jueves, 12 de noviembre de 2020

ACAMPADA

Una nueva forma de turismo rural ha surgido recientemente en varios continentes, los ingleses le llaman “Glamping”, una contracción entre las palabras “Glamorous camping”, o “Acampada glamorosa”. Se trata de la instalación de pequeñas cabañas en paisajes espectaculares, con todos los servicios de un hotel de lujo, pero en contacto directo con la naturaleza.

En África desde hace más de una década se comenzaron a construir campamentos lujosos, formados por unas cuantas cabañas o tiendas de campaña exquisitamente diseñadas, servidas a su vez por un núcleo con restaurantes y estancias pero con la particularidad de encontrarse al aire libre. Esto ha sido especialmente planeado para reservas naturales en países como Botswana, Kenia y Namibia, en las que el gobierno no permite ninguna construcción de carácter permanente, asíi como ninguna intervención en el suelo, como fosas sépticas, rellenos sanitarios, cisternas o depósitos de residuos, que puedan alterar el frágil equilibrio de lugares tan maravillosos como el delta del rio Okavango o la reserva Seregueti. Entre los arquitectos especializados en dichos conjuntos turísticos se encuentra el sudafricano Nicolas Plewman, que ha llegado a un desarrollo notable de sus diseños. 
En Europa y los Estados Unidos, así como en otros lugares como Costa Rica y Baja California, han comenzado a proliferar ofertas similares. Paralelamente a ello, algunas empresas han desarrollado prototipos para la venta de distintos modelos de cabañas con la intención de producirlas industrialmente. Esta es una actividad muy reciente y en pleno desarrollo, ya que se dirige tanto al sector turístico como a las personas que disfrutan de viajar en auto-caravana y que aprecian un diseño sofisticado.
Es posible  que en poco tiempo el diseño modular de este tipo se convierta en una opción profesional para los arquitectos más jóvenes, quienes han visto disminuir significativamente sus opciones laborales ante las crisis inmobiliarias, que amenazan su subsistencia como diseñadores en el sentido tradicional.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 5 de noviembre de 2020

REDENSIFICAR

En las metrópolis como la ciudad de México hay dos modos fundamentales de crecimiento, el primero de ellos es la expansión ya sea de conjuntos de vivienda popular o de urbanizaciones y edificios de lujo.  El segundo consiste en la construcción de nuevos edificios de apartamentos en colonias tradicionales, con la consecuente redensificación de los mismos.

 

Durante las últimas dos décadas, la estrategia más utilizada por los promotores inmobiliarios ha sido la redensificación de los barrios centrales de la ciudad de México. En principio parece un buen camino para la producción de vivienda asequible, aprovechando la capacidad instalada de servicios y vialidades. Los arquitectos hemos diseñado de manera acorde con los requerimientos de los promotores, cada uno al máximo de sus capacidades, por lo que los resultados han sido en general aceptables. 
El fenómeno es en sí complejo, ya que no solamente se ha aprovechado el potencial máximo que ha permitido el coeficiente de uso de suelo de cada zona, sino que en algunos casos se ha aumentado mediante figuras jurídicas como los sistemas o polígonos de actuación, en los que se transfiere volumen de construcción de predios donde no se ha utilizado. Por ejemplo, en una manzana en la que existen uno o más inmuebles catalogados, que no se pueden ampliar, pero que probablemente tengan menos niveles de los permitidos, sus propietarios pueden vender este potencial de crecimiento para transferirlo a otros terrenos que sí puedan utilizarlos.
Muchas colonias tradicionales de la ciudad han visto de este modo la aparición de edificios de hasta diez niveles donde antes se permitían solo tres. Sus paisajes urbanos han sido modificados y su población ha aumentado notablemente. Tal es el caso de las colonias Condesa, Roma, Escandón, Juárez, Cuauhtémoc, Polanco, del Valle y muchas otras más.
Los arquitectos no hemos sido críticos respecto a esta tendencia, la mayoría han estado de acuerdo con ella, principalmente porque todos aprecian los nuevos encargos. Sin embargo mucha gente no está conforme con los resultados, por lo que sería un tema que deberíamos discutir más a fondo.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 29 de octubre de 2020

INTERIOR Y EXTERIOR

Se ha escrito mucho sobre el valor social del espacio público, pero dos libros son sin duda fundamentales para la discusión sobre las ciudades contemporáneas, El primero es “Streets for People” de Bernard Rudofsky (“Calles para la gente”, 1969) y el segundo “La humanización del espacio urbano”, escrito por Jan Gehl en 1971.
El límite entre el interior y el exterior en la arquitectura lo marcan las puertas de entrada a las casas. Pero habitamos más en las calles que dentro de nuestras viviendas. Mucha gente vive en casas muy pequeñas con apenas espacio para dormir, asearse y comer, todas las demás actividades las realizan en espacios públicos exteriores. En muchas ciudades la vida está en el espacio exterior más que dentro de la casa. Incluso hay quienes sacan sus muebles a la calle para estar más cómodos.
Las calles, plazas y parques públicos son complementos indispensables para una vida sana y comunitaria dentro de la ciudad. Los niños que viven en apartamentos, juegan en el parque, los adolescentes se reunen en las calles y plazas, los adultos socializan con sus vecinos y acuden a sitios públicos para divertirse y hacer deporte.
Durante la pandemia, por seguridad desgraciadamente hemos tenido que confinarnos dentro de nuestras casas y prescindir del uso del espacio público, lo cual ha dañando la estabilidad psicológica de gran cantidad de personas que han tenido que trabajar desde casa y ocuparse parcialmente de la educación de sus hijos. Los que han podido se han mudado al campo y otra minoría ha cambiado de casa a una más amplia que cuente con jardín, terraza o balcón. Pero la gran mayoría de la población ha debido adaptarse a la situación sin ayuda de nadie. Las consecuencias en el diseño urbano están aún por venir, pero seguramente el impacto de la situación actual será lento y marginal, aunque esperamos que sea para mejorar las condiciones de habitación y reforzar los lazos sociales. Quizá algunas de las ideas de Rudofsky y Gehl tengan más cabida al tenor de las circunstancias actuales.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 22 de octubre de 2020

TEORÍA CRÍTICA

La Escuela de Francfort, en específico los filósofos Max Horkheimer, Theodor Adorno y Walter Benjamin, impulsaron a mediados del siglo pasado, una forma de pensamiento crítico que cuestionó y puso en duda los valores de su época. Sigfried Giedeon, teórico suizo, trasladó a la arquitectura las ideas de Benjamin sobre la reproducción mecánica de la obra de arte, en su clásica obra “Espacio, tiempo y arquitectura”, publicada en 1939.
Asumir una actitud crítica frente a nuestro entorno sociocultural, implica por desgracia la renuncia a acceder a ciertos entornos que se fundamentan en la actitud autoafirmativa y conciliatoria de la cultura dominante. Estos entornos son principalmente, los medios profesionales de las finanzas y los negocios, que requieren de la habilidad para evitar las confrontaciones, en pos de la maximización de las ganancias. No solamente dichos entornos se caracterizan por el pragmatismo y el consenso, podríamos decir que estas son características presentes en toda actividad que ocupe un lugar protagónico dentro de las corrientes principales de pensamiento y acción.
En contraste, la Teoría crítica, “un lazo social” según Ernesto Laclau, se ubica en la posición de “resistencia” frente a las corrientes dominantes. Los críticos problematizan la realidad, están siempre interesados más en la actualidad que en la historia y se interesan en todas las situaciones de crisis y catástrofe. Por estas razones, se les considera como pensadores pesimistas y se eluden sus opiniones cuando las acciones que están en discusión pueden entorpecer o cuestionar a los actores pragmáticos.
En la Arquitectura crítica, término acuñado por el teórico estadunidense Michael Hays en 1984, existe una clara posición de resistencia contra “las operaciones conciliatorias y autoafirmativas de la cultura dominante, mientras que permanece irreducible a una estructura puramente formal y dislocada de las contingencias del tiempo y lugar donde se localiza”, con ello Hays deja implícito que dicha arquitectura no es un estilo, sino constituye un modo crítico de diseñar y construir.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 15 de octubre de 2020

DESACRALIZAR

La ciudad de Bristol en Inglaterra, se distingue de otras por la creatividad con la que sus arquitectos y urbanistas han aprovechado sus espacios desacralizados. De este modo, existen en la ciudad más de una docena de antiguas iglesias que han sido transformadas en espacios artísticos, comunitarios y en viviendas. Entre ellas destaca sin duda, la antigua iglesia de St. Paul, la cual ha sido convertida en escuela circense.
En las ciudades los usos y las costumbres cambian constantemente. La transformación forma parte del espíritu urbano, la fuerza transformadora proviene del mismo lugar de donde se originan las ciudades.
En este contexto, es lógico que ciertos espacios religiosos terminen por cambiar de uso, en el caso de las iglesias y los cementerios, la carga simbólica difícilmente desaparece o se ve superada por el nuevo uso. Cuando por cualquier motivo la vigencia de un templo llega a su fin, crea invariablemente la necesidad de profunda reflexión urbanística, antes de proceder a su sustitución. Gran cantidad de ayuntamientos no han sabido cómo lidiar con el peso de dichos inmuebles y han optado por dejarlos cerrados y abandonados, la peor de las alternativas, ya que suelen estar localizados en las mejores zonas de las ciudades.
El impacto urbano de la desacralización de espacios religiosos es de dimensiones considerables, si se lleva a cabo con sensibilidad e inteligencia, puede desencadenar mecanismos muy positivos para el entorno. En la mayoría de los casos, debido a sus características morfológicas, las iglesias desconsagradas se destinan a espacios para espectáculos o para la instalación de piezas de arte. También algunos de ellos se han transformado en bibliotecas y escuelas, aunque pueden cumplir con cualquier función, incluso ser viviendas.
En el caso de los cementerios cuyas tumbas han sido trasladadas a otro lugar, normalmente se han transformado en parques públicos, o simplemente se han aprovechado sus terrenos para cualquier otro tipo de equipamiento urbano. No cabe duda que los arquitectos a quienes se les encarga su transformación deben tomar muy seriamente su carga simbólica.
Lorenzo Rocha

 

jueves, 8 de octubre de 2020

DISTANCIA SOCIAL

Edward T. Hall (1914-2009), inventó el neologismo Proxemia, en su clásico libro “La dimensión oculta” (1966). El célebre antropólogo estadunidense la definió como: “El conjunto de observaciones y teorías respecto al uso que el hombre hace del espacio en tanto producto cultural específico”. La crisis sanitaria actual seguramente nos obligará a replantear muchas cuestiones dentro de las relaciones interculturales.

Se le conoce con distintos nombres: sana distancia, distanciamiento social, distancia de seguridad, son todos sinónimos de un elemento que la pandemia ha dejado dentro de la “nueva anormalidad”. Sin duda es un tema difícil para arquitectos y urbanistas, por sus repercusiones sobre el diseño y uso del espacio público y del transporte. Si los sitios concurridos, como los teatros y estadios, tendrán que reducir permanentemente su aforo a la mitad o a la tercera parte, su esencia misma cambiará. Del mismo modo, las estaciones y trenes subterráneos, así como los autobuses urbanos se deberán adaptar a las nuevas reglas sanitarias, al grado que quizás algunos de ellos resultarán inviables.
Lo más inmediato de la sana distancia física se nota en las conductas sociales, que a largo plazo es muy probable que se conviertan en rasgos culturales fijos. Alrededor de nosotros existe un burbuja imaginaria de aproximadamente 60 centímetros que nos rodea, se le llama universo háptico, abarca todo aquello que está al alcance de nuestra mano, que podemos oler, escuchar y ver a detalle. Ahora que se recomienda no acercarse a menos de un metro y medio de las demás personas, este universo se ha anulado socialmente. Es casi imposible mantener una conversación a esa distancia y con la mascarilla puesta, que no nos permite ver las expresiones faciales ni escuchar bien las palabras de la gente con quien conversamos. Es muy probable que este distanciamiento tenga efectos negativos sobre el sentido de la comunidad y la cooperación entre vecinos. De hecho ya es visible que la mayoría de las personas no son capaces de seguir la recomendación de mantenerse alejadas unas de otras.
Lorenzo Rocha

jueves, 1 de octubre de 2020

MAPAS SUBJETIVOS

Desde la cartografía antigua hasta los actuales cartogramas informáticos, la producción de mapas ha mostrado ser un campo en el que se combina el arte con la ciencia. Pero los mapas más atractivos pueden contener informaciones falsas o puntos de vista sesgados respecto a la realidad de los fenómenos a los que representan.

En la era de la información solemos pensar que las fotografías y los mapas son representaciones objetivas de la realidad, aceptamos como verdadero todo lo que aparece en ellos. Rara vez cuestionamos lo que leemos en la prensa, vemos por televisión o en internet. Incluso se consideran como pruebas válidas e irrefutables de las características físicas de un lugar. Sin embargo, nunca hay que olvidar que se trata de medios de representación, conviene estar siempre atentos a no confundir la información con la experiencia y las imágenes con la realidad. 
Desde luego, una vez comprobada su autenticidad, nos podemos permitir creer en ellos, ya que las técnicas utilizadas para su producción permiten confiar en la información que contienen. Un mapa interactivo nos guía a nuestro destino, los otros nos muestran datos estadísticos, geográficos y económicos confiables.
La parte subjetiva del mapa no es exactamente lo que vemos en él, sino lo que su diseñador y dibujante ha decidido no mostrarnos. Los autores de los mapas que reflejan estudios estadísticos, eligen las métricas que mejor funcionan para comprobar o mostrar lo que se proponen con su investigación. Sabemos que la ciencia utiliza protocolos eficientes para llevar a cabo investigaciones, pero los sujetos que dirigen las pesquisas son personas que tienen sus propios valores y aspiraciones. Así es como algunos deciden medir lo que consideran más importante y descartar lo que juzgan irrelevante, mientras que quizá otro experto aplicaría su propio criterio y por lo tanto estaría en desacuerdo con las métricas utilizadas por el primero. En la relación entre los sujetos y sus objetos, está el cruce entre el arte y la ciencia.
Lorenzo Rocha

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