viernes, 29 de junio de 2012

CONOCIMIENTO GEOGRÁFICO

La ruta ceremonial que cada año recorren los huicholes, habitantes la Sierra Madre Occidental en el norte de México, va desde San Blas en la costa del Océano Pacífico, hasta Real de Catorce en las montañas de San Luis Potosí. Los peregrinos recorren una distancia de aproximadamente 550 kilómetros, durante la cual realizan distintos tipo de rituales, muchos de ellos a modo de danzas, pero todos en espacios abiertos. Es indudable que se trata de una manifestación religiosa, cultural y artística, que a pesar de ser muy antígua, se ha debido actualizar como cualquier otra. La característica principal de la costumbre ancestral de los huicholes es su relación con la naturaleza y la celebración de la tierra. Ninguna otra intervención humana en el paisaje mantiene hoy en día la actitud de integración del ser humano con el resto de los seres vivos e inertes como la que se lleva acabo dentro de la población de origen Huichol. Desde los animales, hasta las rocas tienen un significado animista específico en sus cantos y danzas. Toda la naturaleza es celebrada y tiene un valor simbólico durante este largo camino. Para nosotros, los habitantes de la capital del país, es una experiencia necesaria y casi una obligación conocerla. Contribuir a preservarla, es un esfuerzo realmente urgente, dada la reciente amenaza al entorno, que deriva de las nuevas concesiónes para la explotación minera de la región.

Desde el siglo XIX, numerosos investigadores han estudiado tanto su sistema de creencias como la naturaleza de sus peregrinaciones, mitos y danzas, la antropologa Regina Lira, opina que su territorio es un “espacio habitado por centenares de antepasados deificados que durante las hazañas que dieron origen al cosmos en el caos primordial quedaron esparcidos en el camino en forma de manantiales, lagunas, montañas, cactáceas, cuevas, rocas o peñascos. La rememoración de los ancestros y de sus moradas mediante los cantos y los mitos, nos hacen constatar que el conocimiento de los huicholes está ordenado geográficamente”.

En la sociedad urbana contemporánea los valores del medio ambiente están subordinados al materialismo. Por esta razón, la sobrevivencia de grupos humanos como éste, se encuentra en un estado de extrema fragilidad. Sin embargo, los huicholes han sido capaces de integrar sus tradiciones ancestrales con las influencias de la sociedad actual. Desde esta óptica, nos encontramos frente a la manifestación artística y paisajística más monumental de nuestro tiempo.

Lorenzo Rocha

jueves, 21 de junio de 2012

BIBLIOTECA DE BIBLIOTECAS

Hace algunos años, cuando el Consejo nacional para la cultura y las artes anunció la construcción de la Biblioteca José Vasconcelos en Buenavista, se abrió un debate sobre la pertinencia de la construcción de nuevos recintos bibliotecarios. El argumento de aquellos que se manifestaron en contra de la construcción de la mega-biblioteca, se fundaba en el creciente fenómeno de la digitalización del libro y el correspondiente acceso universal a la lectura mediante Internet. Dicho fenómeno habría hecho obsoleta la construcción de edificios que alberguen más libros impresos, cuando la tendencia dominante apuntara hacia la digitalización de la lectura.

Lo que probablemente no tomaron en cuenta los detractores de las bibliotecas y los libros de papel, es que el acceso a Internet en la población de nuestro país es relativamente bajo y no muestra un crecimiento sostenido. Pero lo más importante es el hecho de que las bibliotecas son piezas de equipamiento urbano que cumplen múltiples funciones sociales. Son espacios públicos donde la gente se reune, estudia, consulta la prensa e incluso, consulta páginas de Internet. Las bibliotecas son espacios urbanos necesarios para quienes no cuentan con áreas suficientes en sus viviendas que les permitan leer y estudiar cómodamente.

Hace aproximadamente un año, supimos de la iniciativa de Conaculta de remodelar la Biblioteca de México, que se ubica en la Ciudadela desde 1946. Además de su acervo básico, la nueva biblioteca albergará las colecciones de personajes importantes de la vida cultural de nuestro país. Entre éstas se cuenta con las bibliotecas personales de José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis.

Estas bibliotecas personales quedaron ordenadas en las crujías interiores del edificio, con la intención de volver a reunir algunas colecciones que se habían dispersado y disponerlas en el mismo modo en que cada autor las conservaba en su hogar. El arquitecto Bernardo Gómez Pimienta, coordiandor del proyecto, se encargará de diseñar la crujía que alberga la biblioteca del licenciado Castro Leal, quien fue rector de la UNAM. Su intención es incluir objetos personales como sus condecoraciones y libros antiguos, usando la misma madera que tenía la biblioteca cuando se ubicaba en la casa del ex-rector en Coyacán. Gomez Pimienta ha convocado a renombrados arquitectos para colaborar en el proyecto, así como a destacados artistas, como Francisco Toledo, quienes instalarán sus obras en un diálogo con los libros que cubrirán las paredes.

Lorenzo Rocha

jueves, 14 de junio de 2012

CONSTRUCCIÓN DE LUGARES

El lugar es todo aquello que responde a la pregunta ¿dónde? Es una noción subjetiva muy distinta al amplio y filosófico concepto de espacio (arquitectónico y urbano), de hecho todos los lugares son espacios, condición que no opera a la inversa. ¿Qué es lo que convierte al espacio en lugar? En términos simples, podría decir que se trata fundamentalmente de la identidad, de este modo, un lugar es la suma del espacio más la identidad. El diseño es un tema secundario cuando se trata de la creación de lugares, es más importante el sentido de comunidad que la belleza del lugar.

Cuando fijamos un punto para una cita o se convoca a algún tipo de reunión de la sociedad civil, se utilizan los hitos urbanos (naturales y artificiales), de tal modo que la gente pueda identificar del lugar que se trata. Por eso es común que las personas elijan puntos geográficos para sus reuniones, las plazas y monumentos en el paisaje urbano cumplen sin duda con esta función constructora de lugares.

Pero no siempre es necesario que exista una condición espectacular para que los espacios se conviertan en lugares, no siempre necesitamos las márgenes de un rio, lo alto de una colina o lo extenso de una plaza para poder construir lugares. Los lugares también son fruto de mecanismos simbólicos y de la significación abstracta de espacio, factores que adquieren importancia por un suceso particular o por la decisión de la sociedad en su conjunto. A veces, la acción aparentemente más insignificante, pudede derivar en la creación de un lugar significativo, en parte también gracias a la efectividad y velocidad de propagación de los mitos urbanos.

En los Estados Unidos, en particular en la ciudad de Chicago, se ha acuñado el término Placemaking, que corresponde a una noción generalizada del mejoramiento de un barrio, ciudad o región, mediante una herramienta social de aplicación directa al trabajo de campo. El consejo metropolitano de planificación de dicha ciudad, califica a esta idea como una de las más propositivas del siglo XXI. Indudablemente, la auto-organización a nivel urbano no es un concepto nuevo, de hecho las ciudades las construimos los propios habitantes. Sin embargo, la planificación urbana a gran escala deja vacíos importantes que la sociedad civil debe cubrir para mejorar su calidad de vida. También el deterioro social y económico de un barrio en particular es un fenómeno que priva a la comunidad de su sentido de lugar y que puede eventualmente ser revertido por un mecanismo contingente que tenga como objetivo la creación de lugares con identidad.

Lorenzo Rocha

jueves, 7 de junio de 2012

SÓLO LUZ

Sin la luz el espacio es una dimensión imperceptible, sin el tacto se vuelve prácticamente inexistente. Los invidentes no perciben la luz, pero sí conocen la dimensión espacial gracias a la agudeza de sus otros sentidos. Pero todos los sentidos son una especialización de uno solo: el tacto. Los órganos sensoriales cuentan con tipos de piel que transmiten los estímulos del medio ambiente al cerebro. De este modo, la retina es un tipo de piel que es sensible a la luz, cuando vemos, estamos tocando al objeto con nuestros ojos. También el oído es una forma de tacto, el tímpano tiene una membrana que vibra de acuerdo a las ondas sonoras que la estimulan, y traduce esta vibración en lo que percibimos como música, palabras o simple ruido.

El compositor francés Claude Debussy decía: “La música es la aritmética de los sonidos, como la óptica es la geometría de la luz”. Está claro que nuestra percepción parte siempre de nuestra condición subjetiva y está subordinada a nuestras expectativas y clasificaciones, por lo tanto no existe el “ojo inocente”. Todo objeto, externo a nosotros, debe ser experimentado para llegar a concebirlo dentro de nuestro espectro de conocimiento, pero el objeto es todo aquello que establece la diferencia entre la experiencia y la información. El espacio también es objetivo, para visualizarlo —que no es lo mismo que verlo— para aprehenderlo, es necesario experimentarlo con todos los sentidos y no basta el acceso al conocimiento científico o documental de éste.

La geometría de la luz es lo que deriva de la experiencia del espacio, incluso en la oscuridad total podemos percibir el espacio. Un caso interesante del tratamiento biológico de la vista son los peces. En aguas poco profundas, los peces tienen infinidad de colores, que les sirven para defenderse de los depredadores y para el apareamiento, pero aquellos peces que habitan las profundidades abismales, donde no llega la luz del sol, desarrollaron la bioluminiscencia, un proceso bioquímico que les permite brillar en la oscuridad y comunicarse de igual modo, sin la necesidad del color.

“El mundo no tiene centro. Sólo luz. De la claridad, la forma. De la densidad, la sombra. De la revelación, el instante, de su condensación, poesía”. En este breve texto de Jesús Coss se nota con claridad la condición heterotópica con la que percibimos el espacio, sin un solo centro, sin una jerarquía vertical, por una suma de experiencias yuxtapuestas, con la convivencia acrítica simultánea de lo uno con lo otro en un solo tiempo y lugar.

Lorenzo Rocha

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