jueves, 31 de mayo de 2018

LENGUAJE COMÚN

Los textos especializados en arquitectura utilizan un lenguaje técnico que resulta incomprensible para la mayoría de las personas. Este hecho disminuye notablemente el interés del publico general en casi cualquier libro o exposición que se centre en el tema. Pero este hecho no demerita en absoluto la importancia de la arquitectura para la vida cotidiana de las personas. El lugar donde transcurren las experiencias diarias de todas las personas se compone del transito del espacio publico de las ciudades, el espacio privado dentro de las casas, más los sitios de servicios, comercio, trabajo y estudio.
Vale la pena tener siempre presente el magnífico texto de Giancarlo de Carlo “El público de la arquitectura”, del cual deriva su aforismo más famoso: “La arquitectura es demasiado importante para dejarla en manos de los arquitectos”. En el texto publicado en 1970, el arquitecto italiano se pregunta para quién se hace la arquitectura. Es evidente que se trata de una pregunta retórica: todo el mundo coincide en que la arquitectura es para la gente que la habita. Sin embargo, la actitud de gran parte de los profesionales de dedicados al diseño y a la construcción, muestra que su trabajo va dirigido principalmente a los demás arquitectos y a los críticos. Este comportamiento aleja a la gente común de las discusiones sobre la ciudad y la casa.
Parte muy importante de la responsabilidad de comunicar con claridad las ideas arquitectónicas recae sobre quienes nos dedicamos a la escritura crítica. Desde nuestro trabajo podemos contribuir a abrir la discusión a cualquier interesado en ella. Pero en numerosas ocasiones no hacemos más que cerrarla a los pocos expertos en la materia.
Existen otros foros importantes donde sería muy positiva una expresión transparente y abierta sobre la arquitectura, dichos foros son las exposiciones y conferencias públicas. 
Hace pocos días se inauguró la XVI Bienal de arquitectura en Venecia, organizada por las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley Mc Namara con el tema “Espacio libre” . En esta ocasión la arquitecta Rozana Montiel fue invitada para la sección principal y presenta su pieza titulada “Stand ground”, que se traduce como “Defender una postura”, la cual se fundamenta en su trabajo en conjuntos habitacionales en la ciudad de México.

El pabellón de México en el Arsenal se titula “Echoes of a land” (“Ecos de un territorio”), la muestra ha sido curada por Gabriela Etchegaray y Jorge Ambrosi, reúne el trabajo de 21 participantes originarios en su mayoría de la capital y de distintas ciudades mexicanas. Los curadores encontraron la clave del pabellón en la geografía mexicana. Los muros que reciben al visitantes cuentan con bajorrelieves donde se muestran mapas de los estados afectados por desastres naturales, como una invitación de los arquitectos a entender la arquitectura a una escala territorial, alejada de lo local. En un video en el que los curadores responden las preguntas formuladas por la plataforma de internet Archidaily, se nota el uso de un lenguaje técnico difícilmente comprensible para quienes no cuentan con formación arquitectónica universitaria. Es muy difícil explicar la arquitectura a un publico amplio usando conceptos abstractos, mediante términos como territorio, programa, emplazamiento, escala y “la cualidad matérica de la arquitectura”, dichas palabras no contribuyen al esclarecimiento de lo que se presenta, sino a su complejidad.
Lorenzo Rocha

jueves, 24 de mayo de 2018

CASA VINÍCOLA

Los recintos dedicados a la producción del vino se han sofisticado en gran medida gracias al turismo. En Europa y los Estados Unidos, particularmente en Burdeos, La Rioja y el Valle de Napa, la producción del vino se comenzó a explotar hace algunas décadas como un reclamo turístico, lo cual se reflejó inmediatamente en el diseño arquitectónico. Poco tiempo después se comenzaron a ver nuevas instalaciones muy interesantes en las casas vinícolas del Valle de Guadalupe en México, que cuentan con hospedaje y salas para degustación, las cuales han crecido notablemente en la calidad de sus productos y por consiguientes de los proyectos arquitectónicos experimentales.
Un complejo vinícola se compone principalmente de instalaciones fabriles, espacios para la compresión de las uvas, fermentación, el filtrado y embotellado de los caldos. Otro elemento distintivo de dicha tipología es la bodega, donde se almacena y añeja el vino, normalmente en barriles de madera. Las instalaciones deben tener una temperatura menor a la del exterior y una humedad controlada, por lo cual conviene que estén bajo tierra, de ahí proviene la palabra “cava”, con la que se denomina a estos espacios. Las vinaterías que ofrecen servicios turísticos tienen todas una o varias salas para degustación de sus productos y algunas cuentan con restaurantes, áreas para eventos sociales e incluso hoteles.
Recientemente se han inaugurado tres casas vinícolas diseñadas por el arquitecto Alejandro D`Acosta que merecen mención destacada dentro de su tipología. La primera de ellas es la Casa Paralelo, abierta en 2006 la cual es muy interesante por su carácter fabril y por su buen funcionamiento desde el punto de vista climático.
Pero hay otros dos proyectos que hacen mayor justicia al lema del estudio del arquitecto, en cuanto a la parte emocional de sus espacios como experiencias arquitectónicas, se trata de Casa Bruma (2011) y Clos de Tres Cantos (2014). Ambos complejos son de tamaño medio y cuentan con todos los servicios, lo que ha permitido a su autor un extensa experimentación en cuanto al uso de materiales reciclados, de la condiciones físicas de los lugares y en cuanto a la exploración de elementos que enriquecen la experiencia fenomenológica de los espacios.
En ambos casos se trata de proyectos derivados de excavaciones en los terrenos, lo cual provoca en el visitante una sensación especial al penetrar en las entrañas de la tierra. En ambos casos hay un interesante manejo de la luz y la penumbra por medio de pequeñas aberturas y tragaluces hechos con lentes y botellas de vino recicladas. Las estructuras en ambos casos son espectaculares ya que en Bruma se usaron troncos de arboles muertos para soportar las techumbres y en Tres Cantos bóvedas piramidales construidas con piedras colocadas en saledizo, similares a las estructuras usadas por los mayas.

La proliferación de proyectos arquitectónicos interesantes ha dado al Valle de Guadalupe una importancia cultural considerable hasta el punto de adquirir relevancia desde el punto vista del diseño arquitectónico por los proyectos antes mencionados y por algunos otros más que siguen tendencias vanguardistas dentro del espectro conceptual de la arquitectura contemporánea. Esta tendencia esperamos que continúe en aumento, ya que es muy benéfica para la discusión general acerca de importancia del desarrollo de la arquitectura nacional de calidad.
Lorenzo Rocha

domingo, 20 de mayo de 2018

POLÍTICA CULTURAL

El ejercicio de la política comprende una serie de valores y principios particulares para cada individuo, una vez que dichos fundamentos se aplican en el campo de acción, se ven afectados por la enorme complejidad que conlleva su implementación. Para evitar la confusión que acarrean las numerosas contingencias que envuelven a la política, resulta útil apegarse a un principio básico contenido en la definición artistotélica de la política como “la búsqueda del bien bien común, mediante el uso de la razón”.
La política aplicada a la cultura no está exenta de las contingencias externas, por lo cual muchas veces los programas específicos para el sector cultural se ven envueltos en laberintos burocráticos indescifrables. Quizá por esta razón, la cultura no figura como prioridad en el discurso central de los políticos, pero es probable que también sea por carencia de principios sólidos. Es incuestionable que la labor de los creadores y los gestores culturales es la principal generadora del pensamiento crítico. La filosofía, la literatura, la arquitectura y otras actividades fundamentales para el pleno desarrollo de la sociedad pertenecen al sector cultural y deberían responder a una política clara y prioritaria.
Parece ser que en nuestro país la cultura es comprendida como parte del entretenimiento y de la administración del tiempo libre, actividades por cierto no despreciables de ninguna manera, pero ciertamente no como una parte central del discurso político nacional.
En México contamos con una extensa red de equipamientos culturales, no faltan museos, teatros, foros, monumentos históricos, sitios arqueológicos, colecciones públicas y privadas, etcétera. En parte contamos con ello gracias a que en el pasado, la política cultural estaba más ligada al desarrollo humano y al tejido social de lo que está ahora. Pero no es momento de añoranza de tiempos pasados, sino de preguntarnos qué podemos hacer ahora para devolver ese bienestar que tradicionalmente tuvo la población urbana.

Sin duda una de las mayores carencias de los ciudadanos es la calidad del espacio público y el acceso al proyecto arquitectónico para la construcción de sus viviendas. Estas son dos cuestiones de diseño que el Estado considera como asuntos secundarios, pero no los son en absoluto. El correcto diseño arquitectónico del que adolecen dos terceras partes de las viviendas en México, no es un lujo, es una necesidad fundamental para garantizar la seguridad estructural y la eficiencia económica del bien más preciado para una familia: su propia casa. Del mismo modo, el espacio público, que comprende las calles, plazas y parques, es un tema cultural y se relaciona con las artes plásticas, el llamado “arte público”, que se encuentra en una condición de atraso lamentable en nuestras ciudades y pueblos. Hace 50 años México era uno de los países vanguardistas en cuanto a la escultura en el espacio público, recordemos la “Ruta de la amistad”, las “Torres de Satélite” o el “Faro del comercio” en Monterrey. Esta actividad cultural ha caído en el olvido, debemos intentar recuperarla cuanto antes.
Lorenzo Rocha

jueves, 10 de mayo de 2018

DESINFORMACIÓN

Los candidatos presidenciales que se encuentran ahora en plena campaña electoral, han conseguido polarizar las opiniones y llevar al campo político la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Lo han conseguido en parte por la escasa información que existe sobre el proyecto y también por algunas campañas de desinformación que emiten mensajes contradictorios.
Varias preguntas acerca de la obra siguen sin respuesta clara, por ejemplo: ¿Porqué se debe construir un aeropuerto nuevo y cerrar el anterior, en lugar de construir una nueva terminal en un sitio más lejano y conservar la actual? ¿Cómo se solucionará la transportación terrestre para llegar al nuevo aeropuerto cuando el flujo de pasajeros se triplique? ¿Cual es la solución específica para la cubierta acristalada del edificio terminal y cómo se controlará la temperatura y humedad en el interior? Nuestra responsabilidad ciudadana es buscar nosotros mismo las respuestas a nuestras dudas para no ser manipulados por las declaraciones y ocurrencias de los candidatos, dado que sus opiniones no se fundamentan en razones y datos comprobables. Recomiendo la lectura de las entrevistas y explicaciones otorgadas por el ingeniero Raúl González Apaolaza, director corporativo para la construcción proyecto.
En lo relativo al proyecto arquitectónico, la información disponible es notablemente escasa. En varios sitios de información oficial solo existen infografías y videos muy esquemáticos que no permiten ver el proyecto con profundidad, lo cual contribuiría a que los expertos pudiéramos tener una opinión mejor fundamentada sobre la solución constructiva del edificio. En algunos esquemas realizados por los arquitectos encargados del proyecto se indica que la ventilación se hará por convección y la iluminación será natural, mediante la cubierta transparente. También el equipo encargado de proyecto exalta la captación de aguas pluviales y otras técnicas ecológicas utilizadas. La solución propuesta para el edificio, que se resume en una estructura metálica tubular de perfiles cuadrados en forma de malla, la cual se cubrirá con cristales en su totalidad, es muy parecida al sistema que fue utilizado por el mismo arquitecto para cubrir el patio central del Museo Británico de Londres, proyecto realizado en el año 2000, que es el espacio público cubierto más grande de Europa, con aproximadamente 7000 metros cuadrados. Dicha elección despierta varias dudas cuando se propone como sistema constructivo para la cubierta del nuevo aeropuerto, ya que el área de la terminal es cien veces mayor, por lo que ha sido dividida en apoyos intermedios para poder fragmentar la estructura. Londres tiene un clima frío y extremoso, claramente distinto al de la ciudad de México, sería importante saber qué modificaciones se hicieron en este sistema para adaptarlo a nuestro clima. Otra duda importante es con qué mecanismo se pretende controlar la entrada de viento del exterior hacia el interior del nuevo edificio, ya que todos conocemos las frecuentes tolvaneras que suceden al oriente de la ciudad, debido al desecamiento del antiguo lago de Texcoco.

Lorenzo Rocha

jueves, 3 de mayo de 2018

ARQUITECTURA URBANA

Paulo Mendes da Rocha, el gran arquitecto brasileño solía decir: “Esencialmente no existe la arquitectura privada, solamente es cuestión de identificar los distintos grados que existen entre lo público y privado”. En 1988 construyó el Museo brasileño de escultura en Sao Paulo, más que un edificio singular, se trata de un  gran espacio urbano. El museo se sitúa en un área triangular que tiene una pendiente de cuatro metros entre sus extremos. El acceso principal se encuentra sobre la Avenida Europa que conecta el centro de la ciudad con el Rio Piñéiros, desde la avenida el conjunto se aprecia como un gran jardín. Por el otro costado se aprecia la parte masiva de concreto, una viga en voladizo de 60 metros de claro, que el arquitecto concibió como una gran escultura. El proyecto en general escapa a las descripciones convencionales, no se percibe como una caja cerrada, sus cubiertas protegen los espacios semi-subterráneos que albergan a las salas de exhibición, al mismo tiempo sus techumbres se utilizan como grades explanadas para la colocación de piezas escultóricas al aire libre. En el centro del proyecto se encuentra un jardín destinado a la exhibición de escultura, diseñado por el gran paisajista Roberto Burle Marx. La gran viga contribuye a dar escala a las piezas exhibidas y al mismo tiempo enmarca eventos y distintas actividades artísticas temporales. Es un elemento que da identidad al museo y regula la fluidez espacial entre los distintos espacios que lo componen.
El arquitecto Mendes da Rocha opina que el concepto del museo puede extenderse más allá de sus límites físicos, hacia lo que él llama el “Museo de museos”, la ciudad en toda su extensión, que incluye sus contradicciones y también todos sus estratos temporales.
En la arquitectura de Mendes da Rocha, es posible percibir parte de lo que el sociólogo José Antonio Aguilar describe como la “Economía política de las banquetas”, donde la civilidad urbana se ve retratada en sus palabras como: “una placa de rayos equis de nuestro maltrecho tejido social”. La vía pública es precisamente el espacio híbrido entre lo público y lo privado. A pesar de que otros arquitectos en ocasiones pretendan ignorar el contexto en que se sitúan sus edificios, el entorno natural y artificial se refleja en ellos inevitablemente. Por esta razón, es conveniente para el arquitecto sensibilizarse frente al lugar donde trabaja para ser capaz de crear nuevos lugares que se suman a los espacios existentes. Sin esta conciencia, o peor aún, con la pretensión de negar el entorno, la arquitectura se vuelve ensimismada, como un monólogo en un idioma incomprensible ejecutado en una plaza pública.

Es importante adquirir conocimiento de los efectos que una obra nueva tiene sobre su contexto y también a la inversa, el modo como el entorno se refleja en el nuevo proyecto. En resumen estos son los fundamentos del diseño dinámico, que permite a los edificios adaptarse a las crecientes necesidades de sus usuarios y permanecer abiertos a la influencia y al flujo espacial del entorno urbano. De otro modo, los edificios son piezas aisladas que se ignoran entre ellas y sobre todo que ignoran a las personas que transitan frente a ellos e incluso a las que los habitan. La arquitectura debe ser un producto social que fomente la comunidad, no un elemento que acreciente la alienación y el individualismo que sufre el tejido social.
Lorenzo Rocha

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