jueves, 31 de diciembre de 2020

NATURALEZA SOCIAL

Desde hace algunos años, filósofos y geógrafos como Timothy Morton y Erik Swyngedouw han cuestionado el concepto general de naturaleza como un término vacío por sus multiples significados y excesiva amplitud. La naturaleza lo es todo y no es nada a la vez, la misma ambigüedad fue planteada hace mucho tiempo en escritos filosóficos como “Evolución creadora” de Henri Bergson.
Los arquitectos y urbanistas nos esforzamos por naturalizar el entorno urbano, plantando hortalizas en las terrazas, flores en los balcones y creando parques y zonas vegetales en todos los barrios. Pero al mismo tiempo hacemos lo contrario: intentamos sociabilizar el campo, llevando hasta zonas aisladas, complejos y edificios que albergan actividades como el turismo, el descanso y el deporte. Ambos conceptos: campo y ciudad, son creaciones humanas, por lo cual en realidad no se encuentran en conflicto, ya que forman parte de las ideas generales que tenemos de naturaleza, medio ambiente y sostenibilidad, que son también invenciones nuestras.
Pensar la ecología al margen de la naturaleza, como ha hecho Timothy Morton en su polémico libro “Ecología sin naturaleza”, no significa echar marcha atrás en el esfuerzo de preservar lo natural y dejar de luchar contra la contaminación y el calentamiento global, sino un mecanismo para sacar la discusión adelante mediante la sustracción de su carácter moralista. Erik Swyngedouw habla de la despolitización de la naturaleza bajo el lema de “crisis ambiental” y su re-ensamblado post-político bajo el signo de “sostenibilidad”. La política se reemplaza por la administración social experta y se anula la democracia, optando por la tecnocracia, en la cual los habitantes son considerados incapaces de decidir por si solos y su voluntad se delega a los científicos que aparentemente comprenden los complejos fenómenos naturales.
Esperamos que cuando se consiga controlar la presente pandemia, que por cierto, también es un fenómeno natural, volvamos con nuevas fuerzas a discutir y atacar de frente los urgentes e impostergables problemas socio-ecológicos de la actualidad a nivel mundial.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

MONUMENTO VIVO

Un cenotafio es un monumento funerario en el cual no se encuentra el cuerpo del personaje al que se dedica. En estos tiempos hay que recordar y honrar a quienes nos han dejado, pero también hay que celebrar a todos quienes estamos vivos y podemos contribuir a mejorar nuestro entorno y atender a los enfermos.


Estos últimos meses, tan difíciles para todos nosotros, nos obligan a reflexionar sobre muchas de nuestras conductas habituales, o al menos deberíamos repensar algunas de ellas, no dejar pasar la oportunidad de mejorar algunos de nuestros hábitos dentro de lo posible.
Seguramente gran parte de las conductas que hemos adoptado para mejorar la higiene y evitar contagiar a los demás haya llegado para quedarse entre nosotros por un buen tiempo, si no es que para siempre.
Otras medidas serán temporales y desaparecerán una vez que pase la emergencia sanitaria, como la movilidad restringida.
La arquitectura y el urbanismo son procesos muy lentos, por lo que los efectos de las presentes crisis quizá no se sentirán inmediatamente, los profesionales de estas dos disciplinas no debemos dejar pasar la oportunidad que se nos ha presentado de mejorar aspectos de los espacios públicos y privados que diseñamos.
El arte tiene la capacidad de recordarnos ideas que a veces no tenemos conscientes y ayudarnos a reflexionar sobre nuestras preocupaciones. En 2002 el artista luxemburgués Bert Theis construyó en Estrasburgo una escultura transitable en el espacio público, muy cerca del monumento a los caídos en la Segunda guerra mundial. La pieza se llama: “Warburg spirale. Un monument aux vivants”, consiste en una rampa en forma espiral que termina en un árbol de plátano. Otra pieza de escultura similar, titulada “Monument to the Living”, fue creada por el artista libanés Marwan Rechmaoui en 2008. Se trata de la recreación del Burj al Murr, un edificio que fue atacado con misiles en pleno centro de Beirut y que permaneció en estado de ruina por varias décadas. La escultura realizada en hormigón, es desmontable y mide aproximadamente un metro ochenta centímetros de altura, un poco más que el promedio de estatura de las personas.
Lorenzo Rocha

jueves, 17 de diciembre de 2020

ARGUMENTOS

Desde hace muchas décadas, los mexicanos hemos sido testigos de distintas formas de gobierno autoritario y de una democracia en ciernes que aun no funciona plenamente. Esto es claramente visible nuestro modo tecnocrático de llevar a cabo las obras públicas. 

Los profesionales expertos en las areas de interés de la obra pública, sean estos ingenieros, arquitectos, economistas, artistas, etcétera, asesoran a las autoridades, en particular al presidente de la república, acerca de los pormenores de tal o cual obra y éste decide ejecutarla o no hacerlo, según su criterio personal, sin mediación de debates parlamentarios, ni participación ciudadana alguna.
Este proceso de despolitización ha provocado que un gremio como la arquitectura, no esté acostumbrado a exponer argumentos de modo elocuente y respetuoso, de tal manera que su opinión tenga influencia sobre los proyectos de interés público.
En este espacio he llamado a la discusión abierta de proyectos polémicos como los que el gobierno actual lleva impulsando desde su comienzo. Finalmente hace una semana encontré respuestas de algunos colegas  mediante sus comentarios en las redes sociales (omitiré mencionar sus nombres por respeto a su privacía). 
Uno de los arquitectos que respondió a mi llamado expresó su opinión a favor del Tren Maya, argumentando que el proyecto llevará muchos beneficios al Sureste del país en términos de desarrollo urbano. A este comentario siguió el de otro arquitecto cuya opinión es contraria al proyecto, ya que lo considera dispendioso y dañino para la sociedad y la ecología de la región y por no convocar concursos para asignar los proyectos. Finalmente una arquitecta expresó que ella ve al proyecto como un motor de redistribución de recursos y aprovechamiento del patrimonio nacional, a su paso por localidades de la península de Yucatán.
Estemos a favor o en contra de este u otro de los proyectos actuales de obra pública, es muy importante que expresemos nuestros argumentos de modo transparente para aportar nuestras ideas al beneficio de la comunidad.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

COHERENCIA

La teoría de la arquitectura se ocupa de indagar las razones y conceptos que subyacen a las obras construidas. Mientras la práctica responde a la pregunta de ¿cómo será el proyecto? La teoría responde al “por qué” de la obra, un paso anterior al “cómo”. 

La principal utilidad que tiene la teoría para el ejercicio de una profesión en la práctica, es la toma de postura de cada persona frente a las circunstancias externas. Si los arquitectos nos esforzáramos más en la reflexión crítica de los mecanismos políticos y económicos que nos circundan, podríamos tener una influencia decisiva sobre el devenir futuro de las ciudades. Pero por desgracia, casi cualquier arquitecto ajustaría sus convicciones personales, si es que las tiene, a una coyuntura en la que pudiera tener beneficio profesional, como el encargo de un nuevo proyecto.
En temas como la especulación urbanística o la obra pública, todos los arquitectos estamos prestos a manifestarnos en contra o a favor de una obra, pero es igualmente frecuente que digamos una cosa y hagamos otra. Para ser arquitectos críticos debemos aprender a decir “no”, rechazar nuestra participación en fenómenos arquitectónicos y urbanos con los que no estemos de acuerdo.
¿Qué pasaría si ningún arquitecto accediera a participar en algún proceso que fuera en contra del sentido común? Lo más probable es que si bien no conseguiríamos suspender la obra en cuestión, existiría coherencia entre lo que decimos y hacemos. Esto no quiere decir que todos debemos estar de acuerdo en una misma postura, pero es esencial que quienes sí lo estén, aunque sean la minoría, manifiesten abiertamente su postura.
Durante los últimos años, el gobierno de nuestro país ha promovido algunas obras que han sido impopulares como el aeropuerto en Santa Lucía, la refinería en Dos Bocas, el parque ecológico en Texcoco, el Tren Maya y ahora la transformación del Bosque de Chapultepec. Solo una minoría dentro de la comunidad profesional de arquitectos parecen estar de acuerdo con estos y otros proyectos, probablemente serán quienes finalmente los lleven a cabo, pero sería muy útil para la opinión pública conocer los argumentos que tienen a favor de dichas iniciativas, que han sido rechazadas por la gran mayoría.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 3 de diciembre de 2020

BOSQUE DE CHAPULTEPEC

La ciudad es un campo de fuerza, cada actuación urbanística añade dinamismo al sitio donde se aplica. La coordinación de los esfuerzos de regeneración urbana es responsabilidad del gobierno de la ciudad. Si se deja de contemplar integralmente el impacto que un proyecto específico tiene sobre su entorno, el resultado será deficiente y será un fallo de quien ejerce el poder.
 
Desde hace varios meses está a discusión el polémico proyecto cultural para el bosque de Chapultepec. Hemos leído gran cantidad de opiniones, la mayoría muy bien fundamentadas, pero casi todas ellas en contra del proyecto. Existe un hecho que no ha sido mencionado hasta ahora, hace 5 años el artista Gabriel Orozco expresó su opinión acerca de la necesidad de crear un museo de arte contemporáneo en México, de la talla e importancia de los mejores museos del mundo. En su momento comentamos en este espacio que nuestra ciudad, además de tener infinidad de centros de arte actual, ya cuenta con un museo reconocido mundialmente, el Museo de Antropología, que si bien no exhibe arte moderno, es un foco de atracción turística y de actividad cultural de primer nivel.
Por otra parte, es importante tomar en cuenta la opinión del arquitecto Alberto Kalach, quien junto con otros expertos ha planteado desde hace muchos años la necesidad de apertura del bosque hacia su cara sur, para que beneficie a las colonias que se encuentran a todo lo largo de la avenida Constituyentes.
Lo que parece estar claro para todos es que el bosque se percibe como un bien cultural de la nación y como un área de preservación de la naturaleza, lo cual es verdad. Sin embargo, se debería abordar el proyecto regenerativo desde el punto de vista puramente urbanístico, en el cual las estructuras culturales y los elementos botánicos formarían parte de un proyecto urbano integral, sin que prevaleciera ninguno de ellos sobre los demás. Si se sumara el enfoque urbanístico a los demás intereses vertidos sobre el proyecto, sin soslayar su aspecto político, ya que toda obra pública es inevitablemente un acto político, los temas culturales y ecológicos se apreciarían desde una perspectiva mucho más productiva para la sociedad, que si solamente se considera a esta iniciativa desde dos de las partes que la componen.
Lorenzo Rocha

 

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