viernes, 26 de diciembre de 2025

LA CASA

Hay un pasaje bíblico muy interesante que expresa la importancia profunda de la morada del hombre y su relación con lo sagrado, que no siempre depende de cuestiones teológicas: ”Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan quienes la construyen”.

La casa en la que cada persona vive está relacionada con la arquitectura, pero va mucho más allá de esta. Tomemos como ejemplo un apartamento común, que forma parte de un proyecto más amplio: el edificio, pero hacia el interior cada uno se diferencia de acuerdo a las costumbres de la persona o de la familia que lo habita y con ello, se distingue o se independiza del proyecto arquitectónico original. No puede existir un apartamento si no hay un proyecto arquitectónico y estructural adecuado, pero estas condiciones no son suficientes para hacer de él un hogar. Si pensamos en una casa que ocupa un terreno urbano o rural, en la gran mayoría de los casos, al menos en nuestro país, se construye con los recursos y conocimientos de sus habitantes y muchas veces sin la intervención de profesionales, haciendo de ella un asunto totalmente ajeno a la arquitectura.
Lo que define una casa es quien la habita, en su aspecto privado y a su vez la casa lo define a él hacia el exterior, en el ámbito público. Ninguna casa o apartamento se puede separar de su contexto físico y cultural, pero al mismo tiempo cada una es diferente de las demás. Por otra parte, es de gran importancia el cuidado que los habitantes tienen de sus viviendas, darles el mantenimiento que requieren y en ciertas acciones que tienden a embellecerla y decorarla, como la jardinería. Esto expresa la dignidad con la que las personas viven y cómo contribuyen al bienestar de sus comunidades o de sus barrios. En caso contrario también las casas expresan las carencias y problemas que pueden tener sus habitantes, en ocasiones el descuido y el abandono muestran un cierto egoísmo o conducta anti-social.
Lorenzo Rocha 

jueves, 18 de diciembre de 2025

BELLO Y JUSTO

Alberto Pérez Gómez escribió en 2012, un breve ensayo titulado “Lo bello y lo justo en la arquitectura: convergencias hacia una práctica cimentada en el amor”. En el texto hace hincapié en que no es la parte tecnológica la que hace de la arquitectura una actividad significativa para la vida humana.

El resultado de la aplicación cabal de la estética y de la ética a la práctica arquitectónica, da como resultado construcciones bellas y justas. Amabas condiciones son necesarias y deben cumplirse simultáneamente, es muy difícil concebir una sin la otra, para afirmar que el resultado construido aporta elementos significativos al contexto cultural donde se edifica. Pero lo que Pérez Gómez explica como “una práctica comentada en el amor”, va mucho más lejos que la belleza y la justicia y entra en el campo de la afectividad.
Una arquitectura auténticamente poética contribuye a la conciencia humana de identidad en el lugar, la cual no es una racionalización de lo que se presenta en la construcción, sino una profunda relación existencial entre los individuos y sus espacios habitables. Por ello, el teórico mexicano afirma: “La importancia fundamental de la arquitectura y el diseño urbano es que son disciplinas llamadas a dar lugar a lo maravilloso de lo cotidiano que existe a priori en el mundo encarnado, incluso a un sentido de lo sagrado que no es dependiente de religiones o posiciones teológicas.”
Dicha arquitectura sería capaz entonces de proveer a las personas con entornos significativos, situados en armonía con la naturaleza y con la cultura. Estas condiciones superan a los aspectos ornamentales, escénicos y técnicos en los que está centrada la práctica arquitectónica actual, incluso aquella de vanguardia.
La teoría de la arquitectura tiene el propósito de que quienes nos dedicamos al diseño comprendamos con profundidad la situación por la que atraviesa nuestra disciplina: la pérdida de su significado profundo.
Lorenzo Rocha

 

viernes, 12 de diciembre de 2025

ENTENDER EL PRESENTE

La arquitecta de paisaje Diana Balmori (1932-2016) declaró: “La nostalgia de nuestro pasado y los sueños utópicos sobre el futuro nos impiden entender el presente”. Esta frase fue recogida en el “Manifiesto para el presente” de los artistas Robert Ransick y Blake Goble, publicado en 2010.

El único tiempo tangible es el presente, aunque sea extremadamente fugaz, hace un momento el presente era futuro y ahora es pasado. Sin embargo, para pensar en el presente e intentar entenderlo, podemos alargarlo un poco en ambas direcciones. No sabemos que ocurrirá mañana, pero podemos predecir algunas cosas con razonable certeza. También nuestra memoria a corto plazo suele ser relativamente confiable. Intelectualmente podemos realizar el ejercicio de analizar la historia reciente para explicarnos nuestra realidad actual y planificar algunas acciones que se implementen a corto plazo para intentar mejorar las condiciones del hábitat humano. 
Si seguimos el razonamiento de Diana Balmori, arquitecta de paisaje española, quien en una conversación con Marina Zurkow en 2009 pronunció la frase que citamos en este texto, podríamos identificar a la nostalgia y a los sueños utópicos como los principales obstáculos para comprender las implicaciones prácticas y objetivas del tiempo presente. De hecho, tanto el estudio de la historia, como las proyecciones especulativas que hacemos hacia el futuro existen principalmente para guiar nuestras acciones en el presente y nos conviene evitar sesgos cognitivos que nublen nuestra visión de los hechos y del potencial de nuestras acciones para cambiar las dinámicas de la actualidad.
Es curioso que la palabra presente también sea sinónimo de “regalo”. Escapar de la responsabilidad de contribuir en lo posible a mejorar nuestro hábitat, no solo es un modo desperdiciar la oportunidad que nos brinda la vida de tener un impacto positivo en los demás, sino echar a perder lo único que poseemos con seguridad: la conciencia, la afectividad y la capacidad para actuar aquí y ahora.
Lorenzo Rocha 

jueves, 4 de diciembre de 2025

CONCIENCIA HISTÓRICA

El teórico italiano Manfredo Tafuri escribió en 1970: "El lenguaje de la arquitectura se forma, se define y se supera en la historia junto con la idea misma de arquitectura. En este sentido, establecer una "gramática general" de la arquitectura es una utopía".

El estudio de la historia es fundamental dentro de la educación del arquitecto. Esta serie de cursos comienza desde la arqueología y concluye en el presente, consiste en identificar los períodos de actividad constructiva desde el hábitat primitivo hasta las expresiones espaciales contemporáneas.
¿Porqué es tan importante esta formación? ¿Se puede prescindir de los conocimientos históricos para practicar el proyecto arquitectónico?
Aunque si es posible proyectar y construir sin conciencia histórica, aquellas casas y edificios que resultan de una práctica irreflexiva, difícilmente tendrán la densidad necesaria para entrar en un diálogo cultural con sus antecedentes y hacer una aportación significativa y crítica en el ámbito arquitectónico.
La construcción sin reflexión histórica, que es la que se hace en su mayoría en la actualidad sin la intervención de profesionales, no nos permite establecer una línea contínua de ideas y discursos estéticos que la sitúe de manera sólida en su contexto, tanto en el lugar como en el tiempo en que se realiza. Es posible que dicha construcción resuelva satisfactoriamente su programa de necesidades, lo cual ya es bastante, pero no contará con las referencias y características necesarias para que suscite algún tipo de reflexión e interpretación que la integre al cultura y civilización a la que pertenece.
En última instancia, el conocimiento de la historia es un factor decisivo para una práctica crítica que permita a la arquitectura evolucionar junto con la cultura.
Lorenzo Rocha

 

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