jueves, 30 de enero de 2020

ECONOMIA URBANA

El geógrafo urbano David Harvey, seguidor de las ideas urbanas de Henri Lefebvre, ha escrito: “Somos nosotros los ciudadanos, no los promotores inmobiliarios, los planificadores empresariales o las élites políticas, los que construimos verdaderamente la ciudad y solo a nosotros nos corresponde controlarla”.

En tiempos como los actuales en los que los habitantes de las grandes urbes enfrentamos crisis medioambientales, económicas y políticas, son momentos en los cuales entra en cuestionamiento profundo nuestro perverso sistema económico capitalista. Sabemos de sobra que las ciudades son fenómenos económicos, que crecen y se desarrollan gracias a la concentración local de los excedentes de la producción, lo cual implica que la existencia de las ciudades depende directamente del capital financiero y de la división de clases sociales, asi como del consumo de bienes y servicios, tanto como de las industrias culturales.
Los autores marxistas como Lefebvre y Harvey junto con otros sociólogos como Manuel Castells, Richard Sennett y Andrew Merrifield abogan por una postura anticapitalista frente al entorno urbano. En muy distintos modos presentan argumentos que distinguen a la ciudad, como entorno físico construido por arquitectos y urbanistas, de “lo urbano” que es la ciudad menos los edificios, o dicho de otra manera el capital humano, que utiliza su entorno para expresar sus ideas y protestar contra las injusticias de su sistema social. ¿Habrá algún modo en el que sea posible compaginar el desarrollo urbano, con la distribución igualitaria de la riqueza? ¿Será posible seguir sosteniendo el crecimiento de las ciudades ante la amenaza del calentamiento global? Seguramente las respuestas a estas preguntas son complejas y tan múltiples que no es posible resumirlas en opiniones afirmativas o negativas, sino condicionales. Hay algo que es seguro, el modo de proceder de los actuales gobiernos está equivocado, si nuestros líderes y nosotros mismos aspiramos a soluciones reales a los problemas urbanos, debemos actuar de manera radical y posiblemente renunciar a nuestro modo de vida actual. Quizá por esta razón, los países más poderosos como Estados Unidos y China eluden pronunciarse al respecto, porque sus ciudadanos y gobiernos no desean en absoluto que cambie el Statu quo. Pero desgraciadamente aunque probablemente en el futuro no será radicalmente distinta, nuestra forma de vida va cambiar necesariamente, por la via voluntaria o por la fuerza.
Lorenzo Rocha

jueves, 23 de enero de 2020

DESARROLLO AGRÍCOLA

Entornos naturales únicos como el Valle de Guadalupe en Baja California, han sido ejemplo de una tendencia hacia la relación entre el turismo, la viticultura y la preservación del paisaje. El Bajío y las costas del Pacífico también se cuentan entre los sitios naturales con características atractivas para un tipo de desarrollo inmobiliario orientado hacia la ecología.

De una década hasta la fecha se han comenzado a desarrollar en México, fraccionamientos que ofrecen la combinación entre el cultivo agrícola y las residencias para vacaciones. El esquema es el siguiente: el promotor ofrece terrenos de grandes dimensiones, en los cuales la casa solamente puede ocupar entre el 5 y 10 por ciento de la superficie total, para que el resto se dedique al cultivo de plantas comestibles de las cuales los propietarios reciben productos derivados una vez concluidas las cosechas. Dichos cultivos suelen ser vid, olivos, lavanda y otros de los cuales se puedan elaborar bebidas, esencias o aceites. Normalmente la administración de los fraccionamientos se hace cargo del cuidado de los cultivos y los propietarios se responsabilizan de los recursos para su mantenimiento.
Otro modelo de desarrollo menos frecuente en nuestro país, pero también muy atractivo, son los proyectos de conservación ecológica combinados de igual modo con residencias para descanso. En estos casos no existe el retorno de productos derivados, además de que se necesitan áreas más extensas que en los primeros. En dichos proyectos, los propietarios adquieren el derecho para edificar sus viviendas, a cambio de su participación en grandes áreas para reservas naturales, muchas veces los propios habitantes y sus familias se implican en labores de conservación de flora y fauna. De este modo se han preservado de la destrucción grandes porciones de la Patagonia y de la Selva Amazónica.
Algunos personajes célebres como Douglas Tompkins, empresario y activista ecológico estadunidense, conocido por ser el fundador de las compañías The North Face y Esprit. A partir de 1980, Tompkins comenzó a adquirir grandes extensiones de tierra en la región patagónica de Chile y crear los parques naturales de Pumalín, Reñihue, Corcovado y Yendegaia. Tras su muerte en 2015, su viuda se encargó de entregar formalmente al gobierno chileno las miles de hectáreas adquiridas por su difunto esposo, en lo que se ha considerado como la mayor donación de tierras privadas para conservación ecológica de la historia.
Lorenzo Rocha

jueves, 16 de enero de 2020

ARQUITECTOS PROMOTORES

Luis Barragán, uno de los arquitectos modernos más introspectivos, fue también promotor inmobiliario, lo cual prueba que ambas actividades no son del todo incompatibles. Barragán participó como, urbanista, arquitecto e inversionista en varios proyectos de urbanización en la ciudad de México, como el Pedregal (1949) y las Arboledas (1955).

Casi todos los arquitectos participamos activa o pasivamente en el desarrollo urbano e inmobiliario. A pesar de que es usual escuchar críticas contra los empresarios por parte de los profesionistas de la construcción, debemos aceptar que ambos grupos pertenecemos por igual a la misma industria. Es cierto que según cada perfil profesional, nos toca sentarnos en distintos lados de las mesas de negociación, lo cual no demerita en absoluto el fundamento  que nos dan nuestros objetivos comunes: dotar de espacios para la vida de las personas.
Es frecuente escuchar quejas por parte de los proyectistas sobre las imposiciones que reciben por parte de sus clientes en cuanto al diseño cuyo objetivo primordial es satisfacer los gustos impuestos por el mercado inmobiliario. Sin embargo, dichos gustos, que se relacionan directamente con los esfuerzos de promoción y publicidad de los proyectos multifamiliares de vivienda, derivan del talento e intenciones de los propios arquitectos que les anteceden.
Tanto los estilos históricos como las tendencias modernistas, son obras de los diseñadores, que aliados con los ingenieros y administradores, ofrecen al público las casas que necesitan, con motivaciones lucrativas para todos los involucrados. Por ello, el realismo y la utopía no son conceptos opuestos cuando se utilizan en el contexto de los proyectos urbanos. Muchas ideas utópicas en su nacimiento, como “La Villa Radiante” (Ville Radieuse, 1922) de Le Corbusier, fueron adoptados por casi todos los gobiernos y promotores de la época y fueron repetidos incontables ocasiones como modelos de desarrollo de ciudades modernas, rodeadas de espacios verdes.
La complicidad entre arquitectos y promotores es terreno fértil para el desarrollo de ideas críticas. Cuando existe una sinergia entre ambos y los involucrados cuentan con la amplitud de criterio y visión a futuro suficientes, los resultados pueden propiciar grandes cambios y mejoras en los modelos de vida urbana. Aunque sabemos que también pueden propiciar lo contrario, cuando la visión se reduce únicamente a generar ganancias para los inversionistas.
Lorenzo Rocha

jueves, 9 de enero de 2020

VALOR DE USO

En su libro “Atmósferas” escrito en 2003, el arquitecto suizo Peter Zumthor, quien obtuvo el premio Pritzker en 2009, menciona como sus valores personales para apreciar la calidad de la arquitectura, como un correcto y coherente balance entre la forma, la utilidad y la relación del edificio con el entorno en el que se encuentra, el “Sentido de lugar”.
 Dentro de la escala de valores con la que la sociedad define la calidad de la arquitectura, el valor de uso es quizá el más difícil de determinar. La calidad arquitectónica se refleja principalmente en la forma, la cual es distribuida entre el público eficientemente mediante las imágenes. Si un edificio es bello, aunque este valor sea subjetivo, se considerará de buena calidad. La mayoría de los premios, reseñas y publicaciones acerca de un edificio toman como parámetro principal la forma y de este modo es como se construye la fama de su autor y por consiguiente su paso a la historia de arquitectura. 
Pero prácticamente ningún edificio entra dentro estas categorías por ser útil. En primer lugar porque solamente sus usuarios son capaces de determinar si lo es. La utilidad de la arquitectura es su esencia fundamental como arte aplicada y lo que la diferencía de las artes puras. Nadie puede saber si un edificio es útil solamente viéndolo en fotografías, es algo que se constata en persona y que además es variable según pasa el tiempo.
La obsesión de los “Arquitectos-estrellas” por la forma proviene posiblemente de su anhelo por separar a la belleza de la utilidad para convertir sus creaciones en objetos escultóricos que puedan ser admirados sin importar su valor social. La postura de dichos arquitectos es sin duda narcisista ya que poco les importa el destino final de sus edificios, más allá de su momento fotográfico y medático, que puede beneficiar su notoriedad y garantizarles más encargos futuros. El valor simbólico de los edificios bellos tiene la capacidad de atraer el interés de las compañías multinacionales y de los gobiernos de muchas ciudades y países, lo cual se traduce en fama y fortuna para sus creadores.
Por su parte, la utilidad, la satisfacción de las necesidades de las personas que habitan en los edificios, genera un bajo perfil para los proyectistas, ya que no es posible transmitirla mediante imágenes concretas. Probablemente ahora que hay un ambiente general de desengaño con los valores dominantes de la sociedad, quizá la “Arquitectura responsable” pueda tener mayor aceptación general. Cuando las emergencias climáticas reclaman modos más ecológicos de construir y de reciclar construcciones obsoletas para un uso readaptativo, quizá la forma y la imagen pierdan relevancia y dejen de ser los valores más importantes de la arquitectura contemporánea.
Lorenzo Rocha

jueves, 2 de enero de 2020

CAMPOS DE BATALLA

El libro “La nueva cuestión urbana” del sociólogo inglés Andrew Merryfield, analiza la condición global de las ciudades como centros de organización política y social, el modo como el internet provoca la proliferación de movimientos sociales simultáneos, conectados a nivel mundial.

El año que acaba de finalizar será memorable en parte por las protestas y alzamientos sociales de distinta naturaleza esparcidos por todo el mundo. Dichas manifestaciones de descontento han sucedido en ciudades de muchos países y continentes distintos que comparten un mismo nivel de injusticia y de anhelo de mejora de sus condiciones de vida. Ciudades como Hong Kong, Caracas, Quito, Barcelona, Tegucigalpa, Lima, La Paz, París y Santiago de Chile, han sido convertidas en auténticos campos de batalla.
La violencia urbana que hemos constatado es condenable, tanto por parte de las fuerzas de seguridad del estado como de los grupos extremistas de manifestantes. Vale lo mismo la salud de un ciudadano que la de un policía, las manifestaciones de inconformidad deberían de conducirse de modo pacífico, pero hemos visto que ambos bandos han caído en incitaciones a la violencia, la cual se ha cobrado decenas de vidas inocentes.
En México, la violencia ha podido ser contenida, gracias en gran medida a los “Cinturones de paz” que han formado ciudadanos organizados para evitar el vandalismo y la infiltración de provocadores (tanto agentes de policía encubiertos, como los llamados ultras y anarquistas), el resultado en nuestro país ha sido afortunadamente positivo, aunque el descontento por la desigualdad social y de género sigue en aumento.
La “Estética de la manifestación” que según el filósofo francés Jacques Rancière es también la “Lógica de la demostración”, nos deja en este año con las imágenes de los “Gillets jaunes” (chalecos amarillos) de París, las máscaras y las sombrillas negras de Hong Kong, el “Tsunami democrático” de Barcelona, los vestidos autóctonos de Quito y “La primera línea” junto con los tapabocas de la marcha “Un violador en tu camino” en Santiago de Chile. No se trata de ningún modo de fenómenos de la moda ni del sensacionalismo periodístico. se trata de grupos civiles que recurren a tácticas de guerrillas urbanas que existen desde hace más de 50 años. En ello también juegan un papel importante las configuraciones y transformaciones urbanas recientes, surgidas en parte de la necesidad de medidas de seguridad especiales para combatir contra el crimen organizado y el terrorismo.
¿Deben los gobernantes estar preocupados? Definitivamente sí deberían estarlo, pero más allá de ello, deberían estar ocupados en la solución de los grandes problemas sociales que la política actual está produciendo.
Lorenzo Rocha
(foto: Susana Hidalgo)

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