jueves, 30 de septiembre de 2021

FICCIÓN

Michel Foucault dictó una conferencia en 1978 titulada “¿Qué es la crítica?”, en la cual expuso su concepto sobre la actitud crítica, situada entre la alta empresa kantiana (del Aufklärung) y las pequeñas actividades polémico-profesionales. Para Foucault, la crítica es sinónimo de virtud y representa una condición humana de madurez, mediante el cuestionamiento del saber-poder de la autoridad.

La teoría de la arquitectura se ha ido separando de la crítica, a medida en que ha crecido dentro de ella la cantidad de autores con una tendencia hacia lo críptico, que se empeñan en utilizar premisas importadas de disciplinas como la neurología, la física y otras ciencias, cuyos conceptos son casi imposibles de relacionar con la construcción y el diseño. Con ello, en lugar de contribuir a aclarar el estado de la disciplina arquitectónica, contribuyen en cierta medida a oscurecerla.
El teórico mexicano Alberto Pérez Gómez escribió en 1985, en su célebre libro “La arquitectura en tiempos de la crisis de la ciencia moderna”: “La teoría de la arquitectura, al ser convertida en ficción, se transformó en una lista de reglas operativas, en una herramienta de carácter exclusivamente tecnológico. Según la teoría, el mayor objetivo del arquitecto es construir del modo más económico y eficiente, evitando cuestionarse el por qué de la construcción y la justificación existencial de dicha actividad”. La pregunta existencial ¿por qué?, es esencial para el análisis de la arquitectura y de la ciudad. De otro modo es muy difícil encontrar puntos de anclaje para realizar una crítica productiva que mejore las condiciones de ambas actividades.
Según Foucault, "la crítica no existe mas que en relación con otra cosa distinta de ella misma: es un instrumento". Si combinamos esta afirmación con la de Pérez Gómez, encontramos que para esclarecer los fenómenos arquitectónicos y urbanos y además adoptar una actitud crítica ante ellos, es necesario apartarse lo más posible de la ficción.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

NOMOS

Es curioso que nomos no sea una palabra en español, sino una raíz griega de la cual derivan gran cantidad de términos en nuestra lengua como: economía, antinomia, autónomo, agrónomo, astrónomo y una larga lista de conceptos ligados a lo normativo y al conocimiento.

La economía es una parte esencial de las relaciones humanas, no significa  simplemente el dinero o los bienes materiales, su raíz etimológica nos dice mucho más. La palabra deriva del griego oikos (casa) y nomos (orden), por lo tanto sería la ciencia que busca el orden de la casa y del patrimonio, los cuales son bienes materiales que responden a la organización social básica: la familia. Es de allí de donde se extrapola la ciencia económica y se utiliza a escala estatal y después mundial. 
Pero la raíz griega nomos se refiere al lugar dominado por leyes específicas o que ha sido conquistado: el territorio, la ciudad. El nomos nos informa sobre el hecho de que la ley descansa sobre los avatares humanos, sobre su historia, sus situaciones vitales concretas y contingentes. Así que como concepto, el nomos se relaciona estrechamente con el urbanismo, pero desde el punto de vista sociológico, no como diseño urbano sino en su parte  sociológica. En este campo, la autonomía es crucial, es la facultad de gobernarse a sí mismos, sin depender de una autoridad superior, dictando sus propias normas, sin necesidad de aval externo alguno.
Por otra parte está la antinomia, que describe la situación en la cual las leyes se encuentran en conflicto o en contradicción entre ellas. Principios racionales, ideas o actitudes opuestas que se resisten a ser conciliadas. En los estudios territoriales estos casos son muy frecuentes, especialmente cuando dos entidades o personas reclaman derechos sobre una misma parcela de tierra, uno por leyes vigentes y el otro por tradición o por costumbres y usos ancestrales. Esto nos muestra que las leyes no aplican por igual para todas las personas.
También las intersecciones entre distintas ciencias constituyen antinomias en sí mismas, como cuando hablamos por ejemplo de teología política o de geografía social, que son campos de estudio que mezclan conceptos de modo problemático.
Lorenzo Rocha

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

CONTRAPRODUCTIVIDAD

La paradoja de Braess (1968) dicta que al agregar mayor capacidad a una red, cuando las entidades que circulan por ella eligen su ruta de modo egoísta, puede en algunos casos reducir el desempeño de toda la red.

La crítica en el lenguaje común sigue siendo entendida como “juicio” o como “señalar defectos” y siempre será aplicada a un objeto o idea. Sin embargo, en la filosofía, la crítica es mucho más que eso. Es la alta empresa iniciada en el siglo XVIII por Emanuel Kant, de la búsqueda de la luz mediante la razón, de la emancipación del individuo mediante el dominio del binomio saber-poder. A ello se han añadido infinidad de iteraciones, especialmente aquellas elaboradas por los filósofos de la Escuela de Frankfurt.
El concepto de “contraproductividad estructural” de Ivan Iliich, que Jean Robert, filósofo suizo-mexicano recientemente fallecido, aplica en cuestiones de urbanismo y movilidad. Es una postura crítica muy importante para el urbanismo contemporáneo. La contraproductividad se verifica cuando un sistema (médico, universitario, de transporte, etc.), trabaja solamente para crecer, entonces puede comenzar a obstaculizar a sus objetivos y su espíritu inicial, solo por su propia preservación puesta como prioridad, es similar a las ideas de Giorgio Agamben sobre “los medios sin fines”.
Robert critica los medios de transporte públicos y privados como mecanismos de explotación y segregación social, pone en claro que el empleo de tiempo en transportarse aumenta en relación inversa a los recursos económicos de las personas. Quienes menos dinero tienen, tardan más en llegar a sus trabajos y financían indirectamente (mediante sus impuestos) a  los medios de transporte que ellos utilizan y las vialidades que benefician a otros, a quienes pueden pagar los peajes. Este pensamiento sustenta una frase muy popular en los coloquios sobre urbanismo y movilidad: “el viaje más eficiente es el que no se realiza”, sobre todo en aquellos que promueven la distribución igualitaria de las unidades económicas dentro del territorio urbanizado.
Lorenzo Rocha

 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

ECUADOR POLÍTICO

El arquitecto guatemalteco Teddy Cruz, quien reside en San Diego desde hace varias décadas, definió acertadamente a la frontera entre México y los Estados Unidos, como “el ecuador político de América”.

Si bien sabemos que geográficamente, la linea imaginaria que divide a los hemisferios Norte y Sur, es el ecuador que atraviesa varios países de Sudamérica (Ecuador, Perú y Brasil), desde los puntos de vista y aspectos económicos, sociales y políticos, la división real es la frontera entre México y los Estados Unidos con sus más de tres mil kilómetros de longitud. Es una división que marca con crudeza las desigualdades que prevalecen entre la riqueza y la pobreza, la paz y la violencia, el bienestar y la miseria. 
Estas desigualdades son aún más agudas ahora que la frontera entre ambos países permanece cerrada, desde el mes de marzo. Los estadunidenses argumentan que las razones son sanitarias, la protección contra el virus Covid 19 y sus variantes más recientes y contagiosas. El cierre limita el paso fronterizo a cualquier migrante temporal o permanente que no tenga justificación de cruzar por una actividad que sea esencial e irremplazable para los intereses del país.
El cierre no ha impedido que grandes cantidades de migrantes crucen diariamente de modo ilegal, aun en mayor número que antes de la pandemia mundial. Sin embargo, las ciudades fronterizas mexicanas se encuentran al borde de una crisis humanitaria sin precedente, ya que los extranjeros que pretenden cruzar a los Estados Unidos, para solicitar asilo político, que provienen del sur y el centro de América, de las Antillas e incluso de África, se han quedado varados en dichas ciudades. Tijuana, Ciudad Juarez, Mexicali, Matamoros, Piedras Negras y otras más pequeñas como Acuña, Reynosa, Nogales y Nuevo Laredo, se encuentran colapsadas, con gente acampando en las calles. Este cierre sin sentido claro, ya que por vía aérea cualquiera puede acceder, también ha afectado a la economía de las ciudades en la parte estadunidense. Pero al parecer la frontera no se abrirá sino hasta el final del mes de septiembre.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 2 de septiembre de 2021

ENCUENTRO

Entre los años 2011 y 2012, el arquitecto tijuanense Jorge Gracia, diseñó y construyó la casa vinícola y hotel Encuentro en el valle de Guadalupe, un proyecto notable de intervención en el paisaje.

Ahora que han transcurrido casi 10 años desde que se comenzó a construir la vinícola y hotel Encuentro en el valle de Guadalupe, vale la pena analizar su desempeño como uno de los proyectos de alojamiento y experiencia turística más destacados de la región. El conjunto se compone de múltiples construcciones de distintos tamaños, que se encuentran distribuidos en una gran extensión de terreno escarpado, que en su conjunto constituye una muy interesante intervención a nivel paisajístico. Las imágenes más conocidas hasta ahora son desde luego el edificio de la vinícola y las habitaciones que están construidas como cabañas distribuidas en las laderas de la colina que domina toda la vista del valle.
Sin embargo, existen dos construcciones notables de las que se ha hablado menos en los medios especializados en arquitectura y en turismo en general. Estas son: la villa Encuentro y la suite principal. Son dos piezas ligeramente distintas de las demás por su escala y detalles particulares. Dentro de la suite existe una gran roca que fue integrada al espacio habitable de manera magistral, de hecho la ducha de la habitación se encuentra justa al lado suyo. En lo que respecta a la villa, es indiscutible la gran calidad arquitectónica de todos sus detalles. Ésta cuenta con un gran salón integrado a una cocina y a una gran terraza de madera, además de dos habitaciones que gozan de un ambiente más íntimo y recogido, pero todo ello insertado de manera dramática en el paisaje.
Quizá la intención de construir el hotel en su totalidad dentro de la gran extensión de la colina donde se encuentra, tiene una leve desventaja comparado con un proyecto más compacto e integrado. Dicha desventaja consiste en la necesidad de transportarse en vehículos especiales desde el acceso, el vestíbulo y la vinícola, lo cual es sin duda  genera una cierta incomodidad para los huéspedes. El camino a pie desde la villa y desde el resto de las habitaciones, hasta el área de la piscina y restaurante, también presenta una cierta inconveniencia, ya que el intenso calor lo hace difícil y desde luego, imposible para personas mayores o discapacitadas. Quizá en el futuro sea posible subsanar estos inconvenientes para gozar al máximo la experiencia de este espléndido conjunto. ¿Quizá la solución podría ser un funicular? 
Lorenzo Rocha

 

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