jueves, 29 de abril de 2021

EL MORO

Al edificio de la Lotería Nacional, inaugurado en 1945, se le puso el mote del “Moro”, por su semejanza inicial con una tienda de campaña árabe (antes de construirse la torre), su construcción duró diez años y se considera el primer rascacielos de la cuidad de México.

En el número uno del Paseo de la Reforma, se encuentra desde hace 76 años el edificio que alberga a la Lotería Nacional. En aquel tiempo, un edificio de 29 plantas (apenas 107 metros de altura) era considerado un rascacielos. De hecho durante un breve tiempo, el edificio diseñado por Manuel Ortíz Monasterio, era el más alto de la ciudad. Este mismo arquitecto había construido en 1934 el edificio La Nacional, en la avenida Juárez. En aquel tiempo, por influencia estadunidense, el rascacielos era símbolo de modernidad. Sin embargo, en la ciudad de México la construcción de edificios altos resultaba más complicada que en Chicago o Nueva York. La construcción se retraso significativamente debido al exceso de agua en el manto freático del terreno, lo cual obligó al ingeniero José Antonio Cuevas a recurrir a sistemas de cimentación hasta entonces no utilizados en México. El edificio cuenta con varias plantas bajo rasante que funcionan como un cajón compensatorio, además de pilotes hincados a mayor profundidad. Se puede decir que flota sobre las aguas subterráneas.
Durante aquellos años se utilizaban estructuras de acero, unidas con remaches y recubiertas con piedra o bien con piezas de concreto prefabricado. Esta tecnología era muy novedosa y atrajo la atención de los diarios que circulaban en la capital. 
El fotógrafo Manuel Ramos (1874-1945) hizo un reportaje del edificio inconcluso a finales de los años treinta, que se convirtió en un registro muy valioso para la historia de la fotografía en nuestro país. Aunque su intención probablemente no era artística, creó una iconografía de una época donde el desarrollo tecnológico fue primordial en la agenda política nacional.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de abril de 2021

CUARTA SECCIÓN

Desde hace dos años, el gobierno federal ha estado elaborando el proyecto para un nuevo plan maestro para el Bosque de Chapultepec. Aparte de la polémica que este proyecto ha desatado en los medios de comunicación y redes sociales, parece no quedar claro que el bosque cuenta desde 2018 con un plan maestro, aprobado y publicado por los canales legales correspondientes y que sigue vigente hasta la fecha.
Sin duda, lo más destacable del nuevo proyecto, es la promesa de la Secretaría de la Defensa Nacional de donar a la ciudad las 100 hectáreas del Campo Militar 1-F, donde se encuentran las antiguas fábricas de pólvora y municiones del ejército. Se trata de una extensión de terreno accidentado, una barranca que cuenta con manantiales activos importantes, por donde pasan ríos como el Tacubaya, con sus correspondientes vasos reguladores. La vegetación local se conserva bien, salvo por los eucaliptos introducidos en una intervención de hace más de cien años, los cuales están siendo retirados gradualmente, para dar lugar a un proceso de reforestación. Si se consolida la donación prometida, dicha área se sumará a las 683 hectáreas con las que ya cuenta Chapultepec en sus tres secciones originales. 
En este caso, el nuevo plan maestro sumaría la cuarta sección a las tres anteriores y aumentaría su extensión en un 15%, lo cual podría acarrear un beneficio notable a las colonias que la circundan, como el antiguo pueblo de Santa Fe que sufren por la pobreza y marginación y carecen de areas verdes públicas. También se encuentra contigua a esta barranca, la antigua ermita de Vasco de Quiroga, que data del siglo XVI, la cual lleva una década esperando a ser restaurada. Según el proyecto que se ha publicado, en una parte de la antigua fábrica militar se planea alojar un nuevo museo militar y en otra parte una sede de la Cineteca Nacional, que ya requiere ser ampliada más allá de su sede en Coyoacán.
Si esta nueva sección del bosque consigue abrirse a las colonias que la circundan, contribuirá significativamente a su desarrollo futuro. Hasta ahora el urbanismo de la zona da la espalda al area natural y solo es utilizada como un gran depósito de desechos y aguas negras.
Lorenzo Rocha

jueves, 15 de abril de 2021

CONVIVENCIA DIGITAL

El internet, tal como lo conocemos ahora, comenzó en los años sesenta en los Estados Unidos, primero como una red de intercambio académico en el ámbito universitario, llamado Arpanet. Pero no fue sino hasta 1990, con la aparición de las computadoras personales, cuando fue definitivamente abierto a todo el público usuario.

Hoy en día simplemente no podríamos funcionar correctamente si no tuviéramos teléfonos móviles, computadoras personales y portátiles e Internet. Los bancos, los trámites oficiales, los impuestos, las facturas y muchas cosas más son inaccesibles sin conexión informática. Este es un elemento más que se añade a la desigualdad entre las personas, entre ricos y pobres, entre quienes vivimos en ciudades y quienes habitan en el campo o las zonas de difícil acceso, como los desiertos, las montañas y las selvas.
Muchas personas están manifestando su cansancio y desacuerdo con el trabajo desde casa, con las largas horas en reuniones por video-conferencia y de igual modo, por verse forzados a estudiar desde casa e incluso por la necesidad de aislarse de sus seres queridos, con los que solamente mantienen contacto mediante una pantalla.
¿Cuáles serán los verdaderos efectos sociales de esta prolongada pandemia? ¿El distanciamiento social afectará la capacidad de organización política de las personas?
Casi todos estamos de acuerdo en que el contacto informático disminuye notablemente la espontaneidad de las personas y la expresión de sus afectos. El espacio público, la calle y la plaza, o los espacios privados de acceso ilimitado como los restaurantes, bares y cafés, permiten que las personas se relacionen de modo mucho más estrecho que solamente por medios audiovisuales. 
Lo que está claro es que el control que el Estado ejerce sobre la gente se ha acrecentado en tiempos de pandemia. Aunque se justifique por el estado de emergencia sanitaria, no hay que olvidar que es un estado excepcional. Que el toque de queda, la limitación de reunión, y las restricciones de movilidad no son, ni se deben volver normales.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de abril de 2021

CONDICIÓN HUMANA

En 1979 en crítico inglés Kenneth Frampton escribió su ensayo “El estado del hombre y sus objetos, una lectura de la Condición Humana”. Vale la pena retomar ahora algunos aspectos del texto, así como sus referencias al clásico libro de Hannah Arendt, “La condición humana’, de 1958, el cual se sub-titula: “Estudio de los dilemas centrales que enfrenta el hombre moderno”.

Hannah Arendt describe en su libro “La condición humana” los espacios públicos como “espacios de aparición”, sitios donde la visibilidad común entre actores sociales los empodera micro-políticamente, para que sean capaces de actuar de modo democrático y horizontal sobre las condiciones de opresión que los regímenes totalitarios ejercen sobre ellos, como individuos organizándose entre sí. A pesar del control policial que las autoridades aplican sobre las actividades de los ciudadanos en los espacios como las calles, plazas y parques, éstos continúan siendo espacios de relativa libertad e igualdad, incluso hoy en día, que las tecnologías de la video-vigilancia y análisis automatizado de datos, han llegado hasta extremos impensables hace 63 años, cuando el libro fue escrito.
La lectura de Frampton hace hincapié en la dicotomía entre labor y trabajo, establecida por Arendt, en la cual la labor corresponde a la actividad biológica cotidiana y repetitiva de la condición humana, cuya finalidad es la supervivencia. Mientras que Arendt alude al trabajo como la creación de las obras humanas artificiales y mundanas, las cuales se realizan con la expectativa de transcendencia de su propio tiempo de vida, entre las que se encuentra la arquitectura.
Ambos aspectos generales de la condición humana moderna, afectan inevitablemente a los arquitectos, sea por su participación en el diseño del espacio urbano, tanto como su papel como creadores de edificios con intenciones permanentes. La arquitectura, ese “testigo insobornable de la historia” según Octavio Paz, representa los valores e ideas de su tiempo y simultáneamente su resistencia a la cultura dominante, cuando ha sido realizada con un espíritu crítico e inconformista.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 1 de abril de 2021

INTERACCIÓN

Recomiendo ampliamente la lectura del libro “Architecture Depends”, del arquitecto inglés Jeremy Till. En su texto, Till hace una lectura accesible para todos los públicos, de los aspectos contingentes de la práctica arquitectónica y de su relación con el resto de la sociedad.

En la actualidad nos apremian discusiones impostergables sobre la vivienda y el desarrollo urbano, debido a las crisis que enfrentamos. Numerosos colegas con amplia preparación, generosamente expresan sus ideas cotidianamente, unos a favor de la densificación racional del entorno urbano, otros a favor de la autoconstrucción y asi sucesivamente.
Si observamos los problemas que nos aquejan, veremos que no se trata de fenómenos aislados entre sí. Lo económico se relaciona con la pandemia, y a su vez esto acarrea conflictos políticos y sociales. Si aceptamos esta relación interdependiente de mecanismos y factores, ¿porque tenemos la tendencia a aislar de su contexto a los fenómenos arquitectónicos y urbanos de los que nos ocupamos?
Es lógico que un modo inteligente de abordar una problemática compleja es aislarla temporalmente de su contexto, para permitirnos analizarla antes de reinsertarla nuevamente. Sin embargo, la simplificación extrema de los fenómenos no contribuye decisivamente a su mejoramiento, en todo caso, el vaivén entre la complejidad y la simplificación conviene más que sea dialéctico.
El mercado inmobiliario funciona como un todo, incluso en su parte relacionada con vivienda mínima. Lo que acontece en uno de sus sectores, afecta, en mayor o menor medida, a todos los demás. Como todo sistema comercial, la vivienda se regula por la oferta y la demanda y por el acceso al crédito, en esto se fundamenta su condición autorregulatoria. 
En las ciudades todos los espacios están relacionados entre sí, sin importar si se trata de lugares públicos o privados. Incluso aquellos que se encuentran aparentemente aislados de los demás, como una urbanización cercada o un asentamiento irregular, interactúan de algún modo con los demás.
Lorenzo Rocha

 

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