jueves, 26 de agosto de 2021

ESPACIOS CONTROLADOS

Gilles Deleuze ha desarrollado las ideas de Michel Foucault, hasta una nueva dimensión. En su ensayo “Post-scriptum sobre las sociedades de control” publicado en la revista Polis en 2006, hace hincapié en una visible crisis institucional a nivel global.


Durante la transición entre el siglo XX y el XXI, se ha  hecho visible una marcada crisis de las instituciones disciplinarias, nacidas en el siglo XVIII. Los espacios interiores estaban concebidos para la disciplina institucionalizada: la casa para la familia, la escuela para la educación, la fábrica para el trabajo, el hospital para la salud y así sucesivamente hasta llegar a la cárcel, el espacio paradigmático para el encierro y la disciplina. Esta disciplina ha transmutado en control, a medida que las instituciones disciplinarias se han ido reformando hasta reducirse a su mínima expresión. el control se ejerce sobre el espacio abierto, bajo la premisa de que no existe “el afuera” (todo está dentro de la sociedad de control). Gilles Deleuze, el filósofo francés lo explica de modo brillante, en los siguientes términos: “Todos los centros de encierro atraviesan una crisis generalizada: cárcel, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un (espacio) “interior” en crisis, como lo son los demás (espacios) interiores (el escolar, el profesional, etc.)

Sin duda las empresas son manifestaciones claras de los espacios controlados. Las empresas controlan a sus empleados de manera virtual, no los vigilan estrechamente como lo hacían los supervisores en las fábricas y los capataces en las granjas del siglo XIX, los controlan mediante mediciones de eficiencia. Al respecto, Deleuze añade: “La fábrica era un cuerpo cuyas fuerzas interiores debían alcanzar un punto de equilibrio, lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; en una sociedad de control, la fábrica es sustituida por la empresa, y la empresa es un alma, es etérea”. 

La crisis institucional moderna tiene correlación directa, con una crisis arquitectónica, mientras que la disciplina se tradujo en el modelo del panóptico, que si bien tuvo sus ejemplos casi monstruosos, sobre todo en lo que respecta a las cárceles, el modelo actual es el del edificio de oficinas, un tipo de construcción extensa, sin personalidad, con largos corredores, plafones luminosos, alfombras interminables, particiones a media altura, una arquitectura que vemos en todas las ciudades, sin importar la geografía. Desde luego, esta arquitectura integra en ellas al personaje mitológico del Argos panoptes, ese monstruo de mil ojos, que en nuestro tiempo es el monstruo de los millones de cámaras de vigilancia, que nos observan sin cesar.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 19 de agosto de 2021

CRONOTOPO

El espacio y el tiempo forman una sola unidad indisociable. Solo se puede conocer un espacio mediante el movimiento a través de él y para que exista el movimiento debe recorrerse una cierta distancia en un tiempo determinado.

Resulta muy inetersante el siguiente aforismo del escritor martiniqués Omar Frantz Fanon: “Todo problema humano debe ser considerado desde el punto de vista del tiempo”. El posmodernismo ha tenido como parte de sus objetivos desde su inicio, el intento de remontar la hegemonía cultural del norte y el occidente globales, sobre las regiones del sur y oriente del mundo, pero no solo como elementos geopolíticos, sino también históricos. El “regionalismo crítico” un término utilizado por Alexander Tzonis, Liana Lefaivre y Kenneth Frampton para definir una arquitectura que proviene de la periferia global, la cual se inserta en el ámbito de la cultura dominante, en un momento en que el devenir histórico posmoderno se ve forzado a recurrir a èl como una forma de reconocer una forma cultural “altermundista”.
Este modo de hacer arquitectura, que proviene de la tradición constructiva local, con un enfoque moderno, se considera crítico en dos sentidos: primero pone en duda la propia tradición de su lugar de origen y en segundo término cuestiona la implantación del modernismo europeo como un estilo internacional que no toma en cuenta las diferencias geográficas, climáticas y culturales de las distintas regiones del mundo. En este concepto arquitectónico, el tiempo juega un papel muy importante, la tradición de los constructores locales, que proviene de siglos de historia, es cuestionada por la incorporación de la tecnología y lenguaje modernistas, que al momento de su adopción tendrían solo unas  cuantas décadas de haber sido creados.
Los ejemplos paradigmáticos de dicha forma de hacer arquitectura son las obras de José Antonio Coderch en Barcelona, Álvaro Siza en Oporto, Dimitris Pikionis en Atenas y Luis Barragán en la ciudad de México. Todos ellos utilizaron los materiales y técnicas constructivas de sus lugares de origen, pero sin apartarse del lenguaje moderno de sus épocas. Sus obras se relacionan directamente con lo que afirma el filosofo indio Homi Bhabha: “Los discursos críticos poscoloniales requieren formas de pensamiento dialéctico que no renieguen de  o nieguen implícitamente, la ortedad (alteridad) que constituye el dominio simbólico de su identificación psíquica y social”.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 12 de agosto de 2021

PSICOGEOGRAFÍA

En 1958 los miembros de la revista parisina “Internacional situacionista”, definieron la psicogeografía como: “El estudio de los efectos precisos del medio geográfico, acondicionado o no conscientemente, sobre el comportamiento afectivo de los individuos”.
El filósofo francés Guy Debord, elaboró en 1956 su “teoría de la deriva”, la cual proponía recorridos aleatorios por zonas urbanas marginales. Se trata de ejercicios o prácticas artísticas que se relacionan con caminatas sin rumbo fijo por la ciudad, en las que los participantes se dejan llevar por cualquier estímulo que llame su atención. El objetivo de dichos paseos era la elaboración de “situaciones construidas”, que son dinámicas creadas de modo efímero por sus miembros, las cuales llevaban implícita una crítica al supuesto orden urbanístico de los barrios periféricos, los cuales dejaban dentro de su planificación, grandes áreas indefinidas e inhóspitas. Estos grandes vacíos urbanos son definidos por el arquitecto italiano Francesco Careri como “Ciudad difusa”, dado a que su gran extensión impide la escala urbana necesaria para la convivencia social en espacios públicos.
El urbanismo moderno, al favorecer al automóvil y al transporte público motorizado, por encima de la movilidad peatonal o ciclista, adquirió una escala demasiado amplia que dificulta los encuentros entre las personas. Las calles y avenidas son demasiado anchas para poder cruzarlas fácilmente, las plazas quedan aisladas del tejido urbano y sus distancias de las viviendas desalientan a la gente a visitarlas. Las autopistas han suprimido todo tipo de tránsito que no sea a gran velocidad, la mayoría de ellas carecen de aceras y de ciclovías. Muchos parques, incluso en la ciudad de México solo son accesibles en automóvil, lo cual desvirtúa su función de reservas para entrar en contacto con la naturaleza.
Incluso ahora, que han transcurrido más de 60 años desde que los filósofos y artistas situacionistas iniciaron los mapas mentales que ponían de manifiesto los defectos del urbanismo moderno, la circunstancias parecen repetirse y los arquitectos parece que no hemos aprendido las lecciones de la historia, que lleva casi un siglo mostrándonos que los automóviles, camiones y trenes no pueden ser los elementos rectores de las trazas urbanas. Los habitantes son los que tienen claras sus prioridades y ellos piden desesperadamente, espacios de convivencia, lugares para que sus hijos jueguen y sitios seguros y agradables donde pasear y hacer ejercicio al aire libre.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 5 de agosto de 2021

SOCIEDADES DE CONTROL

En su libro “Vigilar y castigar” publicado en 1975, Michel Foucault explica ampliamente el paso de un sistema de castigo físico, las penas corporales que caracterizaron a la civilización Occidental hasta el siglo XVII, un modo de castigo basado en el sufrimiento y el suplicio, hacia un tipo de penalidad moral, privación de la libertad, la cual también se ejerce sobre el físico del individuo, el sistema penal que se trasladó del dolor físico a la prisión del cuerpo y el alma.
   
El concepto de biopolítica, creado por Michel Foucault, implica a los dispositivos arquitectónicos, a los edificios panópticos como la cárcel, la fábrica, el hospital y el colegio. Arquitecturas diseñadas para permitir la vigilancia constante y aplicar el castigo a todos los individuos que violan las normas establecidas por la autoridad.
Las sociedades contemporáneas han pasado de la aplicación de la disciplina, a la vigilancia permanente, para controlar a las personas. Las cámaras de video-vigilancia, presentes en todos los ámbitos urbanos y domésticos, provocan la sensación de encierro en los habitantes, los cuales se comportan bien por miedo a ser grabados mientras cometen alguna falta, por la que después serán multados por la policía o acusados por sus vecinos. Dichos sistemas recaban tal cantidad de información, que es humanamente imposible analizarla, por lo que su interpretación se realiza mediante la inteligencia artificial, con algoritmos que previenen el crimen, descubren conspiraciones y también anticipan los hábitos de los consumidores.
Mediante los dispositivos de control, es probable que eventualmente ya no será necesario aplicar ninguna sanción económica o castigo físico a los infractores. Vivimos en un gran panóptico, el cual registra todos nuestros movimientos, conversaciones y actitudes de consumo. Somos presa del “big data”, al que nosotros mismos alimentamos con nuestros teléfonos móviles y computadoras portátiles.
Lorenzo Rocha

 

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