jueves, 17 de agosto de 2017

PERSPECTIVA HISTÓRICA


Si analizamos la obra de cualquier arquitecto destacado dentro del Movimiento Moderno, podremos darnos cuenta con relativa facilidad de las ideas críticas que se encuentran detrás de casi todos sus proyectos. En algunos casos dichas ideas de inconformidad con los valores sociales de sus respectivos contextos, no aparecen de modo explícito, dado que algunos maestros de la arquitectura moderna no las expresaron de modo verbal, ni mediante entrevistas y textos. Sin embargo, muchos de ellos estuvieron involucrados en movimientos artísticos que estaban ligados a la política y a la propaganda de sus épocas.
Por ejemplo, en Alemania surgió en los años veinte la Deutscher Werkbund un grupo de arquitectos entre los que se encontraban Ludwig Mies van der Rohe, Peter Behrens y Walter Gropius, los cuales fueron muy activos en cuanto a la producción masiva de viviendas, para la reconstrucción de algunas ciudades europeas después de la Primera Guerra Mundial, entre sus realizaciones se puede contar el conjunto habitacional Weissenhof y la exposición de prototipos de vivienda que lo acompañó en 1927, donde también participaron algunos arquitectos extranjeros como J.J.P. Oud, Joseph Frank y Le Corbusier.
Algunos grupos compuestos por arquitectos y artistas de la misma época transmitieron sus ideas innovadoras y críticas mediante revistas, en las cuales publicaron sus ideas políticas y manifiestos estéticos. Dentro de las más importantes se encuentra sin duda L´ésprit Nouveau, fundada por Le Corbusier, junto con el  pintor Amédée Ozenfant y el poeta Paul Dermée en 1920, se trató de una publicación mensual que apareció regularmente en París hasta 1925. Las ideas sobre la estética purista y la relación del arte con la ciencia y la ingeniería, fueron el fundamento de la producción artística de sus miembros. En Holanda se editó la revista De Stijl de 1917 hasta 1931, en ella participaron pintores como Piet Mondrian, Bart van der Leck y arquitectos entre los que destacan Gerrit Rietveld, Theo van Doesburg y J.J.P. Oud, todos ellos interesados en la búsqueda de leyes universales para la producción artística que tomaran inspiración de la geometría abstracta como la simplificación extrema de la realidad sensible.
El período histórico comprendido entre las dos guerras mundiales, fue especialmente productivo para la exploración estética y la investigación sobre la producción masiva de vivienda debido a la creciente necesidad de reconstrucción. Pero para los años cincuenta, durante la posguerra, gran parte de las ideas que surgieron de inquietudes críticas, comenzaron a transformarse en principios fijos y en una nueva academia, con sus correspondientes estilos arquitectónicos como el Funcionalismo o el Estilo Internacional, que derivó de una exposición y un libro editado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, con la colaboración de Phillip Johnson y Henry Russell-Hitchcock. Entonces aquellos modos innovadores y críticos de hacer arquitectura se convirtieron en una nueva tradición y sus fórmulas fueron repetidas en incontables proyectos por todo el mundo, sin hacer distinciones culturales, geográficas ni políticas.
La correcta perspectiva histórica de la arquitectura, puede ser muy util en la actualidad si nos proponemos la renovación del espíritu crítico. El Modernismo puede aún aportarnos grandes lecciones como una corriente revolucionaria, si observamos los procesos que le dieron origen y ponemos mayor atención en las ideas de sus representantes que en las formas y volúmenes que resultaron de sus investigaciones.

Lorenzo Rocha

jueves, 10 de agosto de 2017

HUMANISMO

 
La idea de ciudad concebida por el célebre sociológo francés Henri Lefebvre como la “obra perpetua de los habitantes, a su vez móviles y movilizados por y para esta obra”, resalta el factor humano del urbanismo. El autor de “El derecho a la ciudad” (Le droit á la ville, libro publicado en 1968) también hace una distinción importante entre lo que considera la ciudad y lo urbano, lo cual caracteriza como “la ciudad menos su arquitectura”. En las trascendentes reflexiones de Lefebvre se nota una tendencia hacia el humanismo dentro de la ciudad, lo cual cada vez está adquiriendo más relevancia en la teoría y crítica respecto a la arquitectura que se hace en la actualidad.
De un modo similar, podríamos plantear una arquitectura que diera prioridad a la gente, por encima de la estética formal. La dimensión ética de la arquitectura, que va más allá de las formas espectaculares y escultóricas, se relaciona necesariamente con la expresión mediante la arquitectura de los valores y aspiraciones de la sociedad para la que se construye, en el tiempo y lugar donde se origina.
Pero incluso los arquitectos que han asimudo una actitud crítica que reflejan en sus proyectos, se enfrentan a una paradoja entre sus ideas y lo que son capaces de plasmar en sus construcciones. Dicha paradoja o discordancia entre las ideas y los hechos, tiene que ver con la cualidad dinámica con la que las personas habitan el espacio, algo parecido a lo que se refiere Lefebvre con su idea de movimiento respecto a la ciudad. Los mecanismos de participación ciudadana contribuyen a planificar mejor las construcciónes, cuando se involucra a las personas en la auténtica toma de decisiones. Sin embargo, desde los años setenta la participación ciudadana ha ido perdiendo validez, sobre todo por que el abuso por parte de las administrciones públicas la ha convertido en un instrumento demagógico.
Finalmente el paso del tiempo también afecta la percepción humana del espacio arquitectónico, en la mayoría de las ocasiones en forma negativa. En pocos casos, un edificio obsoleto puede ser mejor si se redapta a nuevo uso, que un edificio construido desde cero. Este fenómeno se debe a que los edificios antiguos que aun subsisten en pie, han perdido la carga simbólica de la sociedad que les dió origen, aparecen ante nosotros como objetos neutrales o cuya edad despierta sentimientos nostálgicos. Por ello es que algunas veces son mejor recibidos por el público que las construcciones nuevas, los arquitectos que se dedican a la restauración y adaptación de edificios históricos frecuentemente se encuentran en situaciones más solventes frente al humanismo de la arquitectura, que aquellos que se enfocan a la innovación.

Lorenzo Rocha

jueves, 3 de agosto de 2017

ARQUITECTURA O REVOLUCIÓN


Le Corbusier (Charles-Édouard Jeanneret, 1887-1965) fue quizá el arquitecto más innovador del Siglo XX. De 1920 a 1925 publicó regularmente sus ideas en la revista de vanguardia L’ésprit Nouveau (“El nuevo espíritu”), entre las cuales está el concepto de “Arquitectura o revolución”, que es un manifiesto a favor de la transformación radical de la arquitectura, siguiendo los avances tecnológicos de la ingeniería y los principios de la estética purista. El arquitecto cirticó duramente a la Academia de Bellas Artes de París y la señaló como responsable del atraso en el que habían caído los arquitectos de la época. También promovió enérgicamente la abolición de los estilos arquitectónicos y de todas las técnicas constructivas tradicionales, a favor de los nuevos materiales como el concreto armado y el cristal plano, los cuales permitían una mayor ligereza en las construcciones, la construcción de cubiertas planas que permtía aprovechar las azoteas como terrazas, ventanas panorámicas y pilares redondos que podían elevar a los edificios del suelo, dejando la planta baja libre para crear mejores áreas verdes.
En efecto, los conceptos de Le Corbusier fueron revolucionarios. Uno de sus primeros proyectos realizados con total apego a sus principios fue el conjunto habitacional obrero Quartiers Modernes Frugès en Pessac, a las afueras de Burdeos (1924-26), que consistió de 70 casas diseñadas para ser construidas en serie. El proyecto con el que Le Corbusier culmina la realización de sus objetivos funcionales y estéticos es sin duda la Unidad de Habitación de Marsella (1946-52), un gran bloque de vivienda de 18 pisos con 337 apartamentos de dos niveles y servicios completos para sus habitantes, rodeado de áreas verdes.
Paradójicamente los arquitectos que trabajaron bajo la influencia del gran maestro, transformaron gradualmente sus ideas revolucionarias en fórmulas que repitieron casi sin cuestionarlas, hasta llegar a convertirlas en un estilo. Infinidad de conjuntos habitacionales se realizaron en África, Asia y América con los ideales forjados por Le Corbusier en los años veinte, muchos de ellos con gran éxito inicial, pero con un desgaste conceptual relativamente veloz, dado que no tomaron en cuenta las distintas identidades nacionales y condiciones climáticas, culturales y sociales de las distintas geografías, equiparando las necesidades humanas como iguales para todos los individuos, lo cual por cierto había sido expresado por Le Corbusier desde sus primeros textos. La arquitectura debe tomar en cuenta primordialmente las necesidades humanas básicas, pero no puede dejar de lado los afectos y defectos de las personas y su sentido de pertenencia a su lugar de origen.

Lorenzo Rocha

jueves, 27 de julio de 2017

LA VOZ

Mi buen amigo Ricardo Pohlenz solía presentar su programa de radio titulado “La vocación renacentista del milusos” con la siguiente frase: “En un futuro no muy lejano, el audio podrá verse”, él no sabía cómo es que esto sucedería, pero sí estaba seguro que sería dentro de poco tiempo. Creo saber un modo para que esto suceda. Siempre que leo alguna frase escrita por Pohlenz, recuerdo su voz grave y profunda y al mismo tiempo visualizo en mi mente al autor, a un hombre de gran estatura, como diría Carlos Amorales: “El escritor más alto de México”. ¿Será que la sinestesia es una preocupación que interesa también a los escritores? Normalmente somos los arquitectos y los artistas que trabajan con el espacio, como los escultores y escenógrafos, quienes pensamos constantemente en los cinco sentidos y sus transferencias modales, en los canales mediante los cuales percibimos el espacio arquitectónico, ¿Cómo sería ver el sonido, tocar la luz, escuchar el tiempo…? y toda esa larga y trillada serie de oxímoron.
Pohlenz escribe ensayos críticos sobre casi todas las formas artísticas y elementos de la cultura popular, que vemos diariamente por la televisión, construye sus discursos con ritmo musical, lo que lo ha llevado a encabezar dos proyectos de poesía sonora: “Los ositos arrítmicos de Lemuria” y “Los Pohlenz”. Casi me parece estar escuchándolo y viéndolo cuando leo: “Los tigres de papel son tigres de algún modo”, sus aforismos cierran siempre con musicalidad los argumentos de sus textos. Así lo hace en casi todos los ensayos que componen su libro titulado “La vocación de submarino” (Editorial Aldus, 2015), pero también la fotografía de la portada donde aparece una banqueta húmeda donde se ven pisadas sobre una extraña ranura llena de arena, puede leerse como un haikú visual. 
“Se hubiera ganado la hoguera por lo tedioso de sus explicaciones”, trata con igual cortesía distante y buen sentido del humor las obras literarias de William Golding, que la música de Erik Satie o las actuaciones de Bill Murray: “Bill Murray es en cuanto es Bill Murray, pero en cuanto lo es, en cuanto se descubre que es Bill Murray, deja de serlo para convertirse en el otro de sí mismo”.
Sin duda de lo que más parece disfrutar Pohlenz es escribir acerca del cine, desde los filmes iraníes de los años noventa, hasta los de ciencia ficción, las películas de zombies o de autores reconocidos como Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick, “El espíritu de lo moderno es un documento”. Algunos de sus ensayos parecen cuentos, más cercanos a la ficción que a la crítica, por algo no les queda el adjetivo de “reales” y se clasifican con la ambiguedad taxonómica de “no-ficción”, “Corre por el asfalto de la autopista un Lotus a toda velocidad”.  Pohlenz trata sin prejuicios y al mismo nivel de profundidad lo que otros entendemos como cultura de masas, con rigor similar al que se suele utilizar para analizar la alta cultura, considerando las relaciones entre productos musicales, visuales y escritos con igualdad, sin importar que se trate de distintas épocas y contextos en los que han sido creadas las obras de Patti Smith, Robert Mapplethorpe y Oscar Wilde.  

Para leer mejor a Pohlenz es útil conocer la poesía de Arthur Rimbaud, pero es igualmente importante haber visto en el cine “Locos por el golf”, las películas de George Romero (quien por cierto, falleció la semana pasada)  y quizá todas las series del canal HBO, “La verdad está allá afuera, dicen, en la televisión”.
Lorenzo Rocha

jueves, 20 de julio de 2017

ESCULTURA FIGURATIVA

Existe una corriente hasta cierto punto marginal  dentro de la escultura moderna que se ha dedicado a replicar objetos cotidianos de muy distintos tipos y formas, con muy poco o nulo grado de abstracción. Es así como escultores modernos y contemporáneos como el artista estadounidense de origen sueco Claes Oldenburg, quien junto con su mujer Coosje Van Bruggen, han orientado su labor desde los años sesenta a la reproducción a gran escala de objetos que van desde un lápiz, una herradura, una aguja e hilo, cucharas con cerezas, pistolas de rayos, binoculares y muchos otros más. Sus creaciones se han convertido en verdaderos iconos del Arte Pop y están presentes en infinidad de sitios públicos en Estados Unidos y Europa, forman parte del movimiento artístico que buscó el rescate de la cultura popular. 
Aunque a simple vista y por su buen sentido del humor estas piezas parezcan solo satíricas, también tienen alto contenido politico por los sitios donde fueron colocadas y los momentos históricos en los que se sitúan. Por ejemplo en 1969, Oldenburg instaló su obra Lipstick (Ascending) on Caterpillar Tracks (“Lápiz labial ascendiendo sobre vehículo oruga”), en New Haven, mientras se llevaban a cabo las protestas antibélicas, el mismo artista afirma que su obra: “Fue una protesta contra la guerra de Vietnam y una declaración a favor de la educación y la igualdad de género, ya que las mujeres no fueron admitidas en Yale sino hasta ese año”.
A diferencia de la escultura abstracta, la cual prevaleció durante el modernismo, que casi nunca lleva título y sus formas son geométricas, la escultura pública figurativa frecuentemente provoca reacciones de rechazo o afecto en los ciudadanos. Las personas buscan formas reconocibles en la escultura abstracta y tarde o temprano les asignan algún mote, como es el caso de la famosa pieza de escultura de Anish Kapoor titulada Cloud Gate (“Puerta de nubes”), a la cual la gente de Chicago conoce mejor como Space Bean (“Frijol Espacial”).
Los artistas modernistas abstractos sostienen que su lenguaje no requiere de replicar nada de la realidad, sino que buscan la expresión pura de sus conceptos directamente mediante la forma de sus piezas, sin necesidad de cualidades añadidas por la imitación de elementos literales, o por los títulos de las propias piezas. Fue sin duda muy positivo el debate que se suscitó especialmente en Nueva York en las años sesenta, como reacción al abstraccionismo que prevalecía en la  pintura y escultura, con el surgimiento de artistas Pop como puede ser Andy Warhol.
Algo similar sucedió a la arquitectura moderna, ya que en su búsqueda de la racionalidad y el rechazo a la ornamentación, los arquitectos se alejaron también de las posibilidades que habrían podido tener sus obras a nivel comunicativo. En los años ochenta, los arquitectos posmodernistas comenzaron a utilizar formas y ornamentaciones realistas, movimiento que duró relativamente poco tiempo, pero que dejó importantes obras como la sede de agencia de publicidad Chiat-Day en la avenida principal de Venice en Los Ángeles, una obra de 1991 diseñada por Frank Gehry, cuya entrada está enmarcada precisamente por la escultura en forma de binoculares, de Claes Oldenburg.
Lorenzo Rocha

jueves, 13 de julio de 2017

FABRICAR LA REALIDAD

El ser humano necesita desglosar los estímulos que percibe continuamente para ser capaz de digerir la enorme cantidad información que proviene constantemente de su medio ambiente. Si no aislaramos cada sensación que nos llega sería imposible distinguir entre  estar en el espacio, ver imágenes, escuchar sonidos, etcétera, sería una confusión insoportable que nos alejaría de la realidad. Lo real como sistema de aproximaciones, requiere de la clasificación y la diferenciación de cada elemento del mundo que habitamos. para ello también es util distinguir las diferencias entre las características de la escultura y la arquitectura y a su vez ambas respecto al urbanismo.
El crítico de arte Hal Foster cuenta una anécdota muy interesante en la introducción de su libro “El retorno de lo real”, escrito en 1995. Foster cuenta que una vez estaba hablando con un artista amigo suyo frente a una escultura de Robert Morris, la cual consistía de cuatro largas vigas de madera posadas sobre el suelo formando angulos rectos y otras cuatro empotradas en el muro de la galería frente a unos espejos. Ambos amigos discutían sobre aspectos teóricos y prácticos alrededor de la pieza sin percatarse que la hija del artista, una niña de seis años, se había puesto a dar saltos de una viga a otra hasta que completó el rectángulo que formaba la escultura. Cuando los mayores se dieron cuenta de ello, se quedaron sorprendidos por la forma en que la irreflexiva acción de la niña había sido mucho más elocuente frente a la percepción de la pieza que sus elaboradas elucubraciones.
En efecto, a veces la excesiva intelectualización respecto al mundo que nos rodea, nos desvía del camino hacia su comprensión. Ese laberinto es sin duda nuestro intento constante de verbalizar la realidad. Para ello, la separación de las partes que la componen, provoca la incapacidad de mirar el mundo con naturalidad.
El desarrollo de nuestra capacidad analítica es de igual importancia, que la habilidad que debemos tener para ser capaces de sintetizarla. A fin de cuentas, el mundo se presenta ante nosotros como una entidad indisociable y si bien es util concentrarse temporalmente en algún aspecto especifico más que en otro, después debemos intentar percibirlo como un todo.
Cuando se trata de la visualización del espacio, capacidad necesaria para ejercer artes como la arquitectura y la escultura, conviene reservar las disertaciones teóricas para nosotros mismos y compartirlas de preferencia con expertos calificados. Al público en general lo que le interesa es que el espacio sea habitable, si no lo es, de poco le valen las explicaciones teóricas. Mil palabras jamás salvarán un espacio mal resuelto, ningún tratado de teoría podría cambiar la opinión que nos provoca una escultura publica equivocada.
Aunque no todas las personas requieren tener conocimientos sofisticados para percibir el espacio arquitectónico, es cierto que muchos poseen una sensibilidad intuitiva para determinar si se sienten bien o mal dentro de las obras que visitan. Lo mismo sucede con muchas piezas de arte, si son acertadas, la gente las disfrutará a pesar de que no haya estudiado los textos y teorías artísticas que las sostienen. Esto no significa que esté de sobra el conocimiento sobre el arte y la arquitectura, pero indudablemente no se puede plantear como un requisito indispensable para disfrutar del espacio público y las obras de arte, al igual que los espacios privados, las casas y lugares de trabajo dentro de los que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de julio de 2017

INGENIO ABANDONADO

A un lado de la carretera que va de Cuautla a Oaxtepec en Morelos, se encuentra la ruina del antiguo Ingenio Oacalco, establecido en 1668 y que fue cerrado en 1989, tras una escandalosa quiebra financiera. Las construcciones de los siglos XVII y XVIII que componen el antiguo ingenio aparecen ante el visitante como un paisaje asombrosamente irreal. Al mismo tiempo, su estado avanzado de deterioro causa una profunda tristeza a quienes apreciamos el patrimonio histórico inmueble, que pertenece a la nación, no solamente a sus propietarios y poseedores. 
Tras el cierre de la empresa azucarera,  la propiedad estuvo custodiada por el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera durante casi siete años, ya que los trabajadores, seguramente con razón, consideraban que no habían sido indemnizados correctamente por la empresa que controlaba en ingenio. Durante dicho período los custodios no dieron acceso a ninguna persona ajena al sindicato, ni siquiera a historiadores, estudiosos y académicos que deseaban fotografiar el estado de conservación de los inmuebles para futuras restauraciones. Como era previsible, durante la ocupación del ingenio, la capilla y el casco de la hacienda fueron totalmente saqueados y les fue retirada toda la ornamentación que poseian.
Seguramente por su aspecto onírico, la propiedad fue vendida a unos estudios cinematográficos en 1996, quienes la han ocupado desde entonces para filmaciones de todo tipo, sin poner ningún cuidado en su mantenimiento y contribuyendo significativamente a su deterioro. Quizá la película más destacada que ha sido rodada en la hacienda Oacalco es “Pecado original”, dirigida en 1999 por Michael Cristofer, con las actuaciones de Angelina Jolie y Antonio Banderas, quienes caracterizan a una pareja de hacendados del siglo XIX.
Sin embargo, las 23 hectáreas de tierra fértil con las que cuenta la hacienda podrían haber sido dedicadas a fines con mayor contenido social que las filmaciones, tal como lo pedían los trabajadores cañeros desempleados tras el cierre del ingenio. Los obreros deseaban que la propiedad se transformara en una escuela de agricultura que habría formado parte del Instituto Politécnico Nacional, además de una planta envasadora de hortalizas, que les garantizara mejores empleos.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha intentado sin éxito en varias ocasiones, declarar la hacienda como patrimonio nacional, pero su deterioro va en aumento ya que ha sufrido algunos incendios y no ha sido mantenida ni preservada adecuadamente.
No es motivo de orgullo para nadie el hecho de que en nuestro país existan cientos, quizá miles de edificios históricos en estado de abandono, no muy lejos de ahi se encuentran las ruinas de la ex-hacienda de Coahuixtla, de la cual solamente sobreviven muros, arcos y chimeneas. 
Quizá el asunto no sea tan importante para la mayoría de las personas y sea solamente una cuestión del interés de los apasionados por las ruinas. Pero indudablemente despertará la preocupación general de la sociedad cuando estemos más cerca de perder nuestro patrimonio histórico construido, del cual todos podríamos beneficiarnos y que además está bajo nuestra responsabilidad como herederos del pasado indígena y colonial de México.
Lorenzo Rocha

jueves, 29 de junio de 2017

NUEVO POLANCO

La gente llama nuevo Polanco a la colonia Granada, quizá porque pretende que el desarrollo inmobiliario que se inició allí hace algunos años goce del prestigio que tiene la colonia contigua. El acelerado ritmo de la construcción en las manzanas que se localizan a lo largo del Boulevard Miguel Cervantes Saavedra se debe a la aprobación por parte de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del gobierno de la ciudad de México en 2014, del Sistema de Actuación por Cooperación. Se trata de un mecanismo mediante el cual los propietarios de los terrenos aportan recursos a un fideicomiso privado, el cual se compromete a aplicarlos al mejoramiento de la infraestructua vial y al equipamiento urbano. A cambio, el sistema contempla la transferencia del potencial de volumen de edificación, mediante mecanismos como los polígonos de actuación y la relocalización de usos de suelo, lo cual ha permitido la construcción de edificios altos de usos comerciales, habitacionales y culturales.
        Aún es pronto para llegar a una valoración conclusiva de las repercusiones que dichos mecanismos tendrán sobre la zona. Existen alrededor de sesenta proyectos concluidos, pero han sido aprobados desde 2015 cerca de ochenta proyectos más, que aun no se han iniciado o se encuentran en proceso de construcción. Las consecuencias económicas, sociales y urbanas del proyecto aun no se perciben en su totalidad y es imposible calcularlas, debido a que la delegación no ha dado a conocer los estudios que se encargaron para realizar un plan parcial de desarrollo.
            Las colonias incluidas en el plan no solo son la Granada y su ampliación, sino abarca también a las colonias Irrigación, Anáhuac, Pensil y Verónica Anzures. No cabe duda que la zona vive ya una explosión inmobiliaria, igual o superior a cualquier otra zona de la ciudad, incluido el Paseo de la Reforma o Santa Fe. En los pocos años que lleva su desarrollo, las areas comerciales han crecido inusitadamente, las torres de apartamentos han surgido una tras otra y también se han inaugurado dos museos, un teatro y el acuario. Las vialidades de acceso ya está saturadas y el transporte público es insuficiente, lo cual no augura un buen futuro para el plan. Veremos qué solución le dará la delegación Miguel Hidalgo al tráfico que generará esta zona en los proximos años. Tampoco hay claridad en cuanto a las areas verdes y espacios públicos que deberán existir en el proyecto y que son los beneficios más concretos que el sistema de actuación y su fideicomiso debe dar a la población. Sin ello, no existe justificación social de un proyecto privado de esta naturaleza, el cual se sirve del espacio público para alcanzar sus objetivos, sin aportar nada a cambio.
Lorenzo Rocha

jueves, 22 de junio de 2017

NEGOCIAR EL ESPACIO

Antes de siglo XIX el urbanismo se fundamentaba en la planificación. Las ciudades del siglo XVIII aun no se habían enfrentado a la sobrepoblación y su ritmo de crecimiento permitía a sus gobernantes planear sus ensanches y a los arquitectos trazar sus calles y plazas. Después, la llegada masiva de emigrantes del campo a la ciudad en busca de trabajo en la industria y los servicios, desbordó la capacidad de albergue a tantas personas que comenzaron a aparecer asentamientos irregulares en las periferias de todas las ciudades.
Pero en el siglo XX la explosión demográfica provocó cambios radicales en los modos de crecimiento urbano, el espacio dejó de planificarse y comenzaron procesos de negociación política mediante los cuales la forma urbana se fue pareciendo cada vez más aun campo de oposición de fuerzas. En la década de 1920 el urbanista escocés Patrick Geddes comenzó a describir su trabajo como “Cirugía urbana”, una serie de operaciones minúsculas que recomponían las zonas históricas degradadas en Edinburgo. El concepto de Geddes fue retomado 50 años más tarde por Jaime Lerner, alcalde de la ciudad brasileña de Curitiba, quien lo rebautizó con el nombre de “Acupuntura urbana”. Con ello Lerner se refiere a pequeñas intervenciones que funcionan como agujas colocadas en puntos estratégicos del tejido urbano. Dichas intervenciones tienen como objetivo detonar cambios sociales que puedan desencadenar mecanismos positivos para las ciudades. 
Las tácticas urbanas contemporáneas toman formas muy diversas, puede tratarse de la creación de espacios públicos, usos readaptativos de edificios antiguos, sistemas de transporte, recualificaciones, aumentos de la densidad de construcción, etcétera. Los proyectos urbanísticos actuales se realizan en entornos ya construidos, los arquitectos deben abandonar la idea de que los edificios son permanentes para ser capaces de adaptarlos a las nuevas realidades urbanas. La dinámica del espacio urbano contemporáneo está en evolución constante, se debe reutilizar lo construido y demoler lo obsoleto. La arquitectura de la ciudad depende más que nunca de la contingencia, de la comunicación entre todas las fuerzas que actúan sobre el campo urbano. Los proyectos urbanos actuales no están basados en el diseño, sino en las interacciones entre las personas.
El urbanismo contemporáneo es casi una rama de la antropología, dejó de ser labor exclusiva del arquitecto. El urbanista de la actualidad es un profesionista más parecido a un sociólogo que a un diseñador urbano.
Lorenzo Rocha

jueves, 15 de junio de 2017

SALUD INTEGRAL

Desde hace varias décadas hemos observado en nuestro país una de las consecuencias del neoliberalismo económico, la cesión de la tutela por parte del Estado sobre la planificación y construcción de infraestructura, hacia el sector privado. En tiempos en los que el Estado mexicano se hacía cargo de la totalidad de la obra pública, ésta no estaba sujeta a las leyes del mercado, ni se suponía que debía ser rentable. Se contemplaba en aquellas épocas la importancia tanto el beneficio tangible de las infraestructuras, como de los valores intangibles que aportarían a la sociedad.

Los tres grandes problemas que enfrentaba México a la mitad del Siglo XX eran la escasez de vivienda, instituciones educativas y equipamiento hospitalario. Los tres temas que enriquecieron a la arquitectura e ingeniería de aquel tiempo, ocuparon partes prioritarias de la agenda política mexicana entre 1940 y 1970. Aunque la construcción de infraestructura y equipamiento no ha disminuido desde entonces, sí ha sido notable un claro cambio de sus paradigmas.

Un ejemplo palpable de la respuesta óptima a las necesidades de infraestructura del Mexico moderno, es sin duda la arquitectura hospitalaria de los institutos de seguridad social surgidos en el siglo pasado. El IMSS, el ISSSTE y la SSA, encabezaron la política sanitaria oficial de nuestro país durante todo el tiempo que ha transcurrido desde sus inicios. El arquitecto Enrique Yáñez, uno de los principales especialistas en arquitectura hospitalaria que ha tenido nuestro país, escribió en su libro “Hospitales de seguridad social” en 1973: “Los hospitales son los edificios más característicos del género que se dedica a la atención médica de la colectividad, como parte del cuidado de la salud integral”. El mismo arquitecto nos recordaba en su texto que la salud integral no solamente es la ausencia de la enfermedad, sino el correcto y armonioso funcionamiento del cuerpo humano, que conlleva un estado de bienestar físico, moral y social.

Seguramente por estas razones, los centros médicos construidos en los años cincuenta no solo cuentan con las instalaciones y equipos más avanzados que estaban disponibles en la época, sino también se encontraban rodeados de plazas y jardines públicos y contaban con obras de arte permanentes en sus espacios interiores y fachadas exteriores. Los hospitales públicos y privados que se construyen ahora tienen el personal y el equipo adecuado para la atención médica, pero carecen de los elementos antes mencionados que contribuyen al bienestar de sus usuarios, más allá de la salud física.

Lorenzo Rocha

jueves, 8 de junio de 2017

ETHOS PATHOS LOGOS

Los tres componentes fundamentales de la retórica aristotélica, continúan siendo vigentes en la actualidad, a pesar de haber sido definidos hace mas de 2300 años. Se trata de tres conceptos lógicos que contribuyen a dotar de estructura sólida a cualquier discurso. En principio es posible describirlos en términos coloquiales como la credibilidad de quien articula el discurso (ethos), la carga emocional de sus ideas (pathos) y la racionalidad con la que se plantean (logos). Su estudio requiere de gran profundidad, sobre todo para ser capaces de aplicarlos a un trabajo discursivo escrito o hablado.
A partir del siglo XVIII los teóricos de las bellas artes como Hegel y Kant, comenzaron a articular las teorías estéticas que a partir de sus tratados y en gran parte gracias a éstos, han conformado casi todos los discursos artísticos posteriores. Dentro de un orden de ideas similar, algunos estudios culturales, recientemente admiten al arte y a la arquitectura como medios de expresión poética, que establecen canales de comunicación entre el artista y el espectador (o habitante) a distintos niveles perceptivos y cognitivos.
¿Será entonces concebible la aplicación de las figuras retóricas clásicas a los discursos arquitectónicos? ¿Qué utilidad tendría su aplicación durante los procesos de diseño?
Es evidente que la utilidad de los discursos estéticos de la arquitectura no es de naturaleza pública, se trata de recursos y herramientas que en primer lugar y en su mayor medida, benefician al propio artista o arquitecto. Un arquitecto incapaz de entender él mismo los fundamentos lógicos de su propio trabajo, se encontrará a la vez incapacitado para transmitirlos al público y al usuario de sus obras, es muy probable que su trabajo falle en cuanto a su claridad expresiva. En segundo lugar, el análisis lógico de la obra arquitectónico beneficiará a los críticos, teóricos y a todos aquellos que emprendan un trabajo de interpretación de la obra arquitectónica.
Pero a pesar de que los elementos discursivos benefician solamente a los autores y críticos de las obras, el público que entra en contacto con ellas también reacciona ante los mensajes que la arquitectura le transmite, sin necesidad de conocer ni estudiar los elementos que componen su lenguaje. Los habitantes de las ciudades entramos en contacto cotidiano con obras de arquitectura que nos resultan indiferentes, agradables o insoportables y esto es gracias a sus características expresivas. Cuando transitamos por las estaciones del metro, por las oficinas públicas, por las calles o las plazas, recibimos constantemente los mensajes y las ideas de quienes las construyeron. Por desgracia la mayoría de las ideas arquitectónicas y urbanas no están correctamente articuladas, y esto se debe probablemente al hecho de que nunca fueron siquiera concebidas de manera lógica.
Lorenzo Rocha

jueves, 1 de junio de 2017

GREMIO ARQUITECTÓNICO

La profesión de arquitecto, al ser una de las actividades humanas más antiguas y tradicionales inevitablemente funciona como un gremio muy compacto. Como toda agrupación profesional, la arquitectura tiene sus propios códigos y estatutos especiales.
En México, aparte de la carta ética que rige a la profesión, la cual por cierto, pocos de mis colegas conocen, dichos códigos de comportamiento están sobrentendidos y en la mayoría de los casos son tácitos.
Por ejemplo, difícilmente un arquitecto considerará a uno de sus contemporáneos como una autoridad dentro de su campo de conocimiento, las alabanzas están generalmente reservadas para arquitectos de épocas pasadas, siempre consideradas mejores que el tiempo presente. Entre los arquitectos mexicanos es prácticamente incuestionable la labor de aquellos arquitectos modernistas que tuvieron la fortuna de contar con un Estado promotor de la construcción de infraestructuras sociales de todo tipo, desde viviendas hasta teatros y hospitales. Por eso en la actualidad arquitectos como Mario Pani, Juan O’Gorman o Félix Candela solo saldrán a la conversación por sus excelentes obras e incomparable talento, es casi imposible encontrar posturas críticas en su contra.
Pero quizá una de las actitudes más peculiares de nuestro gremio, es la idea del arquitecto respecto al trabajo multidisciplinario. Junto a un aquitecto de prestigio, casi siempre encontraremos a algún filósofo, antropólogo o literato que cumplirá la función de narrar, analizar y exaltar sus proyectos e iniciativas personales. Este comportamiento profesional es poco común en otros gremio profesionales, como los abogados o los médicos, en cuyos coloquios es raro e infrecuente que participen expertos ajenos a su círculo profesional.
Los arquitectos somos sin duda, profesionistas muy proclives a describir detalladamente y discutir en público nuestras ideas, ahondando en terrenos de disciplinas que no dominamos, para lo cual recurrimos a asesores expertos en campos como las humanidades y las ciencias. Esto puede ser visto como una virtud y hasta cierto punto lo es, si no fuera porque también tenemos la tendencia a olvidar toda la teoría aprendida en las aulas, al momento de poner nuestras ideas en práctica. Por ello, muy frecuentemente, los arquitectos que tratan temas sociales y propagan ideas de igualdad y democracia dentro de las aulas y auditorios, hacen exactamente lo contrario cuando se trata de diseñar y construir edificios. Es frecuente escuchar críticas de arquitectos en contra de promotores inmobiliarios o gobiernos locales un día, para los cuales estarían prestos a trabajar al día siguiente, olvidando todos los principios morales y éticos en los que han fundado sus críticas.
Lorenzo Rocha

jueves, 25 de mayo de 2017

EXPANSIONISTAS

Las fronteras entre los países son de dos tipos: aquellas que responden a accidentes geográficos que crean barreras físicas en el paisaje y otras que son líneas imaginarias y arbitrarias que han sido fijadas por razones políticas. Aunque unas sean naturales y las otras sean abstractas e imaginarias, ambos tipos de fronteras dividen a la gente y segregan sus identidades de modo violento.
Tal es el caso de la frontera entre México y los Estados Unidos que es en parte una barrera física, en el tramo en que el Río Grande divide ambas naciones y abstracta en el oeste, donde solo es una línea imaginaria que ha dado lugar a la colocación de vallas, rejas y más recientemente al proyecto de un ignominioso muro. Sin embargo, las barreras entre los países no han anulado la identidad cultural fronteriza, que se vive con libertad a ambos lados de los limites que han sido fijados arbitrariamente, pero que no limitan la consciencia y el sentido de los habitantes de pertenencia al lugar.
Históricamente ha habido un afán expansionista por parte de los Estados Unidos hacia México, que no existe solamente en nuestras latitudes y que responde al desequilibrio de las fuerzas económicas, políticas y militares que prevalecen en cada país.
El geografo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904) fundador de la Geografía Humana o Antropogeografía, era partidario de los “derechos del más fuerte”, categoría humana que consideraba superior e inevitable. Anticipando algunas de la luchas armadas que le precedieron en el tiempo escribía a finales del siglo XIX: “La lucha por la existencia significa una lucha por el espacio [...] Un pueblo superior invade el territorio de su vecino más débil y salvaje y lo despoja de sus tierras [...] La superioridad de esos expansionistas radica primordialmente en su mayor capacidad para apropiarse, utilizar y poblar un territorio”.
Un conflicto similar es el que se vive entre Israel, Egipto, Jordania, Siria y Palestina desde la “Guerra de los seis días”, ocurrida en 1967. Pasados ya 50 años desde el conflicto, las fronteras y la seguridad de los israelíes solo se podido garantizar por la extrema militarización de sus fronteras y por la construcción de muros en Gaza y Cisjordania.
Desgraciadamente en los tiempos que corren ahora, con las crecientes amenazas terroristas y con el narcotráfico, ya no hay muros que puedan asegurar a los ciudadanos contra los peligros que provienen del exterior. Nuestra “Modernidad líquida”, se sirve de la tecnología para traspasar cualquier barrera física y expandir el dominio de las redes criminales y extremistas a cualquier sitio, dejando fuera de nuestro alcance toda posibilidad de vivir en plena paz y tranquilidad.
Lorenzo Rocha

jueves, 18 de mayo de 2017

NOSTALGIA MODERNISTA

Es fascinante revisar fotografías y testimonios que nos muestran el esplendor de las ciudades y la arquitectura que se hacía en nuestro país en la década de 1950. También resulta triste cuando nos percatamos de que desde entonces no hemos podido alcanzar de nuevo el nivel de excelencia al que llegaron los arquitectos de aquella época. Se trata sin duda de una época de auge económico, que no ha tenido parangón hasta ahora.
El presidente Miguel Alemán, que gobernó al país de 1946 a 1952, aprovechó la inestabilidad económica producida por la posguerra para reforzar los lazos comerciales y culturales con los Estados Unidos, lo cual atrajo importantes inversiones a la industria nacional. El auge económico continuó durante el siguiente período presidencial, el cual encabezó Adolfo Ruíz Cortines de 1952 a 1958.
Durante dicha década se construyeron obras emblemáticas que siguen en pie y continúan siendo dignas de admiración. En 1946 se construyó el Conservatorio Nacional de Música, proyecto de Mario Pani, el cual marca el inicio de una época prolífica de equipamientos educativos, culturales y sanitarios impulsados por el Estado. El mismo arquitecto completó al siguiente año la Escuela Normal de Maestros, en la cual superó la excelencia alcanzada en su anterior obra educativa. En 1943 se había creado el Instituto Mexicano del Seguro Social, pero sus labores se desarrollaban en edificios anteriores, adaptados para su nuevo uso, hasta que en 1948 se construyó la sede central del instituto en la avenida Reforma, la cual fue diseñada por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia. En cuanto a los hospitales, su desarrollo durante los años cincuenta fue realmente notable e inusitado. En 1948 se termina el Hospital de Maternidad numero 1, en la calle Gabriel Mancera, proyecto de Ricardo Rivas al que le sigue la construcción en 1952 del Hospital de Zona numero 1 en La Raza, un notable conjunto proyectado por Enrique Yáñez. La arquitectura hospitalaria de la época se culmina con la construcción del Centro Médico Nacional, también del arquitecto Yáñez, concluido en 1955.
El proyecto más importante de los cincuenta es sin duda la Ciudad Universitaria, que reunió el mayor talento arquitectónico del país, bajo la dirección del arquitecto Carlos Lazo. El campus de la UNAM se comenzó a construir en 1952 y fue inaugurado en 1956, en su diseño colaboraron más de 80 arquitectos, entre los que se cuentan Mario Pani, José Villagrán, Francisco Serrano, Agustín Yáñez, Enrique del Moral, Juan O’Gorman, Luis Barragán, Augusto Pérez Palacios, Vladimir Kaspé y Alfonso Arai. Se trata de la obra de arquitectura universitaria más importante e irrepetible que se ha realizado en México y una de la más notables del mundo.
Lorenzo Rocha

jueves, 11 de mayo de 2017

EL SUR

En nuestro país hemos tenido por décadas la improductiva costumbre de mirar siempre hacia el norte. La cultura estadunidense y europea han estado siempre en el foco de nuestra atención y hemos ignorado gran parte de lo que se produce hacia el sur de nuestro territorio. Por desgracia lo poco que nos llega de la cultura que se produce en el sur de América, lo hace casi siempre a través de los filtros que imponen las casas editoriales, instituciones culturales y universidades americanas y europeas.
No obstante, es siempre bienvenida la noticia de la excelente arquitectura que se produce en Sudamérica. Particularmente en Perú, país que durante el modernismo ha tenido especial fortuna en cuanto a su nivel arquitetónico. Últimamente se han completado dos proyectos muy importantes en el país andino, los cuales fueron nominados para el premio Mies Crown Hall, que otorga la Escuela de arquitectura del Instituto Tecnológico de Chicago, por su destacada calidad.
El primero de ellos es el museo arqueológico de las ruinas de Pachacámac, un santuario sagrado de los Incas, ubicado en la márgen derecha del Río Lurín, muy cerca del Océano Pacífico, en la provincia de Lima. Para este proyecto, los arquitectos Patricia Llosa y Rodolfo Cortegana, se enfrentaron a la difícil area de crear un acceso, construir un museo y dotar de servicios básicos en 7500 metros cuadrados, al sitio arqueológico que ocupa 600 hectáreas. La solución se orientó hacia la creación de plazas y atrios al aire libre, que fungen como elementos de transición desde el exterior hacia el interior de los espacios del museo, sin competir con los vestigios arqueológicos ni imitarlos. El resultado es un notable conjunto de muros, bloques y plataformas con geometrías oblícuas, que permiten cambios constantes de perspectiva que resultan al final en la preparación idónea para la visita a las ruinas.
El segundo proyecto recientemente construido en la ciudad de Lima es la primera etapa constructiva de la nueva sede de la Universidad de Ingeniería y Tecnología. Se trata de un edificio de diez plantas que es muy denso y a la vez permeable, ya que su gran masa de concreto contrasta con los huecos que los arquitectos dejaron de forma escalonada entre cada planta. Así los arquitectos de la firma irlandesa Grafton, combinaron una forma brutalista con espacios verdes de transición que dan gran soltura al programa de las dependencias de la universidad, resueltas en los distintos niveles del edificio, pero conectadas entre sí por las múltiples alturas y escalonamientos. Una segunda etapa será construida en el futuro y completará un novedoso e interesante modo de resolver el programa educativo de la escuela tecnológica en intensa relación al tejido urbano donde se localiza.
Lorenzo Rocha

jueves, 4 de mayo de 2017

MASA CONSTRUIDA

Las constantes actividades que realizamos dentro de los espacios arquitectónicos, frecuentemente nos hacen olvidar la gran masa construida de la que se componen los edificios. Esto es lógico y comprensible ya que todos penetramos en los edificios con algún objetivo distinto de la observación de su arquitectura y por lo tanto, ponemos mayor atención en el trabajo, el estudio, el entretenimiento o simplemente en habitar el espacio.

La distracción repecto a las características materiales de la arquitectura, que es normal en la mayoría de las personas, no anula la percepción de éstas, la cual se lleva a cabo incluso a nivel inconsciente. Los edificios son objetos descomunales, masivos y pesados, que a veces percibimos como transparentes, ligeros y etéreos, si ésta ha sido la intención de los arquitectos.

Pero la materialidad de la arquitectura se manifiesta muy claramente en las ruinas de templos y edificios antíguos. Quizá esta sea en parte la razón por la que casi todas las personas se sienten atraídas por las pirámides o los templos abandonados de las culturas antiguas. Cuando vistamos un sitio arqueológico precolombino o las ruinas de algún monasterio colonial, no podemos evitar tocar los muros o trepar hasta lo más alto posible para entrar en contacto con las plataformas de las que se componen las ruinas.

También la masividad es una característica de la tecnología constructiva del pasado. En el tiempo de la civilización mesoamericana, la mejor forma de alcanzar la estabilidad estructural era mediante la construcción de pirámides sucesivas una encima de la anterior. Por su parte, las construcciones coloniales requerían de anchos muros, apoyados en masivos contrafuertes para matenerse en pie, sus cubiertas solamente podían construirse con piedra de forma abovedada, o bien con vigas de madera, ya que estos eran los únicos materiales disponibles.

A finales del siglo XIX, cuando se introdujo el acero y el concreto armado como técnicas de construcción, los edificios comenzaron a lucir más ligeros, por la utilización de columnas cada vez más esbeltas y estructuras de alma abierta que permitieron cubrir grandes claros. Sin embargo, los nuevos materiales y técnicas constructivas principalmente aligeraron a las construcciones de modo simbólico, ya que su peso sigue siendo enorme.

Existe una dimensión física respecto al cuerpo humano frente a las obras arquitectónicas la cual es inevitable y genera una fuerza de atracción objetiva, del mismo modo que los cuerpos masivos atraen a los de menor masa en el espacio. Esto es algo fundamental para la práctica e interpretación de los proyectos y las obras arquitectónicas.

Lorenzo Rocha

jueves, 27 de abril de 2017

RUPTURA

La arquitectura es una disciplina artística que se caraceriza por su lentitud. El proceso que comienza con el boceto de una obra arquitectónica, recorrerá un largo camino hasta convertirse en un edificio concreto. Durante dicho proceso, la idea inicial habrá de transformarse multiples veces hasta estar lista para ser construida. El factor económico del proyecto es quizá el elemento que más impacto tiene sobre el concepto original. La influencia del dinero sobre la arquitectura, tiene tal grado de relevancia en el resultado final del proceso proyectual que se convierte en un elemento de carácter normativo.
La práctica de la arquitectura en México, tuvo un gran auge durante el desarrollo internacional del Modernismo, movimiento que repercutió intensamente en la sociedad y en la política mexicana desde 1920 hasta el final de la década de 1960. La economía mexicana creció a un ritmo impresionante en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales y sus dos correspondientes períodos de posguerra. La industria pesada de los países industrializados de aquella época estuvo dedicada casi totalmente a la producción de armamento, lo cual dió un gran valor a los productos manufacturados en México, que no participó activamente más que en la segunda guerra mundial y lo hizo de modo simbólico, casi sin armas de producción propia.
Por consecuencia, el nivel de la arquitectura mexicana de las cuatro décadas de auge económico en el país, es de calidad notoriamente superior a la que se ha hecho desde entonces, sobre todo en lo que respecta a las obras públicas.
En los últimos 50 años se ha construido más obra pública que en el período anterior, pero ciertamente lo que se ha edificado en los rubros de arquitectura sanitaria, cultural, gubernamental y la infraestructura de transportes en general, carece de la densidad conceptual y del valor artísitico patrimonial de sus predecesores.
Este punto de ruptura en la arquitectura mexicana tuvo repercusiones en la calidad de la obra pública en nuestro país, que se hicieron patentes con mucha claridad en el que podríamos identificar como el último gran proyecto cultural y educativo promovido por los gobiernos revolcionarios: el Centro Nacional de las Artes, terminado en 1995. El proyecto completo fue encargado mediante concurso por el gobierno del presdente Carlos Salinas de Gortari al arquitecto Ricardo Legorreta. Sin embargo, debido al poco tiempo que se le dió al arquitecto para completarlo, éste solo se ocupó del plan maestro y del edificio central, además de la escuela de artes plásticas. Los demás edificios fueron encargados a otros equipos de arquitectos entre los que se cuentan: Teodoro González de León, Enrique Norten, Luis Vicente Flores, Alfonso López Baz y Javier Calleja. La solución apresurada y el resultado general del conjunto son una expresión muy clara del momento decadente en el que edificó la obra.
Lorenzo Rocha

jueves, 20 de abril de 2017

LA NUBE

Pocos artistas contemporáneos entienden tan bien la experiencia visual de la escultura como Anish Kapoor (Bombay, India 1954). El artista indio reside en Londres desde 1970 y en sus más de cuatro décadas de producción artística ha explorado la forma esférica como el principal elemento generador de su trabajo. Sus espejos y figuras monocromáticas cóncavas y convexas han sido realizadas en distintos materiales que le han permitido crear ambientes en los que el público se siente envuelto y partícipe protagónico en la experiencia de las obras escultóricas.
Entre sus obras destacan las esculturas que ha instalado en espacios públicos, ya que su sensibilidad hacia el contexto urbano donde las ha instalado es realmente notable.
Indudablemente la escultura pública mejor realizada por Kapoor es Cloud Gate, una pieza de 10 x 20 x 12.8 metros de altura en su punto más alto, construida en acero inoxidable. La escultura fue realizada en 2004 para ocupar una pequeña plaza sobre la avenida Michigan, dentro del parque Millenium de Chicago. Aunque no es una pieza de grandes dimensiones, los efectos visuales de sus superficies curvas exteriores e interiores, generan un efecto muy potente sobre sus alrededores.
Es común escuchar opiniones favorables acerca de la calidad de la arquitectura de la ciudad de Chicago, algunas personas la describen acertadamente como un “museo arquitectónico al aire libre”. El efecto espectacular de la ciudad no es obra de la casualidad, ya que los chicaguenses llevan casi dos siglos desarrollando su arquitectura, son los inventores del rascacielos y han contribuido notablemente al desarrolo de la arquitectura moderna y el estilo internacional. También se trata de una de las ciudades con mayor presencia y calidad en cuanto a la escultura pública, existen piezas notables de Calder, Picasso, Plensa, Dubuffet, Chagall, Miró y cientos de artistas más, en parte gracias a un programa que obliga a los promotores a destinar el 1.33% del presupuesto de construcción o renovación de edificios y espacios gestionados por el gobierno para la comisión de obras de arte público.
La pieza de Kapoor se materializa como un gran espejo panorámico que refleja a la ciudad, una idea sencilla pero de gran riqueza que ha generado una atracción inusitada en los años que han transcurrido desde su construcción. El principal acierto de la obra es su repercusión en la experiencia visual de la ciudad y de la gente que se refleja en ella, más que su propia materialidad. Kapoor hizo una aguda lectura de la esencia visual del emplazamiento de su obra.
El “frijol”, sobrenombre con el que se le ha denominado popularmente, demoró muy poco tiempo en convertirse en una obra emblemática de la ciudad, visita obligada para el turista y lugar ideal para hacerse un autoretrato o “selfie”.
Lorenzo Rocha

miércoles, 12 de abril de 2017

REFLEXIONES

Los momentos más propicios para reflexionar son los momentos de paz, como los días de descanso o inactividad. He aprovechado estos días de vacaciones para pensar en mi actividad como crítico. Desde hace más de una década he tenido el privilegio de contar con el presente espacio en el cual puedo compartir mis reflexiones con ustedes (los lectores). Por ello les estoy muy agradecido, ya que este espacio de reflexión se ha convertido con el paso de los años, en el eje estructural de mi pensamiento.
Es cierto que lo que aquí se plantea y se discute, tiene que ver con el espacio, la arquitectura, el urbanismo, el arte y la política, lo cual excluye a las ideas aquí plasmadas del interés de todo el público, en especial de quienes carecen de información sobre los temas de los cuales escribo semanalmente.
¿Acaso la arquitectura, la ciudad y el arte no deberían ser temas abiertos a todo el público? De hecho sí lo son, ya que todos habitamos el espacio arquitectónico, todos vivimos en ciudades grandes o pequeñas y a todos nos atañen los conceptos del arte y más aún de la política, no necesariamente aquella que involucra a los políticos, sino la política que ejercemos como miembros de la polis o de las metrópolis como la nuestra.
Aunque no se trate de expertos, todos los ciudadanos pueden y deben opinar sobre la arquitectura, ya que se trata de una forma de arte que afecta y está presente en las vidas de todos nosotros. Quizá el gremio de los arquitectos se ha convertido en un grupo críptico y oscuro, motivado por la defensa y protección de su campo de conocimiento. Sin embargo, cualquier persona que ostente un título profesional debería ser capaz de expresar sus ideas con claridad y dejar la terminología técnica para comunicarse con sus colegas profesionales.
La arquitectura es una actividad muy compleja, pero la experiencia de los espacios arquitectónicos es muy fácilmente descriptible. Cualquier persona puede juzgar la buena o mala calidad de la arquitectura y tiene pleno derecho de hacerlo, ya que las casas y los edificios son para las todas personas que los habitan. Todas las personas pueden expresar con mucha facilidad su apego o rechazo al lugar donde viven o trabajan, al barrio por el que transitan e incluso a las obras de arte que se encuentran en la vía pública o en el interior de los museos y galerías de arte.
La interpretación de los valores estéticos del arte y de la arquitectura corresponde a los críticos, teóricos e historiadores, por desgracia, dichas reflexiones críticas no pueden ser expresadas con sencillez, ya que corresponden a diálogos académicos para los cuales es necesario prepararse y estudiar.
Por lo tanto, existen foros adecuados para cada tipo de discusión y no todos ellos están abiertos al público que no se encuentra inmerso en el ámbito profesional al que pertenecen. Pero de todos los foros, el más democrático es la prensa, y la información disponible en linea, ya que no va dirigida a ningún especialista y es posible que el lector tenga acceso a ella mientras espera su turno con el médico, cuando viaja en metro o tren, espera un autobús, en un avión o en el vestíbulo de una oficina.

De nuevo me siento muy afortunado de comunicarme con tanta gente a quien no conozco y espero que aprecien mis opiniones sobre los espacios que habitamos cotidianamente.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de abril de 2017

SEGURIDAD

En “Vida líquida”, un libro que considero fundamental para comprender los tiempos en los que vivimos, Zygmunt Bauman escribe acerca de la importancia de la seguridad dentro de la planificación urbana actual. El célebre filósofo y sociólogo nació en Polonia en 1925, después emigró a la Unión soviética para huir del holocausto y más tarde a Inglaterra, para refugiarse del antisemitismo de la posguerra. El célebre escritor dejó este mundo en enero del presente año, heredándonos cerca de 60 libros de ensayos que escribió sin interrupción durante seis décadas.
Bauman se refiere al tema del urbanismo en los siguientes términos: “La inseguridad genera temor, por lo que no es de extrañar que la guerra contra la inseguridad figure en un lugar preponderante en la lista de prioridades del urbanista. El problema, no obstante, es que cuando desaparece la inseguridad, también están condenadas a desaparecer de las calles de la ciudad la espontaneidad, la flexibilidad, la capacidad para sorprender y la promesa de aventuras, que son los principales atractivos de la vida urbana”.
Es verdad que los espacios públicos en las ciudades contemporáneas son lugares donde las personas permanecen el mínimo indispensable de su tiempo, lo cual no permite intercambios duraderos y creación del sentido de comunidad, que es un factor que contribuye a que haya mayor seguridad para todos los ciudadanos. En nuestra ciudad, los transeúntes son todos extraños entre sí, y solamente circulan por donde sienten que es seguro y donde saben que están siendo vigilados por la policía.
En los barrios cuyas calles han sido invadidas por criminales, las personas tienden a huir de las calles, a mudarse otros sitios o a encerrarse en sus casas, detrás de altas bardas o de cercas electrificadas. En las calles inseguras los comercios con escaparates han cerrado y nadie se plantea abrir cafeterías con mesas sobre la acera. Todo ello, conduce a un círculo vicioso mediante el cual los ciudadanos pierden la costumbre de permanecer en los espacios públicos y dejan de interactuar con sus vecinos y conocer a las personas que trabajan o transitan por su barrio, lo cual contribuye a que continúe siendo inseguro. Para volver a salir a las calles, la gente exige al gobierno que garantice su seguridad, sin embargo, gran parte de ésta depende de los habitantes y no de la policía. Una calle desierta es insegura por definición y de poco sirve la vigilancia constante si nadie transita por ella.
Basta un esfuerzo conjunto relativamente moderado entre autoridades y ciudadanos para devolver a nuestras calles la actividad que antaño tuvieron. Un ejemplo exitoso de dicho esfuerzo fue la remodelación de algunas calles del centro histórico de la ciudad de México. Antes del 2010, calles como Madero y Regina permanecían totalmente desiertas después de la puesta del sol, por la noche eran solamente transitadas por pandillas de asaltantes que atacaban a cualquier persona que osara salir a caminar por ellas. Al principio de su peatonalización, había un policía en cada cuadra. Con este esfuerzo, los comerciantes comenzaron a abrir sus negocios hacia la calle y se instalaron numerosas tiendas restaurantes en cada calle. Al paso del tiempo, ya no fue necesaria una vigilancia tan intensiva, aunque sigue habiendo presencia policiaca en la zona, gran parte de la seguridad proviene de la condición resumida en el refrán: “La gente va adonde hay gente”.
Lorenzo Rocha

jueves, 30 de marzo de 2017

INSTITUCIONES

En un texto muy interesante publicado en 1974, el escritor francés Denis Hollier escribe: “El término Arquitectura se refiere a todo aquello que hay en un edificio que no es posible reducirlo dentro de la categoría de construcción, todo lo que permite a la edificación escapar de cuestiones puramente funcionales, todo lo que pertenece a sus cualidades estéticas”. En el mismo ensayo titulado: “Metáforas arquitectónicas”, Hollier se refiere a la condición estética de la arquitectura como el soporte de la representación del significado del edificio. La arquitectura, según Hollier, es idéntica al espacio que representa, ya sea religioso, político, conmemorativo o de cualquier otro tipo, la arquitectura invariablemente representa algo más que a sí misma. Con ello, los elementos arquitectónicos como las fachadas, los pilares, los cimientos o las piedras angulares, son metáforas que operan mediante un lenguaje gestual, comunicando al público ideas como la solidez, la grandiosidad, el poder o el misticismo de las instituciones a las cuales representan.
Últimamente me ha sorprendido negativamente la sequía que sufrimos en México en cuanto a la producción de arquitectura relevante, en nuestro país se construye mucho pero se hace poca arquitectura de calidad. Esto se ve con mucha claridad en el reciente anuncio de los premios de la XIV Bienal de arquitectura mexicana. La mayor parte de los edificios que se concluyen cotidianamente, al menos en la ciudad de México, sirven a fines económicos privados. Todos los días se termina algun nuevo edificio de apartamentos, torre de oficinas o centros comerciales privados, que tienen muy poco contenido expresivo y prácticamente ningún contenido crítico, ni experimental. Esto es lógico, dado que los intereses económicos privados tienen muy poca relación con la experimentación, requieren de formulas ya probadas para garantizar su éxito comercial, que evidentemente abren poco espacio para la exploración estética.
En el ultimo año también se han construido otro tipo de obras culturales, religiosas, gubernamentales o para algunas instituciones educativas. Sin embargo, su cantidad ha sido menor y extrañamente, han sido hasta cierto punto contagiadas del lenguaje inexpresivo propio de la arquitectura comercial. La expresión arquitectónica de algunos museos recientes se parece mucho al lenguaje formal de los centros comerciales o las tiendas departamentales. Algunas otras estructuras públicas también han caído en el uso de lenguajes propios de la arquitectura privada, probablemente por el dominio de ésta en el espectro de la producción arquitectónica nacional.
Si seguimos el razonamiento de Hollier para intentar analizar el estado de la arquitectura actual en nuestro país, podríamos también atribuir la mala calidad arquitectónica a la crisis de muchas de nuestras instituciones. Los espacios públicos y los equipamientos culturales, de salud, educación, justicia y demás, representan a las instituciones del Estado, las cuales han reducido su participación como promotoras de las nuevas sedes de servicios. Con la fórmula económica mediante la cual los espacios públicos son concesionados a operadores privados, disminuye notablemente la representatividad de la actividad arquitectónica y artística. Quizá la baja calidad de nuestra arquitectura responde directamente a la crisis de nuestras instituciones públicas.
Lorenzo Rocha

jueves, 23 de marzo de 2017

VIVIENDA EXPERIMENTAL

Hace tiempo que no escuchamos nada en México acerca de algún programa de vivienda que pretenda experimentar soluciones más allá de los prototipos mínimos que hemos visto repetirse a lo largo de las últimas dos décadas. La principal razón es que el problema de la falta de vivienda dejó de ser un tema arquitectónico para convertirse en un problema financiero. No solo en México, sino en todo el mundo la vivienda no gira alrededor del diseño y la construcción sino del crédito bancario, los promotores de vivienda popular no venden casas, venden créditos.
Últimamente hemos observado arquitectos que han intentado abordar el tema de la vivienda con mayor o menor éxito, entre ellos destaca el arquitecto chileno Alejandro Aravena con su proyecto de vivienda incremental, el cual ha conseguido edificar alrededor de 2300 “medias casas”, que han sido terminadas por sus usuarios.
Esta idea está presente entre las opciones para dar casa a las clases populares al menos desde hace 55 años, por ejemplo en Perú, el arquitecto Luis Marcial construyó en 1961 un conjunto en la localidad de Ventanilla, llamado Ciudad Satélite en el que serían precisamente sus habitantes, los encargados de completar la construcción de sus casas.
También en Perú en 1965 comenzó un proyecto de gran importancia que se llamó Previ (Proyecto experimental de vivienda), impulsado por el entonces presidente Fernando Belaunde, quien era arquitecto. Alrededor de 1960 el presidente comenzó a consultar con expertos para explorar nuevas formas para mitigar el flujo de personas que migraban del campo a la ciudad y evitar la propagación de asentamientos informales que estaban creciendo aceleradamente en la capital Lima. El proyecto fue convocado a concurso internacionalmente por el programa de la organización de naciones unidas para el desarrollo, entonces dirigido por el urbanista y arquitecto británico Peter Land. El planteamiento del Previ se centró en el desarrollo de sistemas prefabricados de construcción, para mejorar la economía de los proyectos y en la flexibilidad de las casas para que fuera posible ampliarlas y modificarlas sin alterar la unidad de los conjuntos habitacionales.
La primera etapa del Previ, fue un conjunto de 1500 viviendas a las afueras de Lima. El proyecto fue desarrollado por el Banco peruano de la vivienda, en un amplio terreno dividido en 24 secciones de las cuales la mitad fue diseñada por arquitectos peruanos entre los que destacan: Paredes, Zanelli, Morales y Chaparro. La otra mitad fue desarrollada por equipos de arquitectos de 12 países entre los que se cuentan: Correa (India), Stirling (Reino Unido), Van Eyck (Países Bajos), Alexander (Estados Unidos) y Kurokawa (Japón).
Todos los proyectos fueron acompañados por guías técnicas para facilitar su crecimiento, confiando en que éstas serían de utilidad para las ampliaciones y modificaciones que los dueños decidieran hacer con sus propios medios. Otra virtud del programa fue su variedad de espacios públicos mantenidos por los propios habitantes, con prioridad para los peatones sobre los automóviles.
Ahora que han pasado más de 50 años desde la iniciativa peruana y en vista de que el problema de la falta de vivienda digna siempre se encuentra lejos de encontrar solución, quizá nos seguiremos preguntando: ¿Cuando volveremos a ver nuevas propuestas colaborativas para solucionar el problema de la escasez de vivienda?
Lorenzo Rocha

jueves, 16 de marzo de 2017

INTERSECCIÓN

En la Facultad de arquitectura de la UNAM, los profesores me enseñaron que el proyecto arquitectónico es el medio primordial para la expresión de nuestra disciplina, esto lo aprendí tras cinco años en los que se le daba prioridad absoluta al taller de proyectos, por encima de todas las demás asignaturas teóricas o prácticas, las cuales parecían justificar su existencia únicamente como conocimiento de apoyo a la enseñanza de la composición.

Años más tarde, el ejercicio de la profesión me planteó una paradoja: como arquitecto es extremadamente difícil conseguir un encargo para la construcción de un proyecto y conseguirlo mediante un concurso es aún más improbable. Entonces, ¿para qué me servirían los conocimientos adquiridos en la universidad? Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que hay muchos otros campos además de la construcción, donde se requieren los servicios de los arquitectos. Las habilidades adquiridas en la facultad nos permiten incursionar en los campos del urbanismo, la historia del arte, la crítica, el desarrollo inmobiliario y muchos otros más. La carrera de arquitectura es formativa, no necesariamente informativa.

Gran parte de la construcción que se hace hoy en día, aporta poco o nada a la arquitectura, la que sí lo hace es minoritaria, sin disminuir por ello su impacto y relevancia. Por lo contrario, otras disciplinas como el arte, la fotografía, y la escritura, cuando utilizan al espacio como materia de estudio, contribuyen a ensanchar el horizonte de los conocimientos de los arquitectos.

La arquitectura es un fenómeno cultural que sucede en la intersección de todas sus representaciones, siendo la construcción una de ellas, pero sin menospreciar al dibujo, la fotografía y los textos que se dedican a ella. Ahora puedo afirmar con seguridad que no toda la arquitectura debe existir físicamente, también nos interesan las ideas e imágenes de ediicios que nunca se construyeron, ni se construirán en el futuro. Incluso de aquellos que si fueron materializados, es importante tomar en cuenta los dibujos, fotografías y textos que se refieren a ellos, como parte de su arquitectura.

Algunos edificios que han sido demolidos han influido en las ideas arquitectónicas más que otros que aún están en pie. Tal es el caso del edificio Larkin de Frank Lloyd Wright, construido en Buffalo en 1905 y demolido en 1950, tras la quiebra de la compañía jabonera que lo mandó construir. Otros que nunca fueron construidos, también aportaron grandes avances para la arquitectura, como el Palacio de los Soviets, proyecto constructivista de Boris Iofan, comenzado en 1930, pero nunca finalizado debido al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la cual también truncó otros proyectos como la “Citta Nuova” del arquitecto Antonio Sant’Elia, representante del movimiento futurista en Italia.

Lorenzo Rocha

jueves, 9 de marzo de 2017

BLANCO SOBRE BLANCO

El pintor estadunidense Robert Ryman (EEUU, 1930) pinta cuadros blancos, para él: “El blanco es sobre todo un instrumento para ver más”. El artista resuelve sus cuadros de varias maneras, mediante la textura que sustituye a la expresión del color, utilizando colores debajo del blanco que en ocasiones son perceptibles y por último separando los cuadros de la pared para diferenciar el blanco del cuadro del blanco del muro.
Todas estas técnicas son descritas por Robert Storr, quien es experto en Ryman, como: "Soluciones de problemas que nadie sabía que existían". Para Storr, quien el sábado pasado dió una brillante conferencia durante la inauguración de la exposición de Ryman en el Museo Jumex, el artista radical es capaz de crear una tendencia y después seguirla. El historiador y crítico de arte explicó la materialidad de la pintura de Ryman y su teoría sobre la imposibilidad de la abstracción.
Tres de las obras expuestas en el Museo Jumex, son en mi opinión las que expresan con más claridad la idea de que la ausencia de colores y formas definidas obliga al espectador a estar más alerta y a abrir su mente para percibir lo que el artista intenta trasmitirle a través de ellas. La primera obra es un panel blanco apoyado sobre el suelo y separado del muro mediante dos soportes de aluminio, lleva el título de "Factor" (1983). La segunda se titula "Accord" (1985), consiste en un panel de aluminio vertical, atornillado al muro del cual solo una sección cuadrada en alto relieve está pintada de blanco. Finalmente, la tercera obra, "Pair navigation" (1984), es un panel de fibra de vidrio soportado por un marco de aluminio que en dos puntos está sujetado al muro y cuenta con dos soportes que se apoyan sobre el suelo, como si se tratra de una mesa. Las tres obras son expresiones del deseo del artista de diferenciar la superficie blanca de los cuadros, de los elementos que componen la galería, los planos
veritcales (muros) y horizontales (pisos), mediante composiciones espaciales.
En arquitectura, el personaje cuyas ideas se parecen más a las de Robert Ryman y sus contemporáneos como Mark Rothko, es sin duda Ludwig Mies van der Rohe, quien buscó durante toda su carrera construir espacios con "casi nada", cuando ningún otro arquitecto más pretendía
hacer lo mismo. Mies fue un arquitecto radical en el mismo sentido en que lo fueron los artistas de su tiempo. La de Mies es una arquitectura sutil, que solamente se comprende mediate la experiencia
física del espacio y cuyo rigor en el uso de los materiales y discreción en cuanto a la forma, la hacen única e irrepetible.
Lorenzo Rocha

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