jueves, 21 de abril de 2016

EDIFICIO—MANIFIESTO

A simple vista el edificio que alberga el Centro Angelini para la innovación de la Universidad Católica de Chile en Santiago, parece una construcción muy extraña y algunos de sus elementos parecen fuera de su lugar. Es una construcción de diez niveles, que en fachada parece tener solamente tres pisos. El edificio, construido por el arquitecto Alejandro Aravena en 2014, parece una gran escultura minimalista de concreto armado, y sus pocas ventanas hacia el exterior no muestran las verdaderas dimensiones del edificio, ya que cada una de ellas abarca tres o cuatro niveles.

Pero cuando leemos la explicación por parte de su autor de los elementos compositivos del proyecto, su percepción puede cambiar mucho. Aravena, quien este año fue el ganador del premio Pritzker y curador de la Bienal de arquitectura de Venecia, explica el proyecto del siguiente modo: "El clima de Santiago de Chile ha requerido el cuestionamiento del modo tradicional del diseño para un edificio con espacios de trabajo. Para el presente proyecto hemos sustituido el típico muro-cortina de cristal, el cual provoca un serio efecto de invernadero en el interior del edificio, por una masa térmica exterior que lo protege de la ganancia excesiva de calor. Al mismo tiempo, se buscó la mayor apertura posible en el interior para permitir la convivencia entre las personas, lo cual beneficia notablemente a la innovación y a la creación de conocimientos."

Esta muy claro que la imagen exterior del edificio no es tan elocuente como sus espacios interiores, los cuales están diseñados con vacíos que abarcan varios pisos y permiten la vista de cada piso desde los balcones, además de un atrio central con elevadores panorámicos que permiten ver desde fuera lo que la gente está haciendo en sus oficinas y laboratorios. La explicación del arquitecto concluye diciendo: "La disposición invertida de opacidad y transparencia, es la manera en que la sostenibilidad y las relaciones humanas han informado a la forma construida."

Este edificio es un claro ejemplo de arquitectura crítica, ya que no es un edificio hecho solo para verse o fotografiarse, sino para pensarse y habitarse. El propio proyecto plantea una problemática poco cuestionada en los proyectos contemporáneos, el uso del cristal en el exterior el cual obliga a la climatización artificial. Al mismo tiempo, otros edificios actuales cuentan con núcleos centrales que son a la vez estructurales, que en este caso se han trasladado a su exoesqueleto.

Un proyecto de naturaleza didáctica como este, quizá nos puede provocar una reacción sensorial adversa, pero su mayor virtud radica en las reflexiones sobre arquitectura que inician a partir de él.

Lorenzo Rocha

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