¿Hay alguna similitud entre la ciudad moderna y el supermercado? A simple vista parece no haberla, pero si miramos con mucha atención, las calles podrían parecerse a los pasillos de los grandes almacenes, los frigoríficos podrían pasar por edificios de apartamentos y las cajas se asemejarían a los peajes de las salidas a las carreteras. Además la ciudad contemporánea opera en estrecha relación con el consumo, el trabajo, el transporte y las transacciones financieras. Por lo tanto, la relación entre los conceptos de la ciudad y del supermercado es tanto física como simbólica.
Esta es la visión del artista londinense Mark LascellesThornton, quien invirtió tres años de su vida en un dibujo monumental, llamado "The Happiness Machine". La obra se compone 8 paneles dibujados con un notable nivel de detalle, que ensamblados cubren un área vertical de 4 metros cuadrados.
El dibujo de Thornton es sin duda muy interesante por su valor estético, sin embargo resulta aún más relevante desde el punto de vista ético para la arquitectura y el urbanismo de nuestros días. El artista se pregunta sobre el sentido de las ciudades, y afirma: "Las ciudades se fundamentan en la relación entre las personas, sin relaciones humanas no hay ciudad. Nuestra civilización necesita ciudades, pero ahora estamos poniendo en riesgo su supervivencia con nuestro uso irresponsable de los recursos no renovables". En entrevista publicada en el portal de Internet Archidaily (Stott, Rory. "Artist Mark Lascelles Thornton On His Completed Masterwork: “The Happiness Machine”", 27 de agosto de 2014), Thornton critica los rascacielos que se construyen ahora en China e Inglaterra, opina que la sostenibilidad es una palabra ambigua, ya que si bien es posible construir edificios con bajo consumo energético y bajo impacto ambiental en sí mismos, sus miles de ocupantes no están en el mismo nivel de ahorro en sus propias prácticas, como en sus medios de transporte y en su producción de desechos, entonces en realidad no se puede decir que la ecuación entre usuarios e inmuebles arroje resultados positivos desde el punto de vista ecológico.
La analogía entre ciudad y supermercado se vuelve más comprensible, ahora que hemos traspasado el umbral hacia una civilización mayoritariamente urbana. La ciudad global, o mejor dicho, el conjunto de las metrópolis son la materialización de las relaciones económicas entre las personas. Ahora los intercambios comerciales y culturales se realizan directamente entre los ayuntamientos de las capitles mundiales, sin necesidad de la tutoría de los países a los que pertenecen. Así Shangai se relaciona con Londres. México con Los Ángeles o Tokio con Buenos Aires, sin depender exclusivamente de sus gobiernos nacionales.
Lorenzo Rocha
jueves, 4 de septiembre de 2014
jueves, 28 de agosto de 2014
ESPECULACIÓN ILIMITADA
En arquitectura hay un rango de escala que escapa a la percepción del ciudadano común. Todos podemos visualizar las dimensiones de un espacio del tamaño de una vivienda, podemos compararlo con el tamaño de una escuela y quizá hasta imaginar cuántas veces cabe dentro de un estadio de fútbol. Pero la magnitud de los tres principales proyectos inmobiliarios que se están construyendo en la ciudad de México, supera a la capacidad de imaginación de casi cualquier persona.
En primer lugar, se encuentran los diez nuevos rascacielos en proceso de construcción sobre el Paseo de la Reforma, que entre todos sumarán alrededor de medio millón de metros cuadrados de nuevas oficinas, una cifra muy elevada desde cualquier punto de vista. Hace falta imaginar cómo llegarán las miles de personas que trabjarán en estos edificios, lo harán en automóvil, metro, autobús, en bicicleta y a pie. También cuesta trabajo pensar dónde comerán los cerca de 50 mil nuevos usuarios de estas oficinas, algunos podrán hacerlo dentro de sus lugares de trabajo, pero los demás tendrán que buscar lugares asequibles donde reponer sus energías.
Otro proyecto en construcción que sorprende por sus dimensiones es el conjunto Toreo que se encuentra en el límite norte entre del Distrito Federal, donde colinda con el Estado de México. Este conjunto lo diseñó el arquitecto Javier Sordo Madaleno. La construcción va muy avanzada, y cuando esté terminada albergará vivienda, comercio, oficinas y hotel con un área total de 450 mil metros cuadrados, será casi tan grande como los diez rascacielos de Reforma.
Por último, se ha comenzado a construir pese a las quejas de los habitantes de Coyoacán, el complejo Mitikah, que se define a sí mismo como una "Ciudad Viva". Este conjunto diseñado por César Pelli, comprende un programa multifuncional de cerca de 100 mil metros cuadrados y se planea edificar una torre de 60 pisos (270 metros de altura) que sería la más alta de Latinoamérica y albergaría a cerca de 10 mil personas. Dentro de este conjunto se absorberá —convertido en centro comercial— el edificio que anteriormente ocupaba el Centro Operativo Bancomer, construido en 1976 por Augusto Álvarez, Juan Sordo y Adolfo Wiechers.
Entre estos proyectos sumados, estamos frente a una nueva ciudad en la que se ha dado rienda suelta a la especulación inmobiliaria, sin que hasta ahora esté suficientemente claro cuál será su impacto a nivel de la infraestructura urbana, las vialidades y el equilibrio general del paisaje urbano. Se está aumentando la oferta de espacio comercial de modo significativo y sin el acuerdo de la ciudadanía, esperemos que no resulte excesivo y pueda estallar esta burbuja inmobiliaria, que se está inflando tan aceleradamente.
Lorenzo Rocha
En primer lugar, se encuentran los diez nuevos rascacielos en proceso de construcción sobre el Paseo de la Reforma, que entre todos sumarán alrededor de medio millón de metros cuadrados de nuevas oficinas, una cifra muy elevada desde cualquier punto de vista. Hace falta imaginar cómo llegarán las miles de personas que trabjarán en estos edificios, lo harán en automóvil, metro, autobús, en bicicleta y a pie. También cuesta trabajo pensar dónde comerán los cerca de 50 mil nuevos usuarios de estas oficinas, algunos podrán hacerlo dentro de sus lugares de trabajo, pero los demás tendrán que buscar lugares asequibles donde reponer sus energías.
Otro proyecto en construcción que sorprende por sus dimensiones es el conjunto Toreo que se encuentra en el límite norte entre del Distrito Federal, donde colinda con el Estado de México. Este conjunto lo diseñó el arquitecto Javier Sordo Madaleno. La construcción va muy avanzada, y cuando esté terminada albergará vivienda, comercio, oficinas y hotel con un área total de 450 mil metros cuadrados, será casi tan grande como los diez rascacielos de Reforma.
Por último, se ha comenzado a construir pese a las quejas de los habitantes de Coyoacán, el complejo Mitikah, que se define a sí mismo como una "Ciudad Viva". Este conjunto diseñado por César Pelli, comprende un programa multifuncional de cerca de 100 mil metros cuadrados y se planea edificar una torre de 60 pisos (270 metros de altura) que sería la más alta de Latinoamérica y albergaría a cerca de 10 mil personas. Dentro de este conjunto se absorberá —convertido en centro comercial— el edificio que anteriormente ocupaba el Centro Operativo Bancomer, construido en 1976 por Augusto Álvarez, Juan Sordo y Adolfo Wiechers.
Entre estos proyectos sumados, estamos frente a una nueva ciudad en la que se ha dado rienda suelta a la especulación inmobiliaria, sin que hasta ahora esté suficientemente claro cuál será su impacto a nivel de la infraestructura urbana, las vialidades y el equilibrio general del paisaje urbano. Se está aumentando la oferta de espacio comercial de modo significativo y sin el acuerdo de la ciudadanía, esperemos que no resulte excesivo y pueda estallar esta burbuja inmobiliaria, que se está inflando tan aceleradamente.
Lorenzo Rocha
jueves, 21 de agosto de 2014
NUEVO AEROPUERTO
Los mensajes que la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ha emitido este año respecto a la construcción de un nuevo aeropuerto en la ciudad de México son confusos y contradictorios. Contrario a lo que un gobierno transparente y claro debería informar, el secretario Gerardo Ruiz Esparza, informó en enero del presente año que el aeropuerto ampliaría hasta tres veces su capacidad actual en terrenos aledaños a las terminales actuales, lo cual aún no ha sido descartado. Paralelamente, en junio pasado el funcionario anunció que el nuevo aeropuerto se edificará en Texcoco y comenzará a operar en 2018, sin necesidad de expropiar terrenos, hecho que frustró la inicitiva durante el sexenio pasado. Por ahora el escepticismo rodea al proyecto ya que además el gobierno ha analizado distintas propuestas de equipos de arquitectos, sin revelar el proceso por el cual sus anteproyectos fueron encargados y cuál será el proceso de la eventual selección de la propuesta definitiva en caso de llegar a realizarse. El gobierno le encargó el plan maestro a la firma consultora británica Ove Arup sin que mediara licitación alguna.Los despachos invitados por el gobierno a presentar sus ideas son: Legorreta+Rogers, Serrano+Hadid, Norten+SOM, González de León+Kalach, Grupo Sordo Madaleno, Foster+Romero, López Guerra+Pascall y Gómez Pimienta+Gensler. Inmediatamente salta a la vista un fenómeno novedoso en nuestro contexto arquitectónico, casi todos los arquitectos mexicanos se alían con arquitectos extranjeros. La motivación estratégica de las alianzas no sorprende tanto como la temeridad de aquellos que no han seguido dicha tendencia, por lo cual se augura menor suerte a Teodoro González de León, Alberto Kalach y Javier Sordo Madaleno, quienes no han optado por involucrarse con el olimpo mundial de nuestra profesión. Despachos internacionales que además cuentan con una amplia experiencia en la construcción de terminales aéreas por todo el planeta como Norman Foster en Londres (Stanstead), Beijing, Chep Lok y Kuwait entre otros. Richard Rogers proyectó las nuevas terminales de los aeropuertos de Madrid y Londres (Heathrow), en colaboración con otros arquitectos como el español Antonio Lamela.
La competencia siempre es positiva y sin duda impulsa el desarrollo tecnológico y cultural, pero la credibilidad de la administración pública y del gremio de los arquitectos queda en entredicho cuando los procesos son oscuros y ambiguos como en el presente caso, en un proyecto que es de incuestionable interés público. Admiro la temeridad de los arquitectos mexicanos que se han presentado de forma independiente. Sin embargo su esfuerzo es inútil cuando las condiciones de competencia son tan inicuas como ahora.
Lorenzo Rocha
jueves, 14 de agosto de 2014
CONSERVACIÓN CREATIVA
La fuerza que implusa el desarrollo cultural de toda ciudad, resulta de la oposición entre conservación e innovación. Si todo es nuevo y se borra el pasado, la cultura arquitectónica no evoluciona, por el contrario, si solamente se conservan los monumentos históricos y no se realiza nada nuevo, tampoco existe posibilidad alguna de desarrollo.
En la ciudad de México existen profesionistas capacitados para resolver cualquier conflicto entre la conservación y la innovación de la arquitectura, desde el punto de vista tanto técnico como artístico. Desgraciadamente el resultado de esta mecánica sigue siendo inferior al que nuestro potencial permitiría. La razón es muy simple, no existen cuerpos colegiados que juzguen la pertinencia de conservar los inmuebles históricos, caso por caso. Las batallas se libran en la arena de la opinión pública y en las instancias legales, pero los expertos no trabajan en equipo directamente para solucionar los conflictos. La Ley de sitios y monumentos arqueológicos contempla la preservación de los bienes artísticos inmuebles de modo demasiado generalizado y los reglamentos y planes especiales tienen reglas estáticas que se aplican por igual a todos los casos y en realidad no consiguen proteger al patrimonio. La prueba es la cantidad de edificios nuevos que solamente mantienen la fachada de la arquitectura precedente como una máscara, sin integrarla al nuevo diseño, solo para cumplir con el reglamento.
En nuestra ciudad cuando un proyecto nuevo entra en conflicto con un vestigio histórico, por lo general, ambos salen perdiendo. El monumento antiguo queda reducido a su representación casi simbólica y descontextualizada, mientras que el nuevo proyecto se implanta a pesar de la existencia del vestigio anterior. Es lógico que se trata de un fenómeno económico, el desarrollo de cualquier ciudad no es más que eso. En algún momento fue posible ocupar un terreno sobre el Paseo de la Reforma para una sola casa, pero ahora el valor del suelo solamente se aprovecha construyendo un rascacielos. Sin embargo, el esfuerzo creativo no se enfoca en salvar al máximo el bien antiguo, ni a dar el máximo potencial al nuevo diseño, sino únicamente a cumplir con los requisitos legales.
En el caso de la Torre Virreyes en las Lomas de Chapultepec, el arquitecto Teodoro González de León realiza un gesto sintomático del conflicto de su nuevo diseño con el Super servicio Lomas –construido por Vladimir Kaspé en 1948– proyecta los 30 pisos del nuevo edificio en voladizo por encima de lo poco que se conservó del inmueble anterior. La motivación del gesto es el cumplimiento de la norma de conservación, que repercute en el nuevo diseño, pero acentuado el conflicto, en lugar de resolverlo creativamente.
Lorenzo Rocha
En la ciudad de México existen profesionistas capacitados para resolver cualquier conflicto entre la conservación y la innovación de la arquitectura, desde el punto de vista tanto técnico como artístico. Desgraciadamente el resultado de esta mecánica sigue siendo inferior al que nuestro potencial permitiría. La razón es muy simple, no existen cuerpos colegiados que juzguen la pertinencia de conservar los inmuebles históricos, caso por caso. Las batallas se libran en la arena de la opinión pública y en las instancias legales, pero los expertos no trabajan en equipo directamente para solucionar los conflictos. La Ley de sitios y monumentos arqueológicos contempla la preservación de los bienes artísticos inmuebles de modo demasiado generalizado y los reglamentos y planes especiales tienen reglas estáticas que se aplican por igual a todos los casos y en realidad no consiguen proteger al patrimonio. La prueba es la cantidad de edificios nuevos que solamente mantienen la fachada de la arquitectura precedente como una máscara, sin integrarla al nuevo diseño, solo para cumplir con el reglamento.
En nuestra ciudad cuando un proyecto nuevo entra en conflicto con un vestigio histórico, por lo general, ambos salen perdiendo. El monumento antiguo queda reducido a su representación casi simbólica y descontextualizada, mientras que el nuevo proyecto se implanta a pesar de la existencia del vestigio anterior. Es lógico que se trata de un fenómeno económico, el desarrollo de cualquier ciudad no es más que eso. En algún momento fue posible ocupar un terreno sobre el Paseo de la Reforma para una sola casa, pero ahora el valor del suelo solamente se aprovecha construyendo un rascacielos. Sin embargo, el esfuerzo creativo no se enfoca en salvar al máximo el bien antiguo, ni a dar el máximo potencial al nuevo diseño, sino únicamente a cumplir con los requisitos legales.
En el caso de la Torre Virreyes en las Lomas de Chapultepec, el arquitecto Teodoro González de León realiza un gesto sintomático del conflicto de su nuevo diseño con el Super servicio Lomas –construido por Vladimir Kaspé en 1948– proyecta los 30 pisos del nuevo edificio en voladizo por encima de lo poco que se conservó del inmueble anterior. La motivación del gesto es el cumplimiento de la norma de conservación, que repercute en el nuevo diseño, pero acentuado el conflicto, en lugar de resolverlo creativamente.
Lorenzo Rocha
jueves, 7 de agosto de 2014
REFORMA
Las palabras con las que la mayoría de los diferentes medios impresos anuncian la construcción de 10 nuevos rascacielos sobre el Paseo de la Reforma, son prácticamente las mismas, pero su connotación es muy diferente. Por ejemplo, la revista Forbes se refiere al fenómeno de la proliferación de rascacielos con mucho entusiasmo: "Nuevos edificios transforman este corredor emblemático en la zona de corporativos más nutrida del país". Según la empresa inmobiliaria Tinsa, la avenida contará con 500,000 metros cuadrados de oferta para oficinas (no menciona cual es la demanda) y concluye afirmando: "Esta dimensión hará de Reforma el corredor con mayor presencia de inquilinos corporativos, será nuestro Manhattan".A juzgar por sus opiniones, la mayoría de estos medios consideran el fenómeno como una buena noticia. Por mi parte, las expresiones "corporativo", "emblemático" y " nuestro Manhattan", aplicadas a la ciudad de México, no son para nada alentadoras. Basta ver la llamada Torre Reforma (esquina con Río Elba), que erigió sus decenas de pisos por encima de la azotea de una deshauciada casa decimonónica, protegida por el INBA, un caso a todas luces lamentable. En mi opinión muy bien podrían haber mudado la casa entera a otro terreno, piedra por piedra, en lugar de someterla a semejante vejación.
La torre BBVA-Bancomer, la más notoria entre las nuevas construcciones, contará con 56 pisos y 225 metros de altura, fue diseñado por los arquitectos Rogers y Legorreta. Este rascacielos encierra una problemática mucho más compleja que su sentido estético y presencia urbana, ya que crea un hueco en otro lugar, dejando el antiguo Centro Operativo Bancomer en Coyoacán, a merced de la especulación inmobiliaria más voraz. Dicho complejo fue construido en 1976 por Augusto Álvarez, Juan Sordo y Adolfo Wiechers y se sitúa horizontalmente sobre un terreno de 65,000 metros cuadrados, donde las áreas de oficinas se alternaban con patios interiores, los cuales resultaban idóneos para la ventilación y para el ambiente silencioso y amplio, necesario para el bienestar de sus usuarios. Todo ello ha sido vendido y se ampliará para albergar un gigantesco centro comercial. El programa de los empleados del banco multinacional se repartiran entre la nueva torre en Reforma y un edificio masivo en el conjunto Parques Polanco, diseñado por la firma estadunidense Skidmore, Owings y Merrill.
La migración de los empeados de BBVA-Bancomer de un edificio horizontal a dos rascacielos icónicos, es una muestra muy clara de que el valor simbólico es ahora más importante para las corporaciones financieras que el espacio arquitectónico, el bienestar de sus empleados y el impacto urbano de sus sedes.
Lorenzo Rocha
jueves, 31 de julio de 2014
NO MÁS RASCACIELOS
Participar en un debate al que uno no ha sido invitado, es una actitud a todas luces inadecuada. A pesar de ello, me permito expresar mi opinión respecto al dilema planteado por Witold Rybczynski, profesor emérito de urbanismo de la Universidad de Pennsylvania. La pregunta: ¿Los arquitectos-estrella están arruinando a las ciudades? Se planteó hace algunos días a cuatro expertos colaboradores del diario The New York Times. No desperdiciaré espacio aquí para repetir sus posturas, las cuales en general me parecieron condescendientes con el sistema global de los arquitectos de renombre.
La arquitectura global se manifiesta principalmente a través de los llamados edificios-icono. Se trata de construcciones que contemplan dentro de su programa de necesidades, la representación a nivel simbólico de la institución a la que albergan. En la mayoría de los casos estos edificios deben sobresalir en el paisaje urbano y ser parte reconocible de la linea horizontal de una ciudad. Por esta razón, muchos de ellos deben ser edificios de gran altura, que además de su presencia fálica, se puedan divisar a lo lejos y permitan al público relacionarlos con sus antecesores históricos: los obeliscos y las torres.
No es coincidencia que estos edificios adopten el nombre de la compañía que pagó por ellos, aunque en muchos casos hayan sido vendidos y subdividos. Recordamos a los edificios como Seagram (una marca de whisky), o Panam (una linea aérea). Sin embargo, sus inquilinos actuales y pasados, no necesariamente trabajaron para dichas compañías. De hecho, la mayoría de estos edificios permanecieron casi vacíos por años, ya que la demanda de espacio para oficinas era ampliamente superada por la oferta. El icónico edificio Empire State, que con sus 103 pisos ostentó el privilegio de ser el más alto del mundo durante 45 años, permaneció prácticamente vacío por décadas por la depresión económica americana y llegó a ser apodado "Empty State Building" ("Edificio en estado vacío").
Este no es el único caso en el que un edificio icónico permanece vacío, no olvidemos la célebre Torre David en Caracas, que nunca alcanzó a estar terminada y fue invadida masivamente por indigentes. Más recientemente el caso del edificio "The Gherkin" ("El pepino") del arquitecto Norman Foster, que debía albergar a la burocracia de la ciudad de Londres, pero debido a errores en los cálculos financieros, ha sido puesto a la venta.
Los arquitectos-estrella y las corporaciones que los respaldan, seguirán arruinando el paisaje urbano de nuestras ciudades, mientras la ciudadanía siga aceptando y el gobierno continúe permitiendo la construcción de los rascacielos que no necesitamos.
Lorenzo Rocha
La arquitectura global se manifiesta principalmente a través de los llamados edificios-icono. Se trata de construcciones que contemplan dentro de su programa de necesidades, la representación a nivel simbólico de la institución a la que albergan. En la mayoría de los casos estos edificios deben sobresalir en el paisaje urbano y ser parte reconocible de la linea horizontal de una ciudad. Por esta razón, muchos de ellos deben ser edificios de gran altura, que además de su presencia fálica, se puedan divisar a lo lejos y permitan al público relacionarlos con sus antecesores históricos: los obeliscos y las torres.
No es coincidencia que estos edificios adopten el nombre de la compañía que pagó por ellos, aunque en muchos casos hayan sido vendidos y subdividos. Recordamos a los edificios como Seagram (una marca de whisky), o Panam (una linea aérea). Sin embargo, sus inquilinos actuales y pasados, no necesariamente trabajaron para dichas compañías. De hecho, la mayoría de estos edificios permanecieron casi vacíos por años, ya que la demanda de espacio para oficinas era ampliamente superada por la oferta. El icónico edificio Empire State, que con sus 103 pisos ostentó el privilegio de ser el más alto del mundo durante 45 años, permaneció prácticamente vacío por décadas por la depresión económica americana y llegó a ser apodado "Empty State Building" ("Edificio en estado vacío").
Este no es el único caso en el que un edificio icónico permanece vacío, no olvidemos la célebre Torre David en Caracas, que nunca alcanzó a estar terminada y fue invadida masivamente por indigentes. Más recientemente el caso del edificio "The Gherkin" ("El pepino") del arquitecto Norman Foster, que debía albergar a la burocracia de la ciudad de Londres, pero debido a errores en los cálculos financieros, ha sido puesto a la venta.
Los arquitectos-estrella y las corporaciones que los respaldan, seguirán arruinando el paisaje urbano de nuestras ciudades, mientras la ciudadanía siga aceptando y el gobierno continúe permitiendo la construcción de los rascacielos que no necesitamos.
Lorenzo Rocha
jueves, 24 de julio de 2014
MUSEO DE LA NATURALEZA
Recientemente se inauguró la exposición "In/humano", que reúne el trabajo de 17 artistas de 14 nacionalidades en el Museo de arte contemporáneo de Monterrey, entre ellos cinco mexicanos, todos ellos enfocados en temas relacionados con la actual problemática medioambental. Según Gonzalo Ortega, el curador de la exposición, "los artistas seleccionados para esta muestra parecen desplegar una opinión poco convencida de los movimientos ecológicos masivos y nos revelan puntos de vista alternativos para establecer vínculos profundos con el entorno natural". De este modo se presenta una visión heterogénea y plural que se aparta del dilema moral ligado a la ecología, el cual se materializa en la muy extendida moda verde. Es imposible describir aquí todas las piezas que componen la exposición, ya que cada una de ellas resulta compleja y a la vez estimulante a su modo. Algunas de ellas tratan sobre la relación del ser humano con algunas otras especies animales, el consumo de estos, sus usos y abusos, mientras que otra parte de las obras presenta aspectos del impacto del hombre sobre el paisaje, sobre la flora y la fauna silvestre y sobre los recursos naturales no renovables como el agua, el aire y la tierra.Tal es el caso de la serie de montajes fotográficos e infografías titulada "Museum of nature", del artista finlandés Ilka Halso. Sus imágenes muestran paisajes futuristas desolados donde según su visión, serán conservadas porciones de los entornos naturales para que los futuros habitantes de nuestro planeta puedan apreciar una muestra de lo que una vez fueron los ecosistemas terrestres, una vez que todos estos hayan desaparcido por la acción depredadora del ser humano. Es una serie imaginaria que resulta especialmente atractiva ya que el artista imagina modos de restaurar elementos naturales y de proteger bosques, lagos y ríos de la contaminación masiva del planeta. En sus imágenes, Halso muestra grandes estructuras arquitectónicas que colocan a la naturaleza dentro de un museo, diseñado para la audiencia y espectáculo turístico del futuro, donde la atracción principal serán los paisajes que hoy en día podemos apreciar sin ninguna dificultad.
El propio artista describe sus imágenes del siguiente modo: "El proyecto se fundamenta en una visión pesimista de lo que ha comenzado a suceder en el planeta, estoy visualizando un futuro posible que me entristece. Considero mis fotografías más como panfletos visuales que como imágenes estéticas. Los resultados son proyectos arquitectónicos que espero nunca ver realizados".
Lorenzo Rocha
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