jueves, 25 de julio de 2019

CANTIDAD Y CALIDAD

En los análisis comerciales de mercado hay una regla
básica: la calidad es inversamente proporcional a la cantidad. A mayor
cantidad, menor calidad en los productos y viceversa, esta regla
desgraciadamente no excluye a la arquitectura.
El racionalismo en arquitectura se planteó la industralización de la producción de vivienda, debido a la necesidad de reconstrucción de las ciudades europeas después de la primera guerra mundial. Personajes clave como Le Corbusier, promovieron la construcción de casas en serie y la idea de la vivienda como “Máquina para habitar”. Esta intención se nota claramente en los textos del arquitecto suizo-francés, publicados entre 1920 y 1925 en la revista L’Esprit Nouveau (“El nuevo espíritu”): "Una nueva época ha comenzado, existe un nuevo espíritu. La industria nos brinda las herramientas que nos permiten adaptarnos a esta nueva época, animada por el nuevo espíritu. El problema de la vivienda es un problema de época. La industria en gran escala debería preocuparse por construir y establecer los elementos de la casa para una producción masiva". Los prototipos para vivienda en serie de Le Corbusier, la Maison Dom-ino de 1914 y la Maison Citrohän de 1920 fueron estrategias para industrializar la producción de vivienda que crearon formas mínimas y cerradas, donde se diseñaron todos sus
elementos hasta el último detalle siguiendo principios estéticos puristas. Le Corbusier planteó un idea para las nuevas ciudades, que se basaba en la zonificación de los usos de suelo, la separación entre el tráfico peatonal y vehicular y la liberación de la planta baja de los edificios para la creación de áreas verdes contínuas. A esta idea la llamó “Ciudad Radiante”.
En México los principales seguidores del racionalismo fueron en primera instancia Juan O’Gorman, quien aplicó los principios estéticos puristas para proyectos de viviendas privadas y escuelas populares desde 1929. Después surgió Mario Pani, el primer gran arquitecto del Estado mexicano, quien llevó la idea corbusiana de “Ciudad radiante” hasta sus últimas consecuencias, como podemos observar en los conjuntos habitacionales Santa Fe y Tlatelolco, construidos entre 1953 y 1964.

La calidad de la vivienda como producto de producción masiva se ha sacrificado a favor de la cantidad. La arquitectura social no ha evolucionado mucho desde los tiempos de Le Corbusier. Solo han aumentado los números, mientras los conjuntos de casas y bloques de apartamentos modernistas rondaban los centenares de viviendas, los que construimos ahora albergan a miles de familias.
Lorenzo Rocha

jueves, 18 de julio de 2019

CONTENEDOR Y CONTENIDO

¿La arquitectura es capaz por si sola de mejorar las
condiciones sociales? ¿Si un edificio tiene errores, pueden sus
usuarios adaptarse a ellos? Los arquitectos modernos intentaron elevar
la arquitectura a la categoría de catalizador social, ¿pero lo
consiguieron?
Gran parte del debate teórico sobre la arquitectura dentro del movimiento moderno se centró en la relación entre la función y la forma. Esto es comprensible ya que los arquitectos modernos pretendían replantear el modo de hacer la arquitectura a la luz de los avances tecnológicos de su época y de los cambios en el entorno sociourbanístico moderno. Desde luego sus planteamientos se hicieron con las mejores intenciones, pero desgraciadamente hicieron caso omiso de que es la gente la que determina las características de la arquitectura y no al contrario. Los arquitectos modernos creyeron que una arquitectura funcionalista, más eficiente y neutra podría por sí misma mejorar la vida de las personas, lo cual evidentemente no sucedió.
Durante toda la historia de la arquitectura se ha ejercido un uso readaptativo y dinámico de los edificios, antiguos hospitales se convirtieron en colegios, fabricas obsoletas ahora son museos, etcétera. El fenómeno de recuperación espacios abandonados confirma que la forma de los edificios no determina para nada su uso. Además está claro que las necesidades de las personas cambian con el tiempo y ellas mismas son capaces de readaptar los espacios en los que habitan.
Muy frecuentemente se culpa a los edificios por los fracasos en su gestión y mantenimiento, esto no excluye que muchas soluciones arquitectónicas sean defectuosas e inadecuadas para sus usuarios y
contextos. Es comprensible que muchas piezas nuevas en el entorno urbano provoquen rechazo en la población reacia a los cambios en sus barrios y avenidas, por ello se les colocan motes despectivos a casi todos los edificios nuevos. Sin embargo, si el tejido social del lugar es sano y la gente aprovecha los nuevos espacios públicos y privados, el rechazo va disminuyendo y la gente termina por aceptar y disfrutar de las nuevas estructuras.

La arquitectura jamás será más importante que las personas. La relación entre contenedor y contenido se replantea constantemente, tanto en los discursos teóricos como en la experiencia cotidiana. Independientemente de su forma, todos los edificios tienen el potencial de ser útiles a la sociedad.
Lorenzo Rocha

jueves, 11 de julio de 2019

HABITANTE CRÍTICO

¿Es posible que exista un “habitante crítico” del mismo
modo como existen espectadores críticos? La arquitectura y las demás
artes se diferencían en su relación con el público, ya que en el caso
de las artes visuales, este público está en tránsito, mientras que el
público de la arquitectura es casi siempre permanente.

Los arquitectos construimos, pero como decía Martin Heidegger “Solo si somos capaces de habitar, seremos capaces de construir”. ¿A qué se refería el filósofo alemán con “capacidad de habitar”? Él definía habitar como “estar en el mundo”, por lo tanto su afirmación va dirigida a la consciencia que cada uno tiene del lugar en el que se encuentra. Los arquitectos que son capaces de habitar son aquellos que perciben con claridad su entorno que es, en términos neurológicos, la encarnación de la consciencia. Otro gran pensador, el poeta Octavio Paz decía: “No es posible ser auténticamente moderno, sin ser crítico”. Si combinamos ambas frases podríamos pensar en la posibilidad de habitar de manera crítica, con profunda consciencia del entorno y también con los cuestionamientos que derivan del pensamiento crítico moderno.
La costumbre de aceptar los espacios que habitamos sin cuestionarlos, está muy arraigada en los habitantes de las ciudades modernas. Es posible que se deba en parte a que la arquitectura se convirtió en un bien de consumo, que responde a las reglas del mercado inmobiliario, lo cual influye en la percepción de las viviendas como objetos consumibles que se rigen por las tendencias de la moda. Pero una casa, es mucho más permanente que un automóvil o que nuestro guardarropa, asi que no es muy conveniente que utilicemos el mismo criterio mercantil para tomar decisiones sobre el sitio donde habitaremos. Del mismo modo, los arquitectos debemos estar al corriente del modo como se construye en todo el mundo, pero no debemos hacer caso ciego a lo que vemos en las revistas y en las exposiciones, sin que pase por nuestro criterio crítico. Debemos estar más alerta de lo que nos dice el lugar donde construiremos, ya que las características del clima, la topografía, la luz, los materiales locales, son mucho más elocuentes que las imágenes que nos llegan por las publicaciones y las redes informáticas.

Los habitantes llevan una ventaja sobre los arquitectos en su capacidad crítica, ya que ellos utilizan la información disponible para exigir soluciones cada vez mejores a sus necesidades espaciales.
Lorenzo Rocha

jueves, 4 de julio de 2019

LA FORMA DE LA CIUDAD

La planificación urbana moderna introdujo conceptos muy importantes como las ciudades-jardín y la separación entre el trafico vehicular y peatonal, pero no siempre los resultados fueron los esperados.
El destacado urbanista brasileño Cristovao Duarte intervino la semana pasada en el segundo foro de Megaciudades “Extralimitarse”, organizado por 17 Instituto de estudios críticos. El profesor de la Universidad de Rio de Janeiro, expuso sus opiniones y críticas al plano original de Brasilia y a las ciudades satélites que se han desarrollado a su alrededor en los últimos 50 años. En 1957  el arquitecto Lucio Costa escribió algo muy interesante en su propuesta para el concurso del plano regulador de la ciudad, él afirmaba que su propuesta no pretendia concursar sino solamente señalar una forma que ya existía en el lugar debido a su geografía. Así surgieron sus dos ejes, el este-oeste (Monumental) y el norte-sur (Eje vial), la plaza de los tres poderes y el centro de transportes. Los problemas que presenta la ciudad se atribuyen a su forma, pero su forma es en sí la solución, no el problema. Algunas formas urbanas son mejores soluciones que otras, pero la salud del desarrollo urbano y de la vida cívica, tiene poca relación con la forma.
La idea de ciudad como utopía, nacida en el renacimiento y consolidada durante el modernismo, no toma en cuenta que la ciudad se hace con sus habitantes, no necesariamente con su arquitectura. El fenómeno urbano no depende en absoluto de las curvas, los ángulos, los niveles, las alturas y las formas geométricas. Sin duda, las soluciones arquitectónicas y urbanas pueden contribuir a mejorar las infraestructuras que sostienen a las ciudades, pero no son capaces de resolver todos los aspectos que influyen en la vida de sus habitantes.
El auténtico creador de Brasilia fue el Estado Brasileño y en particular el gobierno del presidente Juscelino Kubitshek, el presidente “Bossa-nova” que favoreció las expresiones artísticas autóctonas de su país con proyección y confianza en un futuro venturoso. La forma de la ciudad es hermosa, pero por desgracia no es capaz de albergar en ella todos sus habitantes. Por ello, las personas de bajos recursos se ven forzadas a habitar la periferia, que goza de menor nivel de planificación y calidad espacial, de este modo surgen las ciudades-dormitorios y los asentamientos irregulares, porque la ciudad formal no cubre las necesidades de todos sus habitantes.

Actualmente siguen surgiendo nuevas ciudades y otras van desapareciendo, este fenómeno es muy notable en China, el país con mayor crecimiento económico y desarrollo territorial, pero en término generales las ciudades más sanas y creativas son aquellas que van cambiando de forma constantemente.
Lorenzo Rocha

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