín destinado a la exhibición de escultura, diseñado por el gran paisajista Roberto Burle Marx. La gran viga contribuye a dar escala a las piezas exhibidas y al mismo tiempo enmarca eventos y distintas actividades artísticas temporales. Es un elemento que da identidad al museo y regula la fluidez espacial entre los distintos espacios que lo componen.
El arquitecto Mendes da Rocha opina que el concepto del museo puede extenderse más allá de sus límites físicos, hacia lo que él llama el “Museo de museos”, la ciudad en toda su extensión, que incluye sus contradicciones y también todos sus estratos temporales.
En la arquitectura de Mendes da Rocha, es posible percibir parte de lo que el sociólogo José Antonio Aguilar describe como la “Economía política de las banquetas”, donde la civilidad urbana se ve retratada en sus palabras como: “una placa de rayos equis de nuestro maltrecho tejido social”. La vía pública es precisamente el espacio híbrido entre lo público y lo privado. A pesar de que otros arquitectos en ocasiones pretendan ignorar el contexto en que se sitúan sus edificios, el entorno natural y artificial se refleja en ellos inevitablemente. Por esta razón, es conveniente para el arquitecto sensibilizarse frente al lugar donde trabaja para ser capaz de crear nuevos lugares que se suman a los espacios existentes. Sin esta conciencia, o peor aún, con la pretensión de negar el entorno, la arquitectura se vuelve ensimismada, como un monólogo en un idioma incomprensible ejecutado en una plaza pública.

Es importante adquirir conocimiento de los efectos que una obra nueva tiene sobre su contexto y también a la inversa, el modo como el entorno se refleja en el nuevo proyecto. En resumen estos son los fundamentos del diseño dinámico, que permite a los edificios adaptarse a las crecientes necesidades de sus usuarios y permanecer abiertos a la influencia y al flujo espacial del entorno urbano. De otro modo, los edificios son piezas aisladas que se ignoran entre ellas y sobre todo que ignoran a las personas que transitan frente a ellos e incluso a las que los habitan. La arquitectura debe ser un producto social que fomente la comunidad, no un elemento que acreciente la alienación y el individualismo que sufre el tejido social.
Lorenzo Rocha

jueves, 26 de abril de 2018

INCONCLUSO

La crisis económica que afectó a España en 2008 tuvo parte de su origen en la inviabilidad económica de muchos proyectos inmobiliarios. Gran parte de ellos quedaron inconclusos y fueron abandonados por falta de recursos para su terminación, operación y mantenimiento.
El Centro cultural de España presenta una interesante exposición titulada “Unfinished”, que fue ganadora del León de oro en la bienal de Venecia de 2016. En la exposición se aprecian fotografías de las ruinas contemporáneas derivadas del abandono y también algunos proyectos derivados del deseo de aprovechar espacios aparentemente inútiles. También es muy interesante una parte de la exposición en la que sus organizadores realizaron entrevistas a diez arquitectos y académicos prominentes entre los que destacan Kenneth Frampton, Nader Tehrani y Sarah Whitting. Las tres preguntas formuladas son muy pertinentes para replantearse ahora, en el contexto actual de nuestra ciudad y de las poblaciones en proceso de reconstrucción tras los sismos de 2017. A continuación responderé con mi opinión acerca de dichas cuestiones.
La primera pregunta formulada es: ¿Hay que ser selectivos en los problemas a resolver? Es obvio que resulta imposible resolver todos los problemas y carencias de espacio con un solo proyecto, principalmente por que las necesidades de las personas son dinámicas. Una vez que un edificio llega a su conclusión, surgen siempre nuevas necesidades. Además las soluciones arquitectónicas casi siempre generan nuevos problemas, por el impacto que tienen en el contexto donde se llevan a cabo.
La segunda pregunta es demasiado ambigua ya que plantea una dicotomía entre las imágenes fijas contra los edificios en proceso de evolución. En resumen no hay una oposición entre estos dos conceptos, ya que las imágenes siempre serán fijas, pues derivan de la captura de un momento específico de la construcción en el tiempo, mientras que los edificios siempre evolucionan, dado a que su uso los transforma y deben adaptarse siempre a los cambios y crecer.

La tercera pregunta formulada en la exposición es ¿Cuantas construcciones en la ciudad deben ser nuevas y cuántas deben ser readaptadas? Es una pregunta crucial cuando se analiza el contexto urbano, donde existen siempre gran cantidad de edificios obsoletos. Sería interesante pensar una ciudad en la que se estableciera una moratoria temporal para la construcción nueva y por un tiempo solo se permitiera la ampliación y modificación de la arquitectura existente. Una vez que se agotaran las estructuras adaptables, dicha ciudad hipotética retomaría su crecimiento y volvería a permitir la construcción nueva. Me parece que este ejercicio sería muy positivo para el uso racional del espacio urbano, tanto público como privado. A veces las crisis económicas o los desastres naturales nos obligan a reflexionar más profundamente sobre las motivaciones que guían nuestro trabajo como arquitectos y urbanistas.
Lorenzo Rocha

jueves, 19 de abril de 2018

VIOLENCIA Y CIUDAD

El alto índice de criminalidad en las ciudades latinoamericanas está indudablemente ligado a la marginación. A su vez la marginación se debe al crecimiento veloz y desordenado, ocurrido durante la segunda mitad del siglo XX en ciudades como Caracas, Brasilia, Bogotá, Sao Paulo, Medellín, Rio de Janeiro y México. 
La urbanista estadunidense Diane Davis, autora del libro “El Leviatán urbano: la ciudad de México en el siglo XX¨, atribuye parte del problema a la realización parcial de los programas urbanísticos modernos durante dicho período. Según Davis, quien estudió sociología antes de especializarse en urbanismo, la modernización de las metrópolis latinoamericanas se realizó en forma de retazos y no totalmente. Durante los años cincuenta se edificaron obras ejemplares como conjuntos habitacionales, hospitales, universidades y edificios de gobierno, además de infraestructuras importantes en todas las ciudades de la región, pero en casi todos los casos, se optó por desplazar a la población de bajos recursos hacia las periferias de las ciudades, marginándolos del progreso centralizado en los nuevos conjuntos.
Dicha marginalización dio origen a un crecimiento informal desmedido que escapó al control del estado y su población quedo excluida de los beneficios sociales implicados en el desarrollo urbano. 
Con el modernismo surgieron imágenes pulcras y ordenadas de las ciudades latinoamericanas, pero simultáneamente se crearon escenas de extrema pobreza y desorden en los márgenes del progreso. Actualmente los asentamientos urbanos irregulares que rodean a las metrópolis son zonas que viven situaciones de violencia parecidas a las de países en estado de guerra. En muchas zonas marginales no penetra la policía y ocasionalmente se llevan a cabo redadas para combatir al narcotráfico y al crimen organizado, en las que la autoridad se ve forzada a utilizar tácticas militares. En México, dichas operaciones las realiza la Marina, que es el único cuerpo militar de seguridad nacional  que es capaz de afrontar tareas tan complejas.

A pesar del triste panorama que se nos presenta, existen acciones precisas que los urbanistas y arquitectos podemos emprender para mejorar la situación. Fundamentalmente se trata de comenzar a borrar los límites entre la construcción formal e informal y así revertir los efectos de la desigualdad a nivel urbano. El primer elemento que contribuye a la integración es el transporte, la conexión entre centro y periferia ha conseguido mejorar las condiciones sociales. Por ejemplo desde que existen los funiculares en algunas ciudades, se acortaron el tiempo de transporte hacia las colinas a una décima parte. La segunda acción que se ha emprendido en algunas zonas marginales es la construcción de equipamientos educativos, culturales y recreativos en zonas de crecimiento informal. La tercera acción es el crecimiento urbano en altura para evitar la extensión desmedida del espacio urbano en sentido horizontal, la densificación vertical de algunas zonas urbanas ha permitido el mejor aprovechamiento de las redes de servicios urbanos y la creación de nuevos espacios verdes dentro de la trama urbana. Está claro que las aspiraciones del  modernismo aún no han sido cumplidas y tampoco superadas, en este caso es útil revisar los planes del pasado y reinterpretarlos para beneficio de la población actualmente marginada.
Lorenzo Rocha

jueves, 12 de abril de 2018

REVOLUCIÓN CULTURAL

Durante los diez años que duró la “Gran revolución cultural proletaria” en China, de 1966 a 1976, se llevó un proceso muy violento de reeducación del pueblo mediante el adoctrinamiento comunista promulgado mediante el “Libro rojo” de Mao Zedong. El objetivo del programa fue eliminar todo rastro del pensamiento capitalista y occidental en la cultura china, purgando toda traza de burguesía. Muchos intelectuales y artistas fueron perseguidos, exiliados y asesinados, sobre todo aquellos que se manifestaban en contra del régimen maoísta, a los cuales se les acusó de ser enemigos del Estado. Durante dicho período se cerraron las escuelas de arte y arquitectura, para ser sustituidos por la visión oficial de la estética cuyo objetivo era el enaltecimiento del líder absoluto y del régimen que encabezaba. 
El ejemplo más importante de la arquitectura china de este periodo es el Palacio del pueblo, la sede del congreso y del gobierno fue edificado en 1959 anteriormente al mandato de Mao, sin embargo expresa la voluntad monumental e imponente de un gobierno totalitario. El edificio se encuentra en el costado oeste de la célebre plaza Tiananmen, donde se vivió una sangrienta represión durante las protestas en contra del gobierno en 1989.
En otro costado de la plaza se encuentra el mausoleo a Mao, un edificio simbólico por obvias razones. En el mismo espacio conviven edificios contemporáneos con la presencia en el costado norte de la entrada sur del complejo conocido como la “Ciudad prohibida”, el palacio, residencia y jardines habitados por los emperadores desde la dinastía Ming en el siglo XV hasta la caída de la dinastía Qing en 1912.
La carga histórica y simbólica del espacio público en Pekín es enorme, los artistas y arquitectos actuales en China se ven forzados a lidiar con las consecuencias de la Revolución cultural, la cual a pesar de haber comenzado hace más de 50 años, aun se ve reflejada en los mecanismos de control social que ejerce el Estado.

El arquitecto Wang Shu, ganador del premio Pritzker en 2012, obtuvo su título por parte del Instituto Tecnológico de Nanjing a los 32 años, ya que antes de 1985 en China solamente se podía estudiar ingeniería civil. Acerca de su postura frente a la arquitectura, Wang opina: “Cuando me refiero a mi actividad como constructor de casas y no de edificios, aludo a una dimensión doméstica cercana a la vida cotidiana, Nombré mi estudio como “Arquitectura amateur” para poner énfasis en los aspectos espontáneos y experimentales de mi trabajo, opuestos al carácter monumental y oficial de la construcción”. En su postura se nota la necesidad de resistencia ante la visión dominante de su cultura ancestral.
Lorenzo Rocha

jueves, 5 de abril de 2018

CIUDAD INVISIBLE

Desde que los habitantes de las metrópolis tenemos acceso ilimitado a las imágenes aéreas de las ciudades gracias al internet, estas fotografías han penetrado profundamente en nuestra conciencia. La realidad de la ciudad no se comprende totalmente desde un plano, solo se vive al nivel de la calle. En un mapa podemos ver las avenidas largas y rectas con sus remates, tal como los diseñadores urbanos las concibieron. Del mismo modo podemos ver los esquemas antiguos que más se parecen a un plato roto que a la regularidad cartesiana de las ciudades modernas.
Pero ningún plano o fotografía puede reproducir nuestra experiencia física de la ciudad y nuestras vivencias como pobladores. En un mapa no se siente la temperatura, ni se perciben los olores de la ciudad. Tampoco es posible percibir en el mapa la sensación de recorrer una calle en bicicleta y ver a los vecinos paseando o hablando entre ellos, del mismo modo tampoco la imagen aérea muestra el ruido del tránsito vehicular ni las sombras y colores de los árboles y mucho menos su floración primaveral.
La información a nuestra disposición debe ser clasificada y seleccionada cada vez más por nosotros mismos. Es fantástico que tengamos acceso a tantos datos y materiales para evaluar y aproximarnos a la realidad, pero nunca debemos olvidar que la información no puede sustituir a la experiencia.
Si bien el uso responsable de la información es algo recomendable para cualquier ciudadano, en el caso de los arquitectos y urbanistas debe ser obligatorio. Hay demasiados arquitectos que trabajan desde lugares remotos y que no han visitado los sitios donde serán construidos sus proyectos. Seguramente sus colaboradores cuentan con la información suficiente para generar las soluciones adecuadas a los problemas que se les plantean y en la mayoría de los casos, cuentan con oficinas en el sitio donde se llevan a cabo los proyectos. Pero, existe un nivel de implicación que requiere de ser mucho más profundo que lo que muestran los estudios y los datos disponibles. El arquitecto y urbanista debe sensibilizarse ante la naturaleza del lugar donde trabaja y entender los mecanismos derivados del emplazamiento fijo donde realizará su obra, su topografía, su clima, su relación con el ecosistema donde se localiza.

De otro modo es casi imposible que los proyectos arquitectónicos y urbanos tengan éxito y penetren en la identidad de la ciudad. Es lógico que se pida la colaboración de expertos de todo el mundo para proyectos en las grandes ciudades. Sin embargo, los profesionales involucrados en dichos proyectos deben adquirir los conocimientos necesarios para que sus obras se integren al tejido urbano y a la historia del lugar del mismo modo como lo hacen quienes habitan la ciudad. Durante los últimos 50 años hemos visto un auge inédito de las grandes firmas internacionales de arquitectos que construyen en casi todos los países del mundo, esto sin duda enriquece el intercambio de ideas y soluciones entre expertos de distintos países, pero también tiene una cara amarga, el hecho de que muchos proyectos que se hacen por ejemplo en México son casi iguales a los que se llevan a cabo en Hong Kong, Dubai o Buenos Aires. Se requiere una actitud crítica frente a todo nuevo proyecto, sin importar el origen y la fama de su autor, de otro modo nos arriesgamos a disminuir significativamente el valor de nuestro patrimonio artístico inmueble.
Lorenzo Rocha

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