miércoles, 3 de julio de 2013

POSTURA CRÍTICA

Los habitantes de una ciudad tan grande, compleja y sobrepobalada como la nuestra, nos enfrentamos diariamente con usos del espacio público que constituyen acciones antidemocráticas por parte de nuestros gobernantes y también de muchos de nuestros conciudadanos. Observamos como se realizan obras, como excavaciones y pasos a desnivel, sin la menor idea de cómo es que se toman las decisiones que permiten su construcción. Vemos con impotencia el modo como nuestro gobierno actúa a discreción en su pragmatismo que permite a empresas privadas el uso de espacios públicos para sus eventos o la colocación de estatuas y esculturas en las calles y parques, sólo a cambio de alguna inversión en la vía pública.
Pero desgraciadamente el abuso del espacio público no solamente es responsabilidad de la administración, también somos testigos de la especulación inmobiliaria, que no tiene límites cuando se trata de sacar el mayor provecho posible del suelo urbano, violando el uso del suelo, alturas y densidades permitidas, para construir más de lo que se permite en sus predios y mermar el patrimonio histórico de muchas zonas de la ciudad. Por si fuera poco, también algunos sectores populares como los vendedores ambulantes, o las protestas y acampadas que tienen tomado el espacio público de plazas, calles, cruces de avenidas y hasta vagones del metro, personas cuyas condiciones menesterosas no justifican la ocupación indefinida de estos espacios que son de todos los habitantes.
Ante la realidad urbana, la mayoría de los ciudadanos debe hacer un esfuerzo, para tomar consciencia de los problemas y forjar una postura crítica que imponga límites a todas las formas de apropiación privada del espacio urbano público. El primer paso es sin duda, el conocimiento de los derechos civiles, y el siguiente es ejercer nuestros derechos, denunciando las prácticas antidemocráticas antes mencionadas. El criterio necesario para alcanzar el nivel de conocimiento que permita al ciudadano común organizarse para defender sus derechos, deriva únicamente de la consciencia de que es justamente el ciudadano quien ostenta el poder máximo sobre el destino de la ciudad. El ciudadano es quien elige al gobierno, le delega el poder público y también se lo puede retirar. Tampoco el empresario del sector inmobiliario puede romper las leyes urbanas, siempre que los ciudadanos vigilen sus acciones y denuncien sus abusos. Por último, es el propio ciudadano quien debe exigir que se respeten sus derechos para transitar libremente por las calles y a utilizar con tranquilidad el transporte público, sin ser importunado por las personas que invaden estos espacios.
Lorenzo Rocha

jueves, 27 de junio de 2013

POLÍTICA PLÁSTICA

Existe una forma de arte público que es efímero y en ocasiones anónimo,  consiste en realizar proyectos artísticos de inserción social. Se trata de ejercicios y acciones planificadas por el artista, de tal modo que funcionen solamente mediante la participación del público interesado, o de la población de un determinado barrio o zona de la ciudad. En la mayoría de los casos, dichos proyectos son muy parecidos a los programas sociales comunitarios, que suelen tener los gobiernos locales y van dirigidos a actividades lúdicas o educativas, como la enseñanza de algún oficio o las campañas de conscientización que se llevan a cabo constantemente. Puede tratarse a simple vista del reciclaje de desechos, de la agricultura urbana o de actividades manuales y deportivas, entonces ¿donde se diferencía el arte relacional de los programas sociales oficiales?
Para quienes hayan estado involucrados en este tipo de prácticas, la diferencia es muy clara: los programas sociales tienen como finalidad principal la satisfacción de necesidades comunitarias específicas, mientras que los proyectos artísticos de inserción social tienen como objetivo el cuestionamiento de conceptos que van desde lo social, hasta lo político y lo estético. Desde los movimientos situacionistas nacidos en los años sesenta del Siglo XX, coincidiendo con las revoluciones ideológicas sucedidas en las universidades de muchos países, la manifestación política comenzó a ser abordada como un acto estético. Basta mencionar las insurrecciones surgidas en 1968 en México, Praga y París. En los más de 45 años que han transcurrido desde entonces, los artistas han adoptado ciertas prácticas propias de la propaganda política, principalmente aquella que corresponde a la izquierda, como materia de estudio de muchos de sus proyectos.
En nuestros días artistas como Bert Theis de Luxemburgo o el alemán Christoph Schäfer, entre muchos otros, han fundamentado parte importante su trabajo en la utilización  propagandística de la filosofía izquierdista de los Sesenta. Theis fundó OUT en Milán en el 2002, un grupo que se dedicó a cuestionar los planes urbanísticos que han transformado el barrio “Isola”, donde él habita. Schäfer y otros artistas residentes en Hamburgo, trabajan bajo el nombre de “Park Fiction” un grupo que realiza manifestaciones y eventos sociales de considerable importancia en su ciudad de origen. De dichas acciones derivan objetos e imágenes que son el modo contemporáneo de abordar la problemática del arte público. Se trata en cierto modo, del siguiente paso conceptual, que quizá vendrá después de la escultura monumental del modernismo.
Lorenzo Rocha

jueves, 20 de junio de 2013

APROPIACIÓN

La propiedad inmobiliaria es un concepto que difiere notablemente del sentido de propiedad que la mayoría de los ciudadanos posée sobre el espacio público. Las casas particulares pertenecen a sus dueños, ellos tienen el derecho de uso exclusivo de los espacios domésticos, interiores y exteriores. Sin embargo, ninguna obra arquitectónica es totalmente privada, ya que se relaciona visual y espacialmente con el contexto donde se localiza. Por ejemplo, si nos encontramos en un jardín, al interior de una manzana en una zona residencial, disfrutamos de la porción de terreno que corresponde al jardín particular en el cual estamos, pero también disfrutamos de la vista de los demás jardines vecinos y sus árboles, al igual que otros estímulos sensoriales como el canto de los pájaros, o el aroma de las flores, aunque no estén dentro de nuestro jardín. Un fenómeno singular sucede cuando reflexionamos sobre las fachadas, aunque todas ellas son de propiedad privada, en su conjunto son un bien público, ya que de ellas depende la armonía de una calle en su conjunto, o bien, si no existe dicha armonía, sus diseñadores son colectivamente responsables del caos visual del contexo urbano.
El arte público, o mejor dicho, el arte realizado en el espacio abierto, responde a algunas de estas consideraciones, aunque sus objetivos son distintos a los del diseño arquitectónico. Durante la primera mitad del siglo XX, comenzaron a proliferar, sobre todo en Estados Unidos, las “esculturas corporativas”, las piezas de arte situadas en los atrios de los edificios de oficinas. La ciudad de Chicago emitió una normativa en la cual se debía destinar al arte un cierto porcentaje del presupuesto de cualquier edificio nuevo (1.33%), construido en el centro financiero de la ciudad. Esto hizo que la ciudad prácticamente tuviera esculturas en cada manzana del centro, proliferaron las obras de Calder, Moore, Dubuffet, Picasso, Noguchi, Miró, Oldenburg y muchos otros aristas locales e internacionales.
Casi todas las ciudades modernas siguieron esta tendencia, lo cual también dió lugar a no pocas aberraciones, como en nuestra propia ciudad, sobre todo cuando no ha existido ningún comité que regule y juzge la pertinencia de la colocación de esculturas en el espacio urbano. Hoy en día el arte público de vanguardia parece haber migrado hacia el campo de lo efímero y hasta de lo anónimo. Tales manifestaciones artísticas, que sobreviven pocas horas y quedan en la documentación producida por el propio artista, han hecho desparecer las fronteras entre el arte y la vida común cotidiana en las grandes ciudades.
Lorenzo Rocha

jueves, 13 de junio de 2013

COLOR

En la arquitectura mexicana, el uso del color es una costumbre muy extendida, quizá por esta razón no nos detemos lo suficiente a reflexionar sobre la complejidad de la selección y aplicación de los colores en el espacio, además de sus múltiples repercusiones en la percepción de la luz. Al pensar en la arquitectura y el color, nos vienen inevitablemente a la mente los espacios diseñados por Luis Barragán y Ricardo Legorreta, pero si miramos a nuestro alrededor, en cualquier pueblo o barrio urbano encontramos en seguida una amplia variedad cromática. Este fenómeno no es tan común en otros paises de occidente, por ello los extranjeros se sorprenden más cuando conocen la arquitectura mexicana, a diferencia de nosotros que estamos acostumbrados a ella. Escoger un color evocativo no es tarea fácil, quizá en la arquitectura vernácula se dé intuitivamente, pero se requiere de artistas con una gran sensibilidad y conocimiento para utilizar con maestría la luz y el color. Seguramente Barragán y Legorreta poseían las virtudes antes mecionadas, además de mantenerse en contacto con artistas plásticos como Jesús Reyes o Matías Goeritz, quienes indudablemente contribuyeron a las obras de ambos arquitectos, incluso en aquellas donde no se les ha dado crédito.
Además de la elección del tono adecuado, es esencial poner atención a las fuentes de luz y a su orientación respecto al muro al que se aplicará el color. El efecto inmediato del reflejo de la luz sobre la superficie cromática, es una sensación de materialidad, ya que la luz —sea natural o artificial— refleja la calidez o frialdad del tono elegido y evoca una sensación táctil que la luz blanca normalmente no posée. En la casa de Luis Barragán, construida en 1947 en el barrio capitalino de Tacubaya, la mayor parte de los muros son blancos, los muros pintados de amarillo, rosa o naranja se encuentran colocados estratégicamente en los planos opuestos a las ventanas para generar los efectos sensoriales adecuados para el ambiente sereno de la casa, además el arquitecto utilizó pinturas de hoja de oro, los “Mensajes” realizados por Goeritz para aumentar la intensidad de la luz solar, colocándolas cerca de algunas de las ventanas.
La obra más representativa de la habilidad de Legorreta para utilizar el color y la luz es sin duda el Hotel Camino Real en Ixtapa, construido en 1981. En esta notable obra arquitectónica, el arquitecto aprovecha la intensidad del sol de la costa, creando zonas que reciben gran cantidad de luz sobre todo por la tarde, contrastándolas con otras casi en penumbra que crean un efecto espectacular en los espacios del hotel.
Lorenzo Rocha

jueves, 6 de junio de 2013

CAMPO Y CIUDAD

Cada vez que algún habitante de la ciudad viaja al campo, tienen lugar una serie paradojas inconscientes que se originan de las múltiples ambigüedades que suponen las nociones humanas sobre las cosas naturales, concebidas como opuestas a las artificiales. Salimos de la ciudad y enseguida sentimos el contacto con la naturaleza, pero ¿cuándo podemos afirmar con certeza que hemos salido del medio urbano? Recorremos algunos kilómetros y ya respiramos mejor, escuchamos menos ruido, vemos el verde de la vegetación que nos rodea y el azul del cielo. Pero también seguimos viendo algunas fábricas, comercios, gasolineras, ¿hemos realmente dejado atrás a la ciudad? Cuando dejamos de ver rastros urbanos, quizá llegamos a una nueva ciudad. Normalmente no reflexionamos acerca del hecho que el medio agrícola es tan artificial como el urbano, todos esos campos los ha sembrado el hombre, después de haber desforestado el terreno, incluso es probable que todos los árboles que vemos hayan sido sembrados por los propios agricultores. Entre campo y ciudad no hay gran diferencia, ambos entornos han sido creados por el ser humano, incluso las reservas naturales protegidas, sufren de los efectos provocados por su proximidad a ciudades y terrenos agrícolas, además de la reforestación, que en ocasiones tiene efectos contrarios a los deseados. Sólo algunos territorios deshabitados en el mundo pueden considerarse como totalmente independientes de las acciones humanas.
En la planificación territorial, originada a partir de la época postindustrial, existe continuidad absoluta entre campo y ciudad, principalmente a lo largo de las vías de comunicación terreste, sobre las vías fluviales y sobre las costas. El desarrollo del territorio ocupado por población rural y urbana, se basa en la optimización de los recursos naturales y el máximo aprovechamiento del suelo, lo cual implica la anteposición de las necesidades humanas sobre todos los demás seres vivos que componen la biósfera.
La oposición ficticia entre campo y ciudad, nos hace volver a la paradoja planteada anteriormente: ¿dónde se fijan los límites entre lo natural y lo artificial? En sentido llano, lo natural es todo aquello que no ha sido intervenido por el ser humano, entoces, ¿solamente es natural aquel sitio que carece de la presencia humana? Parecería ser así, si no fuera porque un sitio desconocido para el hombre está fuera de su esfera perceptiva y por lo tanto no es posible afirmar nada sobre él. Todo aquello que conocemos está sujeto a nuestra percepción e interpretación, por lo cual no existe la naturaleza en sentido absoluto.
Lorenzo Rocha

jueves, 30 de mayo de 2013

EXPERIMENTACIÓN

La arquitectura se diferencía de las demás artes en muchos de sus aspectos y materias de estudio, pero sin duda el principal radica en su naturaleza utilitaria. Antes de cualquier consideración estética, el arquitecto debe cumplir con los requerimientos técnicos que satisfagan las necesidades de los usuarios de los espacios construidos por él. Salvo en contadas ocasiones, el arquitecto diseña y construye para alguien más, por lo que la experimentación conlleva una carga de responsabilidad mayor que si se tratara de un trabajo personal. La práctica de la arquitectura comprende una gama muy amplia de problemas que se plantean en la solución de los edificios, estos van desde el presupuesto, permisos de construcción, trámites y requisitos legales, hasta las soluciones topográficas, ergonómicas, estructurales, mecánicas, tecnológicas y funcionales, que deben considerarse simultáneamente para garantizar el éxito del proyecto. Algunos arquitectos han considerado a la estética como una consecuencia de la correcta solución de todos los problemas técnicos de la construcción, tal como se puede interpretar en la siguiente frase de Antonio Gaudí, quien consideraba a “la belleza como el resplandor de la verdad”.
Si hay tantos límites para la práctica del diseño dentro del proyecto arquitectónico, entonces ¿dónde queda el lugar para la experimentación? En primera instancia existe un campo muy amplio para la experimentación arquitectónica en el campo de la teoría y en algunas corrientes de pensamiento filosófico. Cuando el arquitecto desarrolla su capacidad de cuestionamiento acerca de los programas de necesidades y de los valores simbólicos de su trabajo, hay un horizonte casi infinito de posibles reflexiones. En segundo lugar, la experimentación arquitectónica se puede conducir por el camino de la interpretación poética de la fenomenología de la percepción. Mediante el uso de estímulos sensoriales de todo tipo, que conduzcan al usuario a un estado de atención en cual los sonidos, colores, aromas y otros estímulos le provoquen emociones. Por último, si el arquitecto es consciente de las constantes que limitan sus márgenes de acción, si domina la técnica, puede ser capaz de utilizar dichos límites físicos para crear innovaciones técnicas que optimicen su labor sin salir de los parámetros establecidos. Sin embargo, debe asumir que el progreso tecnológico dentro de la construcción es muy lento, aunque siempre se podrá dar un nuevo significado a los materiales y técnicas que siempre han existido.
Lorenzo Rocha

miércoles, 22 de mayo de 2013

SANTA FE

El pasado miércoles 15 de mayo el Gobierno del Distrito Federal anunció la extinción de un fideicomiso que se encargaba de la gestión de los recursos destinados a la administarción del espacio público de Santa Fe, en el Poniente de la ciudad de México. Dicho fideicomiso se encontraba bajo el control de la asociaición de colonos de dicha zona urbana, que se encuentra bajo la jurisdicción de dos delegaciones: Álvaro Obregón y Cuajimalpa. Esto significa que los recursos destinados a la seguridad pública, la administración territorial, el mantenimiento de las vialidades, alumbrado, alcantarillado y demás servicios públicos eran administrados por una asociación civil. La zona financiera más importante de Latinoamérica y el área urbana que aporta el 8% de la recaudación de impuesto predial de todo el Distrito Federal, era administrada hasta hace una semana por el sector privado. Quizá la noticia haya pasado desapercibida para la mayoría de nuestros conciudadanos, pero sin duda da lugar a importantes reflexiones sobre el estado de la administración pública metropolitana.
El fenómeno de la administración privada de espacios públicos ¿se puede también considerar como una práctica de legítima participación ciudadana? En la ciudad hay muchos más espacios de este tipo, como los atrios de las iglesias, las áreas exteriores de los centros comerciales, las plazas de acceso y jardines públicos de los edificios corporativos, todos ellos ejemplo claro de que una parte de lo que consideramos espacio urbano es en realidad dominio privado. La falta de actuación de la administración pública en zonas como estas, da lugar a una interpretación sesgada del uso del espacio urbano, ya que cualquier entidad privada tiene la facultad discrecional de reservar el acceso y tránsito de personas y vehículos dentro de su propiedad.
Si consideramos a la ciudad como un “campo de fuerzas”, donde actúan y se ponen en práctica las distintas agendas e intereses de los grupos que conforman a la sociedad urbana, en el caso de Santa Fe nos encontramos frente a un fenómeno de ausencia de uno de los vectores principales de la ecuación urbana: el gobierno democráticamente elegido. Hemos visto lo que sucede cuando se crea un vacío de poder político, el espacio es inmediatamente ocupado por el sector privado, excediendo sus facultades de participación para convertirse en administrador de lo público. Esperemos que la decisión del jefe de gobierno devuelva el equilibrio que debe existir entre gobierno y sociedad civil, sin dejar de considerar a los vecinos como participantes activos en las decisiones que atañen a su colonia.
Lorenzo Rocha

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