jueves, 19 de octubre de 2017

ACTITUD


Es notable el modo como expresan sus ideas los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, autores del proyecto para la remodelación del Palais de Tokio (2008-2010), el célebre museo y centro de arte parisino, proximo a los jardines de Trocadero. La lucidez de la pareja de arquitectos, junto con Frédéric Druot, ha dado origen a exitosos proyectos de vivienda, como la ampliación de la Torre de apartamentos en Bois-le-Prêtre, al norte de París, proyecto realizado con el espíritu de aprovechar la construcción existente y ampliar los apartamentos, para aumentar sus áreas y mejorar su calidad espacial sin que fuera necesario desocuparlos.
En un libro recientemente publicado con el titulo “Actitud” (Editorial GG, 2017) el público en general puede conocer muchas de las ideas que se encuentran detrás de los proyectos arquitectónicos de la dupla. La libertad estructural, la eficiencia económica y la generosidad espacial son tres de los conceptos que rigen el trabajo del estudio parisino, lo cual liga sus proyectos a una extrema racionalidad. Sin embargo, en algunas de sus respuestas en la entrevista que sostienen con Patrice Goulot, expresan ideas subjetivas, respecto a valores sociales como la percepción del lujo, el ahorro y los antecedentes históricos presentes en los sitios donde han realizado sus proyectos. A pesar de que han obtenido premios importantes como el Gran premio nacional de arquitectura en Francia en 2008, no han seguido las fórmulas alcanzadas en sus proyectos exitosos. Hablando sobre su proceso creativo, Jean-Philippe Vassal responde: “Cada proyecto parte desde cero, no partimos de ideas a priori. Es necesario trabajar, discutir, visitar el lugar, seguir lineas de trabajo que más tarde serán abandonadas (…) Gracias a que apenas dibujamos, no nos quedamos bloqueados en una imagen.”
La actitud crítica de la pareja de arquitectos ha sustituido a su estilo formal, las imágenes de sus proyectos han sido sobrepasadas por sus ideas, se trata de profesionales que no han buscado el protagonismo mediante las formas espectaculares de los edificios. La arquitectura de Lacaton y Vassal es una lección constante de humildad e inteligencia, su espíritu crítico y su inconformismo con el statu quo, se leen claramente en los resultados espaciales de sus proyectos. La trayectoria del estudio durante los últimos 25 años nos muestra una evolución permanente de sus conceptos que han dado resultados muy interesantes sin necesidad de las acrobacias formales que caracterizan a los proyectos de los llamados “arquitectos estrella”. Utilizando materiales y técnicas aparentemente ajenas a la arquitectura, como los invernaderos agrícolas, los arquitectos han conseguido ampliar significativamente los espacios útiles y habitables de sus proyectos habitacionales, regular mejor la temperatura de las casas y reducir el consumo energético. Como ejemplo de ello destaca la casa Latapie, construida con escasos recursos en los suburbios de la ciudad de Burdeos, en 1993.
Respecto al trabajo del estudio parisino, nos encontramos frente a una arquitectura que elude a la imagen, cuyo esencial contenido crítico se refleja en la postura filosófica de sus autores, la cual se traduce directamente a los espacios construidos y en el beneficio de los usuarios, quienes a su vez valoran mejor sus viviendas, lugares de trabajo, museos y escuelas, debido al conocimiento de que sus necesidades físicas y psicológicas fueron tomadas en cuenta constantemente por los creadores de los espacios que habitan.

Lorenzo Rocha

jueves, 12 de octubre de 2017

EDIFICIOS INVISIBLES


En estos días han circulado en medios impresos y electrónicos, múltiples reflexiones derivadas de la situación de las miles de personas que han perdido su hogar por causa del reciente terremoto que golpeó a la ciudad de México y a numerosas poblaciones en los estados de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas. Como hemos señalado, todas estas personas, sumadas a los millones de personas que viven en la informalidad, requerirán de una vivienda nueva. Es muy clara la movilización de los medios profesionales compuestos por arquitectos, ingenieros y urbanistas para proponer soluciones ante la situación de emergencia. Seguramente también las universidades donde se imparten estudios en dichas disciplinas, intentarán plantear ideas y proyectos con los mismos fines. Espero que la búsqueda de soluciones al problema de la vivienda no se pierda en consideraciones utópicas y sobre todo, no se norme por las leyes del mercado inmobiliario, sino por el interés en el bien común.
La fuerza de la costumbre genera la normalización de situaciones ilógicas e inadecuadas. Quienes transitamos por el centro histórico nos hemos acostumbrado a ver diairiamente el edificio inconcluso que se encuentra en la esquina del Eje central Lázaro Cárdenas y Arcos de Belén, a fuerza de verlo una y otra vez nos hemos visto en la necesidad de aceptar su terrible aspecto, a la vez que su anormal circunstancia. El edificio de 15 pisos se quedó inconcluso hace 32 años ya que su estructura falló durante los sismos de septiembre de 1985, desde entonces sus propietarios no han tomado ninguna acción, no lo han reestructurado, ni han intentado demolerlo, a pesar de que por ley deberían hacerlo ya que su mal estado pone en peligro a las construcciones aledañas y a los viandantes. Tampoco la administración pública ha cumplido con su deber de garantizar la seguridad de las personas que habitan en sus alrededores. En ese edificio, podrían vivir aproximadamente 900 personas, si se hicieran las adecuaciones necesarias a la estructura y a la distribución interior de los espacios, pero parece que de momento se mantendrá como está, ante la pasividad de sus propietarios y las autoridades.
Tristemente no es el único caso de espacios ociosos dentro de la ciudad, en cada colonia encontramos casas y edificios abandonados y terrenos baldíos donde antes hubo construcciones que colapsaron o fueron demolidas. Está claro que la situación de estancamiento de todas esas propiedades responde a la especulación inmobiliaria. La actitud del especulador es reprobable desde el punto de vista ético, ya que congela el potencial de su propiedad en espera de mayores ganacias, mientras el suelo se encarece y la población continúa sin acceso a vivienda digna. En tiempos como el presente, la sociedad debería exigir a las autioridades que impongan coutas especiales a quienes especulen con el suelo urbano, para desalentar este mecanismo pernicioso y contribuir a solucionar los problemas a los que nos enfrentamos.

Lorenzo Rocha

jueves, 5 de octubre de 2017

DAMNIFICADOS

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Durante la última semana hemos escuchado a mucha gente que ha expresado su intención de colaborar en la reconstrucción de las casas y edificios destruidos durante los terremotos del pasado mes de septiembre, tanto en la capital como en las demás poblaciones afectadas. Se trata sin duda de muestras de gran generosidad y de genuino interés por contribuir a mejorar el estado de las cosas después del desastre.
Antes de comenzar un esfuerzo serio y profesional de reconstrucción, sería de gran importancia definir sus parámetros. Los damnificados, las personas que sufrieron daños por el desastre, son sin duda millones, no solamente los directamente afectados. Sin duda se trata en primera instancia de quienes perdieron sus hogares, escuelas y lugares de trabajo, estas personas son las que requieren ayuda con mayor urgencia, pero también es necesario tomar en cuenta a quienes carecen de vivienda digna, no necesariamente por efectos de los desastres, sino por su nivel de pobreza.
Una experiencia que deriva del terremoto de 1985 es que la desigualdad y la pobreza se hicieron aún más evidentes durante la catástrofe, a los albergues construidos para atender a los daminificados, se presentaron numerosas personas que ya vivían en la miseria desde antes del desastre. Hasta hace algunos años aún vivían en la colonia Roma personas que construyeron casas de cartón en los terrenos donde se habían colapsado algunos edificios, dichos “albergues temporales”, permanecieron habitados por más de 20 años, otros aún existen en la periferia de la ciudad. Esperemos que esto no suceda de nuevo, que los refugios temporales no se conviertan en moradas definitivas. Los recientes sismos nos han recordado que al menos en la ciudad de México, existen decenas de edificios en peligro de colapsar y que una buena parte de la construcción dañada hace 32 años nunca se reparó y continúa abandonada, además de los numerosos terrenos baldíos que no han sido aún edificados.
Considero que un plan de reconstrucción debe intentar incluir también a la población que vive permanentemente en condiciones precarias. Parece injusto que se vayan a construir casas nuevas para quienes perdieron las suyas recientemente, excluyendo a quienes nunca han tenido una vivienda de buena calidad.
Es obvio que la reconstrucción no es una tarea exclusiva del estado, como tampoco lo es la construcción sólida de viviendas, asi como la actuación socialmente responsable de los empresarios del sector inmobiliario. Si abordamos el problema positivamente, el esfuerzo de reconstrucción que enfrentaremos durante los próximos meses y años resultará en la mejoría de las condiciones de vida de toda la población, para que en desastres futuros haya cada vez menos damnificados y también disminuya la cantidad de personas desposeídas, que es alarmante en nuestro país.

Lorenzo Rocha

jueves, 28 de septiembre de 2017

RECONSTRUCCIÓN

Nada de lo que hagamos en los próximos meses y años devolverá la vida a las 327 personas que murieron en los terremotos de la semana pasada, ni a las 98 personas fallecidas el 7 de septiembre en el sureste del país. Quienes quedamos con vida sí que debemos replantearnos muchas cosas que el desastre ha puesto en evidencia. La primera de ellas no tiene ninguna relación con la arquitectura ni el urbanismo, sino con la capacidad de auto organización. Si bien es notable la manera en que las emergencias disuelven todas las barreras del individualismo,¿Porqué los mexicanos no nos comportamos siempre con la misma solidaridad? ¿Porqué estamos regresando poco a poco a nuestra rutina cotidiana sin mirar hacia atrás y ver la dimensión del fenómeno social que estamos presenciando?
Por desgracia el comportamiento “normal” de nuestros conciudadanos es predominantemente mezquino y egoísta. Debemos afrontar que vivimos en una sociedad basada en los privilegios, apenas cualquiera de nosotros se ve en una circunstancia en la que tiene poder, ya sea político o económico, lo aprovecha para ampliar las desigualdades e injusticias que privan en el ámbito publico y privado a nivel nacional.
El terremoto del 19 de septiembre nos recuerda la tristeza de todo lo que no ha sido reparado y reconstruido en la capital del país desde la misma fecha hace 32 años, además el atraso que viven nuestros compatriotas en poblaciones como Juchitán y Jojutla y otras muchas en los estados de México, Puebla, Morelos, Chiapas y Oaxaca.
Es el momento de plantearnos la reconstrucción de las casas y edificios dañados, pero antes de dar el primer paso invito a los arquitectos y constructores a preguntarse cómo lo quieren hacer. ¿Conviene seguir con la visión a corto plazo del máximo beneficio con el mínimo esfuerzo? ¿Servirá esta experiencia para acabar definitivamente con la corrupción urbanística? ¿Es lógico demoler centenares de casas solamente porque son de adobe?
Aunque se trata de temas de los cuales conviene reflexionar a fondo, parece natural responder negativamente a las anteriores cuestiones.
Es inevitable que el dolor que sentimos ahora dificulte nuestra capacidad de autocrítica, pero al mismo tiempo, los tiempos desafortunados tienen un efecto positivo sobre las mentes lúcidas. Hemos sido testigos de una enorme sensatez generalizada en el pueblo de México, esperemos que no se agote en los próximos días y que sepamos aprovecharla para tomar las decisiones que más nos convienen a todos, no aquellas que nos benefician individualmente.

La gente ha hecho un gran sacrificio ayudando a los demás sin descanso, arriesgando sus vidas, donando víveres y medicinas, incluso dando dinero a las organizaciones civiles. Ahora necesitamos personas inteligentes, honestas y serenas para reorganizar a la sociedad, para reconstruir nuestros pueblos y ciudades. Espero que la tragedia que estamos viviendo no sea tierra fértil para el oportunismo, la manipulación de la conciencia, la especulación inmobiliaria. Espero que de esta triste época nazca un espíritu nuevo que termine con la idea de los “otros”, para que sea sustituida por un gran “nosotros”.
Lorenzo Rocha

jueves, 21 de septiembre de 2017

MALOS RECUERDOS

Este 19 de septiembre los capitalinos con más de tres décadas de vida, estábamos recordando la misma fecha pero del año 1985 por el trágico sismo ocurrido entonces, con un rutinario simulacro. Decía el gaucho Martín Fierro, el personaje de la epopeya escrita por José Hernández: “Olvidar las cosas malas también es tener buena memoria”. Quienes vivimos aquel desastre nunca lo olvidaremos, pero la mayoría ya habíamos sanado de las heridas provocadas por la tristeza de aquel día.
Por eso es tan triste enterarnos hoy de las decenas de personas fallecidas en el sismo del pasado martes en los más de cuarenta edificios colapsados en la ciudad de México y en los estados de Morelos y Puebla. La sensación de miedo y desesperación que vivimos en las calles nos recuerdan lo ocurrido hace 32 años, una ciudad que parecía encontrarse en medio de una guerra. Se vivió un estado de pánico en el centro histórico, por lo inquietante que resultaba caminar entre cristales rotos y trozos de ladrillos caídos desde las fachadas de los edificios. El paseo de la Reforma se vio inundado de miles de personas que fueron evacuadas de los edificios de oficinas, las cuales no encontraban medios de transporte para volver a sus casas y reunirse con sus familias.
Los terremotos son parte fundamental de la memoria urbana de nuestra ciudad, quizá sean sus peores recuerdos. Sin embargo, la solidaridad entre las personas, hasta cierto punto mitiga los efectos del desastre. Como sabemos, algunas cicatrices de sismos anteriores aun prevalecen, la ciudad se reconstruye de manera desigual y sería extraño pensar que esta será la excepción.
La vulnerabilidad ante los fenómenos naturales de tipo telúrico o bien hidrológico se notan especialmente en los ambientes urbanos, por desgracia forman parte inevitable de la vida en las grandes ciudades. Hasta cierto punto paralizan a una ciudad tan compleja como la nuestra, pero al mismo tiempo fortalecen su tejido social. Quizá el motivo del efecto positivo que tienen los desastres naturales sobre la sociedad deriva del hecho que son fenómenos “democráticos”, en el sentido de que afectan a toda la población por igual, sin importar las diferencias económicas, ideológicas o demográficas que existan entre los habitantes.
Los recientes fenómenos naturales como son los sismos, huracanes y tormentas se han atribuido parcialmente a explosiones solares inusitadas y también al calentamiento global. Podría ser simple coincidencia, pero estos últimos meses han estado marcados por la incidencia extraordinaria de dichos desastres en lugares densamente poblados. Esperemos que pronto pase esta mala época, ya que las consecuencias de dichas calamidades tardarán meses y quizá años en ser superadas, especialmente lo que se refiere a la pérdida de vidas humanas.
Lorenzo Rocha

martes, 19 de septiembre de 2017

ENTREVISTA CON PAUL ARDENNE

UN ARTE CONTEXTUAL EN MÉXICO

Paul Ardenne (Charente, Francia, 1956) escribió en 2002 el libro “Un arte contextual” (traducido al español en 2006 y publicado por el Cendeac en Murcia, España). El autor describe este tipo de arte como una forma característica de expresión de los artistas que desde el inicio del siglo XX, han optado por abandonar los espacios expositivos institucionales, galerías y museos, para trabajar en las calles, en las plazas públicas o en el campo abierto. Dichos artistas han decidido dejar su trabajo de taller para producir piezas ligadas a lo cotidiano, las cuales son casi siempre efímeras y se relacionan estrechamente con el contexto en el que se producen. Dentro de este tipo de obras de arte, se cuentan las intervenciones en el espacio público que van ligadas a la participación de las personas comunes, que se convierten en espectadores de las acciones u obras, a veces casualmente. 
Ardenne ha visitado la ciudad de México en varias ocasiones desde los años setenta, durante esta vista participará en la producción de un libro sobre el artista mexicano Rivelino y su trabajo en el espacio público. Su opinión sobre nuestra ciudad es interesante, ya que durante sus vistas ha observado la manera como la metropolis se ha ido expandiendo en los núcleos de riqueza siempre cercanos al centro de la ciudad y de este modo ha ido siempre desplazando a la pobreza gradualmente hacia la periferia, lo cual él llama “Urbanismo de clase”. 
El escritor y crítico francés considera que nuestra ciudad es un campo fértil para la producción de piezas artísticas contextuales, ya que las condiciones sociales, económicas y ambientales permiten la participación de los ciudadanos en proyectos artísticos.
¿Cuáles elementos de la obra de Rivelino le resultan más interesantes desde el punto de vista del arte contextual?
Antes de este viaje, solo había visto fotografías de tres obras de Rivelino que me habían interesado: “Nuestros silencios”, la serie de esculturas que el artista ha instalado en varias ciudades europeas, “Raíces”, una intervención escultórica que se realizó solamente en la ciudad de México y “You”, una escultura compuesta de dos grandes dedos con un espacio intermedio. En principio yo había catalogado la obra de Rivelino, como escultura de fácil lectura, accesible al público no especializado, cuyas formas se relacionan con el público de manera automática. Ahora que lo he conocido mejor, he visto que su trabajo tiene referencias más profundas en la “escultura social” propuesta por Joseph Beuys en los años sesenta, es decir, se trata de piezas de escultura que no están hechas solamente para ser contempladas, sino para ser “experimentadas” por el público. Por ejemplo, las piezas que componen la obra “Nuestros silencios” al ser colocadas en el espacio público, nos transmiten la idea del silencio social y político. Rivelino es un artista que comenzó produciendo en su taller y que ha buscado una mayor dimensión comunicativa para su trabajo, mediante sus instalaciones en el espacio público. Probablemente por esta razón, el artista utiliza formas reconocibles, que tienen un lenguaje simbólico universal y pueden ser entendidas fácilmente por el público. Sus obras son concebidas en el taller, para pasar a ocupar el espacio abierto, como una estrategia para conseguir la máxima dimensión comunicativa posible, al utilizar el espacio público para mostrar sus obras. La estrategia de los aristas en el espacio público es la puesta en tensión de sus obras con el espacio de la ciudad concebida como “un museo sin muros”.
¿Qué artistas mexicanos conoce, que le parezca que han desarrollado adecuadamente su obra en el contexto de la ciudad de México? 
Conozco el trabajo de Minerva Cuevas, quien exalta la conciencia colectiva dentro del trabajo de artistas latinoamericanos frente a las condiciones que les impone la cultura occidental. También me interesa especialmente el trabajo de Santiago Sierra, quien a pesar de ser español, ha desarrollado numerosas acciones en la ciudad de México. Recuerdo aquella ocasión en la que Sierra bloqueó por algunos minutos el Anillo periférico sur a la altura de la avenida Insurgentes, colocando un camión en sentido transversal al flujo vehicular, una acción en la que encuentro un gran contenido geométrico (“Obstrucción de una vía con un contenedor de carga”, 1998). Me interesa su idea de “Estética remunerada”, mediante la cual paga a las personas para participar en sus acciones. En 2004 visité una exposición de pintura en la cual Sierra presentaba cuadros negros pintados con fuego proveniente de la llamas expulsadas por un grupo de personas que trabajaban como “tragafuegos”, a los que contrató en las calles. Algunos otros trabajos de Sierra, también están informados por artistas estadunidenses como Robert Morris, quien en 1969 creó esculturas con humo, “la forma que escapa a la forma”.
¿Cual es el principal soporte material de las obras de arte contextual, el objeto, la acción o la documentación?
No existe ningún modelo único para las obras de arte contextual, su matriz principal es la ocasión y la oportunidad de que el arte entre en contacto con el contexto. Un artista contextual no puede programar ni controlar la reacción del público frente a su trabajo. Los artistas llevan sus intereses particulares al campo abierto de distintas maneras, sus intenciones no son las de decorar el espacio público, sino buscar oportunidades de interacción con otras personas. En muchas ciudades el arte público ha sido utilizado por los ayuntamientos con fines de manipulación y control político mediante el entretenimiento. En reacción a ello, últimamente los artistas contextuales han intentado hacerse invisibles, realizando acciones furtivas apartadas de la vista del público, en las cuales no crean objetos, ni documentación, solo se trata de acciones efímeras en el espacio público.
¿Dónde queda la noción de autor en dichas obras invisibles?
Muchos artistas contextuales han renunciado a la visibilidad propia de su actividad y han cedido su protagonismo en favor del público. Estos artistas renuncian a ser identificados y a firmar sus obras y por lo tanto no obtienen reconocimiento por ellas. Es un fenómeno interesante de “trans-narcisismo” entre el artista y su público, un intercambio de roles dentro de la ciudad. La satisfacción del artista se desplaza fuera de su necesidad de reconocimiento a un plano más complejo de investigación personal, no todo lo que hacemos está ligado a la obtención de reconocimiento o beneficios directos.
Dentro del presente contexto, ¿qué lugar ocupa ahora la escultura monumental en el espacio público?
La escultura urbana ha existido siempre por razones simbólicas, para representar y rendir homenaje público al poder religioso, político y económico. Lo que ha cambiado en nuestros días es que la población urbana reacciona de modo cada vez más negativo hacia los monumentos que le son impuestos por la gente en el poder. El público actual en general aprecia más las manifestaciones artísticas efímeras, que se instalan en la ciudad por poco tiempo. El arte actual responde a la concepción pasajera que tenemos del mundo, anteriormente las personas estaban obsesionadas por sus raíces, mientras que ahora la movilidad y la libertad es más atractiva que las estructuras rígidas y permanentes.
Lorenzo Rocha

jueves, 14 de septiembre de 2017

URBANISMO CLASISTA

La ciudad de México es una urbe policéntrica, desde luego el núcleo principal de la ciudad es el centro histórico, ya que hasta mediados del siglo XIX, lo que ahora es el centro solía ser la ciudad entera. A medida que la ciudad fue creciendo, las nuevas colonias requirieron de infraestructura y vialidades, esto se hizo lentamente al principio, dejando cierto lugar para la planificación. Pero a partir de los años cincuenta, debido a la explosión demográfica y la migración de personas del campo a la ciudad, el gobierno perdió el control del fenómeno de crecimiento urbano. Los pueblos aledaños a la ciudad fueron materialmente inundados por la mancha urbana y sus centros se convirtieron en los núcleos de los nuevos barrios. Esto sucedió primero en Tacubaya y Mixcoac, para extenderse más adelante hacia el sur a Coyoacán, Tlalpan y demás localidades conurbadas en todas las direcciones.
El modelo de desarrollo urbano de nuestra metrópolis genera niveles de desigualdad intolerables para la población. Las inversiones en infraestructura, vialidades y equipamiento urbano se hacen principalmente en los núcleos urbanos tradicionales o en nuevos centros de desarrollo, siguiendo siempre el criterio de fortalecer la economía local mediante la creación de polos de crecimiento, que favorecen a los negocios inmobiliarios y comerciales lucrativos, de los que se benefician principalmente las empresas privadas.
De este modo, vemos como el gobierno invierte en zonas históricas para fomentar el turismo, o bien las empresas promotoras crean nuevos conjuntos habitacionales, comerciales y para oficinas de gran lujo y con la mejor calidad en sus servicios, mientras que la vivienda popular afuera de los polos de desarrollo mantiene sus condiciones precarias.
Basta con observar los contrastes con los que nos encontramos si recorremos la ciudad desde el Zócalo hasta su límite oriente. Primero veremos los edificios históricos y las calles recien renovadas, después comenzaremos a ver barrios comerciales menos aseados y ordenados, al cruzar la avenida Circunvalación, el paisaje urbano cambia notablemente. Siguiendo hacia el este al pasar más allá del aeropuerto veremos que la degradación urbana irá en crecimiento hasta llegar al límite del Circuito exterior mexiquense, donde las construcciones son de calidad realmente muy baja.
La forma urbana de la capital del país y su modelo de desarrollo no es más que un reflejo de nuestra realidad nacional, la cual está determinada por la inequidad en la distribución de la riqueza y por lo tanto, la deficiente calidad de vida de la gran mayoría de sus habitantes.
Lorenzo Rocha

jueves, 7 de septiembre de 2017

ARTE FUGAZ


Desde los años sesenta del siglo XX, se inició una corriente artística que utiliza el espacio público dentro de las ciudades para la puesta en práctica de proyectos de arte participativo, conocidos tambien como “proyectos de inserción social”. Los fundamentos del arte participativo se relacionan estrechamente con la corriente de pensamiento iniciada en 1957 por el movimiento intelectual denominado Internacional Situacionista, el cual publicó sus ideas en la revista del mismo nombre hasta 1968. Sus miembros, entre los que destacan Guy Debord, George Lukacz y Rosa Luxembourg, se propusieron estudiar y discutir todo lo relacionado con la teoría y la práctica de la construcción de situaciones, principalmente en el espacio público urbano.
El sociólogo Henri Lefebvre, también formó parte del grupo y en el contexto del situacionismo, aportó textos fundamentamentales para estudiar la ciudad contemporánea y los fenómenos urbanos, que se centran en el movimiento de las personas, más que en la arquitectura del espacio público.
La “situación construida” fue definida por sus autores como “el momento de la vida construido concreta y deliberadamente para la organización colectiva de un ambiente unitario y de un juego de acontecimientos”.
Por influencia de esta forma de pensamiento, el arte público ya no se limita en nuestros días a la creación exclusiva de objetos escultóricos realizados para ser colocados en calles, parques y plazas.
Gran cantidad de artistas contemporáneos realizan acciones fugaces, que duran pocas horas, durante las cuales escenifican una situación a la invitan al público a participar, sin que éste sea consciente de que se trata de un proyecto artístico. Al final la acción queda registrada en medios audiovisuales y en ocasiones se presenta en exposiciones posteriores a la acción. Los artistas que se dedican a esta forma de arte, realizan su trabajo como actores sociales, que se proponen resaltar situaciones urbanas críticas, como problemas sociales y ambientales.
En México hay varios grupos e individuos que se desempeñan como artistas que actúan en el espacio público, un buen ejemplo de dicha práctica es el colectivo regiomontano Tercerunquinto. Los tres artistas que lo componen han realizado acciones efímeras que tienen relación con los símbolos patrios, la propaganda política, la morfología del espacio urbano, la escasez de vivienda y algunos otros temas cruciales para la vida urbana. Desde hace varios años llevan a cabo un proyecto llamado “Restauración de una pintura mural”, que consiste en la restauración de mensajes políticos pintados en la vía pública de elecciones pasadas y su traslación a espacios expositivos.

Lorenzo Rocha

jueves, 31 de agosto de 2017

PROCESO INMOBILIARIO


Los proyectos arquitectónicos que se llevan a cabo en la ciudad de México están todos relacionados directamente con el desarrollo inmobiliario. Incluso aquellos edificios o casas que no se construyen para ser vendidos o alquilados, forman parte inevitable del mercado de bienes raíces. El propietario de un terreno o de algún inmueble que pueda demolerse o adaptarse, se verá inevitablemente envuelto en procesos inmobiliarios que están relacionados con él de modo inconsciente o bien participa voluntariamente en la especulación urbanística.
Mantener cualquier casa o edificio cerrado, abandonado o utilizado al mínimo genera un mecanismo especulativo, debido a que atrae la atención de los promotores que se encuentran en busca de oportunidades para desarrollar sus proyectos inmobiliarios comerciales. Si los promotores hacen una oferta de compra del inmueble o terreno, su intención de compra eleva los precios de la tierra, independientemente de si el propietario la acepta o la rechaza. Al final el propietario se posiciona cómodamente a esperar un nuevo plan urbano que recualifique su zona o la construcción de alguna obra de equipamiento o infraestructura que mejore las condiciones de su propiedad, esto es especulación pura.
La falta de uso intensivo de la tierra, una práctica muy común en barrios centrales de nuestra ciudad, es un mecanismo dañino para la economía de la metrópolis. La tierra es un bien finito y limitado, cuando hablamos de desarrollo inmobiliario, es el insumo de mayor valor en toda operación de esta índole. Sin duda es correcto que exista libertad para destinar la propiedad privada a lo que sus dueños decidan, por el tiempo que deseen, pero debería de haber mayores incentivos por parte de la autoridad a nivel de impuestos prediales y contribuciones al mejoramiento del espacio público, para quienes decidan reactivar sus propiedades y no lo contrario.
Hoy en día, quien emprende una operación inmobiliaria paga derechos por múltiples conceptos como la factibilidad de la demanda de servicios, la mitigación ambiental por el potencial volumétrico de la construcción (la relación entre altura y areas libres dentro del terreno), y compensaciones por impacto urbano. Es sano para la ciudad que se cobren todos los derechos antes mencionados a quien planea hacer un negocio lucrativo, pero al mismo tiempo es inexplicable e injusto que se exente de dichos pagos a quienes deciden mantener ociosas sus propiedades. La política urbana de nuestra ciudad, que ha echado mano de mecanismos de desarrollo muy creativos como los polígonos de actuación, en los cuales se puede adquirir mayor potencial para un predio por parte de otro que no lo utilice, aun no tiene una postura clara para frenar la especulación y sus políticas actuales alientan a los propietarios a sentarse a esperar a que sus tierras aumenten de valor.

Lorenzo Rocha

jueves, 24 de agosto de 2017

PATRIMONIO CONSTRUIDO

La ciudad de México cuenta con un patrimonio histórico extraordinario, sus barrios centrales tienen una gran calidad arquitectónica y urbana. El desarrollo inmobiliario de la ciudad se ha intensificado notablemente durante los últimos veinte años, por desgracia la mayor parte de los proyectos han optado por la depredación, más que por la preservación del patrimonio histórico, teniendo como principal objetivo la rentabilidad económica de los proyectos, por encima del respeto al contexto urbano.
Podríamos pensar que las leyes de protección al patrimonio arquitectónico deberían bastar para protegerlo, desgraciadamente muchos promotores inmobiliarios han encontrado el modo para burlar a las autoridades y demoler gran cantidad de casas y edificios históricos. Sin duda el mecanismo más efectivo para la preservación histórica es el valor artístico de las propias construcciones y su reconocimiento por parte de la sociedad, mucho más que el respeto a los edificios fomentado por las leyes existentes.
La ciudadania ha ido valorando paulatinamente las cualidades de la arquitectura antigua y algunos promotores que se han percatado de ello, han fomentado su apreciación. En algunos barrios tradicionales de nuestra ciudad, como la colonia Roma y la colonia Juárez, comienza tener más valor una casa antigua que un terreno baldío.
En todo caso el sector del mercado inmobiliario que aprecia los bienes históricos no debería entrar en conflicto con quienes valoran la arquitectura nueva, la ciudad tiene espacio para todos. Debemos ser conscientes que la arquitectura histórica es un bien finito, los catálogos de inmuebles protegidos, ya sea por el INAH o el INBA, tienen un numero determinado de inmuebles por colonia, el cual nunca debería disminuir.
Nuestra tarea como arquitectos con consciencia histórica es la de proteger el patrimonio construido de nuestra ciudad y en ningún caso coludirnos con los promotores que pretendan dañarlo. Como gremio, los arquitectos debemos estar unidos y seguir un código ético en el cual jamás debemos ceder a la exigencia por parte de un cliente o de otra persona de ejercer la profesión fuera de lo que marca la ley.
Muchas veces lamentablemente escuchamos la frase: ”si no acepto hacerlo, lo hará otro”, justificación muy débil moralmente para cometer un acto ilícito por un interés económico. La voluntad y compromiso de contribuir y proteger el patrimonio cultural no debe ser un sacrificio profesional, debe ser una costumbre que comience desde la escuela primaria y continúe hasta la formación universitaria.

Los arquitectos debemos contar con la formación profesional que nos permita argumentar y convencer a los clientes que son propietarios de inmuebles históricos, de las ventajas de preservar sus propiedades y adaptarlas para los nuevos usos que la sociedad contemporánea requiere. De otro modo, en los casos en los que la preservación histórica no sea compatible con los intereses de los propietarios, éstos deben ceder o vender sus inmuebles para que los restaure y adapte quien sí le interese hacerlo. El estado vigila la conservación del patrimonio histórico, pero muchas veces la tarea excede sus capacidades y es ahi donde un gremio de arquitectos e ingenieros fuerte y unido puede eventualmente marcar una diferencia en el futuro de nuestros contextos culturales con valor histórico.
Lorenzo Rocha

jueves, 17 de agosto de 2017

PERSPECTIVA HISTÓRICA


Si analizamos la obra de cualquier arquitecto destacado dentro del Movimiento Moderno, podremos darnos cuenta con relativa facilidad de las ideas críticas que se encuentran detrás de casi todos sus proyectos. En algunos casos dichas ideas de inconformidad con los valores sociales de sus respectivos contextos, no aparecen de modo explícito, dado que algunos maestros de la arquitectura moderna no las expresaron de modo verbal, ni mediante entrevistas y textos. Sin embargo, muchos de ellos estuvieron involucrados en movimientos artísticos que estaban ligados a la política y a la propaganda de sus épocas.
Por ejemplo, en Alemania surgió en los años veinte la Deutscher Werkbund un grupo de arquitectos entre los que se encontraban Ludwig Mies van der Rohe, Peter Behrens y Walter Gropius, los cuales fueron muy activos en cuanto a la producción masiva de viviendas, para la reconstrucción de algunas ciudades europeas después de la Primera Guerra Mundial, entre sus realizaciones se puede contar el conjunto habitacional Weissenhof y la exposición de prototipos de vivienda que lo acompañó en 1927, donde también participaron algunos arquitectos extranjeros como J.J.P. Oud, Joseph Frank y Le Corbusier.
Algunos grupos compuestos por arquitectos y artistas de la misma época transmitieron sus ideas innovadoras y críticas mediante revistas, en las cuales publicaron sus ideas políticas y manifiestos estéticos. Dentro de las más importantes se encuentra sin duda L´ésprit Nouveau, fundada por Le Corbusier, junto con el  pintor Amédée Ozenfant y el poeta Paul Dermée en 1920, se trató de una publicación mensual que apareció regularmente en París hasta 1925. Las ideas sobre la estética purista y la relación del arte con la ciencia y la ingeniería, fueron el fundamento de la producción artística de sus miembros. En Holanda se editó la revista De Stijl de 1917 hasta 1931, en ella participaron pintores como Piet Mondrian, Bart van der Leck y arquitectos entre los que destacan Gerrit Rietveld, Theo van Doesburg y J.J.P. Oud, todos ellos interesados en la búsqueda de leyes universales para la producción artística que tomaran inspiración de la geometría abstracta como la simplificación extrema de la realidad sensible.
El período histórico comprendido entre las dos guerras mundiales, fue especialmente productivo para la exploración estética y la investigación sobre la producción masiva de vivienda debido a la creciente necesidad de reconstrucción. Pero para los años cincuenta, durante la posguerra, gran parte de las ideas que surgieron de inquietudes críticas, comenzaron a transformarse en principios fijos y en una nueva academia, con sus correspondientes estilos arquitectónicos como el Funcionalismo o el Estilo Internacional, que derivó de una exposición y un libro editado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, con la colaboración de Phillip Johnson y Henry Russell-Hitchcock. Entonces aquellos modos innovadores y críticos de hacer arquitectura se convirtieron en una nueva tradición y sus fórmulas fueron repetidas en incontables proyectos por todo el mundo, sin hacer distinciones culturales, geográficas ni políticas.
La correcta perspectiva histórica de la arquitectura, puede ser muy util en la actualidad si nos proponemos la renovación del espíritu crítico. El Modernismo puede aún aportarnos grandes lecciones como una corriente revolucionaria, si observamos los procesos que le dieron origen y ponemos mayor atención en las ideas de sus representantes que en las formas y volúmenes que resultaron de sus investigaciones.

Lorenzo Rocha

jueves, 10 de agosto de 2017

HUMANISMO

 
La idea de ciudad concebida por el célebre sociológo francés Henri Lefebvre como la “obra perpetua de los habitantes, a su vez móviles y movilizados por y para esta obra”, resalta el factor humano del urbanismo. El autor de “El derecho a la ciudad” (Le droit á la ville, libro publicado en 1968) también hace una distinción importante entre lo que considera la ciudad y lo urbano, lo cual caracteriza como “la ciudad menos su arquitectura”. En las trascendentes reflexiones de Lefebvre se nota una tendencia hacia el humanismo dentro de la ciudad, lo cual cada vez está adquiriendo más relevancia en la teoría y crítica respecto a la arquitectura que se hace en la actualidad.
De un modo similar, podríamos plantear una arquitectura que diera prioridad a la gente, por encima de la estética formal. La dimensión ética de la arquitectura, que va más allá de las formas espectaculares y escultóricas, se relaciona necesariamente con la expresión mediante la arquitectura de los valores y aspiraciones de la sociedad para la que se construye, en el tiempo y lugar donde se origina.
Pero incluso los arquitectos que han asimudo una actitud crítica que reflejan en sus proyectos, se enfrentan a una paradoja entre sus ideas y lo que son capaces de plasmar en sus construcciones. Dicha paradoja o discordancia entre las ideas y los hechos, tiene que ver con la cualidad dinámica con la que las personas habitan el espacio, algo parecido a lo que se refiere Lefebvre con su idea de movimiento respecto a la ciudad. Los mecanismos de participación ciudadana contribuyen a planificar mejor las construcciónes, cuando se involucra a las personas en la auténtica toma de decisiones. Sin embargo, desde los años setenta la participación ciudadana ha ido perdiendo validez, sobre todo por que el abuso por parte de las administrciones públicas la ha convertido en un instrumento demagógico.
Finalmente el paso del tiempo también afecta la percepción humana del espacio arquitectónico, en la mayoría de las ocasiones en forma negativa. En pocos casos, un edificio obsoleto puede ser mejor si se redapta a nuevo uso, que un edificio construido desde cero. Este fenómeno se debe a que los edificios antiguos que aun subsisten en pie, han perdido la carga simbólica de la sociedad que les dió origen, aparecen ante nosotros como objetos neutrales o cuya edad despierta sentimientos nostálgicos. Por ello es que algunas veces son mejor recibidos por el público que las construcciones nuevas, los arquitectos que se dedican a la restauración y adaptación de edificios históricos frecuentemente se encuentran en situaciones más solventes frente al humanismo de la arquitectura, que aquellos que se enfocan a la innovación.

Lorenzo Rocha

jueves, 3 de agosto de 2017

ARQUITECTURA O REVOLUCIÓN


Le Corbusier (Charles-Édouard Jeanneret, 1887-1965) fue quizá el arquitecto más innovador del Siglo XX. De 1920 a 1925 publicó regularmente sus ideas en la revista de vanguardia L’ésprit Nouveau (“El nuevo espíritu”), entre las cuales está el concepto de “Arquitectura o revolución”, que es un manifiesto a favor de la transformación radical de la arquitectura, siguiendo los avances tecnológicos de la ingeniería y los principios de la estética purista. El arquitecto cirticó duramente a la Academia de Bellas Artes de París y la señaló como responsable del atraso en el que habían caído los arquitectos de la época. También promovió enérgicamente la abolición de los estilos arquitectónicos y de todas las técnicas constructivas tradicionales, a favor de los nuevos materiales como el concreto armado y el cristal plano, los cuales permitían una mayor ligereza en las construcciones, la construcción de cubiertas planas que permtía aprovechar las azoteas como terrazas, ventanas panorámicas y pilares redondos que podían elevar a los edificios del suelo, dejando la planta baja libre para crear mejores áreas verdes.
En efecto, los conceptos de Le Corbusier fueron revolucionarios. Uno de sus primeros proyectos realizados con total apego a sus principios fue el conjunto habitacional obrero Quartiers Modernes Frugès en Pessac, a las afueras de Burdeos (1924-26), que consistió de 70 casas diseñadas para ser construidas en serie. El proyecto con el que Le Corbusier culmina la realización de sus objetivos funcionales y estéticos es sin duda la Unidad de Habitación de Marsella (1946-52), un gran bloque de vivienda de 18 pisos con 337 apartamentos de dos niveles y servicios completos para sus habitantes, rodeado de áreas verdes.
Paradójicamente los arquitectos que trabajaron bajo la influencia del gran maestro, transformaron gradualmente sus ideas revolucionarias en fórmulas que repitieron casi sin cuestionarlas, hasta llegar a convertirlas en un estilo. Infinidad de conjuntos habitacionales se realizaron en África, Asia y América con los ideales forjados por Le Corbusier en los años veinte, muchos de ellos con gran éxito inicial, pero con un desgaste conceptual relativamente veloz, dado que no tomaron en cuenta las distintas identidades nacionales y condiciones climáticas, culturales y sociales de las distintas geografías, equiparando las necesidades humanas como iguales para todos los individuos, lo cual por cierto había sido expresado por Le Corbusier desde sus primeros textos. La arquitectura debe tomar en cuenta primordialmente las necesidades humanas básicas, pero no puede dejar de lado los afectos y defectos de las personas y su sentido de pertenencia a su lugar de origen.

Lorenzo Rocha

jueves, 27 de julio de 2017

LA VOZ

Mi buen amigo Ricardo Pohlenz solía presentar su programa de radio titulado “La vocación renacentista del milusos” con la siguiente frase: “En un futuro no muy lejano, el audio podrá verse”, él no sabía cómo es que esto sucedería, pero sí estaba seguro que sería dentro de poco tiempo. Creo saber un modo para que esto suceda. Siempre que leo alguna frase escrita por Pohlenz, recuerdo su voz grave y profunda y al mismo tiempo visualizo en mi mente al autor, a un hombre de gran estatura, como diría Carlos Amorales: “El escritor más alto de México”. ¿Será que la sinestesia es una preocupación que interesa también a los escritores? Normalmente somos los arquitectos y los artistas que trabajan con el espacio, como los escultores y escenógrafos, quienes pensamos constantemente en los cinco sentidos y sus transferencias modales, en los canales mediante los cuales percibimos el espacio arquitectónico, ¿Cómo sería ver el sonido, tocar la luz, escuchar el tiempo…? y toda esa larga y trillada serie de oxímoron.
Pohlenz escribe ensayos críticos sobre casi todas las formas artísticas y elementos de la cultura popular, que vemos diariamente por la televisión, construye sus discursos con ritmo musical, lo que lo ha llevado a encabezar dos proyectos de poesía sonora: “Los ositos arrítmicos de Lemuria” y “Los Pohlenz”. Casi me parece estar escuchándolo y viéndolo cuando leo: “Los tigres de papel son tigres de algún modo”, sus aforismos cierran siempre con musicalidad los argumentos de sus textos. Así lo hace en casi todos los ensayos que componen su libro titulado “La vocación de submarino” (Editorial Aldus, 2015), pero también la fotografía de la portada donde aparece una banqueta húmeda donde se ven pisadas sobre una extraña ranura llena de arena, puede leerse como un haikú visual. 
“Se hubiera ganado la hoguera por lo tedioso de sus explicaciones”, trata con igual cortesía distante y buen sentido del humor las obras literarias de William Golding, que la música de Erik Satie o las actuaciones de Bill Murray: “Bill Murray es en cuanto es Bill Murray, pero en cuanto lo es, en cuanto se descubre que es Bill Murray, deja de serlo para convertirse en el otro de sí mismo”.
Sin duda de lo que más parece disfrutar Pohlenz es escribir acerca del cine, desde los filmes iraníes de los años noventa, hasta los de ciencia ficción, las películas de zombies o de autores reconocidos como Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick, “El espíritu de lo moderno es un documento”. Algunos de sus ensayos parecen cuentos, más cercanos a la ficción que a la crítica, por algo no les queda el adjetivo de “reales” y se clasifican con la ambiguedad taxonómica de “no-ficción”, “Corre por el asfalto de la autopista un Lotus a toda velocidad”.  Pohlenz trata sin prejuicios y al mismo nivel de profundidad lo que otros entendemos como cultura de masas, con rigor similar al que se suele utilizar para analizar la alta cultura, considerando las relaciones entre productos musicales, visuales y escritos con igualdad, sin importar que se trate de distintas épocas y contextos en los que han sido creadas las obras de Patti Smith, Robert Mapplethorpe y Oscar Wilde.  

Para leer mejor a Pohlenz es útil conocer la poesía de Arthur Rimbaud, pero es igualmente importante haber visto en el cine “Locos por el golf”, las películas de George Romero (quien por cierto, falleció la semana pasada)  y quizá todas las series del canal HBO, “La verdad está allá afuera, dicen, en la televisión”.
Lorenzo Rocha

jueves, 20 de julio de 2017

ESCULTURA FIGURATIVA

Existe una corriente hasta cierto punto marginal  dentro de la escultura moderna que se ha dedicado a replicar objetos cotidianos de muy distintos tipos y formas, con muy poco o nulo grado de abstracción. Es así como escultores modernos y contemporáneos como el artista estadounidense de origen sueco Claes Oldenburg, quien junto con su mujer Coosje Van Bruggen, han orientado su labor desde los años sesenta a la reproducción a gran escala de objetos que van desde un lápiz, una herradura, una aguja e hilo, cucharas con cerezas, pistolas de rayos, binoculares y muchos otros más. Sus creaciones se han convertido en verdaderos iconos del Arte Pop y están presentes en infinidad de sitios públicos en Estados Unidos y Europa, forman parte del movimiento artístico que buscó el rescate de la cultura popular. 
Aunque a simple vista y por su buen sentido del humor estas piezas parezcan solo satíricas, también tienen alto contenido politico por los sitios donde fueron colocadas y los momentos históricos en los que se sitúan. Por ejemplo en 1969, Oldenburg instaló su obra Lipstick (Ascending) on Caterpillar Tracks (“Lápiz labial ascendiendo sobre vehículo oruga”), en New Haven, mientras se llevaban a cabo las protestas antibélicas, el mismo artista afirma que su obra: “Fue una protesta contra la guerra de Vietnam y una declaración a favor de la educación y la igualdad de género, ya que las mujeres no fueron admitidas en Yale sino hasta ese año”.
A diferencia de la escultura abstracta, la cual prevaleció durante el modernismo, que casi nunca lleva título y sus formas son geométricas, la escultura pública figurativa frecuentemente provoca reacciones de rechazo o afecto en los ciudadanos. Las personas buscan formas reconocibles en la escultura abstracta y tarde o temprano les asignan algún mote, como es el caso de la famosa pieza de escultura de Anish Kapoor titulada Cloud Gate (“Puerta de nubes”), a la cual la gente de Chicago conoce mejor como Space Bean (“Frijol Espacial”).
Los artistas modernistas abstractos sostienen que su lenguaje no requiere de replicar nada de la realidad, sino que buscan la expresión pura de sus conceptos directamente mediante la forma de sus piezas, sin necesidad de cualidades añadidas por la imitación de elementos literales, o por los títulos de las propias piezas. Fue sin duda muy positivo el debate que se suscitó especialmente en Nueva York en las años sesenta, como reacción al abstraccionismo que prevalecía en la  pintura y escultura, con el surgimiento de artistas Pop como puede ser Andy Warhol.
Algo similar sucedió a la arquitectura moderna, ya que en su búsqueda de la racionalidad y el rechazo a la ornamentación, los arquitectos se alejaron también de las posibilidades que habrían podido tener sus obras a nivel comunicativo. En los años ochenta, los arquitectos posmodernistas comenzaron a utilizar formas y ornamentaciones realistas, movimiento que duró relativamente poco tiempo, pero que dejó importantes obras como la sede de agencia de publicidad Chiat-Day en la avenida principal de Venice en Los Ángeles, una obra de 1991 diseñada por Frank Gehry, cuya entrada está enmarcada precisamente por la escultura en forma de binoculares, de Claes Oldenburg.
Lorenzo Rocha

jueves, 13 de julio de 2017

FABRICAR LA REALIDAD

El ser humano necesita desglosar los estímulos que percibe continuamente para ser capaz de digerir la enorme cantidad información que proviene constantemente de su medio ambiente. Si no aislaramos cada sensación que nos llega sería imposible distinguir entre  estar en el espacio, ver imágenes, escuchar sonidos, etcétera, sería una confusión insoportable que nos alejaría de la realidad. Lo real como sistema de aproximaciones, requiere de la clasificación y la diferenciación de cada elemento del mundo que habitamos. para ello también es util distinguir las diferencias entre las características de la escultura y la arquitectura y a su vez ambas respecto al urbanismo.
El crítico de arte Hal Foster cuenta una anécdota muy interesante en la introducción de su libro “El retorno de lo real”, escrito en 1995. Foster cuenta que una vez estaba hablando con un artista amigo suyo frente a una escultura de Robert Morris, la cual consistía de cuatro largas vigas de madera posadas sobre el suelo formando angulos rectos y otras cuatro empotradas en el muro de la galería frente a unos espejos. Ambos amigos discutían sobre aspectos teóricos y prácticos alrededor de la pieza sin percatarse que la hija del artista, una niña de seis años, se había puesto a dar saltos de una viga a otra hasta que completó el rectángulo que formaba la escultura. Cuando los mayores se dieron cuenta de ello, se quedaron sorprendidos por la forma en que la irreflexiva acción de la niña había sido mucho más elocuente frente a la percepción de la pieza que sus elaboradas elucubraciones.
En efecto, a veces la excesiva intelectualización respecto al mundo que nos rodea, nos desvía del camino hacia su comprensión. Ese laberinto es sin duda nuestro intento constante de verbalizar la realidad. Para ello, la separación de las partes que la componen, provoca la incapacidad de mirar el mundo con naturalidad.
El desarrollo de nuestra capacidad analítica es de igual importancia, que la habilidad que debemos tener para ser capaces de sintetizarla. A fin de cuentas, el mundo se presenta ante nosotros como una entidad indisociable y si bien es util concentrarse temporalmente en algún aspecto especifico más que en otro, después debemos intentar percibirlo como un todo.
Cuando se trata de la visualización del espacio, capacidad necesaria para ejercer artes como la arquitectura y la escultura, conviene reservar las disertaciones teóricas para nosotros mismos y compartirlas de preferencia con expertos calificados. Al público en general lo que le interesa es que el espacio sea habitable, si no lo es, de poco le valen las explicaciones teóricas. Mil palabras jamás salvarán un espacio mal resuelto, ningún tratado de teoría podría cambiar la opinión que nos provoca una escultura publica equivocada.
Aunque no todas las personas requieren tener conocimientos sofisticados para percibir el espacio arquitectónico, es cierto que muchos poseen una sensibilidad intuitiva para determinar si se sienten bien o mal dentro de las obras que visitan. Lo mismo sucede con muchas piezas de arte, si son acertadas, la gente las disfrutará a pesar de que no haya estudiado los textos y teorías artísticas que las sostienen. Esto no significa que esté de sobra el conocimiento sobre el arte y la arquitectura, pero indudablemente no se puede plantear como un requisito indispensable para disfrutar del espacio público y las obras de arte, al igual que los espacios privados, las casas y lugares de trabajo dentro de los que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de julio de 2017

INGENIO ABANDONADO

A un lado de la carretera que va de Cuautla a Oaxtepec en Morelos, se encuentra la ruina del antiguo Ingenio Oacalco, establecido en 1668 y que fue cerrado en 1989, tras una escandalosa quiebra financiera. Las construcciones de los siglos XVII y XVIII que componen el antiguo ingenio aparecen ante el visitante como un paisaje asombrosamente irreal. Al mismo tiempo, su estado avanzado de deterioro causa una profunda tristeza a quienes apreciamos el patrimonio histórico inmueble, que pertenece a la nación, no solamente a sus propietarios y poseedores. 
Tras el cierre de la empresa azucarera,  la propiedad estuvo custodiada por el Sindicato de Trabajadores de la Industria Azucarera durante casi siete años, ya que los trabajadores, seguramente con razón, consideraban que no habían sido indemnizados correctamente por la empresa que controlaba en ingenio. Durante dicho período los custodios no dieron acceso a ninguna persona ajena al sindicato, ni siquiera a historiadores, estudiosos y académicos que deseaban fotografiar el estado de conservación de los inmuebles para futuras restauraciones. Como era previsible, durante la ocupación del ingenio, la capilla y el casco de la hacienda fueron totalmente saqueados y les fue retirada toda la ornamentación que poseian.
Seguramente por su aspecto onírico, la propiedad fue vendida a unos estudios cinematográficos en 1996, quienes la han ocupado desde entonces para filmaciones de todo tipo, sin poner ningún cuidado en su mantenimiento y contribuyendo significativamente a su deterioro. Quizá la película más destacada que ha sido rodada en la hacienda Oacalco es “Pecado original”, dirigida en 1999 por Michael Cristofer, con las actuaciones de Angelina Jolie y Antonio Banderas, quienes caracterizan a una pareja de hacendados del siglo XIX.
Sin embargo, las 23 hectáreas de tierra fértil con las que cuenta la hacienda podrían haber sido dedicadas a fines con mayor contenido social que las filmaciones, tal como lo pedían los trabajadores cañeros desempleados tras el cierre del ingenio. Los obreros deseaban que la propiedad se transformara en una escuela de agricultura que habría formado parte del Instituto Politécnico Nacional, además de una planta envasadora de hortalizas, que les garantizara mejores empleos.
El Instituto Nacional de Antropología e Historia ha intentado sin éxito en varias ocasiones, declarar la hacienda como patrimonio nacional, pero su deterioro va en aumento ya que ha sufrido algunos incendios y no ha sido mantenida ni preservada adecuadamente.
No es motivo de orgullo para nadie el hecho de que en nuestro país existan cientos, quizá miles de edificios históricos en estado de abandono, no muy lejos de ahi se encuentran las ruinas de la ex-hacienda de Coahuixtla, de la cual solamente sobreviven muros, arcos y chimeneas. 
Quizá el asunto no sea tan importante para la mayoría de las personas y sea solamente una cuestión del interés de los apasionados por las ruinas. Pero indudablemente despertará la preocupación general de la sociedad cuando estemos más cerca de perder nuestro patrimonio histórico construido, del cual todos podríamos beneficiarnos y que además está bajo nuestra responsabilidad como herederos del pasado indígena y colonial de México.
Lorenzo Rocha

jueves, 29 de junio de 2017

NUEVO POLANCO

La gente llama nuevo Polanco a la colonia Granada, quizá porque pretende que el desarrollo inmobiliario que se inició allí hace algunos años goce del prestigio que tiene la colonia contigua. El acelerado ritmo de la construcción en las manzanas que se localizan a lo largo del Boulevard Miguel Cervantes Saavedra se debe a la aprobación por parte de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del gobierno de la ciudad de México en 2014, del Sistema de Actuación por Cooperación. Se trata de un mecanismo mediante el cual los propietarios de los terrenos aportan recursos a un fideicomiso privado, el cual se compromete a aplicarlos al mejoramiento de la infraestructua vial y al equipamiento urbano. A cambio, el sistema contempla la transferencia del potencial de volumen de edificación, mediante mecanismos como los polígonos de actuación y la relocalización de usos de suelo, lo cual ha permitido la construcción de edificios altos de usos comerciales, habitacionales y culturales.
        Aún es pronto para llegar a una valoración conclusiva de las repercusiones que dichos mecanismos tendrán sobre la zona. Existen alrededor de sesenta proyectos concluidos, pero han sido aprobados desde 2015 cerca de ochenta proyectos más, que aun no se han iniciado o se encuentran en proceso de construcción. Las consecuencias económicas, sociales y urbanas del proyecto aun no se perciben en su totalidad y es imposible calcularlas, debido a que la delegación no ha dado a conocer los estudios que se encargaron para realizar un plan parcial de desarrollo.
            Las colonias incluidas en el plan no solo son la Granada y su ampliación, sino abarca también a las colonias Irrigación, Anáhuac, Pensil y Verónica Anzures. No cabe duda que la zona vive ya una explosión inmobiliaria, igual o superior a cualquier otra zona de la ciudad, incluido el Paseo de la Reforma o Santa Fe. En los pocos años que lleva su desarrollo, las areas comerciales han crecido inusitadamente, las torres de apartamentos han surgido una tras otra y también se han inaugurado dos museos, un teatro y el acuario. Las vialidades de acceso ya está saturadas y el transporte público es insuficiente, lo cual no augura un buen futuro para el plan. Veremos qué solución le dará la delegación Miguel Hidalgo al tráfico que generará esta zona en los proximos años. Tampoco hay claridad en cuanto a las areas verdes y espacios públicos que deberán existir en el proyecto y que son los beneficios más concretos que el sistema de actuación y su fideicomiso debe dar a la población. Sin ello, no existe justificación social de un proyecto privado de esta naturaleza, el cual se sirve del espacio público para alcanzar sus objetivos, sin aportar nada a cambio.
Lorenzo Rocha

jueves, 22 de junio de 2017

NEGOCIAR EL ESPACIO

Antes de siglo XIX el urbanismo se fundamentaba en la planificación. Las ciudades del siglo XVIII aun no se habían enfrentado a la sobrepoblación y su ritmo de crecimiento permitía a sus gobernantes planear sus ensanches y a los arquitectos trazar sus calles y plazas. Después, la llegada masiva de emigrantes del campo a la ciudad en busca de trabajo en la industria y los servicios, desbordó la capacidad de albergue a tantas personas que comenzaron a aparecer asentamientos irregulares en las periferias de todas las ciudades.
Pero en el siglo XX la explosión demográfica provocó cambios radicales en los modos de crecimiento urbano, el espacio dejó de planificarse y comenzaron procesos de negociación política mediante los cuales la forma urbana se fue pareciendo cada vez más aun campo de oposición de fuerzas. En la década de 1920 el urbanista escocés Patrick Geddes comenzó a describir su trabajo como “Cirugía urbana”, una serie de operaciones minúsculas que recomponían las zonas históricas degradadas en Edinburgo. El concepto de Geddes fue retomado 50 años más tarde por Jaime Lerner, alcalde de la ciudad brasileña de Curitiba, quien lo rebautizó con el nombre de “Acupuntura urbana”. Con ello Lerner se refiere a pequeñas intervenciones que funcionan como agujas colocadas en puntos estratégicos del tejido urbano. Dichas intervenciones tienen como objetivo detonar cambios sociales que puedan desencadenar mecanismos positivos para las ciudades. 
Las tácticas urbanas contemporáneas toman formas muy diversas, puede tratarse de la creación de espacios públicos, usos readaptativos de edificios antiguos, sistemas de transporte, recualificaciones, aumentos de la densidad de construcción, etcétera. Los proyectos urbanísticos actuales se realizan en entornos ya construidos, los arquitectos deben abandonar la idea de que los edificios son permanentes para ser capaces de adaptarlos a las nuevas realidades urbanas. La dinámica del espacio urbano contemporáneo está en evolución constante, se debe reutilizar lo construido y demoler lo obsoleto. La arquitectura de la ciudad depende más que nunca de la contingencia, de la comunicación entre todas las fuerzas que actúan sobre el campo urbano. Los proyectos urbanos actuales no están basados en el diseño, sino en las interacciones entre las personas.
El urbanismo contemporáneo es casi una rama de la antropología, dejó de ser labor exclusiva del arquitecto. El urbanista de la actualidad es un profesionista más parecido a un sociólogo que a un diseñador urbano.
Lorenzo Rocha

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