jueves, 28 de abril de 2022

CARTOGRAFÍAS

El arquitecto paisajista y urbanista inglés James Corner, autor de proyectos como la High Line Freshkills Park, ambos en la ciudad de Nueva York, utiliza una metodología proyectual relacionada con la cartografía crítica.

La cartografía es una arte milenario y desde la Ilustración hasta ahora, también es una ciencia. Siempre ha existido en el ser humano una necesidad y voluntad de documentar su entorno. Es indudable que las tecnologías aeroespaciales e informáticas han contribuido notablemente al desarrollo y precisión de los planos, mapas, fotografías aéreas, dispositivos de geolocalización y demás materiales que utilizamos cotidianamente. Hace apenas 20 años, muy pocas personas tenían acceso a las imágenes satelitales que ahora están a nuestro alcance en los teléfonos celulares. Sin embargo, aun existen muchas personas que siguen creyendo que la Tierra es plana,
¿Estamos seguros de que todos estos avances han sido decisivos en nuestra percepción del mundo? La pregunta parece casi obvia e inútil, pero ayuda a orientarnos en una dirección distinta a la habitual. En principio podemos distinguir dos tipos de informaciones que se representan en los mapas: la primera de tipo objetivo, que se limita a expresar los resultados de las mediciones desde el punto de vista científico, sin añadir ninguna hipótesis por parte de sus productores y el segundo tipo, que podemos considerar subjetivo,  consiste en la inclusión dentro del material objetivo, de visiones, proyectos, especulaciones y cálculos que son en su mayoría ideas propias de quien realiza el mapa. Dentro de la segunda categoría están incluidos los proyectos arquitectónicos, urbanos y paisajísticos.
Cuando los mapas y planos incluyen hipótesis que interpelan o cuestionan las realidades representadas en ellos, podemos entonces hablar de ellos como formas críticas de cartografía. En este tipo de metodología proyectual es muy importante el uso de la informática para que los modelos analizados sean tridimensionales y en ocasiones, dinámicos e interactivos.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 21 de abril de 2022

ESPACIO VACÍO

Dos libros del antropólogo español Manuel Delgado, resultan fundamentales para comprender los fenómenos urbanos, más allá de las formas arquitectónicas, estos son: “El animal público” (1999) y “Sociedades movedizas” (2007).


El espacio nunca está realmente vacío. Las ciudades nunca pueden planearse efectivamente hasta el ultimo metro cuadrado, siempre quedarán espacios desaprovechados. La planificación y la burocracia son paradójicas, mientras más se planifica, más queda por planificar y regular. Del mismo modo la burocracia siempre produce más burocracia. Al respecto, Manuel Delgado opina: “Como forma radical de espacio social que es, el espacio urbano no existe —no puede existir— como un proscenio vacío a la espera de de que algo o alguien lo llene. No es un lugar donde en cualquier momento pueda acontecer algo, puesto que ese lugar se da solo en tanto ese algo acontece y solo en el momento mismo en que lo hace”. Estudiar disciplinas como la antropología o la sociología, nos recuerda que lo urbano es un acontecimiento social, poco tiene que ver con su diseño, el dibujo es secundario, lo que realmente importa es el hábitat.

Mientras más planificamos las ciudades, produciremos siempre más espacios vacíos, lugares a los que la gente no se sienta atraída. En la oposición entre la planificación y el anarquismo radica un cierto desasosiego, el malestar de la arquitectura, una serie infinita de indecisiones.

“Espacio también en el que los individuos y los grupos definen y estructuran sus relaciones con el poder, para someterse a el, pero también para insubordinársele o para ignorarlo”, nos dice Delgado. Los usuarios siempre utilizarán el espacio en formas no pensadas ni previstas por los urbanistas, sobre todo porque los primeros son sujetos críticos y políticos que buscan la expresión de su individualidad, mientras que los últimos están al servicio del poder.

En el plano o en el mapa no actúan las fuerzas sociales, en parte también por que aun no existe una cartografía suficientemente crítica, que contemple el desarrollo de la configuración y el uso del espacio a través del tiempo. Es cierto que el futuro es impredecible, pero el diseño urbano hecho en el presente, debe intentar no ser un obstáculo para las posibles dinámicas por venir. Por ejemplo, la excesiva zonificación y los suburbios unifuncionales de los años sesenta y setenta, dificultan notablemente su uso readaptativo, solamente por la altura y densidad de las construcciones y por la anchura de las avenidas, lo cual los hace inviables para una readaptación peatonal. Por otra parte, los barrios un poco más antiguos, son muy adecuados para el comercio en planta baja, por sus áreas verdes y por sus estrechas calles facilitan el desplazamiento de las personas a pie y en bicicleta.

Lorenzo Rocha

 

jueves, 14 de abril de 2022

PROPÓSITO

El arquitecto Fernando Quesada argumenta de modo muy profundo, el desprestigio de la función en la teoría de la arquitectura en Occidente durante la era moderna. El autor de “La función de la función”, menciona el libro de Adolf Behne Der Moderne Zweckbau (1923) como el primer antecedente de la discusión sobre el tema.


La traducción literal de la palabra alemana Zweckbau es “construcción con propósito”. En la época en la que Adolf Behne escribió su célebre libro Der Moderne Zweckbau (1923), se consideraba a la función como sinónimo de lo adecuado, tanto del punto de vista estético como mecánico. En nuestros tiempos es cada vez más necesario actualizar esta discusión ideológica, tan desgastada por la retórica, para que recupere la importancia que sigue teniendo, ya que indiscutiblemente la utilidad no deja de ser uno de los valores primordiales de la arquitectura. Una parte del equívoco suscitado por el funcionalismo, fue la escisión entre función y forma, convirtiéndolos en términos si bien no opuestos, generadores de conflictos y oposiciones inexistentes.

La concepción griega de la ciudad y su binomio cosmos-mundus, fue desarticulada por la implementación del orden político romano y de la propiedad privada de la tierra. Con la pérdida del orden griego, llegó la ruptura de la unidad entre forma, estructura y función, con una diferenciación entre ellas, inducida por los romanos. Dicha escisión consistió en la separación entre las partes decoradas del edificio, de aquellas útiles. De ese modo quedó separado el tratamiento de las superficies y de los volúmenes, al igual que se separó a la construcción de la composición y en suma se diferenció a la arquitectura de la realidad urbana.

Hoy en día estamos en posición de romper estas dicotomías, aclarando que ahora la función se refiere en realidad a la eficiencia de lo construido, la adecuación es su precisión estética, mientras que el propósito corresponde a la esencia de la arquitectura: a la unidad indisociable entre forma-estructura-función.

Pensando en la importancia de la recuperación del propósito de la arquitectura, está también la unificación de lo simbólico con lo útil, o mejor dicho, de la utilidad de lo simbólico. El valor de uso es según Lefebvre, el código unitario del espacio, dicho valor contempla tanto su traducción cuantitativa expresada en el área útil de las construcciones, como en su valor simbólico, cualitativo, que corresponde a la adecuación o precisión de su respuesta  a las condiciones sociales y estéticas del lugar antropológico donde se origina.

Lorenzo Rocha

 

viernes, 8 de abril de 2022

SUELO PÚBLICO

El valor del suelo juega un papel preponderante dentro del sistema capitalista. Desde Marx, se ha definido como uno de los tres elementos primordiales de la producción, los cuales son: la tierra, el capital y el trabajo del obrero.

La propiedad privada del suelo genera de modo inevitable una competencia comercial que sin excepción incluye a la especulación inmobiliaria. Esta ultima es el mayor obstáculo para la socialización del espacio público y para el acceso universal a la vivienda. Esta especulación y libre mercado del suelo, han provocado la expansión de las metrópolis hacia los sitios con menores costos, la cual también ha derivado en las invasiones de terrenos para construcción informal de barrios. En los países subdesarrollados, el Estado no ha sido capaz de controlar esta expansión y por ejemplo en México se ha debido integrar a la constitución política el derecho a la autoproducción de vivienda, el cual implica de modo tácito, una exención del cumplimiento de las normativas urbanísticas y reglamentos de construcción y de manera indirecta, la legitimación de las invasiones.
Sin embrago, el Estado podría intervenir de manera positiva en esta dinámica, ya que por distintos motivos, tanto por las zonificaciones establecidas, como por las expropiaciones y otros procesos, administra gran cantidad de suelo público. El gobierno podría concesionar por tiempos entre 50 y 100 años, una buen parte de ese suelo para cooperativas de vivienda social, que se encontrara al margen de la competencia comercial. Por desgracia, si esto sucediera, muy probablemente habría fenómenos de corrupción, como los que nos han afectado en el pasado. En la corrupción han participado todos, desde los funcionarios, pasando por los promotores y empresarios inmobiliarios y los profesionales de la arquitectura y la ingeniería tampoco han permanecido al margen. 
Esperemos que algún día no muy lejano, nuestra sociedad adquiera la madurez necesaria para permitir la socialización del suelo, el fin de la especulación y el freno a las invasiones
Lorenzo Rocha

 

Cosmogonía (17 radio)

El próximo miércoles 13 de abril a las 12:00 (México), 10:00 (Ensenada), conversaremos con el escritor Jorge Postlethwaite, acerca del cosmos como territorio infinito

Sintonicen 17radio.org 

 

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