
Como toda obra artística, la arquitectura se percibe en dos niveles, primero en el plano físico, como objeto y en segundo lugar simbólicamente. Frecuentemente olvidamos que todas las casas y edificios son objetos a escala urbana. Esta confusión deriva de que son objetos tan grandes e inmuebles, que sentimos que pertenecen a la tierra o al paisaje, cuando en realidad son construcciones humanas. A veces penso en el edificio donde vivo como un grandísimo armario, y en mi apartamento como el tercer cajón del lado derecho. El segundo nivel de percepción del arte y de la arquitectura, es el nivel simbólico, el resultado de un complejo proceso fenomenológico del que dervian nuestros recuerdos y emociones, originados por el contacto con la obra y con sus imágenes. En este nivel, el edificio como objeto ya no es tan importante, cobra una mayor importancia el recuerdo que tenemos de éste.
Las imágenes de la arquitectura juegan un papel importantísimo, casi crucial, en la permanencia simbólica del objeto arquitectónico. Una ruina es un vestigio historico vital, pero en realidad sobreviven muy pocos edificios en ruinas que nos permiten experimentar el espacio arquitectónico antiguo. Sobre todo si constituyeron un obstáculo para el desarrollo de nuevas culturas desde el punto de vista político. Sin embargo, las imágenes de edificios que ya han desparecido, especialmente de la edad moderna, trascienden de alguna manera a las ruinas, ya que son documentos por medio de los cuales se llega a idealizar a las sociedades que nos precedieron. A la vez, la preservación de la arquitectura mediante imágenes, permite la monumentalización simbólica de edificios relativamente recientes, pero que la sociedad decide preservar como símbolos de la cultura contemporánea.
Lorenzo Rocha