jueves, 26 de diciembre de 2019

LA CIUDAD DE LOS NIÑOS

La educadora italiana Maria Montessori denunció  en los años cuarenta del siglo pasado, la enorme injusticia infringida sobre los niños, la cual calificó como la mayor esclavitud de la historia. Todo su sistema de enseñanza se basa en el reconocimiento de los derechos y de la personalidad particular de los menores de edad.

En los últimos tiempos, hemos visto cada vez con más frecuencia, las reivindicaciones hechas por niños y jóvenes que exigen el reconocimiento pleno de sus derechos civiles. La infancia ha sido siempre concebida como una forma de “ciudadanía diferida”. Esto quiere decir que los derechos  y obligaciones fundamentales de los menores de edad, su derecho a decidir, a vivir de manera independiente de los adultos, se les reserva hasta después de cumplir los 18 años, hasta entonces, sus tutores deciden por ellos. 
Por ello existe el tópico de que los niños son el futuro de la sociedad, cuando en realidad forman parte del presente. Los pequeños son sometidos a la voluntad de sus padres y gobernantes, a quienes ellos no eligieron, a todo tipo de infortunios y vejaciones debidos al trabajo forzado y a las migraciones involuntarias, solo por el hecho de que los mayores no los consideramos aun aptos y capacitados para tomar sus propias decisiones. Los jóvenes de ningún modo tienen una visión errónea de la realidad, simplemente la suya es distinta de la forma en que los adultos la vemos. Es verdad que corren peligros por su corta edad, pero gran parte de estos, son provocados porque no han sido tomados en cuenta en el diseño social. 
Las ciudades y la arquitectura están hechas para adultos, para un pequeño es casi imposible moverse y subsistir en un entorno con automóviles, con elementos arquitectónicos demasiado grandes para su tamaño. Los arquitectos y urbanistas en general no diseñamos para los niños, salvo en los casos en que se realizan instalaciones para enseñanza o juegos, los cuales permanecen precintados detrás de vallas, como corrales para el ganado.
En 1989 el sociólogo italiano Francesco Tonucci publico el libro “La ciudad de los niños”, basado en la Convención Internacional sobre los Derechos de los Niños. El libro es un verdadero tratado sobre el modo en que la ciudad ha ignorado las necesidades de la población infantil. Tonucci toma como paradigma el derecho de los niños a jugar libremente en su entorno directo. Mediante un diseño adecuado y seguro para los más pequeños, también se garantiza la accesibilidad universal para otros grupos humanos en desventaja, como los adultos mayores o las personas con discapacidades físicas y mentales. Una ciudad adecuada para los niños lo será seguramente para toda la población. 

No solo el cambio climático es una razón para la sublevación juvenil, es tan solo una muestra de la desigualdad general que sufren los ciudadanos de la nueva generación. Así como en 1968 comenzó la emancipación de los jóvenes adultos universitarios, quizá en 2019 habrá comenzado un movimiento de liberación infantil. Los niños de ahora se manifiestan en las calles, alzan su voz contra sus tutores y líderes porque su situación es insostenible en muchos casos. Es injusto que se les lleve a campos de refugiados, que se les retenga en las fronteras en jaulas, que se les fuerce a migrar en precarias pateras. No se trata de un fenómeno mediático, sino de una crisis profunda de una parte importante de la sociedad.
Lorenzo Rocha

jueves, 19 de diciembre de 2019

EL CROQUIS

En 1982 los arquitectos Fernando Márquez y Richard Levene fundaron en España la revista El Croquis. Hasta la fecha han publicado 167 números monográficos, tanto de arquitectos experimentados como de jóvenes. En muchos de sus volúmenes incluyen dibujos hechos a mano por los arquitectos a quienes presentan.

La mayoría de los arquitectos dibuja bien a mano. El boceto o croquis del arquitecto expresa su pensamiento espacial, no es necesariamente un producto de gran belleza, pero sí constituye uno de los elementos que definen la personalidad creativa de su autor. El cerebro humano sin duda está conectado más estrechamente con las manos que sostienen al lápiz, que con el teclado digital. Oscar Niemeyer es uno de los arquitectos modernos más hábiles para expresarse mientras dibujaba, la explicación de sus proyectos en el documental “La vida es un soplo”, es realmente notable. Además sorprende que dicho filme haya sido realizado cuando el arquitecto brasileño tenía 90 años. Otros grandes maestros no se quedan atrás, por ejemplo Le Corbusier, Juan Navarro o Zaha Hadid, quienes además han sido pintores.
Hoy en día no estoy seguro de que todos los estudiantes de arquitectura sepan lo que quiere decir la palabra croquis y mucho menos sean capaces de dibujar a mano de manera correcta. Las tecnologías electrónicas e informáticas han eclipsado a las analógicas como el libro, el cuaderno y el lápiz. Sin embargo, para la proyectación arquitectónica, herramientas tan sencillas como el papel y la pluma, son tan importantes en el proceso de un proyecto como pueden serlo el ordenador y la impresora.
Nunca olvidaré la recomendación de mi profesor Raúl Gutiérrez, que en el primer curso de teoría en el taller José Villagrán de la UNAM nos invitaba a aprender a pensar con el lápiz. Indudablemente todas las herramientas son indispensables para ejecutar un buen trabajo, pero éstas nunca deben superar la capacidad intelectual de quien las utiliza. Es decir, el hecho de que ahora existan programas informáticos capaces de generar casi cualquier tipo de superficie mediante algoritmos matemáticos, no significa que los proyectos deban forzosamente recurrir a formas complejas solamente por el hecho de que sea posible generarlas en la computadora. Tampoco dichas formas deben excluirse del universo del arquitecto contemporáneo, pero cualquier decisión de diseño debe estar sólidamente fundamentada en un código ético y estético. Aun las ideas más futuristas comienzan con un sencillo boceto.
Lorenzo Rocha

jueves, 12 de diciembre de 2019

DISEÑO MODULAR

A los estudiantes de arquitectura se les enseña a utilizar módulos, unidades de medida que les sirven para diseñar sus proyectos de modo eficiente. Por ejemplo, el sistema inglés de pulgadas y pies es muy conveniente para el diseño modular, ya que muchos materiales se venden en estas medidas, de este modo se evitan desperdicios excesivos.

El funcionalismo en arquitectura fue un movimiento estético cuyos fundamentos aun siguen vigentes ahora. El diseño funcionalista se caracteriza por los volúmenes geométricos puros y por la ausencia de la ornamentación aplicada. La asimetría funcionalista también es un elemento que aun está presente en casi todos los proyectos que hacen los arquitectos contemporáneos.
Prácticamente en todas las escuelas de arquitectura se enseña el diseño modular desde los primeros ejercicios compositivos, que consisten en elegir un sistema de medidas y proporciones repetibles que se aplica desde los más pequeños detalles, hasta la forma general del proyecto.
Es curioso el parecido que hay entre el diseño modular de objetos de escala pequeña como muebles y utensilios, con su aplicación a la escala arquitectónica, paisajística e incluso urbana. En algunos planos es difícil distinguir a primera vista si lo que está representado son muebles o edificios.  Muchos arquitectos abarcan los tres campos de la práctica y en ocasiones diseñan modelos y objetos pequeños de los que extrapolan algunas características fundamentales que después utilizan en todas las demás etapas del proyecto.
Por ejemplo, Mies van der Rohe y su equipo diseñaron el pabellón alemán para la Exposición Internacional de Barcelona, en 1929. Pero ellos, en particular Lilly Reich también se ocuparon del mobiliario, y de ahi surgió la famosa silla Barcelona y todo la serie modular que amuebló el pabellón.
Más recientemente la firma estadunidense Diller, Scofidio y Renfro ha aplicado esta metodología a casi todos sus proyectos. Por ejemplo, para el diseño de la cubierta del nuevo Museo de Arte y Archivo Fílmico del Pacífico en Berkeley, California, los arquitectos comenzaron haciendo una pequeña escultura de bronce apoyada sobre una base de madera, como una pequeña maqueta abstracta de lo que después sería el edificio.
Lorenzo Rocha

jueves, 5 de diciembre de 2019

SOSTENIBILIDAD

Esta semana se está llevando a cabo en Madrid la Conferencia de las Naciones Unidas por el Cambio Climático (COP 25), cuyo lema es: “Hoy es tiempo de actuar”. Todos estamos de acuerdo en que se trata de un asunto impostergable, por lo cual, resulta lamentable que el gobierno de México no tenga una representación significativa en la reunión. 

No cabe duda que los arquitectos nos encontramos entre los protagonistas en la lucha contra el cambio climático. Nuestra actividad principal, la construcción, es una de las actividades humanas que más dañan al medio ambiente. Recordemos que los edificios verdes, no son necesariamente sostenibles, no basta cubrir de plantas a la construcción para reducir su impacto, tampoco las ecotécnias, el bajo consumo energético y las bajas emisiones, reducen significativamente los daños. 
Dentro del amplio abanico de posibles actitudes para mitigar el impacto ambiental de la construcción, está sin duda el uso de materiales sostenibles como la madera, la piedra y todos aquellos derivados del reciclaje de desechos. Esta opción en principio es buena, aunque no elimina totalmente el uso de otros materiales más contaminantes como el acero y el concreto, ni la necesidad de transporte, gasto de energía y contaminación durante su extracción y preparación.
Aquí surge de nuevo la pregunta que nos hemos planteado anteriormente: ¿se puede hacer arquitectura sin construir nada nuevo? La respuesta es optar por la reutilización de edificios existentes en lugar de su demolición. Durante más de veinte años, el estudio francés Lacaton y Vassal junto con Frédéric Druot, han pugnado por la reutilización de edificios, desde su renovación como en el Palais de Tokyo, hasta los múltiples bloques de vivienda a los que han añadido galerías para mejorarlos en lugar de demolerlos y sustituirlos por edificios nuevos. También conviene considerar el valor de los usos temporales de edificios obsoletos o en ruinas. 

Estas metodologías muestran una cara diferente del concepto de sostenibilidad, en la que los arquitectos ceden su protagonismo a favor del beneficio público. Es difícil transmitir el mensaje a los medios de comunicación masiva, ya que las imágenes de los edificios reutilizados no resultan tan atractivas ni convincentes como las de los edificios cubiertos de vegetación o construidos en madera. Sin embargo, para quienes creemos en que la construcción debe moderarse para disminuir su impacto ambiental, la resistencia al crecimiento del sector, es una cuestión que se relaciona directamente con nuestra postura ética.
Lorenzo Rocha

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