jueves, 22 de junio de 2017

NEGOCIAR EL ESPACIO

Antes de siglo XIX el urbanismo se fundamentaba en la planificación. Las ciudades del siglo XVIII aun no se habían enfrentado a la sobrepoblación y su ritmo de crecimiento permitía a sus gobernantes planear sus ensanches y a los arquitectos trazar sus calles y plazas. Después, la llegada masiva de emigrantes del campo a la ciudad en busca de trabajo en la industria y los servicios, desbordó la capacidad de albergue a tantas personas que comenzaron a aparecer asentamientos irregulares en las periferias de todas las ciudades.
Pero en el siglo XX la explosión demográfica provocó cambios radicales en los modos de crecimiento urbano, el espacio dejó de planificarse y comenzaron procesos de negociación política mediante los cuales la forma urbana se fue pareciendo cada vez más aun campo de oposición de fuerzas. En la década de 1920 el urbanista escocés Patrick Geddes comenzó a describir su trabajo como “Cirugía urbana”, una serie de operaciones minúsculas que recomponían las zonas históricas degradadas en Edinburgo. El concepto de Geddes fue retomado 50 años más tarde por Jaime Lerner, alcalde de la ciudad brasileña de Curitiba, quien lo rebautizó con el nombre de “Acupuntura urbana”. Con ello Lerner se refiere a pequeñas intervenciones que funcionan como agujas colocadas en puntos estratégicos del tejido urbano. Dichas intervenciones tienen como objetivo detonar cambios sociales que puedan desencadenar mecanismos positivos para las ciudades. 
Las tácticas urbanas contemporáneas toman formas muy diversas, puede tratarse de la creación de espacios públicos, usos readaptativos de edificios antiguos, sistemas de transporte, recualificaciones, aumentos de la densidad de construcción, etcétera. Los proyectos urbanísticos actuales se realizan en entornos ya construidos, los arquitectos deben abandonar la idea de que los edificios son permanentes para ser capaces de adaptarlos a las nuevas realidades urbanas. La dinámica del espacio urbano contemporáneo está en evolución constante, se debe reutilizar lo construido y demoler lo obsoleto. La arquitectura de la ciudad depende más que nunca de la contingencia, de la comunicación entre todas las fuerzas que actúan sobre el campo urbano. Los proyectos urbanos actuales no están basados en el diseño, sino en las interacciones entre las personas.
El urbanismo contemporáneo es casi una rama de la antropología, dejó de ser labor exclusiva del arquitecto. El urbanista de la actualidad es un profesionista más parecido a un sociólogo que a un diseñador urbano.
Lorenzo Rocha

jueves, 15 de junio de 2017

SALUD INTEGRAL

Desde hace varias décadas hemos observado en nuestro país una de las consecuencias del neoliberalismo económico, la cesión de la tutela por parte del Estado sobre la planificación y construcción de infraestructura, hacia el sector privado. En tiempos en los que el Estado mexicano se hacía cargo de la totalidad de la obra pública, ésta no estaba sujeta a las leyes del mercado, ni se suponía que debía ser rentable. Se contemplaba en aquellas épocas la importancia tanto el beneficio tangible de las infraestructuras, como de los valores intangibles que aportarían a la sociedad.

Los tres grandes problemas que enfrentaba México a la mitad del Siglo XX eran la escasez de vivienda, instituciones educativas y equipamiento hospitalario. Los tres temas que enriquecieron a la arquitectura e ingeniería de aquel tiempo, ocuparon partes prioritarias de la agenda política mexicana entre 1940 y 1970. Aunque la construcción de infraestructura y equipamiento no ha disminuido desde entonces, sí ha sido notable un claro cambio de sus paradigmas.

Un ejemplo palpable de la respuesta óptima a las necesidades de infraestructura del Mexico moderno, es sin duda la arquitectura hospitalaria de los institutos de seguridad social surgidos en el siglo pasado. El IMSS, el ISSSTE y la SSA, encabezaron la política sanitaria oficial de nuestro país durante todo el tiempo que ha transcurrido desde sus inicios. El arquitecto Enrique Yáñez, uno de los principales especialistas en arquitectura hospitalaria que ha tenido nuestro país, escribió en su libro “Hospitales de seguridad social” en 1973: “Los hospitales son los edificios más característicos del género que se dedica a la atención médica de la colectividad, como parte del cuidado de la salud integral”. El mismo arquitecto nos recordaba en su texto que la salud integral no solamente es la ausencia de la enfermedad, sino el correcto y armonioso funcionamiento del cuerpo humano, que conlleva un estado de bienestar físico, moral y social.

Seguramente por estas razones, los centros médicos construidos en los años cincuenta no solo cuentan con las instalaciones y equipos más avanzados que estaban disponibles en la época, sino también se encontraban rodeados de plazas y jardines públicos y contaban con obras de arte permanentes en sus espacios interiores y fachadas exteriores. Los hospitales públicos y privados que se construyen ahora tienen el personal y el equipo adecuado para la atención médica, pero carecen de los elementos antes mencionados que contribuyen al bienestar de sus usuarios, más allá de la salud física.

Lorenzo Rocha

jueves, 8 de junio de 2017

ETHOS PATHOS LOGOS

Los tres componentes fundamentales de la retórica aristotélica, continúan siendo vigentes en la actualidad, a pesar de haber sido definidos hace mas de 2300 años. Se trata de tres conceptos lógicos que contribuyen a dotar de estructura sólida a cualquier discurso. En principio es posible describirlos en términos coloquiales como la credibilidad de quien articula el discurso (ethos), la carga emocional de sus ideas (pathos) y la racionalidad con la que se plantean (logos). Su estudio requiere de gran profundidad, sobre todo para ser capaces de aplicarlos a un trabajo discursivo escrito o hablado.
A partir del siglo XVIII los teóricos de las bellas artes como Hegel y Kant, comenzaron a articular las teorías estéticas que a partir de sus tratados y en gran parte gracias a éstos, han conformado casi todos los discursos artísticos posteriores. Dentro de un orden de ideas similar, algunos estudios culturales, recientemente admiten al arte y a la arquitectura como medios de expresión poética, que establecen canales de comunicación entre el artista y el espectador (o habitante) a distintos niveles perceptivos y cognitivos.
¿Será entonces concebible la aplicación de las figuras retóricas clásicas a los discursos arquitectónicos? ¿Qué utilidad tendría su aplicación durante los procesos de diseño?
Es evidente que la utilidad de los discursos estéticos de la arquitectura no es de naturaleza pública, se trata de recursos y herramientas que en primer lugar y en su mayor medida, benefician al propio artista o arquitecto. Un arquitecto incapaz de entender él mismo los fundamentos lógicos de su propio trabajo, se encontrará a la vez incapacitado para transmitirlos al público y al usuario de sus obras, es muy probable que su trabajo falle en cuanto a su claridad expresiva. En segundo lugar, el análisis lógico de la obra arquitectónico beneficiará a los críticos, teóricos y a todos aquellos que emprendan un trabajo de interpretación de la obra arquitectónica.
Pero a pesar de que los elementos discursivos benefician solamente a los autores y críticos de las obras, el público que entra en contacto con ellas también reacciona ante los mensajes que la arquitectura le transmite, sin necesidad de conocer ni estudiar los elementos que componen su lenguaje. Los habitantes de las ciudades entramos en contacto cotidiano con obras de arquitectura que nos resultan indiferentes, agradables o insoportables y esto es gracias a sus características expresivas. Cuando transitamos por las estaciones del metro, por las oficinas públicas, por las calles o las plazas, recibimos constantemente los mensajes y las ideas de quienes las construyeron. Por desgracia la mayoría de las ideas arquitectónicas y urbanas no están correctamente articuladas, y esto se debe probablemente al hecho de que nunca fueron siquiera concebidas de manera lógica.
Lorenzo Rocha

jueves, 1 de junio de 2017

GREMIO ARQUITECTÓNICO

La profesión de arquitecto, al ser una de las actividades humanas más antiguas y tradicionales inevitablemente funciona como un gremio muy compacto. Como toda agrupación profesional, la arquitectura tiene sus propios códigos y estatutos especiales.
En México, aparte de la carta ética que rige a la profesión, la cual por cierto, pocos de mis colegas conocen, dichos códigos de comportamiento están sobrentendidos y en la mayoría de los casos son tácitos.
Por ejemplo, difícilmente un arquitecto considerará a uno de sus contemporáneos como una autoridad dentro de su campo de conocimiento, las alabanzas están generalmente reservadas para arquitectos de épocas pasadas, siempre consideradas mejores que el tiempo presente. Entre los arquitectos mexicanos es prácticamente incuestionable la labor de aquellos arquitectos modernistas que tuvieron la fortuna de contar con un Estado promotor de la construcción de infraestructuras sociales de todo tipo, desde viviendas hasta teatros y hospitales. Por eso en la actualidad arquitectos como Mario Pani, Juan O’Gorman o Félix Candela solo saldrán a la conversación por sus excelentes obras e incomparable talento, es casi imposible encontrar posturas críticas en su contra.
Pero quizá una de las actitudes más peculiares de nuestro gremio, es la idea del arquitecto respecto al trabajo multidisciplinario. Junto a un aquitecto de prestigio, casi siempre encontraremos a algún filósofo, antropólogo o literato que cumplirá la función de narrar, analizar y exaltar sus proyectos e iniciativas personales. Este comportamiento profesional es poco común en otros gremio profesionales, como los abogados o los médicos, en cuyos coloquios es raro e infrecuente que participen expertos ajenos a su círculo profesional.
Los arquitectos somos sin duda, profesionistas muy proclives a describir detalladamente y discutir en público nuestras ideas, ahondando en terrenos de disciplinas que no dominamos, para lo cual recurrimos a asesores expertos en campos como las humanidades y las ciencias. Esto puede ser visto como una virtud y hasta cierto punto lo es, si no fuera porque también tenemos la tendencia a olvidar toda la teoría aprendida en las aulas, al momento de poner nuestras ideas en práctica. Por ello, muy frecuentemente, los arquitectos que tratan temas sociales y propagan ideas de igualdad y democracia dentro de las aulas y auditorios, hacen exactamente lo contrario cuando se trata de diseñar y construir edificios. Es frecuente escuchar críticas de arquitectos en contra de promotores inmobiliarios o gobiernos locales un día, para los cuales estarían prestos a trabajar al día siguiente, olvidando todos los principios morales y éticos en los que han fundado sus críticas.
Lorenzo Rocha

jueves, 25 de mayo de 2017

EXPANSIONISTAS

Las fronteras entre los países son de dos tipos: aquellas que responden a accidentes geográficos que crean barreras físicas en el paisaje y otras que son líneas imaginarias y arbitrarias que han sido fijadas por razones políticas. Aunque unas sean naturales y las otras sean abstractas e imaginarias, ambos tipos de fronteras dividen a la gente y segregan sus identidades de modo violento.
Tal es el caso de la frontera entre México y los Estados Unidos que es en parte una barrera física, en el tramo en que el Río Grande divide ambas naciones y abstracta en el oeste, donde solo es una línea imaginaria que ha dado lugar a la colocación de vallas, rejas y más recientemente al proyecto de un ignominioso muro. Sin embargo, las barreras entre los países no han anulado la identidad cultural fronteriza, que se vive con libertad a ambos lados de los limites que han sido fijados arbitrariamente, pero que no limitan la consciencia y el sentido de los habitantes de pertenencia al lugar.
Históricamente ha habido un afán expansionista por parte de los Estados Unidos hacia México, que no existe solamente en nuestras latitudes y que responde al desequilibrio de las fuerzas económicas, políticas y militares que prevalecen en cada país.
El geografo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904) fundador de la Geografía Humana o Antropogeografía, era partidario de los “derechos del más fuerte”, categoría humana que consideraba superior e inevitable. Anticipando algunas de la luchas armadas que le precedieron en el tiempo escribía a finales del siglo XIX: “La lucha por la existencia significa una lucha por el espacio [...] Un pueblo superior invade el territorio de su vecino más débil y salvaje y lo despoja de sus tierras [...] La superioridad de esos expansionistas radica primordialmente en su mayor capacidad para apropiarse, utilizar y poblar un territorio”.
Un conflicto similar es el que se vive entre Israel, Egipto, Jordania, Siria y Palestina desde la “Guerra de los seis días”, ocurrida en 1967. Pasados ya 50 años desde el conflicto, las fronteras y la seguridad de los israelíes solo se podido garantizar por la extrema militarización de sus fronteras y por la construcción de muros en Gaza y Cisjordania.
Desgraciadamente en los tiempos que corren ahora, con las crecientes amenazas terroristas y con el narcotráfico, ya no hay muros que puedan asegurar a los ciudadanos contra los peligros que provienen del exterior. Nuestra “Modernidad líquida”, se sirve de la tecnología para traspasar cualquier barrera física y expandir el dominio de las redes criminales y extremistas a cualquier sitio, dejando fuera de nuestro alcance toda posibilidad de vivir en plena paz y tranquilidad.
Lorenzo Rocha

jueves, 18 de mayo de 2017

NOSTALGIA MODERNISTA

Es fascinante revisar fotografías y testimonios que nos muestran el esplendor de las ciudades y la arquitectura que se hacía en nuestro país en la década de 1950. También resulta triste cuando nos percatamos de que desde entonces no hemos podido alcanzar de nuevo el nivel de excelencia al que llegaron los arquitectos de aquella época. Se trata sin duda de una época de auge económico, que no ha tenido parangón hasta ahora.
El presidente Miguel Alemán, que gobernó al país de 1946 a 1952, aprovechó la inestabilidad económica producida por la posguerra para reforzar los lazos comerciales y culturales con los Estados Unidos, lo cual atrajo importantes inversiones a la industria nacional. El auge económico continuó durante el siguiente período presidencial, el cual encabezó Adolfo Ruíz Cortines de 1952 a 1958.
Durante dicha década se construyeron obras emblemáticas que siguen en pie y continúan siendo dignas de admiración. En 1946 se construyó el Conservatorio Nacional de Música, proyecto de Mario Pani, el cual marca el inicio de una época prolífica de equipamientos educativos, culturales y sanitarios impulsados por el Estado. El mismo arquitecto completó al siguiente año la Escuela Normal de Maestros, en la cual superó la excelencia alcanzada en su anterior obra educativa. En 1943 se había creado el Instituto Mexicano del Seguro Social, pero sus labores se desarrollaban en edificios anteriores, adaptados para su nuevo uso, hasta que en 1948 se construyó la sede central del instituto en la avenida Reforma, la cual fue diseñada por el arquitecto Carlos Obregón Santacilia. En cuanto a los hospitales, su desarrollo durante los años cincuenta fue realmente notable e inusitado. En 1948 se termina el Hospital de Maternidad numero 1, en la calle Gabriel Mancera, proyecto de Ricardo Rivas al que le sigue la construcción en 1952 del Hospital de Zona numero 1 en La Raza, un notable conjunto proyectado por Enrique Yáñez. La arquitectura hospitalaria de la época se culmina con la construcción del Centro Médico Nacional, también del arquitecto Yáñez, concluido en 1955.
El proyecto más importante de los cincuenta es sin duda la Ciudad Universitaria, que reunió el mayor talento arquitectónico del país, bajo la dirección del arquitecto Carlos Lazo. El campus de la UNAM se comenzó a construir en 1952 y fue inaugurado en 1956, en su diseño colaboraron más de 80 arquitectos, entre los que se cuentan Mario Pani, José Villagrán, Francisco Serrano, Agustín Yáñez, Enrique del Moral, Juan O’Gorman, Luis Barragán, Augusto Pérez Palacios, Vladimir Kaspé y Alfonso Arai. Se trata de la obra de arquitectura universitaria más importante e irrepetible que se ha realizado en México y una de la más notables del mundo.
Lorenzo Rocha

jueves, 11 de mayo de 2017

EL SUR

En nuestro país hemos tenido por décadas la improductiva costumbre de mirar siempre hacia el norte. La cultura estadunidense y europea han estado siempre en el foco de nuestra atención y hemos ignorado gran parte de lo que se produce hacia el sur de nuestro territorio. Por desgracia lo poco que nos llega de la cultura que se produce en el sur de América, lo hace casi siempre a través de los filtros que imponen las casas editoriales, instituciones culturales y universidades americanas y europeas.
No obstante, es siempre bienvenida la noticia de la excelente arquitectura que se produce en Sudamérica. Particularmente en Perú, país que durante el modernismo ha tenido especial fortuna en cuanto a su nivel arquitetónico. Últimamente se han completado dos proyectos muy importantes en el país andino, los cuales fueron nominados para el premio Mies Crown Hall, que otorga la Escuela de arquitectura del Instituto Tecnológico de Chicago, por su destacada calidad.
El primero de ellos es el museo arqueológico de las ruinas de Pachacámac, un santuario sagrado de los Incas, ubicado en la márgen derecha del Río Lurín, muy cerca del Océano Pacífico, en la provincia de Lima. Para este proyecto, los arquitectos Patricia Llosa y Rodolfo Cortegana, se enfrentaron a la difícil area de crear un acceso, construir un museo y dotar de servicios básicos en 7500 metros cuadrados, al sitio arqueológico que ocupa 600 hectáreas. La solución se orientó hacia la creación de plazas y atrios al aire libre, que fungen como elementos de transición desde el exterior hacia el interior de los espacios del museo, sin competir con los vestigios arqueológicos ni imitarlos. El resultado es un notable conjunto de muros, bloques y plataformas con geometrías oblícuas, que permiten cambios constantes de perspectiva que resultan al final en la preparación idónea para la visita a las ruinas.
El segundo proyecto recientemente construido en la ciudad de Lima es la primera etapa constructiva de la nueva sede de la Universidad de Ingeniería y Tecnología. Se trata de un edificio de diez plantas que es muy denso y a la vez permeable, ya que su gran masa de concreto contrasta con los huecos que los arquitectos dejaron de forma escalonada entre cada planta. Así los arquitectos de la firma irlandesa Grafton, combinaron una forma brutalista con espacios verdes de transición que dan gran soltura al programa de las dependencias de la universidad, resueltas en los distintos niveles del edificio, pero conectadas entre sí por las múltiples alturas y escalonamientos. Una segunda etapa será construida en el futuro y completará un novedoso e interesante modo de resolver el programa educativo de la escuela tecnológica en intensa relación al tejido urbano donde se localiza.
Lorenzo Rocha

jueves, 4 de mayo de 2017

MASA CONSTRUIDA

Las constantes actividades que realizamos dentro de los espacios arquitectónicos, frecuentemente nos hacen olvidar la gran masa construida de la que se componen los edificios. Esto es lógico y comprensible ya que todos penetramos en los edificios con algún objetivo distinto de la observación de su arquitectura y por lo tanto, ponemos mayor atención en el trabajo, el estudio, el entretenimiento o simplemente en habitar el espacio.

La distracción repecto a las características materiales de la arquitectura, que es normal en la mayoría de las personas, no anula la percepción de éstas, la cual se lleva a cabo incluso a nivel inconsciente. Los edificios son objetos descomunales, masivos y pesados, que a veces percibimos como transparentes, ligeros y etéreos, si ésta ha sido la intención de los arquitectos.

Pero la materialidad de la arquitectura se manifiesta muy claramente en las ruinas de templos y edificios antíguos. Quizá esta sea en parte la razón por la que casi todas las personas se sienten atraídas por las pirámides o los templos abandonados de las culturas antiguas. Cuando vistamos un sitio arqueológico precolombino o las ruinas de algún monasterio colonial, no podemos evitar tocar los muros o trepar hasta lo más alto posible para entrar en contacto con las plataformas de las que se componen las ruinas.

También la masividad es una característica de la tecnología constructiva del pasado. En el tiempo de la civilización mesoamericana, la mejor forma de alcanzar la estabilidad estructural era mediante la construcción de pirámides sucesivas una encima de la anterior. Por su parte, las construcciones coloniales requerían de anchos muros, apoyados en masivos contrafuertes para matenerse en pie, sus cubiertas solamente podían construirse con piedra de forma abovedada, o bien con vigas de madera, ya que estos eran los únicos materiales disponibles.

A finales del siglo XIX, cuando se introdujo el acero y el concreto armado como técnicas de construcción, los edificios comenzaron a lucir más ligeros, por la utilización de columnas cada vez más esbeltas y estructuras de alma abierta que permitieron cubrir grandes claros. Sin embargo, los nuevos materiales y técnicas constructivas principalmente aligeraron a las construcciones de modo simbólico, ya que su peso sigue siendo enorme.

Existe una dimensión física respecto al cuerpo humano frente a las obras arquitectónicas la cual es inevitable y genera una fuerza de atracción objetiva, del mismo modo que los cuerpos masivos atraen a los de menor masa en el espacio. Esto es algo fundamental para la práctica e interpretación de los proyectos y las obras arquitectónicas.

Lorenzo Rocha

jueves, 27 de abril de 2017

RUPTURA

La arquitectura es una disciplina artística que se caraceriza por su lentitud. El proceso que comienza con el boceto de una obra arquitectónica, recorrerá un largo camino hasta convertirse en un edificio concreto. Durante dicho proceso, la idea inicial habrá de transformarse multiples veces hasta estar lista para ser construida. El factor económico del proyecto es quizá el elemento que más impacto tiene sobre el concepto original. La influencia del dinero sobre la arquitectura, tiene tal grado de relevancia en el resultado final del proceso proyectual que se convierte en un elemento de carácter normativo.
La práctica de la arquitectura en México, tuvo un gran auge durante el desarrollo internacional del Modernismo, movimiento que repercutió intensamente en la sociedad y en la política mexicana desde 1920 hasta el final de la década de 1960. La economía mexicana creció a un ritmo impresionante en el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales y sus dos correspondientes períodos de posguerra. La industria pesada de los países industrializados de aquella época estuvo dedicada casi totalmente a la producción de armamento, lo cual dió un gran valor a los productos manufacturados en México, que no participó activamente más que en la segunda guerra mundial y lo hizo de modo simbólico, casi sin armas de producción propia.
Por consecuencia, el nivel de la arquitectura mexicana de las cuatro décadas de auge económico en el país, es de calidad notoriamente superior a la que se ha hecho desde entonces, sobre todo en lo que respecta a las obras públicas.
En los últimos 50 años se ha construido más obra pública que en el período anterior, pero ciertamente lo que se ha edificado en los rubros de arquitectura sanitaria, cultural, gubernamental y la infraestructura de transportes en general, carece de la densidad conceptual y del valor artísitico patrimonial de sus predecesores.
Este punto de ruptura en la arquitectura mexicana tuvo repercusiones en la calidad de la obra pública en nuestro país, que se hicieron patentes con mucha claridad en el que podríamos identificar como el último gran proyecto cultural y educativo promovido por los gobiernos revolcionarios: el Centro Nacional de las Artes, terminado en 1995. El proyecto completo fue encargado mediante concurso por el gobierno del presdente Carlos Salinas de Gortari al arquitecto Ricardo Legorreta. Sin embargo, debido al poco tiempo que se le dió al arquitecto para completarlo, éste solo se ocupó del plan maestro y del edificio central, además de la escuela de artes plásticas. Los demás edificios fueron encargados a otros equipos de arquitectos entre los que se cuentan: Teodoro González de León, Enrique Norten, Luis Vicente Flores, Alfonso López Baz y Javier Calleja. La solución apresurada y el resultado general del conjunto son una expresión muy clara del momento decadente en el que edificó la obra.
Lorenzo Rocha

jueves, 20 de abril de 2017

LA NUBE

Pocos artistas contemporáneos entienden tan bien la experiencia visual de la escultura como Anish Kapoor (Bombay, India 1954). El artista indio reside en Londres desde 1970 y en sus más de cuatro décadas de producción artística ha explorado la forma esférica como el principal elemento generador de su trabajo. Sus espejos y figuras monocromáticas cóncavas y convexas han sido realizadas en distintos materiales que le han permitido crear ambientes en los que el público se siente envuelto y partícipe protagónico en la experiencia de las obras escultóricas.
Entre sus obras destacan las esculturas que ha instalado en espacios públicos, ya que su sensibilidad hacia el contexto urbano donde las ha instalado es realmente notable.
Indudablemente la escultura pública mejor realizada por Kapoor es Cloud Gate, una pieza de 10 x 20 x 12.8 metros de altura en su punto más alto, construida en acero inoxidable. La escultura fue realizada en 2004 para ocupar una pequeña plaza sobre la avenida Michigan, dentro del parque Millenium de Chicago. Aunque no es una pieza de grandes dimensiones, los efectos visuales de sus superficies curvas exteriores e interiores, generan un efecto muy potente sobre sus alrededores.
Es común escuchar opiniones favorables acerca de la calidad de la arquitectura de la ciudad de Chicago, algunas personas la describen acertadamente como un “museo arquitectónico al aire libre”. El efecto espectacular de la ciudad no es obra de la casualidad, ya que los chicaguenses llevan casi dos siglos desarrollando su arquitectura, son los inventores del rascacielos y han contribuido notablemente al desarrolo de la arquitectura moderna y el estilo internacional. También se trata de una de las ciudades con mayor presencia y calidad en cuanto a la escultura pública, existen piezas notables de Calder, Picasso, Plensa, Dubuffet, Chagall, Miró y cientos de artistas más, en parte gracias a un programa que obliga a los promotores a destinar el 1.33% del presupuesto de construcción o renovación de edificios y espacios gestionados por el gobierno para la comisión de obras de arte público.
La pieza de Kapoor se materializa como un gran espejo panorámico que refleja a la ciudad, una idea sencilla pero de gran riqueza que ha generado una atracción inusitada en los años que han transcurrido desde su construcción. El principal acierto de la obra es su repercusión en la experiencia visual de la ciudad y de la gente que se refleja en ella, más que su propia materialidad. Kapoor hizo una aguda lectura de la esencia visual del emplazamiento de su obra.
El “frijol”, sobrenombre con el que se le ha denominado popularmente, demoró muy poco tiempo en convertirse en una obra emblemática de la ciudad, visita obligada para el turista y lugar ideal para hacerse un autoretrato o “selfie”.
Lorenzo Rocha

miércoles, 12 de abril de 2017

REFLEXIONES

Los momentos más propicios para reflexionar son los momentos de paz, como los días de descanso o inactividad. He aprovechado estos días de vacaciones para pensar en mi actividad como crítico. Desde hace más de una década he tenido el privilegio de contar con el presente espacio en el cual puedo compartir mis reflexiones con ustedes (los lectores). Por ello les estoy muy agradecido, ya que este espacio de reflexión se ha convertido con el paso de los años, en el eje estructural de mi pensamiento.
Es cierto que lo que aquí se plantea y se discute, tiene que ver con el espacio, la arquitectura, el urbanismo, el arte y la política, lo cual excluye a las ideas aquí plasmadas del interés de todo el público, en especial de quienes carecen de información sobre los temas de los cuales escribo semanalmente.
¿Acaso la arquitectura, la ciudad y el arte no deberían ser temas abiertos a todo el público? De hecho sí lo son, ya que todos habitamos el espacio arquitectónico, todos vivimos en ciudades grandes o pequeñas y a todos nos atañen los conceptos del arte y más aún de la política, no necesariamente aquella que involucra a los políticos, sino la política que ejercemos como miembros de la polis o de las metrópolis como la nuestra.
Aunque no se trate de expertos, todos los ciudadanos pueden y deben opinar sobre la arquitectura, ya que se trata de una forma de arte que afecta y está presente en las vidas de todos nosotros. Quizá el gremio de los arquitectos se ha convertido en un grupo críptico y oscuro, motivado por la defensa y protección de su campo de conocimiento. Sin embargo, cualquier persona que ostente un título profesional debería ser capaz de expresar sus ideas con claridad y dejar la terminología técnica para comunicarse con sus colegas profesionales.
La arquitectura es una actividad muy compleja, pero la experiencia de los espacios arquitectónicos es muy fácilmente descriptible. Cualquier persona puede juzgar la buena o mala calidad de la arquitectura y tiene pleno derecho de hacerlo, ya que las casas y los edificios son para las todas personas que los habitan. Todas las personas pueden expresar con mucha facilidad su apego o rechazo al lugar donde viven o trabajan, al barrio por el que transitan e incluso a las obras de arte que se encuentran en la vía pública o en el interior de los museos y galerías de arte.
La interpretación de los valores estéticos del arte y de la arquitectura corresponde a los críticos, teóricos e historiadores, por desgracia, dichas reflexiones críticas no pueden ser expresadas con sencillez, ya que corresponden a diálogos académicos para los cuales es necesario prepararse y estudiar.
Por lo tanto, existen foros adecuados para cada tipo de discusión y no todos ellos están abiertos al público que no se encuentra inmerso en el ámbito profesional al que pertenecen. Pero de todos los foros, el más democrático es la prensa, y la información disponible en linea, ya que no va dirigida a ningún especialista y es posible que el lector tenga acceso a ella mientras espera su turno con el médico, cuando viaja en metro o tren, espera un autobús, en un avión o en el vestíbulo de una oficina.

De nuevo me siento muy afortunado de comunicarme con tanta gente a quien no conozco y espero que aprecien mis opiniones sobre los espacios que habitamos cotidianamente.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de abril de 2017

SEGURIDAD

En “Vida líquida”, un libro que considero fundamental para comprender los tiempos en los que vivimos, Zygmunt Bauman escribe acerca de la importancia de la seguridad dentro de la planificación urbana actual. El célebre filósofo y sociólogo nació en Polonia en 1925, después emigró a la Unión soviética para huir del holocausto y más tarde a Inglaterra, para refugiarse del antisemitismo de la posguerra. El célebre escritor dejó este mundo en enero del presente año, heredándonos cerca de 60 libros de ensayos que escribió sin interrupción durante seis décadas.
Bauman se refiere al tema del urbanismo en los siguientes términos: “La inseguridad genera temor, por lo que no es de extrañar que la guerra contra la inseguridad figure en un lugar preponderante en la lista de prioridades del urbanista. El problema, no obstante, es que cuando desaparece la inseguridad, también están condenadas a desaparecer de las calles de la ciudad la espontaneidad, la flexibilidad, la capacidad para sorprender y la promesa de aventuras, que son los principales atractivos de la vida urbana”.
Es verdad que los espacios públicos en las ciudades contemporáneas son lugares donde las personas permanecen el mínimo indispensable de su tiempo, lo cual no permite intercambios duraderos y creación del sentido de comunidad, que es un factor que contribuye a que haya mayor seguridad para todos los ciudadanos. En nuestra ciudad, los transeúntes son todos extraños entre sí, y solamente circulan por donde sienten que es seguro y donde saben que están siendo vigilados por la policía.
En los barrios cuyas calles han sido invadidas por criminales, las personas tienden a huir de las calles, a mudarse otros sitios o a encerrarse en sus casas, detrás de altas bardas o de cercas electrificadas. En las calles inseguras los comercios con escaparates han cerrado y nadie se plantea abrir cafeterías con mesas sobre la acera. Todo ello, conduce a un círculo vicioso mediante el cual los ciudadanos pierden la costumbre de permanecer en los espacios públicos y dejan de interactuar con sus vecinos y conocer a las personas que trabajan o transitan por su barrio, lo cual contribuye a que continúe siendo inseguro. Para volver a salir a las calles, la gente exige al gobierno que garantice su seguridad, sin embargo, gran parte de ésta depende de los habitantes y no de la policía. Una calle desierta es insegura por definición y de poco sirve la vigilancia constante si nadie transita por ella.
Basta un esfuerzo conjunto relativamente moderado entre autoridades y ciudadanos para devolver a nuestras calles la actividad que antaño tuvieron. Un ejemplo exitoso de dicho esfuerzo fue la remodelación de algunas calles del centro histórico de la ciudad de México. Antes del 2010, calles como Madero y Regina permanecían totalmente desiertas después de la puesta del sol, por la noche eran solamente transitadas por pandillas de asaltantes que atacaban a cualquier persona que osara salir a caminar por ellas. Al principio de su peatonalización, había un policía en cada cuadra. Con este esfuerzo, los comerciantes comenzaron a abrir sus negocios hacia la calle y se instalaron numerosas tiendas restaurantes en cada calle. Al paso del tiempo, ya no fue necesaria una vigilancia tan intensiva, aunque sigue habiendo presencia policiaca en la zona, gran parte de la seguridad proviene de la condición resumida en el refrán: “La gente va adonde hay gente”.
Lorenzo Rocha

jueves, 30 de marzo de 2017

INSTITUCIONES

En un texto muy interesante publicado en 1974, el escritor francés Denis Hollier escribe: “El término Arquitectura se refiere a todo aquello que hay en un edificio que no es posible reducirlo dentro de la categoría de construcción, todo lo que permite a la edificación escapar de cuestiones puramente funcionales, todo lo que pertenece a sus cualidades estéticas”. En el mismo ensayo titulado: “Metáforas arquitectónicas”, Hollier se refiere a la condición estética de la arquitectura como el soporte de la representación del significado del edificio. La arquitectura, según Hollier, es idéntica al espacio que representa, ya sea religioso, político, conmemorativo o de cualquier otro tipo, la arquitectura invariablemente representa algo más que a sí misma. Con ello, los elementos arquitectónicos como las fachadas, los pilares, los cimientos o las piedras angulares, son metáforas que operan mediante un lenguaje gestual, comunicando al público ideas como la solidez, la grandiosidad, el poder o el misticismo de las instituciones a las cuales representan.
Últimamente me ha sorprendido negativamente la sequía que sufrimos en México en cuanto a la producción de arquitectura relevante, en nuestro país se construye mucho pero se hace poca arquitectura de calidad. Esto se ve con mucha claridad en el reciente anuncio de los premios de la XIV Bienal de arquitectura mexicana. La mayor parte de los edificios que se concluyen cotidianamente, al menos en la ciudad de México, sirven a fines económicos privados. Todos los días se termina algun nuevo edificio de apartamentos, torre de oficinas o centros comerciales privados, que tienen muy poco contenido expresivo y prácticamente ningún contenido crítico, ni experimental. Esto es lógico, dado que los intereses económicos privados tienen muy poca relación con la experimentación, requieren de formulas ya probadas para garantizar su éxito comercial, que evidentemente abren poco espacio para la exploración estética.
En el ultimo año también se han construido otro tipo de obras culturales, religiosas, gubernamentales o para algunas instituciones educativas. Sin embargo, su cantidad ha sido menor y extrañamente, han sido hasta cierto punto contagiadas del lenguaje inexpresivo propio de la arquitectura comercial. La expresión arquitectónica de algunos museos recientes se parece mucho al lenguaje formal de los centros comerciales o las tiendas departamentales. Algunas otras estructuras públicas también han caído en el uso de lenguajes propios de la arquitectura privada, probablemente por el dominio de ésta en el espectro de la producción arquitectónica nacional.
Si seguimos el razonamiento de Hollier para intentar analizar el estado de la arquitectura actual en nuestro país, podríamos también atribuir la mala calidad arquitectónica a la crisis de muchas de nuestras instituciones. Los espacios públicos y los equipamientos culturales, de salud, educación, justicia y demás, representan a las instituciones del Estado, las cuales han reducido su participación como promotoras de las nuevas sedes de servicios. Con la fórmula económica mediante la cual los espacios públicos son concesionados a operadores privados, disminuye notablemente la representatividad de la actividad arquitectónica y artística. Quizá la baja calidad de nuestra arquitectura responde directamente a la crisis de nuestras instituciones públicas.
Lorenzo Rocha

jueves, 23 de marzo de 2017

VIVIENDA EXPERIMENTAL

Hace tiempo que no escuchamos nada en México acerca de algún programa de vivienda que pretenda experimentar soluciones más allá de los prototipos mínimos que hemos visto repetirse a lo largo de las últimas dos décadas. La principal razón es que el problema de la falta de vivienda dejó de ser un tema arquitectónico para convertirse en un problema financiero. No solo en México, sino en todo el mundo la vivienda no gira alrededor del diseño y la construcción sino del crédito bancario, los promotores de vivienda popular no venden casas, venden créditos.
Últimamente hemos observado arquitectos que han intentado abordar el tema de la vivienda con mayor o menor éxito, entre ellos destaca el arquitecto chileno Alejandro Aravena con su proyecto de vivienda incremental, el cual ha conseguido edificar alrededor de 2300 “medias casas”, que han sido terminadas por sus usuarios.
Esta idea está presente entre las opciones para dar casa a las clases populares al menos desde hace 55 años, por ejemplo en Perú, el arquitecto Luis Marcial construyó en 1961 un conjunto en la localidad de Ventanilla, llamado Ciudad Satélite en el que serían precisamente sus habitantes, los encargados de completar la construcción de sus casas.
También en Perú en 1965 comenzó un proyecto de gran importancia que se llamó Previ (Proyecto experimental de vivienda), impulsado por el entonces presidente Fernando Belaunde, quien era arquitecto. Alrededor de 1960 el presidente comenzó a consultar con expertos para explorar nuevas formas para mitigar el flujo de personas que migraban del campo a la ciudad y evitar la propagación de asentamientos informales que estaban creciendo aceleradamente en la capital Lima. El proyecto fue convocado a concurso internacionalmente por el programa de la organización de naciones unidas para el desarrollo, entonces dirigido por el urbanista y arquitecto británico Peter Land. El planteamiento del Previ se centró en el desarrollo de sistemas prefabricados de construcción, para mejorar la economía de los proyectos y en la flexibilidad de las casas para que fuera posible ampliarlas y modificarlas sin alterar la unidad de los conjuntos habitacionales.
La primera etapa del Previ, fue un conjunto de 1500 viviendas a las afueras de Lima. El proyecto fue desarrollado por el Banco peruano de la vivienda, en un amplio terreno dividido en 24 secciones de las cuales la mitad fue diseñada por arquitectos peruanos entre los que destacan: Paredes, Zanelli, Morales y Chaparro. La otra mitad fue desarrollada por equipos de arquitectos de 12 países entre los que se cuentan: Correa (India), Stirling (Reino Unido), Van Eyck (Países Bajos), Alexander (Estados Unidos) y Kurokawa (Japón).
Todos los proyectos fueron acompañados por guías técnicas para facilitar su crecimiento, confiando en que éstas serían de utilidad para las ampliaciones y modificaciones que los dueños decidieran hacer con sus propios medios. Otra virtud del programa fue su variedad de espacios públicos mantenidos por los propios habitantes, con prioridad para los peatones sobre los automóviles.
Ahora que han pasado más de 50 años desde la iniciativa peruana y en vista de que el problema de la falta de vivienda digna siempre se encuentra lejos de encontrar solución, quizá nos seguiremos preguntando: ¿Cuando volveremos a ver nuevas propuestas colaborativas para solucionar el problema de la escasez de vivienda?
Lorenzo Rocha

jueves, 16 de marzo de 2017

INTERSECCIÓN

En la Facultad de arquitectura de la UNAM, los profesores me enseñaron que el proyecto arquitectónico es el medio primordial para la expresión de nuestra disciplina, esto lo aprendí tras cinco años en los que se le daba prioridad absoluta al taller de proyectos, por encima de todas las demás asignaturas teóricas o prácticas, las cuales parecían justificar su existencia únicamente como conocimiento de apoyo a la enseñanza de la composición.

Años más tarde, el ejercicio de la profesión me planteó una paradoja: como arquitecto es extremadamente difícil conseguir un encargo para la construcción de un proyecto y conseguirlo mediante un concurso es aún más improbable. Entonces, ¿para qué me servirían los conocimientos adquiridos en la universidad? Sin embargo, la experiencia me ha enseñado que hay muchos otros campos además de la construcción, donde se requieren los servicios de los arquitectos. Las habilidades adquiridas en la facultad nos permiten incursionar en los campos del urbanismo, la historia del arte, la crítica, el desarrollo inmobiliario y muchos otros más. La carrera de arquitectura es formativa, no necesariamente informativa.

Gran parte de la construcción que se hace hoy en día, aporta poco o nada a la arquitectura, la que sí lo hace es minoritaria, sin disminuir por ello su impacto y relevancia. Por lo contrario, otras disciplinas como el arte, la fotografía, y la escritura, cuando utilizan al espacio como materia de estudio, contribuyen a ensanchar el horizonte de los conocimientos de los arquitectos.

La arquitectura es un fenómeno cultural que sucede en la intersección de todas sus representaciones, siendo la construcción una de ellas, pero sin menospreciar al dibujo, la fotografía y los textos que se dedican a ella. Ahora puedo afirmar con seguridad que no toda la arquitectura debe existir físicamente, también nos interesan las ideas e imágenes de ediicios que nunca se construyeron, ni se construirán en el futuro. Incluso de aquellos que si fueron materializados, es importante tomar en cuenta los dibujos, fotografías y textos que se refieren a ellos, como parte de su arquitectura.

Algunos edificios que han sido demolidos han influido en las ideas arquitectónicas más que otros que aún están en pie. Tal es el caso del edificio Larkin de Frank Lloyd Wright, construido en Buffalo en 1905 y demolido en 1950, tras la quiebra de la compañía jabonera que lo mandó construir. Otros que nunca fueron construidos, también aportaron grandes avances para la arquitectura, como el Palacio de los Soviets, proyecto constructivista de Boris Iofan, comenzado en 1930, pero nunca finalizado debido al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la cual también truncó otros proyectos como la “Citta Nuova” del arquitecto Antonio Sant’Elia, representante del movimiento futurista en Italia.

Lorenzo Rocha

jueves, 9 de marzo de 2017

BLANCO SOBRE BLANCO

El pintor estadunidense Robert Ryman (EEUU, 1930) pinta cuadros blancos, para él: “El blanco es sobre todo un instrumento para ver más”. El artista resuelve sus cuadros de varias maneras, mediante la textura que sustituye a la expresión del color, utilizando colores debajo del blanco que en ocasiones son perceptibles y por último separando los cuadros de la pared para diferenciar el blanco del cuadro del blanco del muro.
Todas estas técnicas son descritas por Robert Storr, quien es experto en Ryman, como: "Soluciones de problemas que nadie sabía que existían". Para Storr, quien el sábado pasado dió una brillante conferencia durante la inauguración de la exposición de Ryman en el Museo Jumex, el artista radical es capaz de crear una tendencia y después seguirla. El historiador y crítico de arte explicó la materialidad de la pintura de Ryman y su teoría sobre la imposibilidad de la abstracción.
Tres de las obras expuestas en el Museo Jumex, son en mi opinión las que expresan con más claridad la idea de que la ausencia de colores y formas definidas obliga al espectador a estar más alerta y a abrir su mente para percibir lo que el artista intenta trasmitirle a través de ellas. La primera obra es un panel blanco apoyado sobre el suelo y separado del muro mediante dos soportes de aluminio, lleva el título de "Factor" (1983). La segunda se titula "Accord" (1985), consiste en un panel de aluminio vertical, atornillado al muro del cual solo una sección cuadrada en alto relieve está pintada de blanco. Finalmente, la tercera obra, "Pair navigation" (1984), es un panel de fibra de vidrio soportado por un marco de aluminio que en dos puntos está sujetado al muro y cuenta con dos soportes que se apoyan sobre el suelo, como si se tratra de una mesa. Las tres obras son expresiones del deseo del artista de diferenciar la superficie blanca de los cuadros, de los elementos que componen la galería, los planos
veritcales (muros) y horizontales (pisos), mediante composiciones espaciales.
En arquitectura, el personaje cuyas ideas se parecen más a las de Robert Ryman y sus contemporáneos como Mark Rothko, es sin duda Ludwig Mies van der Rohe, quien buscó durante toda su carrera construir espacios con "casi nada", cuando ningún otro arquitecto más pretendía
hacer lo mismo. Mies fue un arquitecto radical en el mismo sentido en que lo fueron los artistas de su tiempo. La de Mies es una arquitectura sutil, que solamente se comprende mediate la experiencia
física del espacio y cuyo rigor en el uso de los materiales y discreción en cuanto a la forma, la hacen única e irrepetible.
Lorenzo Rocha

jueves, 2 de marzo de 2017

IDEAS URBANAS

En su libro "Idea of a town" ("La idea de la ciudad", 1976) Joseph Rykwert, el célebre crítico e historiador de la arquitectura, declara que en su opinión las ciudades deben siempre expresar la idea de justicia y la igualdad entre los individuos. Desgraciadamente, la creciente privatización de los espacios públicos en las grandes ciudades ha convertido a los ciudadanos en simples consumidores. Rykwert califica a la publicidad exterior como un acto antisocial, de igual manera opina que el vandalismo, las frases y dibujos pintados sobre los carteles publicitarios, también son manifestaciones antisociales, pero de un tipo distinto.

Resulta muy interesante la combinación de los mensajes entre los anuncios publicitarios y los grafitti pintados sobre ellos, entre estos dos objetos que van en contra del espíritu público, condensan una forma de balance e igualdad al convivir en el mismo espacio. Para Rykwert el capitalismo neoliberal ha dañado profundamente la posibilidad de un tejido urbano sano. Él pone como ejemplo de una revitalización positiva, la intervención de la urbanista Jane Jacobs sobre Washington Square, en Nueva York, como un ejemplo de energía positiva para una comunidad local. Pero al mismo tiempo admite que sería demasiado optimista confiar en que todas las ciudades conseguirán inyectar el mismo optimismo a sus comunidades locales.

Ciertamente la expresión de igualdad y democracia estuvo impresa en la obra pública durante el Modernismo, esas fueron las intenciones del Estado que se manifiestan en la integración plástica, muy presente en la ciudad de Mexico de los años treinta a los sesenta. Sin embargo dichas intenciones se han diluido a partir de la desincorporación de la obra pública y el gobierno, propia del sistema capitalista neoliberal, cuyas prioridades económicas están por encima de las necesidades sociales.

El crítico inglés de origen polaco, que sobrepasa los noventa años, piensa que lo único que puede generar un cambio profundo en la forma de hacer cuidades es una situación de inconfromidad extrema de sus habitantes. En las ciudades actuales existen numerosos focos de conflicto como la inseguridad, el tráfico, la contaminación, los altos precios del alquiler, etcétera, que generan infelicidad a sus habitantes, pero no la suficiente como para que reaccionen y rechacen el modelo de ciudad prevaleciente.

La lucidez del pensamiento crítico de Rykwert ha resultado en cuestioamientos profundos a la forma moderna de hacer arquitectura y ciudad. Su influencia directa sobre arquitectos como David Chipperfield, que fueron sus alumnos, asi como la más extendida esfera de los lectores de sus textos, lo hacen un personaje que ha tenido un impacto sensible sobre la arquitectura construida, desde su trabajo de escritura.

Lorenzo Rocha

jueves, 23 de febrero de 2017

FUNCIÓN

Admito que es un tanto fastidiosa la actitud que asumimos los críticos al insistir tanto en el significado de los términos que utilizamos. Pero el uso repetido de las palabras, desgasta sus orígenes y su relevancia histórica al grado de volverse necesaria una renovación del lenguaje que utilizamos para nuestras discusiones.
Tal es el caso de la función aplicada a la arquitectura. Una de las frases más utilizadas en las escuelas de arquitectura es: “La función define a la forma¨, que sin duda es un aforismo muy elocuente, pero cuyo significado se ha deformado por haberlo extraido fuera de su contexto original. En el texto ¨El edificio alto para oficinas, considerado artísticamente¨, escrito en 1896 por el arquitecto estadounidense Louis Sullivan, el autor consideraba a la función estructural como el factor primordial para el diseño de los rascacielos.
Incluso el movimiento conocido como Funcionalismo, se refería a la función desde el punto de vista constructivo y como una respuesta estética a la necesidad de abolir la ornamentación aplicada a la composición de la arquitectura.
Actualmente quienes utilizan el adjetivo ¨funcional¨ para calificar a la arquitectura, se refieren a otro concepto más parecido a la eficiencia. Se dice que un edificio funciona correctamente, cuando sus circulaciones son eficientes y sus espacios están correctamente iluminados y ventilados, características que no guardan casi ninguna relación con el lenguaje arquitectónico y con los principios estéticos del diseño funcionalista.
La eficiencia también es importante para la arquitectura, de hecho entre los años de 1950 y 1970, varios estudiosos como Gordon Cullen y Christopher Alexander, dedicaron estudios profundos a las tipologías de la arquitectura tradicional, a los patrones de lenguaje en los pueblos y ciudades y a las relaciones espaciales entre distintas partes de los programas arquitectónicos. A dicha corriente de pensamiento se le conoce como Eficientismo. La eficiencia es muy importante para la racionalización de la construcción y su optimización económica y volumétrica, lo cual constituye una prerrogativa implícita en la responsabilidad profesional de todo arquitecto. Pero la eficiencia no debe relegar a segundo plano el bienestar de las personas, lo cual desgraciadamente suele suceder cuando se antepone la razón a las emociones aplicadas al espacio habitable. La arquitectura realizada con la prioridad única de ser eficiente, casi necesariamente se deshumaniza.
En todo caso, tampoco el concepto de eficiencia como lo entendían los arquitectos que lo acuñaron, se ajusta perfectamente a la idea de función como la entendemos hoy en día. El desgaste del término lo ha simplificado excesivamente, lo ha acercado a términos de menor profundidad conceptual como el confort y la practicidad, que reducen la percepción de la arquitectura a sus valores inmobiliarios y comerciales.
Por desgracia, dentro del gremio arquitectónico hemos perdido la capacidad de discutir sobre ideas estéticas y conceptos humanísticos profundos. Las discusiones se han orientado en general a cuestiones económicas y se debate más frecuentemente acerca de las imágenes de los edificios, que respecto a los beneficios sociales que éstos aportan a la ciudad. Se trata de un mal que afecta por igual a todos los ámbitos culturales, pero en el caso de la arquitectura, dicha perdida de densidad conceptual ha afectado negativamente a la calidad de la vida de las personas que la habitamos.
Lorenzo Rocha

jueves, 16 de febrero de 2017

HACER ARQUITECTURA

Desde hace muchos años, se redefinió el quehacer del arquitecto. Podríamos decir que ya ha pasado un siglo y medio, desde que la construcción dejó de ser el sinónimo de la arquitectura. El fenómeno de alejamiento de la arquitectura respecto a la edificación puede verse de muchas maneras, positivas y negativas, además de que numerosos críticos han intentado explicarlo e incluso aconsejar a los profesionistas para intentar revertirlo. Se trata en cualquier caso de un proceso innegable e  irreversible desde mi punto de vista. 
La mayor parte de la construcción en la actualidad, se hace sin intención de aportar elementos que contribuyan a la evolución de la arquitectura como arte y disciplina. De modo similar, existe un gran numero de profesionistas, no todos arquitectos, que ejercen la arquitectura y colaboran significativamente para su desarrollo teórico y práctico. Además de los ingenieros, que se han ocupado del desarrollo tecnológico de las técnicas de construcción y la experimentación y puesta en práctica materiales y procesos que han hecho más eficiente a la industria constructiva, existen otras tres actividades profesionales, que paralelamente aportan conocimientos al gremio de la arquitectura.
La primera de ellas es el dibujo, desde el Siglo XVIII hasta ahora, han surgido incontables dibujantes que han influido en la actividad de los arquitectos, aún sin haber realizado sus proyectos. Sobran ejemplos pero es importante mencionar a Giovanni Battista Piranesi quien elaboró impresionantes imágenes durante la década de 1750. El arquitecto Claude-Nicolas Ledoux realizó proyectos utópicos de gran importancia, los cuales transformaron el modo de hacer proyectos industriales en el Siglo XIX. Más recientemente Lebbeus Woods, se dedicó a dibujar proyectos fantásticos, principalmente durante la guerra de los Balcanes, que mostraban un modo de hacer arquitectura muy similar al Deconstructivismo, que estuvo en boga durante la misma época.
La segunda actividad que ha estado ligada a la arquitectura desde su invención a finales del Siglo XIX es sin duda la fotografía. El fotógrafo francés Eugene Atget fue el primero en realizar una extensa serie de imágenes de la ciudad de París a finales del Siglo XIX, su interés por la arquitectura derivó parcialmente de la necesidad técnica de que los objetos fotografiados permanecieran estáticos, debido al largo tiempo de exposición que requerían las primeras películas fotográficas. Durante el modernismo el papel de Julius Shulman fue imprescindible. Más recientemente ha influido profundamente la mirada de Andreas Gursky, quien muestra la arquitectura y urbanismo mundial, desde la perspectiva de la masificación que ocurre principalmente en Asia.
Por último existe otro modo de hacer arquitectura, mediante la escritura de textos teóricos y críticos. La arquitectura ha tenido una tradición teórica que se remonta a la época clásica, sin embargo, los textos que comenzaron influir intensamente a la enseñanza y la práctica arquitectónica se escribieron a partir del Siglo XVII. Es importante mencionar a Viollet-Le-Duc, el teórico francés más influyente del iluminismo. En el Siglo XX, la actividad crítica creció notablemente debido a la necesidad de difusión de las ideas del Modernismo. Entre los principales teóricos de la arquitectura del Siglo XX se cuenta Bruno Zevi, quien marcó toda una época de reflexión sobre la arquitectura moderna y más recientemente el teórico polaco Joseph Rykwert, quien criticó la tradición constructiva modernista.
Lorenzo Rocha

jueves, 9 de febrero de 2017

BIENALES

Durante muchos años la exposición mundial de arquitectura que se lleva a cabo cada dos años en Venecia, era el referente más claro de la dirección en la que se desplazaban las teorías y las prácticas arquitectónicas del mundo occidental. Los arquitectos esperábamos ansiosos el anuncio del título, concepto y curador de la próxima muestra y algunos aspiraban ansiosos a participar en ella en solitario, o bien en el pabellón de su país.

La última bienal de arquitectura que tuvo una repercusión importante en el medio de la arquitectura fue en el año 2000, en el que el arquitecto italiano Massimiliano Fuksas curó la séptima edición de la muestra bajo el título: Less aesthetics, More ethics (cuya traducción al Español es: "Menos estética, más ética"). Durante dicha muestra, la tendencia cambió radicalmente desde la simple presentación de una selección de edificios, hacia la investigación de conceptos álgidos como la desigualdad en América latina, África y el Sudeste asiático, el equilibrio de la construcción con el medio ambiente, la sociedad y la tecnología. "Usando la bienal como un laboratorio para el análisis de los comportamientos urbanos y las transformaciones de las ciudades a escala planetaria", en palabras de su curador.

México no tuvo participación constante ni un pabellón propio hasta que en 2010 llegó a un acuerdo con la municipalidad de Venecia para hacerse cargo de la restauración de la iglesia de San Lorenzo, proyecto que no progresó y después de 4 años tuvo que ser abandonado. Ahora tenemos la concesión de un espacio modesto pero funcional dentro de la sala de armas del antiguo arsenal de la ciudad, ubicado dentro de los jardines de la bienal.

Las tres últimas ediciones de la bienal de arquitectura han estado marcadas por las aspiraciones y agendas personales de sus curadores: David Chipperfield (2012, Common Ground), Rem Koolhaas (2014, Fundamentals) y Alejandro Aravena (2016, Reporting from the Front), y no necesariamente por las preocupaciones compartidas por los académicos, por los teóricos y estudiosos de la arquitectura, los cuales han estado hasta cierto punto marginados de las discusiones. Esperemos que en la próxima edición, que estará a cargo de las arquitectas irlandesas Yvonne Farrell y Shelley Mc Namara, se recupere el buen paso que la exposición llevaba durante la primera década del Siglo XXI.

Me pregunto si la Bienal de arquitectura de Venecia está quizás sufriendo de un desgaste conceptual, o probablemente dejó hace tiempo de ser el evento más importante para la discusión sobre la arquitectura y su espíritu temporal.

Lorenzo Rocha

jueves, 2 de febrero de 2017

ESTACIÓN SANTA FE

En octubre de 2015 la Secretaría de comunicaciones y transportes anunció una modificación a la ruta original del tren interurbano a Toluca, la cual contemplaba un tramo sobre la avenida Vasco de Quiroga, para desviarlo hacia terrenos de la Secretaría de la defensa y de la Comisión nacional del agua, alargando el recorrido 4.3 kilometros más. El objetivo de esta medida, según la dependencia, fue el evitar molestias a los vecinos de la zona de Santa Fe. Dicha extensión del recorrido será muy onerosa para el Gobierno federal ya que cada kilometro de ferrocarril cuesta alrededor de 600 millones de pesos, sin contar la afectación a los terrenos federales por donde pasará el tren.

En Mexico existe un fenómeno inmobiliario muy peculiar: la proximidad de un terreno a estaciones de transporte público como metro, autobús o tren, disminuye notablemente su valor actual y su plusvalía. En casi todos los demás ciudades y países del mundo sucede exactamente lo contrario, la infraestructura de transportes aumenta significativamente el valor inmobiliario añadido.

¿Cuales pueden ser las razones de esta inexplicable discordancia? Para responder esta pregunta es útil observar la situación actual de los inmuebles próximos a estaciones de metro. Por ejemplo, las inmediaciones del metro Tacubaya, se encuentran en un estado de deterioro notable debido al descontrol sobre el comercio ambulante y la abundancia de microbuses, los cuales no encuentran otro modo de prestar sus servicios más que invadiendo la via pública. Esto sin duda afecta el valor de los edificios próximos a dicha estación, quizá la situación mejore ciando de realice el centro de transferencia que está planeado para esa zona. Sin embargo, muchas otras estaciones no han afectado negativamente a las colonias donde se ubican, por ejemplo las más recientes que corresponden a la linea 12 del metro.

Si concluimos que no es la infraestructura de transporte por sí misma la que afecta a las colonias donde se instala, sino los servicios secundarios, esperamos que en el caso del nuevo tren Interurbano, exista mayor control y previsión por parte del Gobierno de la ciudad de México para que no tenga efectos negativos sobre el urbanismo de Santa Fe y de todas las demás zonas donde existirán estaciones.

Comparto la postura del urbanista Jaime Lerner, exalcalde de Curitiba y gobernador en dos períodos del estado brasileño de Paraná, respecto a que una ciudad desarrollada no es aquella donde todos los habitantes poseen un automóvil, sino aquella donde la mayoría, incluidos los más ricos, utiliza el transporte público.

Lorenzo Rocha

jueves, 26 de enero de 2017

CONTRIBUCIONES SOCIALES

La arquitectura es una de las disciplinas artísticas en la cual las modas influyen más significativamente en la orientación del ejercicio profesional. En los ambientes académicos donde solamente se aprecian las manifestaciones más puras de arquitectura culta, es natural que las modas sean vistas con notable desconfianza, ya que constituyen maneras de actuar hasta cierto punto irreflexivas y con poco contenido crítico.

Para el resto del gremio profesional, los arquitectos que no alcanzan el nivel teórico de los académicos universitarios, ni aspiran a ello, seguir la moda del momento es considerado casi como una obligación. Pero la moda en arquitectura, no es producto de caprichos ni estrategias comerciales, sino de la difusión de situaciones problemáticas a través de los medios masivos de comunicación. Esto resulta en muchos casos en los cuales seguir la tendencia de la moda arquitectónica no es necesariamente dañino para quienes lo hacen.

¿Quienes son los personajes protagónicos que imponen las modas y cómo? Para que un modo de hacer arquitectura se convierta en una moda y se extienda internacionalmente, es crucial el papel de los medios masivos de comunicación: la televisión, la radio, el cine, la prensa, las revistas y el internet. Para que el trabajo de un arquitecto capture la atención de los medios de comunicación, es necesario que éste reuna ciertas cualidades que podemos resumir en la elocuencia del comunicador natural, que se fundamenta en la personalidad de los arquitectos o arquitectas estrella. Los premios y las exposiciones internacionales, contribuyen a construir la personalidad y notoriedad del profesionista, hasta que alcanza la condición de celebridad.

Hasta hace poco tiempo, la moda de la arquitectura era la sostenibilidad, no bastaba con que un edificio cumpliera con las normas ecotécnicas que son un notable avance tecnológico, también se tenía que notar su intención en el lenguaje arquitectónico. Por eso proliferaron los edificios literalmente verdes, cubiertos de plantas, durante los diez primeros años del segundo milenio.

Aunque aun prevalece la moda verde, en los últimos cinco años se ha puesto de moda la arquitectura con interés público y sentido social. A ello han contribuido notablemente todas las manifestaciones de arquitectura ligada a la escasez y al contexto sociopolítico de america latina. Resulta interesante el relato que hace el periodista inglés Justin Mc Guirk en su libro: "Ciudades radicales. Un viaje a la nueva arquitectura latinoamericana" (Editorial Turner, Madrid 2015). El colaborador de The Guardian hace un recorrido por todos los territorios que se encuentran por abajo del "Ecuador político" del Continente americano (la frontera entre México y los Estados Unidos), comenzando por Tijuana, hasta Medellín, Bogotá, Caracas, Lima, Buenos Aires, Santiago, en un análisis periodístico de los proyectos de arquitectura social de toda la región.

Lorenzo Rocha

jueves, 19 de enero de 2017

NUESTRO TERRITORIO

Como resultado de la guerra entre México y los Estados Unidos (1846-1848), nuestro territorio nacional se redujo a menos de la mitad, tomando en cuenta la anexión de Texas como el vigésimo octavo estado norteamericano, ocurrida en 1845. Cinco años después del fin de la guerra, se concretó la operación mediante la cual los Estados Unidos adquirieron California, Nuevo México y todos los terrritorios mexicanos al norte del Río Grande, que ahora son los estados de Nevada, Arizona, Utah y Colorado.

¿En qué políticas se fundamentó la empresa expasionista estadunidense? La primera fue la doctrina Monroe, que se resume en la frase popular: "América para los americanos". En 1823, el presidente James Monroe anunció que los Estados Unidos repelerían cualquier intento de colonización o intromisión por parte de un país europeo hacia territorios dentro del continente americano. Mexico había sufrido diversas intervenciones europeas en sus primeros años como nación independiente, lo cual preocupaba a los estadunidenses.

La segunda doctrina que motivó a los estadunidenses para la invasión del territorio mexicano, se conoce como el Destino Manifiesto, el cual se origina en la creencia de los colonos de Estados Unidos de que su destino era expandirse hacia el Oeste hasta alcanzar el Océano Pacífico, para llevar hasta allí su forma de gobierno y su visión del mundo. La expresión fue acuñada por el periodista John O'Sullivan en 1845 cuando se refería al apoyo que tenían los texanos para independizarse de México y anexarse a los Estados Unidos.

Desde aquellos tiempos el expansionismo norteamericano fue reprobado y condenado como injusto por propios y extraños, entre quienes estaban Abraham Lincoln. En 1849, Henry David Thoreau (1817-1862), autor del célebre ensayo "Walden", publicó un breve manifiesto titulado "Desobediencia civil", en el cual explicaba su visión personal en contra de las leyes de su país que consideraba injustas. Thoreau estuvo preso por negarse a pagar impuestos al Estado, dado que consideraba que su conciencia no le permitía colaborar con un gobierno que aprobaba constitucionalmente a la esclavitud y que había invadido a México para despojarlo de su territorio original. Thoreau escribió: "Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo es la prisión". Cuando su amigo y mentor, el escritor Ralph Waldo Emerson fue a visitarlo a la cárcel, éste le preguntó: "Henry, ¿se puede saber qué haces alli dentro?", a lo que Thoreau respondió: "Waldo, más bien la pregunta es ¿qué haces tú allá afuera?"

El texto ha servido como fundamento para movimientos sociales desde Gandhi hasta Luther King, Buber y Goldman. Quizá en los tiempos que corren ahora, no sería mala idea releer a Thoreau.

Lorenzo Rocha

jueves, 12 de enero de 2017

ESCASEZ

La escasez de recursos es sin duda una de las más importantes fuentes para estimular la creatividad. Cuando las condiciones económicas son adversas, las personas evitan el dispendio y hacen hasta el último esfuerzo para satisfacer sus necesidades con los recursos materiales y humanos que se encuentran a su disposición. Así es como la carestía en todos los ámbitos de la vida civil ha influido positivamente en la inventiva de las personas que la han sufrido y han sobrevivido.

En los países económicamente desfavorecidos, la necesidad y escasez de la vivienda popular se ha solucionado mediante la autoconstrucción. Durante las últimas décadas la visión frente a los extensos territorios ocupados por asentamientos humanos informales se ha visto transformada. La vivienda irregular existe por que la sociedad y el gobierno no es capaz de proveer casas asquibles a todos los pobladores de una ciudad, además el ritmo de la migración y el crecimiento poblacional siempre supera al de la construcción de viviendas.

En México hace varias décadas que el estado se ha apartado de la producción de viviendas populares y ha dejado esa función en manos de empresas privadas que se fundamentan en créditos subsidiados por las entidades gubernamentales. Por esta razón la vivienda pasó de ser un área tutelada por el estado, a un negocio en manos de las empresas promotoras inmobiliarias. Esto la ha hecho más frágil e ineficiente ya que el objetivo de las empresas es el lucro, como es natural.

Hemos llegado aceptar a los asentamientos irregulares como la solución provisional ante la enorme falta de vivienda asequible, mientras que antes eran vistos únicamente como problemas sociales, susceptibles solo a la erradicación.

Varias experiencias en Sudamérica nos han mostrado el potencial social de la capacidad de autorganización que existe dentro de las favelas en Rio de Janeiro y Sao Paulo en Brasil, o las casas autoconstruidas en Medellín y Bogotá en Colombia. Mediante la movilidad, el ocio y el acceso a la cultura, los alcaldes de dichas ciudades han conseguido mejorar notablemente las condiciones de vida de los habitantes de dichas zonas conflictivas.

En el terreno de lo ideal, quizá todos desearíamos que no existieran las zonas de pobreza dentro y fuera de las ciudades. Sin embargo, como sociedad no hemos sido capaces de crear las condiciones de igualdad necesarias para que dichas zonas desaparezcan. En otros países como Perú y Chile, las soluciones ante la falta de vivienda han sido aun más extremas, como la "Operación Sitio" llevada a cabo en Santiago en los años sesenta, en la cual el gobierno se limitó a marcar parcelas y otorgar terrenos para que la gente construyera su propia casa.

Lorenzo Rocha

jueves, 5 de enero de 2017

TOMA DE CARRETERAS

 Es natural y justificado que haya grupos de personas de distintas filiaciones políticas que se estén manifestando en once estados de la república, en contra del gobierno actual y de su desatinada medida de aumentar el precio de la gasolina.
Grupos de alrededor de cincuenta personas se colocan en puntos estratégicos de las vías de comunicación y retienen contra su voluntad a decenas de miles de personas que no pueden ir a trabajar o volver a sus casas. No considero adecuado que dichas personas ejerzan su derecho a manifestarse públicamente, poniendo en riesgo la seguridad de tal numero de personas en espacios tan importantes como las carreteras federales.
La situación ha llegado a volverse habitual, pero ello no le otorga ninguna justificación, los ciudadanos no debemos nunca aceptar como normal que un grupo prive a otro de ninguna de sus garantías individuales, como el libre tránsito, sin que tenga consecuencias para quien lo haga.
En la toma de carreteras, la policía federal debe explicar y rendir cuentas por la omisión en el cumplimiento de su deber. Dicha corporación, encargada de proteger a los ciudadanos que se encuentran en zonas federales como puertos, carreteras, costas y otros, tiene la obligación de salvaguardar la seguridad de quienes los utilizan.
Sin embargo, el mecanismo se ha pervertido y ha trastocado el fundamento de las libertades constitucionales a las que tenemos derecho todos los ciudadanos, incluidos quienes de manera legítima y pacifica manifiestan su inconformidad con las políticas gubernamentales. Dichas protestas anuncian anticipadamente en redes sociales el lugar y la hora en que se llevarán a cabo, ¿Porqué la policía no acude al lugar del bloqueo antes de que comience, para evitarlo?
La tolerancia del gobierno ante la toma de espacios públicos de tránsito es en sí un acto reprobable. Los policías se presentan en el sitio del bloqueo con tres o cuatro horas de retraso y después en un santiamén, negocian con los manifestantes la liberación de las miles de personas a quienes han retenido ilegalmente sin siquiera recibir una multa de tránsito, mucho menos se les arresta por el acto criminal que han cometido. ¿Qué es lo que negocian con los manifestantes? Seguramente no es el precio de la gasolina, porque este no bajará aunque se mantengan bloqueadas todas las carreteras, casetas de cobro y estaciones de servicio del país.
No sería más efectivo que los manifestantes tomaran las oficinas de Pemex en lugar de las carreteras, pero al menos estarían atacando a quienes toman decisiones que les afectan, en lugar de perjudicar a sus semejantes, a los ciudadanos inocentes que necesitan transportarse y que sufren las consecuencias tanto del alza de la gasolina, como de la negligencia de la policía.
Este mecanismo perverso debe terminar antes de que suceda alguna catástrofe que le cueste la vida a los miles de personas que son víctimas del poco criterio de los grupos de manifestantes, en combinación con la repetida ineptitud de los funcionarios públicos encargados de velar por la seguridad de los ciudadanos, si esto no para será imposible alcanzar el estado de derecho indispensable para el desarrollo futuro de nuestro país.
Lorenzo Rocha

lunes, 2 de enero de 2017

ÉTICA DEL TRABAJO

En arquitectura no existe nada parecido al juramento hipocrático, que rige la ética de la medicina. Sería interesante hacer jurar a los arquitectos recién graduados el respeto absoluto a sus maestros, la enseñanza desinteresada de sus conocimientos y el ejercicio de su profesión con inocencia y pureza.

Los arquitectos no debemos ejercer nuestra profesión con ningún otro objetivo que la construcción y el mejoramiento de los espacios habitables. Jamás deberíamos rechazar un encargo por considerar que no está a nuestra altura. Deberíamos comportarnos de modo profesional sin importar quien nos contrate, ni la dimensión e importancia de la obra que nos encarguen. Toda la gente debería tener acceso a los servicios de un arquitecto, como lo es en el caso de los médicos y abogados, deberían existir "arquitectos de oficio", pagados por el estado para atender a quienes necesitan una casa pero no se encuentran en posibilidades de conratar a uno.

Mi propuesta para el año que comienza este domingo es que el proyecto arquitectónico se convierta en una prestación de la seguridad social. Todos los días se gradúan en México cientos de arquitectos que el mercado laboral no puede absorber. La mayoría de ellos terminan por dedicarse a alguna otra actividad no relacionada con sus estudios. Al mismo tiempo, diariamente se están construyendo miles de casas en las periferias de las ciudades y en los pueblos apartados, que no pasan por las manos de ningún profesionista y que ponen en riesgo la seguridad de sus habitantes y los marginan de la calidad de los espacios arquitectónicos diseñados por profesionales.

La mayoría de mis colegas están interesados principalmente en trabajos lucrativos y que les reporten prestigio profesional. Fuera del servicio social que se exige prestar durante los estudios universitarios, son realmente pocos los arquitectos que se dedican a proyectos legítimamente sociales. Existen algunas organizaciones como Inhabitat, Selavip, Techo o Arquitectos sin fronteras, que llevan a cabo proyectos de cooperación con un alcance limitado.

Es más frecuente ver casos de artistas que lleven a cabo proyectos de inserción social. En el norte del país destacan las iniciativas artísticas de grupos como Torolab y Tercerunquinto, cuyos integrantes se han involucrado en mecanismos de implicación con clases desfavorecidas en zonas marginadas de Tijuana y Monterrey respectivamente. Muchas veces sus proyectos siguen metodologías de participación ciudadana que podrían ser aplicables a la arquitectura. También los antropólogos sociales y algunos fotógrafos han realizado estudios profundos de las comunidades marginadas a lo largo de la frontera norte, que no han sido tomados en serio por las facultades ni por los gremios de arquitectos e ingenieros.

Lorenzo Rocha

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