jueves, 23 de diciembre de 2010

CICLO DE VIDA URBANA /I


Lo que se nos presenta como el renacimiento de una zona urbana deprimida, muchas veces puede significar lo contrario, su caída en un nuevo período de letargo. Frecuentemente se habla en sentido crítico de un término que proviene del idioma inglés, la gentrificación. Su traducción más exacta al español es “aburguesamiento” que, aplicado al contexto urbano, significa la renovación de algún barrio popular, para que se adapte a los gustos de consumidores pertenecientes a la clase media-alta. Conviene distinguir el concepto de ciudad del concepto de lo urbano, que equivale a la ciudad menos su arquitectura, descrito magistralmente en el texto De la ciudad concebida, a la ciudad practicada, del antropólogo Manuel Delgado, quien se expresa en los siguientes términos: “Lo urbano, entendido como la ciudad menos su arquitectura, todo lo que en ella no se detiene ni se solidifica. Un universo derretido”. Esta cita nos ayuda a enfocar a la ciudad y su transformación mediante el intercambio social equilibrado, y no necesariamente desde la intervención arquitectónica.

Como todo organismo, la metrópoli —a pesar de componerse de una serie de objetos inanimados— tiene ciclos de vida, a veces superpuestos y desfasados: nacimiento, auge y decadencia, que se pueden medir a lo largo del tiempo, de modo lineal o no-linealmente. Los ayuntamientos se aprovechan del uso político del lenguaje (ver: El grado cero de la escritura, de Roland Barthes), utilizan ciertas consignas con matices que se polarizan hacia juicios de valor, positivo o negativo, y así sacar provecho de los momentos de cambio dentro de la ciudad, como instrumento para acrecentar su capital político electoral, e incluso económico. Las zonas urbanas que la administración califica como “degradadas”, deben ser “recualificadas”. Otras áreas, como los centros históricos se caracterizan como “abandonados” y se precisa de “revitalizarlos” a toda costa, una tremenda falacia, ya que son hervideros de actividades y no les falta en absoluto vida urbana.

Lorenzo Rocha

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